La reina española de Inglaterra

Algún día el Reino Unido tendrá su quinta reina Catherine (Catalina) y es de suponer que el reinado de Kate (diminutivo de Catherine) Middleton, recientemente comprometida con el príncipe Guillermo, segundo en la línea de sucesión, no sea tan trágico como fue el de Catalina de Aragón (1485-1536) y con tantas consecuencias dramáticas y violentas, empezando con la separación de la Iglesia de Inglaterra de la Iglesia Romana Católica.

El ameno libro de Giles Tremlett, Catherine of Aragon: Henry’s Spanish Queen (“Catalina de Aragón: La Reina Española de Enrique”), publicado por Faber and Faber, es una apasionante historia de sexo, poder y política europea que, como dice Tremlett, autor de un excelente libro sobre la España contemporánea, “España Ante Sus Fantasmas” y corresponsal en Madrid de The Guardian y de The Economist, “se encontraron en el lecho nupcial.”

Esta es la primera biografía en inglés sobre Catalina desde el libro de Garrett Mattingly publicado en 1942. Incorpora casi 70 años de estudios sobre los Tudor, hoy una parte de la historia del Reino Unido muy popular y contempla este fascinante periodo desde una perspectiva española y no solo inglesa.

Catalina, la menor de las cuatro hijas del rey Fernando II de Aragón el Católico y de la reina Isabel I de Castilla la Católica, y tía de Carlos V, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, es una figura clave en la historia de mi país y protagonista importante de la Reforma. Si no se hubiera casado primero con el enfermizo príncipe Arturo, hijo de Enrique VII, y luego con su hermano menor Enrique VIII la historia del Reino Unido, y la de Europa, hubieran sido bien distintas. Tal vez la llamada Reforma Anglicana no hubiera ocurrido.

Catalina fue prometida en matrimonio con Arturo cuando el tenia dos años y ella tres, como parte de una estrategia de fraguar una alianza entre España e Inglaterra. Llegó a la isla con 16 años, después de un viaje por mar de tres meses, hablando en latín y se quedó viuda antes de cumplir 17 años, sin dejar constancia si era aún virgen o no, un asunto que años más tarde se convirtió en una gran polémica cuando Enrique VIII empezó el proceso con el Vaticano, que duró seis años, de anular su matrimonio para poder casarse con Anne Boleyn, la segunda de sus seis esposas y bastante más joven que Catalina, con la esperanza de tener un heredero varón.

Enrique, buscando un pobre pretexto para anular su matrimonio, puso en duda la dispensa que el papa le había dado para casarse con la viuda de su hermano, aduciendo que contradecía la Biblia. Según el Levítico es una “impureza” casarse con la mujer de un hermano, mientras que para el Deuteronomio es el deber de un hombre casarse son la viuda de su hermano. Enrique ignoró esto último.

Catalina, cuyo matrimonio con Enrique duró más años que todos los demás matrimonios del Rey, y que fue muy popular entre el pueblo, se quedó embarazada varias veces pero solo sobrevivió una hija, Mary (María I Tudor, quien más tarde se casaría siendo reina de Inglaterra con el príncipe Felipe de Austria, coronado rey de España como Felipe II a los dos años de su matrimonio). Parece que Catalina sufrió anorexia y esto afectó a su ciclo menstrual. La ironía es que dos de las hijas de Enrique, Mary y Elizabeth, tan obsesionado en tener un hijo, fueron reinas consecutivas durante unos 50 años.

Uno de los descubrimientos significativos del libro del Tremlett, meticulosamente investigado, es el testimonio (en un documento de unas 70 páginas hoy en el monasterio de Veruela, Aragón) de las compañeras de viaje de Catalina, dado en Zaragoza, quienes dijeron que su matrimonio con Arturo no fue consumado, desmintiendo el testimonio de testigos ingleses dado en Londres que afirmaban que Catalina sí perdió su virginidad. Jamás se había examinado tanto en público la vida sexual de unos monarcas. Parece que el pene de Arturo era fino en la base y bulboso en la cabeza y que no podía mantenerse erecto.

El autor demuestra que Catalina, una de las mujeres mejor educadas de Europa, tenía una enérgica personalidad y estuvo lejos de ser una víctima de las circunstancias. Era muy inteligente. Sabia lo que estaba haciendo, hasta convertirse en una mártir si era lo que Enrique quería. Con este libro, Catalina ha dejado de ser una nota al pie de página en la historia.

El mismo día que Catalina ganó su causa en el Vaticano, la Cámara de los Lores en Londres anulaba su matrimonio, consolidando la ruptura con Roma. Catalina pasó el resto de su vida en condiciones casi carcelarias y la gente que la apoyó activamente, como cinco frailes cartujos, fueron ejecutados de la manera más cruel (colgados hasta casi morir, con sus intestinos y corazones arrancados y luego decapitados).

La próxima reina Catalina entrará en la historia por otras razones (su familia no pertenece a la aristocracia), pero a juzgar por su largo noviazgo con el príncipe Guillermo, es, como Catalina, una mujer muy decidida.
http://www.elimparcial.es/sociedad/la-reina-espanola-de-inglaterra-74671.html

0.863, una cifra reveladora

El mundo ha progresado mucho en las últimas décadas , y en particular España, (Franco murió hace exactamente 35 años hoy), aunque pueda parecer extraño decirlo en otro annus horribilis. Hace poco salio el informe anual sobre el Desarrollo Humano de las Naciones Unidas en donde España figura en el puesto 20 de 169 países en el ranking que mide el progreso .

Este ranking está basado en el Índice de Desarrollo Humano (IDH) inventado entre otros por Mahbub ul Haq y Amartya Sen (Premio Nobel de Economía en 1998), como una vía mas amplia de medir el progreso humano que otras medidas económicas estándares, como el ingreso per capita. El IDH de España es 0.863. Noruega es el mejor con 0.938 y Zimbabwe el peor con 0.140, gracias a tantos años de despilfarro, corrupción y las malas políticas del dictador Robert Mugabe, quien ha dominado la vida política del país desde su independencia del Reino Unido ganando hasta ahora siempre las elecciones

El IDH tiene en cuenta la longevidad, la educación y el ingreso per capita. En el infome de este año se han incorporado tres nuevos indicadores: el índice de Desarrollo Humano ajustado por la Desigualdad, el índice de Desigualdad de Género y el índice de Pobreza Multidimensional.

Más significativo, creo, que el puesto de España en el ranking es una cifra que han pasado por alto los medios de comunicación: entre 1990 y 2010 el crecimiento anual promedio en el IDH para España fue 0.84%, el más rápido de los llamados países de Desarrollo Humano muy alto después de Corea del Sur (0.95%), y los Emiratos Árabes Unidos (0.81%). Estas cifras en frío pueden parecer de poca importancia, pero no es así. Demuestran que España ha gozado de un progreso sostenido. Casi todos los países lo han hecho, pero pocos tanto como España. De los 135 países medidos entre 1970 y 2010 (92% de la población mundial), solo tres — la República Democrática del Congo, Zambia y Zimbabwe — tienen hoy un IDH más bajo que en 1979.

Vemos las cifras para España. La esperanza de vida al nacer es 81,3 años (más alto que en Estados Unidos y el Reino Unido), los años promedios de instrucción son 10,4 (más que Italia y el Reino Unido), los años esperados de instrucción son 16,4 y el ingreso nacional bruto per cápita es $29.661 (cifra del 2008, la última disponible) y más bajo ahora debido a la recesión.

El informe es una verdadera Biblia. Hay muchas otras cifras aparte de las del IDH. Por ejemplo, las mujeres españolas tienen el 33.6% de los escaños en el parlamento (casi al nivel de los países nórdicos), la tasa de homicidios es relativamente baja al 0,9 por cada 100.000 personas (5.2 en los Estados Unidos!) pero la tasa de robos es alta al 1,067 por cada 100.000 personas (142 en Estados Unidos) y la tasa total de fecundidad es 1,3 nacimientos por cada mujer (entre los países de Desarrollo Humano muy alto varia entre 4,1 en Qatar y 1,0 en Hong Kong, China).

Este informe salio poco después de otro anual sobre la corrupción en el mundo, publicado por Transparency International. Mientras España continua avanzando en el desarrollo humano, en el campo de la corrupción el país se ha estancado en un nivel más bajo que hace seis años. España está en el lugar 30 de 178 países en el Índice de Percepción de la Corrupción (basado en 13 encuestas distintas a expertos y empresas) con una puntuación de 6,1 en una escala de 0 (percepción de altos niveles de corrupción) a 10 (percepción de bajos niveles de corrupción), el mismo valor que en 2009 y bastante por debajo de su mejor resultado de 7,1 en 2004. Dinamarca, Nueva Zelanda y Singapur comparten el primer lugar, con una puntuación de 9,3.

Igual que en el IDH, España está mejor que la Italia del payaso Berlusconi (puesto 67 en el ranking de corrupción), pero eso no me consuela nada.
http://www.elimparcial.es/sociedad/0863-una-cifra-reveladora-74314.html

La vida cultural en París bajo los Nazis

¿Cómo deben comportarse los artistas e intelectuales cuando su país o el país donde viven está invadido y ocupado durante varios años por tropas de un estado totalitario? ¿Hay que combatirlo con armas, plumas o pinceles, en el caso de escritores y pintores demasiado mayores para luchar, o colaborar para poder seguir produciendo “arte”? ¿Basta ser un simple espectador?

A Alan Riding siempre le ha fascinado, desde su época de corresponsal del New York Times en América Latina durante los años 70 y 80 cubriendo dictaduras militares, cómo reaccionan artistas y escritores a la política. Su experiencia en esta región le ha servido bien para examinar la vida cultural durante la ocupación nazi de París (donde fue corresponsal de cultura europeo del NYT entre 1995 y 2007) en su revelador y ecuánime libro And The Show Went On (“Y la función continuaba”), publicado por Knopf.

Cinco meses después del 14 de junio de 1940, cuando los tanques alemanes llegaron a Paris, Jorge Semprún, entonces un escolar con casi 17 años en la capital francesa, participó en una marcha que intentó llegar a la tumba al Soldado Desconocido en el Arco de Triunfo que conmemora el aniversario de la victoria de Francia en la Primera Guerra Mundial, pero los soldados alemanes dispersaron a los manifestantes. Semprún escapo por el metro y más tarde combatió entre los partisanos de la Resistencia, como muchos otros españoles refugiados en Francia después de la Guerra Civil, hasta su detención en 1943 y posterior deportación al campo de concentración de Buchenwald.

Semprún es uno de los diferentes españoles que aparecen en el libro de Riding. Otros, mucho más conocidos entonces, son Pablo Picasso y Pau Casals quienes se quedaron en Francia en vez de buscar refugio en otro país. Picasso intentó mantener un bajo perfil en París (daba refugio a algunas personas) y Casals daba conciertos hasta 1942 en la parte no ocupada por los alemanes en el sur de Francia. Cuando un alemán mostró a Picasso una postal de su obra Guernica y le preguntó “¿Hiciste tu esto?”, Picasso contestó, “No, lo hiciste tú.

Para Jean Paul Sartre, quien veía el mundo en términos de blanco y negro, había solo dos opciones — colaborar con los Nazis en la Francia ocupada o con el régimen de Vichy en la parte no ocupada o resistir. A diferencia del septuagenario André Gide, Sartre era suficientemente joven para coger un fúsil y unirse a la Resistencia, pero en su lugar fundó un grupo llamado Socialisme et Liberté que no hizo gran cosa. (Después de la guerra Sartre apoyo causas vergonzosas como la Revolución Cultural en China, en su etapa de acercamiento a los maoístas.)

Más activo e intelectualmente honesto a lo largo de su carera fue Albert Camus quien durante la ocupación nazi desempeñó varios papeles: fue miembro del Comité de Lectura de la editorial Gallimard (que siguió publicando), un résistant conocido en la clandestinidad como Albert Mathé y editor de Combat, el periódico de la Resistencia publicado cada dos semanas que alcanzó una tirada de 250.000 ejemplares.

Gide, brevemente comunista que tuve el coraje de denunciar a la Unión Soviética en un libro (“Regreso de la URSS”) después de ser invitado allí en 1936, por lo que perdió a varios de sus amigos, vaciló algo y pasó la mayor parte del tiempo en el Norte de África.

Mientras los escritores sufrieron los efectos de la ocupación más que cualquiera de las otras artes, por su propia naturaleza, la industria cinematográfica vivió una época dorada, con 220 películas rodeadas entre junio del 1940 y agosto del 1944, incluyendo Les Enfants du Paradis de Marcel Carne que no fue estrenada hasta después de la liberación de Francia.

La resistencia tomó muchas formas. Un librero en Paris, por ejemplo, tenía en su escaparate un ejemplar de la novela “Les Miserables” de Víctor Hugo y una foto a un lado del Mariscal Philippe Pétain, Jefe del Estado de la Francia de Vichy, quien colaboró activamente con los Nazis, y al otro del Almirante François Darlan , de facto jefe del gobierno de Vichy.

A Jean Cocteau, en cambio, le gustaba la vida social con los alemanes, y Louis-Ferdinand Céline fue antisemita y pro-nazi. Cocteau escribió en su diario que “a ningún precio debe uno dejarse distraer de los asuntos serios por la dramática frivolidad de la guerra.” Si Céline no hubiera salido de Francia después de su liberación es muy probable que hubiera sido ejecutado durante la épuration sauvage (depuración salvaje) como así les ocurrió a 767 personas de todas las profesiones por su colaboración con el régimen nazi.

El estadounidense Varian Fry fue un verdadero héroe. Enviado a Marsella por el Emergency Rescue Committee (Comité de Emergencia de Rescate) de Nueva York, logró ayudar a unas 2.000 personas, en su mayoría intelectuales, que escaparon de Francia; pero, trágicamente, no a Walter Benjamin, quien logro llegar a Portbou en la frontera y al serle rechazada su entrada en España por la policía de Franco se suicidó en su hotel.
http://www.elimparcial.es/sociedad/la-vida-cultural-en-paris-bajo-los-nazis-73932.html

Un mundo en donde no todos van a ganar

La crisis económica global que empezó en 2008, después de un largo periodo de optimismo creado por una creciente prosperidad y la llegada de más democracias, rompió drásticamente la muy extendida y, en mi opinión, ingenua creencia de que estábamos viviendo en un mundo donde todos íbamos a ser ganadores (un win-win world) y dio lugar a un mundo de suma cero (zero- sum world) con ganadores y perdedores. Este “nuevo” mundo es mucho más inestable e inseguro.

Muchas fueron las estupideces cometidas durante lo que Gideon Rachman llama la Edad del Optimismo (1991-2008) en su perspicaz libro, Zero-Sum World: Politics, Power and Prosperity After the Crash (“El Mundo de Suma Cero: Política, Poder y Prosperidad después de la Crisis”), publicado por Atlantic Books. Menciono solo dos, la invasión de Irak y con ella la convicción de poder establecer una democracia en un muy corto periodo (Rachman cita anónimamente a un importante “neocon” quien creyó que la guerra en Irak iba a durar solo tres días) — llevamos ya siete años – y la creencia de Gordon Brown, el antiguo Primer Ministro de Gran Bretaña, que su política económica iba a terminar con los ciclos de expansión y fracaso a gran escala (boom and bust). La economía británica está tan hecha polvo como la española pero con una tasa de desempleo mucho más baja (algo que distingue a España del resto del mundo desarrollado).

Rachman, quien desde 2006 escribe una columna semanal sobre política internacional para el Financial Times, después de trabajar durante 15 años para The Economist en Bangkok, Washington y Bruselas, tiene una envidiable capacidad de escribir de manera amena, con sentido del humor e ironía sobre temas complejos y sin caer en simplificaciones.

Su libro está dividido en tres partes: la Edad de la Transformación (1978-91), la Edad del Optimismo y la Edad de la Ansiedad (igual que el título de un famoso poema de WH Auden, publicado en 1947). Las tres secciones cubren mucho terreno de forma muy sucinta. Rachman inicia la Edad de la Transformación en 1978, con la apertura económica de China al capitalismo, algo que pasaron por alto muchos países, entonces más interesados en lo que estaba pasando en la Unión Soviética, pero que hoy está teniendo un enorme impacto global y creando tensiones con Estados Unidos y, por ende, afecta al resto del mundo.

De ahí la célebre frase de Deng Xiaoping, el pragmático líder chino, “No importa si el gato es blanco o negro, con tal que cace ratones” que tanto le gusta a Felipe González. China es una potencia económica, pero su sistema político es intrínsecamente inestable.

Durante esta época hubo considerables avances en establecer democracias (por ejemplo, en 16 países de América Latina) y en crear economías de mercado libre. La teoría era que más democracias y más mercados libres iban a crear un círculo virtuoso para todos.

Con el colapso de la Unión Soviética en 1991, llegó para los Estados Unidos su momento más dulce, su “momento unipolar” y la publicación del libro de Francis Fukuyama, el politólogo estadounidense, “El Fin de la Historia y el último hombre” en el que defiende que la Historia humana como lucha entre ideologías ha concluido. Los mantras de los países mas desarrollados en este época de “fundamentalismo del mercado” en palabras del premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, fueron la desregulación, el libre comercio, la eliminación de controles de cambio y la inversión directa transfronteriza y, bajo la presidencia de George W. Bush, la exportación de la democracia por la fuerza.

Con Alan Greenspan al timón de la Reserva Federal, el volumen de derivados OTC (fuera del ámbito de los mercados organizados) aumentó entre 1987 y 2007 de 866 millones de dólares a 454 billones de dólares. El sagaz George Soros los llamó “armas financieras de destrucción masiva.”

Este mundo irracional y exuberante terminó con la más profunda crisis económica desde la Gran Depresión, de la que aún no hemos salido.

Como los protagonistas en el poema de Auden, hoy todos los países, salvo los estados fracasados, están buscando su sitio en un mundo globalizado donde no todos van a ganar, o esto es lo que parece.

A pesar de ser un libro aparentemente pesimista, Rachman es optimista. Más que nada es un escritor sensato. Esta no es la primera vez en la historia del mundo, nos recuerda, en la que hay tantas nubes negras en el horizonte y tanta inseguridad (también en los campos energéticos y alimenticios).

Ve las semillas de una posible forma del gobierno mundial, o al menos más cooperación internacional, en el Grupo de los 20 países industrializados y emergentes, en el cual España ha logrado colarse, aunque no como miembro. Las Naciones Unidas hoy no es una organización efectiva: Muammar Gaddafi, el dictador de Libia, la compara con Speakers’ Corner (el “Rincón del Orador”) en Hyde Park, Londres, porque todo el mundo puede hablar pero nadie escucha. Él lo sabe bien: le gusta despotricar.

Espero que los líderes mundiales hagan caso del consejo de Rachman de “mantenerse tranquilos.”
http://www.elimparcial.es/economia/un-mundo-en-donde-no-todos-van-a-ganar-73557.html