Midiendo la felicidad

Todo el mundo quiere ser feliz, pero ¿qué es la felicidad y cómo es posible medirla? Hasta ahora la felicidad ha sido medida sobre todo por el nivel de ingresos per cápita. Un crecimiento de 2% en una economía, sin embargo, no quiere decir que sus habitantes sean un 2% más felices o más ricos porque eso depende de muchos otros factores.

Como demostró en 2010 el Happy Planet Index (Índice del Planeta Feliz), desarrollado por la organización británica New Economics Foundation, no hace falta tener dinero para ser feliz. Según este índice, ocho países latinoamericanos, liderados por Costa Rica, están entre las primeras diez naciones más felices, a pesar de ser una de las zonas más pobres del mundo.

Mi país, el Reino Unido, está en el puesto 74, España en el 76 y en el último renglón, y no sorprende, Zimbabwe. El primer país desarrollado en el índice es Holanda en el puesto 43.

Basado en 143 países, el índice desnuda la economía hasta su concepto más básico: lo que usamos (recursos) y lo que obtenemos (vidas humanas más o menos largas, más o menos felices). Se basa en una sencilla fórmula no matemática: bienestar por esperanza de vida, dividido entre impacto ecológico. En un juego de palabras que no funciona en español, el índice dice que “good lives don’t have to cost the Earth” (algo como vivir bien no tiene por qué costar una fortuna, literalmente costar la tierra).

Otro informe, mucho más conocido, es el informe anual sobre el Desarrollo Humano de las Naciones Unidas en donde España figura en el puesto 20 de 169 países en un ranking que mide el progreso. Pero el progreso no es igual a la felicidad. Este ranking está basado en el Índice de Desarrollo Humano (IDH) y tiene en cuenta el ingreso per cápita, la longevidad y la educación.

Hace poco la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el club de las naciones ricas (con 34 miembros), lanzó Your Better Life Index (Tu Índice para una Vida Mejor). El índice constituye una innovadora herramienta con la que cada persona puede medir su calidad de vida, en términos distintos a las cifras ofrecidas por el PIB (ver http://www.oecdbette…). Asimismo, el usuario puede determinar cuáles son los indicadores más significativos y realizar comparaciones con otros países en referencia al nivel de desarrollo alcanzado en cada uno de los ámbitos de análisis.

Este índice esta basado inicialmente en dos pilares: las condiciones materiales de vida y la calidad de vida. Cuentan los ingresos pero también, por ejemplo, las condiciones de vivienda. El índice cubre 11 dimensiones: ingresos, vivienda, empleo, comunidad, educación, salud, medio ambiente, gobernación, satisfacción con la vida, seguridad y equilibrio entre el trabajo y la vida familiar. Un tercer pilar seria la sostenibilidad (el capital natural, físico, social y humano).

Cada país esta representado por una flor donde el tamaño de cada uno de los 11 pétalos ilustra el comportamiento de una dimensión (cada pétalo tiene un color; verde para el medio ambiente, por ejemplo). La longitud del tallo de cada flor cambia con el comportamiento conjunto de cada país, así que cuanto más alta la flor, mejor situado el país en el índice. La longitud de cada pétalo denota la nota de un país en cada dimensión. La OCDE no ha asignado ninguna ponderación a cada dimensión: el usuario de la herramienta puede empezar con una ponderación igual para las 11 dimensiones o asignar distintas ponderaciones (de 0 a 5) para cada una según sus preferencias.

Esta neutralidad significa que la OCDE elige los factores, pero deja el trabajo de juzgar cuales son más importantes para el público a través de un panel de control. De esta manera, los usuarios pueden medir y comparar la calidad de vida en un sentido mucho más amplio y crear sus propios índices.

Cuando yo entré en la página web del índice para comparar España con el Reino Unido, ambos países daban más importancia a la vivienda entre las 11 dimensiones, y España más que mi país. Con respecto a los ingresos, los británicos dan bastante más importancia a esta dimensión que los españoles.

La herramienta permite la OCDE ver las preferencias de los usuarios y cómo varían por nacionalidad, edad y otros criterios. Luego estos datos podrían ayudar a los gobiernos a formular políticas para promover el bienestar.

http://www.elimparcial.es/sociedad/midiendo-la-felicidad-90141.html

Una hoja de ruta para México

¿Es justo culpar el alma de un país por su incapacidad de modernizarse políticamente y económicamente? El escritor y académico mexicano Jorge G Castañeda en su nuevo y estimulante libro, “Mañana Forever: Mexico and the Mexicans” (Knopf) cree que el carácter nacional que ayudó a forjar México como nación es hoy un obstáculo para su progreso y plena modernización.

Para Castañeda los mexicanos son demasiado individualistas (¿más que los españoles?) y rechazan cualquier forma de acción colectiva, salvo en circunstancias excepcionales como rescatar victimas después de un terremoto, y huyen de conflictos y confrontaciones (“más vale un mal arreglo que un buen pleito”, según el dicho popular).

Entre las pruebas para esta afirmación están las 55 medallas que México ha ganado desde los juegos olímpicos del 1900, de las cuales 47 fueron para deportes individuales y solo ocho para colectivos. Y pocos mexicanos en las ciudades, en particular México DF, (el área metropolitana tiene una población de 21 millones) viven “verticalmente” (en rascacielos) porque prefieren tener una casita, y en el campo la tenencia de parcelas de terreno está muy fragmentada.

Castañeda, ministro de relaciones exteriores (2000-2003) en el primer gobierno del derechista Partido de Acción Nacional (PAN) de Vicente Fox después de la derrota histórica del Partido Institucional Revolucionario (PRI), en el poder durante 70 años (una “dictadura perfecta” en palabras de Mario Vargas Llosa), cree que esta característica nacional de aversión a cualquier tipo de conflicto o confrontación (explicado hasta cierta punto por la historia de México), que es parte integrante de una verdadera democracia, está sofocando la joven democracia mexicana.

El arte de hablar largamente y no definirse o entrar en conflicto con alguien lleva el nombre del gran cómico mexicano Mario Moreno (1911-1993), conocido como Catinflas en sus peliculas. La Real Academia Española aceptó en su diccionario en 1992 el verbo cantinflear que significa “hablar de forma disparatada e incongruente y sin decir nada.” Muchos politicos españoles son también cantinflescos, aunque les gusta el conflicto (de ahí tanta crispación).

El individualismo mexicano choca, según Castañeda, con una sociedad que hoy es más y más de clases medias (dos tercios de la población según distintas medidas), algo que impone límites porque solo con esfuerzos colectivos se pueden resolver los problemas de forma efectiva.

Estos problemas incluyen una democracia representativa con las mismas instituciones de la larga época autoritaria y la misma constitución (del 1917), falta de respecto para leyes, corrupción (resumido en el dicho popular, “El que no transa, no avanza”), poca trasparencia en la vida pública, un estado de derecho basado esencialmente en el poder político o la influencia, una economía con demasiados monopolios, demasiada poca competitividad (económica, en los medios de comunicación, entre los partidos politicos y los sindicatos), una baja carga impositiva debida a tanta evasión y fraude fiscal y una de las peores distribuciones de riqueza en el mundo.

México ha progresado enormemente desde que yo viví allí entre 1978 y 1984 como corresponsal para el Financial Times. Castañeda, a quien conocí durante mi estancia cuando era miembro del Partido Comunista Mexicano, hace referencia a la dificultad de conseguir hace 20 años una línea telefónica fija: yo no tuve más remedio que ponerme desesperadamente en contacto con Fernando M Garza, el jefe de prensa del Presidente José López Portillo, porque la espera era eterna y no estaba dispuesto pagar una mordida para conseguirla. La conseguí en unos días. Hoy, el uso de los teléfonos móviles esta muy extendido.

La práctica de sobornar a los partidos de la oposición en el Congreso ha seguido durante los 11 años en el poder del PAN, en este caso el PRI y el izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD). El gobierno federal hace transferencias masivas de fondos cada año a los gobernadores de los estados (algo como los presidentes de las comunidades autónomas en España) en manos del PRI y del PRD a cambio de su apoyo al presupuesto federal. No tienen que rendir cuentas por estos fondos.

Según Castañeda, México necesita un presidente como Charles de Gaulle capaz de “adaptar la psicología del país a su realidad.” En 2004 Castañeda lanzó su candidatura a la Presidencia de la República como candidato independiente o ciudadano, pero el Instituto Federal Electoral rechazó su inscripción, por no pertenecer a ningún partido político.

No creo que él sea la persona adecuada para asumir el papel del gran francés (tiene demasiados enemigos políticos entre la izquierda y la derecha) pero ha escrito una hoja de ruta para la persona que posiblemente sea el próximo presidente, Enrique Peña Nieto del PRI, partido que arrasó en las recientes elecciones en tres Estados y que parece estar en disposición de concluir su travesía del desierto.

El PRI gobierna en 19 de los 32 Estados del país, en 23 de las ciudades capitales y es mayoría en la Cámara de Diputados.

Nadie mejor para desmantelar el sistema que alguien que lo conoce desde dentro, como sucedió con Adolfo Suárez en España después de la muerte de Franco. ¿Lo hará?

http://www.elimparcial.es//una-hoja-de-ruta-para-mexico–89789.html

Indignados españoles y gamberros ingleses

¿Por qué los españoles indignados se han manifestado pacíficamente, salvo en algunas ocasiones, y la indignación en el Reino Unido, mi país, ha degenerado en vandalismo, saqueo y cinco muertos?

No faltan razones en ambos países para estar indignado, y más en España que en el Reino Unido. Por ejemplo, la tasa de desempleo de menores de 24 años en España es de 46%, más del doble del Reino Unido, y casi el 30% de los jóvenes españoles entre 18 y 24 años, una proporción mucho más alta que en el Reino Unido, no concluye la educación Secundaria y muchos han perdido sus puestos de trabajo, particularmente en el sector de la construcción. Pero los indignados españoles no han quemado coches, tiendas y hasta casas, ni han provocado la dramática foto de la joven polaca Monika Konczyk saltando por el balcón de su piso en Croydon, incendiado durantes los disturbios, para salvar su vida.

Otro rasgo compartido es que tanto en España como en Inglaterra no todos los manifestantes son personas marginadas por algúna razón u otra. Entre los acusados de robos en el Reino Unido hay un profesor de primaria, una estudiante universitaria de una familia acomodada, educada en un instituto selecto, y un niño de 11 años, hijo de un hogar problemático (su padre salió recientemente de la cárcel tras cumplir una condena por robo).

Los dos países también tienen muchos inmigrantes. En términos absolutos el Reino Unido tiene más inmigrantes, pero en términos de porcentaje de la población, España tiene más (el 12%) y su flujo migratorio masivo ha ocurrido en solo una década (desde los años 50 en el Reino Unido). Había inmigrantes entre los indignados en España (su tasa de desempleo es de unos 10 puntos por arriba de la cifra para españoles), pero su participación fue poco significativo en comparación con el Reino Unido donde parece que la mayoría de los manifestantes, particularmente en Londres, fueron protagonizadas por afrocaribeños, descendientes de inmigrantes y en bastantes casos, miembros de pandillas de criminales, algo poco mencionado por la prensa y cadenas de televisión, tal vez por razones de lo políticamente correcto. Esto no quiere decir que no hubiera también muchos blancos entre los protagonistas de la violencia.

El Reino Unido, mucho más que España, es desde hace algún tiempo dos países. Tiene barrios céntricos pobres, como los bidonvilles de París y otros ciudades francesas, de los que nadie habla o informa, como si fueran un país del Tercer Mundo o una zona de guerra. Igual que los habitantes de los bidonvilles, mayormente de origen norteafricano, protestaban porque siendo muchos de ellos naturales del país, no creían haber recibido los beneficios acreditados a esa condición.

A gran diferencia de España, un número significativo de varones jóvenes, particularmente en Londres, son hijos de madres solteras. Esto, en parte, se debe a una política insensata de dar subsidios, y hasta pisos, a madres solteras, lo cual ha fomentado tener hijos. Estos hijos necesitan padres, una figura de autoridad masculina, particularmente durante su adolescencia. Hasta un 60% de las madres afrocaribeñas en Londres son madres solteras, y se ha comprobado que los hijos negros de madres solteras son dos veces más proclives a cometer crímenes que hijos negros con ambos progenitores.

Esta falta de autoridad en casa probablemente explica por qué había tantos varones adolescentes, más que chicas, en las calles de Londres y otras ciudades en las noches de los disturbios cuando a estas horas tan tarde tienen que estar en casa. De hecho, la policía y los políticos están echando parte de la culpa de los disturbios a los padres o la falta de ellos.

La familia en España sigue siendo mucho más fuerte que en el Reino Unido.

Igual que mi amigo y antiguo colega, John Carlin (estuvimos juntos en México hace casi 30 años), tengo, lo digo con sus palabras, “una rígida opinión que yo alimento desde hace tiempo (y siempre que la oportunidad se presenta) es que la sociedad española es más sana que la inglesa.” Los jóvenes ingleses se emborrachan cuando están de vacaciones en España y vomitan en público, pero los españoles de la misma generación se comportan bien en el Reino Unido. Algo no cuadra.

Esta situación, peor ahora que cuando yo viví en Londres, explica, en parte, por qué decidí dejar mi país en 1986 y regresar a España donde había vivido durante los años 70.
http://www.elimparcial.es/sociedad/indignados-espanoles-y-gamberros-ingleses-89461.html

Desmemoria histórica (II)

Las víctimas republicanas españolas de los campos de exterminación nazi han sido homenajeadas, en particular los 7.000 recluidos en Mauthausen, de los que más de 5.000 murieron allí de agotamiento y hambre, pero poco se ha hecho por recordar a las víctimas españolas de la represión estalinista, uno de los capítulos más tristes y menos conocidos de la historia española del siglo XX.

Sobre la tragedia española en Mauthausen se ha escrito bastante (están conmemorados con una placa), se ha emitido algún documental y se conocen las fotos de Francisco Boix (internado allí), pero el drama de los españoles en la Unión Soviética después de la Guerra Civil ha permanecido mucho más en la oscuridad. Bienvenido sea por ello otro librito de Luiza Iordache, “Francisco Ramos Molins: La inquebrantable voluntad de ser socialista” (Fundació Rafael Campalans, Barcelona), dedicado a alguien que figura en su ultimo libro, “Republicanos españoles en el Gulag (1939-56)”, publicado por el Institut de Ciències Polítiques i Socials de Barcelona, que yo comenté en marzo de 2010 (http://www.elimparci…).

Según la tesis doctoral de Iordache, “El exilio español en la URSS: represión y Gulag. Entre el acoso comunista, el glacis estalinista y el caparazón franquista” (de 682 páginas), toda una Biblia sobre esta tragedia que merece ser publicada, hubo 309 republicanos en el Gulag (pilotos, marinos, exiliados políticos, niños de la guerra y maestros de éstos) en calidad de internados, presos políticos y delincuentes comunes. Los delincuentes comunes, especialmente niños de la guerra que lucharon por sobrevivir, sufrieron el Gulag al igual que los demás contingentes, malviviendo en las misma condiciones.

A esta cifra de 309 personas, debemos añadir 36 republicanos presos en Berlín y otros dos que llegaron de los lagers nazis al Gulag. Es posible, aunque no se sabe con certeza, que algunas de las personas trasladadas desde Berlín, estuvieron en el campo de concentración nazi Sachsenhausen que mencioné la semana pasada. Fueron “liberados” por las tropas soviéticas en 1945 e internados en diversos campos de concentración de la URSS.

El exilio español a finales del año 1939 en la URSS quedó configurado por unos 2.895 niños evacuados en las expediciones de 1937 y 1938; unos 150 maestros y personal auxiliar que acompañaron a éstos; unas 156 personas de la marinería, personal militar y la oficialidad de los nueve buques republicanos que anteriormente habían realizado transporte de material de guerra y víveres “incautados” por el Gobierno soviético; unos 200 cadetes de la última promoción de la 20ª Academia Militar de Pilotos enclavada en Kirovabad y un colectivo de los exiliados políticos, especialmente dirigentes y miembros del Partido Comunista de España (PCE), como Dolores Ibárruri, y el Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC).

Uno de los exiliados más interesantes fue Francisco Ramos. Nacido en 1910 en Alicante, su actividad política comenzó al llegar a Barcelona con 20 años, se afilió a las Juventudes Socialistas y desde 1936 militó en el PSUC. Fue detenido en varias ocasiones. Al llegar a Francia, después de la Guerra Civil, en 1939 fue internado con su división en el campo de concentración de Saint-Cyprien y luego salió para la URSS. Según recuerda a un amigo, “será para unos tres meses, pero me retuvieron por la fuerza casi 20 años.”

La Guerra Civil en España había terminado pero, como escribe Iordache, “persistía el cainismo político dentro de un bando completamente dividido” y hubo una sórdida lucha por el poder. Ramos trabajó inicialmente como maestro compaginando su nueva ocupación con los estudios de Ingeniería. Como muchas otras personas quería regresar a sus familia en España, aunque corriera peligro en la dictadura de Franco, o ir a otro país, preferentemente en América Latina por la afinidad lingüística y cultural, pero esta actitud fue considerada tanto por el PCE como por las autoridades en Moscú como antisoviética/trotskista (“enemigo del pueblo”). Pocos lograron el permiso para salir.

En una entrevista en 1977 Ramos dijo que “por aquello que estaba viendo en la URSS no había yo luchado en España.” Precisamente, las autoridades soviéticas, en el contexto de la guerra fría, querían evitar a toda costa la difamación de la URSS y del PCE que suponía la salida de los exiliados españoles

Santiago Carrillo, llegado entonces desde Francia y que en su libro de memorias (1993) evita cualquier referencia a estos asuntos, llamó a las personas que querían salir de la URSS en una reunión en 1947, según recuerda el comunista italiano Ettore Vanni, “traidores que dejan el país socialista para ir a vivir entre los capitalistas.” Alguien gritó en la reunión, “hay que darles un tiro por la espalda.”

Ramos fue detenido en febrero de 1948 y condenado a 10 años (primero en el campo de concentración Potma y luego en una fábrica concentracionaria en Kutschino), después de ser denunciado por ser “antisoviético” por un español agente secreto ruso, reclutado en 1937 en Barcelona, según las memorias de Julián Fuster, detenido poco antes de Ramos. Entre las “pruebas” de su culpabilidad constituyó un “diario”, fechado en 1942 donde escribió, entre otras cosas, que la URSS es “el país de las colas. Preferiría mi fusilamiento en España a la vida en Sarátov” (donde estuvo trabajando).

Ramos fue liberado en la primavera de 1956 y regresó a España en 1957 y durante los años sesenta y setenta fue una de las figuras más emblemáticas de la Federación Socialista Catalana del PSOE y jugó un papel importante en la unidad de los socialistas en Cataluña y en el reestablecimiento de la Generalitat bajo Josep Tarradellas. Murió en 1983 a los 72 años de edad.

En palabras de Iordache, a Ramos se le podría considerar como un personaje “insumiso en cualquier ambiente totalitario y autoritario, contrario a su ideología básica, la de la libertad de pensamiento y respeto a las opciones políticas.”
http://www.elimparcial.es/nacional/desmemoria-historica-ii–89099.html