Sigue la indignación

A juzgar por los resultados de las elecciones del 22-M, parece que el Movimiento Democracia Real Ya no ha tenido ningún impacto salvo en aumentar el voto nulo y el voto en blanco, una señal del inconformismo. La abstención se redujo respecto a 2007 cuando muchos analistas suponían que iba a incrementarse. Sería un error, sin embargo, desechar el movimiento.

En febrero escribí una columna con el título provocativo y tal vez profético, ¿Un Tunisami para España? (ver http://www.elimparci…). Era un juego de palabras usado por los egipcios para llamar a su protesta popular en contra de los 30 años en el poder de Hosni Mubarak.

Lo único que me sorprende del movimiento español, un grupo heterogéneo de “ni ni” (jóvenes que ni estudian ni trabajan), profesionales enfadados y hasta pensionistas, pasando por activistas de todo tipo de causas, es que haya tardado tanto tiempo en arrancar y que no tenga más simpatizantes. Dista mucho de las revueltas del mundo árabe, pero en una cosa es muy similar — la sociedad civil, en particular los jóvenes, se esta organizando al margen de los cauces establecidos y con consecuencias imprevisibles.

No faltan razones para estar indignado, en particular los jóvenes adultos cuya pasividad hasta ahora ante su panorama desolador siempre me ha sorprendido. La tasa de desempleo de menores de 24 años en España es de 46%, más del doble de la Unión Europea y duplica el de la tasa general de desempleo en España. Los universitarios han doblado su tasa de paro en tan sólo tres años y muchos de los que han encontrado un empleo están sobrecualificados para el puesto. La gran mayoría de los más de 2 millones de personas que han perdido sus puestos de trabajo en los últimos tres años tiene menos de 35 años.

Llama la atención que en los primeros tres meses de este año emigraron al extranjero 14.108 españoles, el 30.4% más que los que abandonaron el país en el mismo periodo de 2010, según la estimación de población del Instituto Nacional de Estadística (INE). El año pasado se había registrado un descenso respecto del primer trimestre de 2009.
No es una cifra dramática, pero sí demuestra que más gente están, como dice la expresión inglesa, “votando con sus pies.” No es casualidad que mis dos hijos de 30 y 28 años, educados en España hasta los 18 años, trabajen en Londres y Berlín desde hace varios años.

Con una economía que crece lentamente, una altísimo nivel de desempleo y una tasa de inflación preocupante (España es el líder europeo en el índice de miseria que se calcula como la suma de los índices de desempleo e inflación) y un clase política desacreditada e incapaz de ponerse de acuerdo mínimamente sobre cómo resolver los problemas, la indignación no va a desaparecer a raíz de la aplastante victoria del Partido Popular. Incluso podría aumentar, dado que la ideología dominante del movimiento es de izquierdas, aunque, no pidió el voto para ningún partido, ni Izquierda Unida, por estar sus simpatizantes hartos de todos los partidos.

Igualmente indignante es el despilfarro de las administraciones autonómicas en obras públicas emblemáticas, como, por ejemplo, el aeropuerto de Lleida (95 millones de euros), uno de los menos usados (dos vuelos regulares semanales); el aeropuerto de Castellón (150 millones de euros) con pistas sin aviones porque carece del permiso de Fomento; el Campus de la Justicia en Madrid con un edificio abandonado hace un año y la Cidade de Cultura en las afueras de Santiago, concebido en 1999 y aún sin terminar (más de 148.000 metros cuadrados han consumido 400 millones de euros).

El muy interesante y reciente informe sociológico, “Pulso de España 2010” (Biblioteca Nueva), demuestra que los ciudadanos creen profundamente en el sistema democrático, pero no en la forma actual de hacer política.

Tres de cada cuatro españoles (78%) califican de forma negativa la situación política del país: el porcentaje más elevado de los últimos dos decenios. A modo de ejemplo, en 2002, con ocasión de la controvertida participación de España en el conflicto iraquí, este porcentaje no pasó del 47%. Y en los meses previos a las elecciones de 1996 (es decir, en la hasta entonces peor crisis de popularidad de un Gobierno socialista) no pasó del 62%. Tras la primera victoria electoral de Rodríguez Zapatero bajó hasta el 37%. Ahora, ya en la recta final de su segundo mandato, el porcentaje de españoles que evalúa negativamente la situación política nacional se ha más que duplicado, hasta alcanzar el reseñado 78%. Este nivel sin precedentes de descontento político ciudadano se debe a una doble pérdida de confianza: en el Gobierno y en la oposición. Una situación inédita: nunca, antes, desde la muerte de Franco en 1975, Gobierno y oposición habían empatado en cuanto a nivel de desapego suscitado en el conjunto de la sociedad. En otras palabras, los políticos están considerados parte del problema y no los protagonistas de soluciones.

El Movimiento 15-M ha renunciado a convertirse en un partido político y participar en un sistema que considera podrido. Pero esto no significa que no pueda ser una organización política y ser influyente si no se pone utópico.
http://www.elimparcial.es/nacional/sigue-la-indignacion–85010.html

Elecciones en mi pueblo

En un lugar de la Mancha, cuyo nombre prefiero no mencionar porque tengo una casa allí desde hace más de 30 años, espero que no salga elegido en las elecciones el mismo alcalde que hemos tenido durante los últimos 24 años. No ha sido un mal alcalde, pero ha ostentado el puesto durante demasiados años.

En las elecciones del 2007 los Socialistas ganaron el 46,3% de los votos, el Partido Popular 34.3% y el Centro Democrático Liberal (CDL), un nuevo partido, 18,9%. De los 472 personas con derecho a voto, 391 (el 82,8%) votaron. De los siete concejales, cuatro son Socialistas, dos del PP y uno del CDL.

El alcalde (quien se postuló la primera vez por el Centro Democrático Social) es dueño del mayor bar y de un hostal del pueblo. Cuando le entrevisté en 1977 como parte de un articulo para The Times de Londres, poco antes de las primeras elecciones libres en España en 41 años, me dijo que iba votar al partido del vino tinto. La candidata del PP trabaja en la farmacia y el candidato del CDL tiene negocios en Madrid, una gran Casa Rural y un restaurante en el pueblo que al ponerse en marcha hace un par de años rompió el cuasi monopolio del alcalde. Tal vez por esto, la construcción de la casa Rural, que necesitó varios permisos y licencias, tardó mas de lo debido.

Llama la atención, al entrar en el pueblo, que el letrero que anuncia el bar del alcalde es bastante más grande que el de la casa rural.

Esta vez hay solo dos candidatos, el alcalde de nuevo y la misma candidata por el PP. Me importa menos el color político de la otra candidata que el que tenga una nueva cara y nuevas ideas.

Como todos los alcaldes en los más de 8.000 municipios en España, el alcalde de mi pueblo tiene un poder significativo para contratar personas y es de suponer que estas siempre voten por él, aunque, para ser justo, la bibliotecaria, que lleva una vida de funcionaria, puede ser todo, menos votante del PSOE. El alcalde también ejerce influencia en la residencia de ancianos y en asignar viviendas de protección oficial (su hijo tiene una aunque también tiene su propia casa).

Mi pueblo es un microcosmos de la modernización de España. Cuando compré la casa, en 1976, el pueblo no tenía agua corriente ni calles asfaltadas, se llamaba por teléfono a través de operadora, que era una de las hijas del dueño de uno de los bares, la escuela estaba en un estado ruinoso y el lugar más cercano para comprar periódicos estaba a 20 kilómetros. Desde hace ya años contamos con agua corriente, asfalto en las calles, teléfonos automáticos, una escuela moderna, un centro de salud, en la panadería se venden periódicos y desde hace unos años tenemos Internet de alta velocidad. Reflejando el declive de la Iglesia Católica, el pueblo tenia su propio cura en los 70 y ahora el cura sirve varias parroquias.

También mi ayuntamiento ha hecho inversiones bastante inútiles como tener demasiados faroles en parte de un camino que va a un camping, y gasta un dineral en fuegos artificiales en sus fiestas de mayo (menos este año debido a la crisis).

Hoy varios inmigrantes trabajan allí. Durante los 50 y 60 mucha gente dejó el pueblo para emigrar a otros lugares de España o al extranjero. A estas personas se les ha rendido homenaje en una escultura a la entrada del pueblo, representados por una antigua y desfasada maleta de piel esculpida en piedra.

Ha llegado la hora de limitar los mandatos de los alcaldes, y no solo porque tantos años en el puesto facilita el enriquecimiento ilegal. Es bien conocido que ser alcalde en España se ha convertido en la vía más fácil de ser millonario. A juzgar por las noticias en la prensa, parece que son muchos los municipios con casos de prevaricación, cohecho, tráfico de influencias, malversación, falsedad cometida por funcionario público, etc, y lo que es aún más vergonzoso es que más de cien imputados por casos de corrupción concurrirán en las elecciones del 22-M. Desconozco el patrimonio de mi alcalde, pero estoy seguro que es bastante más de lo que tiene que ser.

Tanto José María Aznar como José Luis Rodríguez Zapatero han establecido precedentes para sus partidos, limitando voluntariamente sus mandatos como Presidente a dos legislaturas. Si lo puede hacer un presidente, lo puede hacer un alcalde. No es que con dos mandatos vaya a desaparecer la corrupción a nivel municipal de la noche a la mañana, pero la medida actúa tal vez como un freno al abuso de poder y a la tentación de hacerse rico en el cargo, aunque los mas cínicos crean que con dos mandatos habrá un fuerte incentivo de enriquecerse lo mas rápido posible.

La corrupción en los ayuntamientos ha crecido al mismo ritmo que la vertiginosa construcción de pisos y casas, especialmente en la costa turística española que parece cada vez más una selva de cemento gobernada por gángsters.

Estos casos de corrupción recalcan la necesidad de mejorar el sistema de financiar los municipios, en particular aumentar la contribución urbana, medida impopular. Cuanto más fondos reciban los ayuntamientos, menos tentación habrá, en teoría al menos, de buscar fondos para el municipio vía practicas ilegales, por ejemplo en la reclasificación de terreno, y a la vez forrarse.

Según Transparency International (TI), el sector de la construcción en España será un “foco permanente de corrupción” hasta que los gobiernos locales no reciban más dinero del gobierno central o de impuestos locales. “En muchas partes de España, el desarrollo urbanístico y la corrupción van de la mano,” dice un informe de TI. “Este tipo de economía sumergida prospera allí donde faltan la democracia y la transparencia. Y los ayuntamientos se han enriquecido muchísimo con ella.”

El Grupo de Estados contra la Corrupción (GRECO) criticó a España en su último informe (1 de abril) por la oscura financiación de los partidos. Ve especialmente opacas las ayudas municipales.

Al estar empadronado en Madrid, no puedo aportar mi grano de arena para elegir un nuevo alcalde para mi pueblo. Y en Madrid ninguno de los candidatos me inspira. Me temo que Alberto Ruiz Gallardón, elegido alcalde en 2003, durará tantos años como el alcalde de mi pueblo.

http://www.elimparcial.es/sociedad/elecciones-en-mi-pueblo–84622.html

El poco fiable amigo americano

¿Hubiera durado tantos años la dictadura de General Franco sin el apoyo explícito de sucesivas administraciones norteamericanas que empezó en 1953 con el Pacto de Madrid y el establecimiento de bases militares en España?

Es una pregunta sin una respuesta contundente. Lo que sí emerge claramente del fascinante libro “El Amigo Americano. España y Estados Unidos: de la dictadura a la democracia” (Galaxia Gutenberg) del historiador Charles Powell es el apoyo tibio de Washington para la democratización.

El nuevo libro de Powell, autor de “España en Democracia, 1975-2000”, uno de los mejores sobre la transición (es una lástima que no se haya publicado en inglés), está basado en documentación diplomática desclasificada, sobre todo norteamericana, mucha de la cual no ha salido a la luz pública hasta ahora, y en entrevistas personales con muchos de quienes participaron en las sucesivas negociaciones hispano-estadounidenses. Cubre el periodo entre 1969 y 1989. Algunos de los documentos están colgados en la página web de la Fundación Transición Español que Powell dirige.

Según Henry Kissinger, uno de los principales protagonistas de esta historia (asesor de seguridad nacional y secretario de Estado entre 1969 y 1977), ”la contribución norteamericana a la evolución española durante los años setenta constituyó uno de los principales logros de nuestra política exterior”.

Powell desmiente esta versión minuciosamente y demuestra que las consideraciones geopolíticas (la Guerra Fría, en general, y la radicalización en Portugal después de su “Revolución de los Claveles”, en particular) terminaron por imponerse a las demás. La prioridad de Washington era mantener sus bases, un tema que ocupa gran parte del libro.

Para Kissinger, Washington tuvo que elegir entre “condenar al ostracismo al régimen existente o trabajar con él a la vez que extendíamos nuestros contactos y por lo tanto nuestra influencia de cara al postfranquismo,” optando por lo segundo. El todopoderoso Kissinger era muy reacio a la legalización del Partido Comunista y aconsejó a Adolfo Suárez proceder lentamente y no ir a las elecciones hasta que el Gobierno tuviese un partido propio que lograse la seguridad de ganarlas, cosa que pasó.

¡En un intento por limitar la influencia del sindicato comunista Comisiones Obreras, y favorecer a sus posible rivales, la embajada norteamericana en Madrid llegó a cultivar a la anarcosindicalista Confederación Nacional de Trabajo!

La embajada tenía pocos contactos con figuras de la oposición y algunos, como Felipe González, optaron por guardar distancias con el país ampliamente recelado entre los demócratas por haber contribuido a la consolidación de la dictadura y su larga duración. El PSOE tardó tres meses en responder a la invitación que Wells Stabler, el embajador en Madrid, había cursado a González en el verano del 1975. En vísperas del encuentro, González advirtió que no llevaría corbata, a lo que el embajador respondió con ironía que no le importaba, con tal de que no olvidara sus pantalones. Diez años más tarde, cuando era Presidente, González recordó a un grupo de corresponsales norteamericanos que, “a diferencia de lo ocurrido en otros países europeos, los GI (soldados estadounidenses) no habían liberado a España durante la segunda Guerra Mundial.”

Como dice Powell, “hasta el ultimo momento (del régimen franquista) la administración de Ford procuró invertir en el futuro postfranquista sin distanciarse un ápice de la dictadura, una política cuya sutileza probablemente no fue apreciada por la opinión pública española.”

Incluso seis años después de la muerte de Franco, cuando el proceso democrático estaba en plena marcha, Alexander Haig, el secretario de Estado, llamó al golpe fallido del 23 de febrero de 1981 “un asunto interno de España.” Este desafortunado comentario confirmó la creencia entre los demócratas de que la Administración Americana daba poca importancia a la suerte que pudiera correr la democracia española y que todavía añoraba la cómoda relación de que disfrutó durante el régimen de Franco.

El papel del Rey Juan Carlos como verdadero motor del cambio después de la muerte de Franco (un libro de Powell sobre esta tema ganó el Premio Espejo en 1991) está ampliamente demostrado en el libro. Un informe del Departamento de Estado antes de la visita de Juan Carlos a EE UU en 1971 decía que “no existe la seguridad de que esté en el trono mucho tiempo.”

Aunque han pasado muchos años, el apoyo norteamericano al régimen de Franco sigue siendo el “pecado original” de la relación actual. Como bien concluye Powell la transición y consolidación democráticas ofrecieron oportunidades de toda índole, sobre todo para EE UU, que aún no se supieron aprovechar.

El libro de Anna Grau, con el sugestivo e irónico título “De cómo la CIA eliminó a Carrero Blanco y nos metió en Irak” (Destino), cubre parte del mismo territorio que el libro de Powell e incluye la publicación de muchos documentos en el libro.

Ambos autores creen que los argumentos generalmente invocados para explicar la supuesta participación estadounidense en el asesinato de Carrero Blanco en 1973, o en el asalto del Congreso de los Diputados el 23-F, carecen de lógica, ya que era claramente contrarios a sus intereses.

Sin embargo esto no significa para Grau, corresponsal de ABC en Nueva York, que Estados Unidos no haya podido tener “otras actuaciones reprobables respecto a España”, como, por ejemplo, la guerra de Cuba y el caso de Jesús Galíndez, delegado del gobierno vasco en el exilio en Nueva York quien fue raptado en 1956 y enviado a la fuerza por avión a la República Dominicana donde fue asesinado por orden del dictador Rafael Trujillo.

Difícil es la relación de aliado cuando “el otro” es el poderoso y sólo mira por su propio interés.
http://www.elimparcial.es/sociedad/el-poco-fiable-amigo-americano-84166.html

España de un vistazo

España va muy mal en empleo en comparación con otros países. Mientras que la tasas de desempleo de casi todos los países de la Unión Europea (UE) están bajando, la de España (20,7%) es el doble de la UE, con mucho la más alta (seguida por Lituania con el 17,3%), y no deja de aumentar.

El paro español triplica al alemán, pese a iniciar ambos países la crisis al mismo nivel. El desempleo en Alemania, con más de 80 millones de habitantes, ronda los tres millones, mientras en España, con 47 millones de personas, ha aumentado a casi cinco millones.

Pero España no va tan mal en otros indicadores, como demuestra la última edición de Society at a Glance (“La Sociedad de un vistazo”), que publica cada dos años la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Este libro es la biblia sobre el bienestar en los 34 países de la OCDE, que es algo así como el club de las naciones ricas. Los datos son los últimos disponibles para todos los países, lo que permite su comparación. La mayoría son de 2008 o 2009 y, a veces, de 2010. Dado que la última edición salió en 2009, la nueva edición da una idea del impacto de la crisis sobre estos países. Vemos la situación de España en varios de los 25 indicadores en comparación con la media para la OCDE.

Aunque España tiene un altísimo nivel de desempleo, sorprende que sólo el 23% de las personas (cifra de 2010) digan que tienen problemas para vivir con los ingresos que ganan, casi la misma cifra de la OCDE. El peor país en este renglón (Hungría con el 73%) tiene una tasa de desempleo muy por debajo de la de España. Yo interpreto la relativamente baja cifra de España (11 puntos porcentuales más que en 2007 en comparación con 3 puntos para la OCDE) como una señal de la fortaleza tanto de la familia extendida como de la red de apoyo que supone el sistema de subsidios para los desempleados. También indica la existencia de una fuerte economía sumergida.

En cuanto a educación, España gasta 7.322$ (cifra de 2007 en términos de paridad de poder adquisitivo, PPA) por persona en educación obligatoria (escuelas públicas y privadas) en comparación con los 8.070$ de la OCDE. Finlandia gasta un poco más que España (7.558$), pero sus resultados en las pruebas estandarizadas de PISA para alumnos de 15 años son muchísimo mejores que los de España, demostrando que no hay una relación clara entre gasto y rendimiento de los estudiantes, algo que el Gobierno español tiene que meditar.

El 14,1% de la población española (cifra de 2008 o último año) es extranjera (incluyéndome a mí), en comparación con el 11,7% de la OCDE. Es de suponer que la cifra para España bajará porque están llegando menos inmigrantes y están regresando más a sus países de origen. Llama la atención que los españoles son muy tolerantes con la minorías étnicas, los emigrantes, gays y lesbianas — el 78% en comparación con el 61% de la OCDE y el tercer porcentaje mayor de los países europeos de la OCDE, después de Holanda, Irlanda e Islandia.

Uno de los rasgos demográficos de España en los últimos años es el envejecimiento de la población. La esperanza de vida de los españoles es de 81,2 años (79,3 para la OCDE). Esto, combinado con la alta tasa de desempleo, está empeorando la ratio de apoyo para los mayores. España tiene 3,7 personas entre los 20 y los 64 años (cifra de 2008 o último año) trabajando para cada persona mayor de 65 años (4,2 en el promedio de la OCDE). Esa ratio se ha deteriorado en los últimos dos años.

En salud España gasta el mismo porcentaje de su PIB que la OCDE (9%). Pero en corrupción España sale mal parada: en el 26º lugar, con una nota de 75 (OCDE 56). A juzgar por los muchos imputados en las listas de las elecciones municipales y autonómicas este 22 de mayo, a los políticos les importa un bledo este cáncer.

Esta edición del informe dedica atención al trabajo no remunerado, que en España representa el 41% del PIB, la quinta mayor en proporción después de Japón (42%), Nueva Zelanda (43%), Australia (46%) y Portugal (53%).

La diferencia de género en cuanto al trabajo no remunerado (tiempo de trabajo no remunerado de la mujer menos el tiempo de trabajo no remunerado del hombre) es en España de 187 minutos, la sexta mayor brecha de la OCDE. Según este indicador, España es bastante menos machista que Italia (223 minutos), Turquía (260 minutos) y México (261 minutos).