¿Cuánto es bastante?

En 1930, durante la Gran Depresión, el genial economista John Maynard Keynes publicó un ensayo titulado Economic Possibilities for our Grandchildren (“Las posibilidades económicas para nuestros nietos”) en el cual previó que por estas fechas no sería necesario trabajar más de unas 15 horas a la semana, gracias al progreso tecnológico.

“Por primera vez desde su creación el hombre tendrá que confrontar su verdadero y permanente problema —cómo usar su liberación de necesidades económicas apremiantes y el tiempo libre que la ciencia habrá ganado para él para poder vivir sabiamente, agradablemente y bien,” escribió.

Estamos metidos en la más profunda crisis desde la Gran Depresión y lejos de trabajar 15 horas a la semana y dedicar el resto del tiempo a leer, nadar, caminar, ir al cine o cualquier otra actividad de ocio, millones de personas se encuentran en paro, otros millones está trabajando larguísimas horas (una minoría, sobre todo en la banca, con sueldos millonarios y vergonzantes), y otros tantos en trabajos precarios por los que cobran una miseria.

En su nuevo y oportuno libro, How Much is Enough? The Love of Money, and the Case for the Good Life (“¿Cuánto es bastante? El amor al dinero, y las razones para la buena vida”), publicado por Allen Lane, Robert Skidelsky, el gran biógrafo de Keynes, ayudado por su hijo Edward, intenta explicar por qué fracasó el pronóstico de Keynes y presenta un proyecto para llevar una vida menos obsesionada con hacerse rico y más proclive al ocio. Los autores hacen una clara distinción entre pereza y ocio, que definen como “propositividad sin propósito”.

La riqueza per capita es bastante más alta hoy que en tiempos de Keynes. Sin embargo, estamos muy lejos de la sociedad imaginada por él. Según los autores, el gran economista, cuya relevancia es aún mayor en nuestros días, no distinguió entre las necesidades (needs) de la gente, que son finitas, y sus deseos (wants) que son infinitos. En su tiempo la mayoría del gasto de los hogares se dedicaba a las necesidades básicas; hoy, incluso para las clases pobres, muchas de las compras no son necesarias en un sentido estrictamente material y sólo confieren status.

El ejemplo más absurdo de exceso que me viene a la mente son los 2.700 pares de zapatos en posesión de Inmelda Marcos cuando cayó la dictadura de su marido Ferdinand en Filipinas, y esto fue hace 26 años y un asunto menor en comparación con las últimas extravagancias.

Para los Skidelsky los raíces de la avaricia insaciable están en la naturaleza humana, intensificada por el capitalismo agresivo de las últimas décadas. El consumismo compulsivo empieza cuando los padres colman a sus hijos con regalos. Hoy, los ricos adictos al trabajo han reemplazado a los ricos perezosos de los siglos pasados. Tenemos una plutocracia depredadora y estamos regresando a una época en la que las sociedades estaban divididas entre una pequeña clase de rentistas y otra grande de sirvientes.

“Hacer dinero no puede ser el negocio permanente de la humanidad, por la sencilla razón de que no hay nada que hacer con el dinero que no sea gastarlo y el mundo no puede gastar hasta el infinito,” dicen los autores.

Para ellos, la meta a largo plazo de la política económica debería ser la estructuración de nuestra existencia para facilitar la vida buena que, como saben los filólogos, no es lo mismo que la buena vida. (En inglés la good life es la vida buena y la buena vida. No distinguimos). Proponen otra forma de medir el progreso que no sea la medida tradicional de crecimiento o los ingresos per capita y que tiene en cuenta los siguientes elementos: seguridad; respeto; personalidad; armonía con la naturaleza; amistad y ocio.

Para lograrlo, proponen, entre otras cosas, un sueldo básico para todo el mundo, frenar los anuncios para reducir el consumismo y un impuesto sobre transacciones financieras para los bancos.

Todo esto suena bien, y más en estos tiempos de incertidumbre, pero también muy utópico, y ya sabemos qué pasa con las utopías.

¿Quien va a dar el primer paso? Yo creo que la raíz del problema es el aburrimiento y me quedo con una cita del filosofo Blaise Pascal (1623-62) que está sobre mi mesa de trabajo. “Todas las miserias del hombre se derivan de no se
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España se mantiene en el mundo

A pesar de la crisis de los últimos cuatro años, España ha mantenido su presencia global, según la última edición de un destacado índice del Real Instituto Elcano (apropiadamente el Instituto lleva el nombre del navegante español Juan Sebastian Elcano, que completó la primera vuelta al mundo).

España ocupa el 11º lugar en la clasificación del Índice Elcano de Presencia Global (IEPG), posición que ha conservado durante toda la década, tras perder el 10º puesto que ostentó durante los noventa.

El IEPG (www.iepg.es) mide el posicionamiento de los países en el proceso de globalización. Su segunda edición incorpora algunos cambios metodológicos que, sin embargo, no alteran su esencia ni los pilares metodológicos. Entre otros cambios se han reagrupado los indicadores de presencia global en tres áreas —económica, militar y “blanda”—, en lugar de cinco, y el número de indicadores que definen la presencia económica ha sido ampliado. El índice de este año no ofrece ya los datos brutos, sino pasados a escala IEPG (0-1000).

Como explican Ignacio Molina e Iliana Olivié, los coordinadores del índice, la medición se realiza sobre la base de datos objetivos o tangibles, descartando los posicionamientos basados en datos de opinión o de percepción. Asimismo, no se persigue la medición del nivel de inserción de los países en el proceso de globalización o el grado de apertura frente a él —algo que ya calculan otros índices de globalización o de libertad económica— sino la presencia o proyección internacional total comparada con la de otros países y respecto de su propia evolución.

Estado Unidos sigue manteniendo un indiscutible primer puesto en todas las variables, a excepción de exportaciones de bienes energéticos, manufacturas y turismo. China ocupaba la 12ª posición en 1990, catapultándose a la quinta en 2011 (un crecimiento paralelo al de su PIB).

En el caso de España, todas las variables del índice se sitúan en niveles superiores a los de 1990. En la mayoría de los casos, el aumento es constante a lo largo de los seis años observados (2011, 2010, 2005, 2000, 1995 y 1990). En otros, el crecimiento puede haber sido más errático — energía, tropas, equipamiento militar, turismo, deportes, tecnología, ciencia, educación, cooperación al desarrollo. Sin embargo, estos aumentos son insuficientes para escalar o afianzar posiciones ante el crecimiento de emergentes como China.

La presencia global española se mantiene sobre la base del aumento de la dimensión económica — pasa de representar el 30% al 46% del IEPG total entre 1990 y 2011 — y un menor incremento relativo de la presencia “blanda” del 64% al 51%, mientras que la presencia militar desciende notablemente, de forma proporcional — del 6.2% al 2.5%.

El nuevo índice es muy oportuno porque llega cuando hay un activo debate sobre la deteriorada imagen internacional de España y el reciente nombramiento de Carlos Espinosa de los Monteros como alto comisionado para la “marca España”. Su misión es impulsar un imagen de España más acorde con la realidad que es dramática pero no tanto como se pinta.

El IEPG es una herramienta para comprender todas las variables y lógicas involucradas en la “marca España”. Puede decirse que el diferencial entre el lugar que ocupe un país en imagen o notoriedad —presencia subjetiva— y el que ostente en presencia efectiva real —el IEPG— es también la medida de los esfuerzos que dicho país podría tener que llevar a cabo para la mejora de su imagen o para una mayor influencia en el escenario global —con diferencial negativo—, o la medida del éxito de su diplomacia pública, que lograría capitalizar en poder, influencia y/o imagen una presencia real más modesta —diferencial positivo—.

El índice confirma lo que todo el mundo sabe: que dos de los puntos débiles de España son la educación y la ciencia, áreas que están sufriendo recortes debido a las medidas de austeridad. Son el talón de Aquiles de España y sin profundas mejoras el país no se levantará de forma sostenida.

España es vista como un país agradable, con una gran variedad de experiencias atractivas como cultura, gastronomía, deporte y entretenimiento, pero recibe valoraciones inferiores a la media del G-8 en la mayoría de los aspectos relacionados con la economía: entorno económico, calidad de productos y servicios, y especialmente marcas y empresas reconocidas y tecnología.

Santander es un gran excepción a esta falta de reconocimiento empresarial. Acaba de ser elegido por la revista Euromoney Mejor Banco del Mundo y esta celebrándolo por todo lo alto con anuncios que configuran los continentes del mundo en forma de palabras y un eslogan que da a entender que el banco es “Más que palabras”. Ojalá que el empuje del Gobierno en mejorar la imagen del país sea algo más que buenas palabras.
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Ryszard Kapuscinski y el precio de la lealtad

Cuando descubro que alguien que admiro ha distorsionado los hechos o escondido la verdad en beneficio propio o de otros siempre me hago la pregunta, ¿qué habría hecho yo en circunstancias similares?

Me he formulado la pregunta muchas veces durante la lectura de la honesta y esclarecedora biografía del gran periodista y escritor polaco, Ryszard Kapuscinski (1932-2007) escrito por un amigo de él, Artur Domoslakski, y publicado por Verso en el Reino Unido.

Kapuscinski está considerado el padre de los reportajes literarios. Es el autor, entre otros libros, de “El Emperador” sobre Haile Selassie de Etiopía; “El Sha o la desmesura del poder” sobre la caída de Mohammad Reza Shah Pahlavi, el ultimo Sha de Irán; “Un día más con vida” sobre África y “La guerra del fútbol” que incluye un brillante reportaje sobre un partido de fútbol que desencadenó una guerra entre Honduras y El Salvador durante cuatro días en 1969.

Según uno de sus reportajes, los peces en el Lago de Victoria en Uganda habían crecido enormemente después de nutrirse de los cadáveres de personas asesinadas por los seguidores de Idi Amin. La verdad es que crecieron después de comer peces más pequeños del río Nilo.

Muchos periodistas hemos exagerado algo en nuestros reportajes, buscando un mayor impacto, aunque tal vez no de las mismas proporciones de Kapu?ci?ski.

También mintió sobre su familia y sus contactos. No es cierto que su padre, un miembro de la resistencia polaca durante la Segunda Guerra Mundial, escapara de la masacre del bosque de Katyn en 1940, en la que miles de militares polacos fueron asesinados por tropas soviéticas, y tampoco Kapuscinski corrigió las afirmaciones falsas que hablaban de su amistad con el Che Guevara, cuando pudo haber dicho la verdad porque nunca conoció a Guevara cuando estuvo en Bolivia.

¿A qué se deben estas falsificaciones? ¿Falta de seguridad y de confianza en sí mismo? ¿Un deseo de engrandecer su reputación?

Las acusaciones más graves en contra de Kapuscinski son de espionaje y colaboración con el régimen comunista. Proporcionó información a los servicios de inteligencia de Polonia desde los muchos países donde trabajaba para PAP, la agencia polaca de noticias, y varias revistas polacas, aunque parece que sus informaciones no perjudicaron a nadie.

Como muchos polacos después de los horrores de la guerra, Kapuscinski vio en el comunismo el inicio de un nuevo mundo y se comprometió desde muy joven con la causa. Lo curioso es su supuesta ignorancia de lo que pasó en el este de Polonia, donde nació en la pobreza, después la invasión soviética (los Nazis invadieron el oeste del país). Siempre dijo que era demasiado joven para saberlo.

Su primer destino como corresponsal (el único en el extranjero de la PAP) fue India y luego África, donde se sintió como en casa. A diferencia de otros corresponsales, en vez de moverse por los pasillos del poder, se relacionó con la gente de la calle y viajaba de la manera más barata, generalmente en autobús, y no sólo por tener muy poco dinero. Las privaciones sufridas en Polonia le ayudaron a adaptarse rápidamente a las duras condiciones de su trabajo.

En su propio país, sin embargo, Kapuscinski sí era un experto en maniobrar en los pasillos del poder y conectarse con el comité central del partido comunista, algo que tenía que hacer para poder realizar sus aspiraciones de viajar por el mundo e informar, dando, en sus palabras, “dignidad a las personas del Tercer Mundo.” Era su manera de sobrevivir.

Algunos de sus reportajes fueron publicados solamente en el boletín especial de la PAP, destinado a los altos mandos del partido, y no en el servicio normal de la agencia. Una vez, por error, su crónica sobre el riesgo de un golpe militar en Chile en 1968 salió publicado en varios periódicos y provocó su salida del país. Parece que gracias a la intervención del entonces senador Salvador Allende, Kapuscinski pudo dejar Chile voluntariamente y no ser expulsado, lo cual habría dañado su carrera.

En Angola, en 1975, se enteró antes de nadie de la llegada de las primeras tropas cubanas para luchar junto con el MPLA en la guerra de independencia en contra de Portugal, el poder colonial. No informó de este importante asunto por no dañar la causa del MPLA. ¿Hubiera hecho lo mismo si las tropas hubieran sido americanas en vez de cubanas?

Kapuscinski nunca fue un disidente en Polonia, aunque sí perdió su fe en el comunismo. Se puede leer sus libros sobre la decadencia de Haile Selassie y del Sha y su abuso del poder como metáforas sobre el comunismo en su propio país.
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La reunificación de Chipre: un callejón sin salida

Los dirigentes de los 27 países de la Unión Europea (UE) tendrán la oportunidad en los próximos seis meses gracias a la presidencia chipriota de la UE, de conocer de primera mano la situación ridícula de este país, dividido desde la invasión turca en 1974 por la Línea Verde, patrullada por más de 900 soldados y policías de la ONU.

El problema de la reunificación de la isla está lejos de solucionarse y Ankara, que lleva siete años negociando sin apenas éxito su entrada en la UE, se niega a tener nada que ver con esa presidencia, ya que no reconoce a la República de Chipre. En palabras del presidente turco Abdulá Gül, la República de Chipre es un “país a medias, un país incompleto” que ha asumido una “presidencia a medias”.

El conflicto de Chipre, al igual que los del Sahara Occidental y Palestina, se ha convertido en sinónimo de contencioso internacional insoluble. También pone en peligro la entrada de Turquía en la UE y, al estar Chipre fuera de la OTAN y Turquía dentro, las diferencias entre ellos obstaculizan la cooperación entre la UE y el Pacto Atlántico.

El espinosísimo problema de Chipre, bién explicado en un libro (What Everyone Needs to Know, “Lo que cada uno necesita saber”) de James Ker-Lindsay publicado por Oxford University Press, lo agrava en la actualidad el contencioso por las prospecciones offshore de petróleo y de gas en la zona de Afrodita, que han enfurecido al gobierno de Ankara. Es posible que el yacimiento, situado en la zona económica exclusiva (ZEE) de la República de Chipre, sea rico en ambas materias primas. Lo ideal sería que toda esa riqueza energética fomentara las perspectivas de reunificación, no que las frustrara todavía más. Después de todo, Afrodita es la diosa del amor.

Para mayor complicación, la compañía operadora de Noble es en un 30 por ciento de capital israelí, ya que parte del yacimiento está en la ZEE de Israel. Mientras que las relaciones turco-israelíes, antes estrechas, se han deteriorado enormemente desde mayo de 2010, a causa del ataque israelí (en el que murieron nueve turcos) contra una flotilla de ayuda de bandera turca, que trataba de romper el bloqueo impuesto a Gaza, las relaciones entre Nicosia y Tel Aviv nunca han sido mejores.

Desde 2008, y a instancias del secretario general de las Naciones Unidas, Dimitris Christofias, presidente de Chipre, ha celebrado más de 150 reuniones con Dervi? Ero?lu, líder de la República Turca del Norte de Chipre, no reconocida internacionalmente, que ocupa un tercio de la isla, y con su antecesor Mehmet Alí Talat.

Los problemas que ambas partes califican de “esenciales” de la reunificación, aún pendientes, son la elección del Ejecutivo, el número de personas que serían ciudadanas de un Chipre unido y la propia concepción del régimen de propiedad (estrechamente relacionado con las cuestiones territoriales). En concreto, la invasión de 1974 provocó el desplazamiento de decenas de miles de greco-chipriotas y turco-chipriotas.

Christofias hizo algunos progresos con Talat, después del referéndum de 2004 sobre el plan de reunificación de Kofi Annan, exsecretario general de la ONU, y desde entonces las negociaciones “son de los chipriotas y ellos las lideran”, y la ONU facilita el proceso pero no lo dirige. El referéndum, mayoritariamente respaldado por los turco-chipriotas y masivamente rechazado por los greco-chipriotas, que veían en el plan un juego de suma cero, sobre todo beneficioso para la otra parte, se celebró una semana antes de que la República de Chipre entrara en la UE. Una vez garantizada la entrada en la UE, los greco-chipriotas no tenían incentivos para votar que sí.

Ambas partes comparten la idea de una “federación basada en dos zonas y dos comunidades”, pero, mientras que para los greco-chipriotas no sería una separación pura y dura de las dos comunidades sobre bases étnicas, los turco-chipriotas consideran que su futuro depende de contar con un territorio que sea exclusivamente suyo, o casi.

La devolución de todos los bienes a sus propietarios greco-chipriotas originales imposibilitaría la creación de una unidad federal turco-chipriota, y la creación de áreas étnicamente homogéneas, que desean los turcos de Chipre, perpetuaría la división de la isla, contraviniendo la libertad de movimientos y el derecho a asentarse en cualquier lugar de la UE que ésta propugna. La población de la comunidad greco-chipriota es 2,8 veces mayor que la de la TRNC, cercana a las 300.000 personas.

Para Turquía, la solución evidente es la partición, una palabra que también está calando entre la comunidad internacional. Sin embargo, esa situación penalizaría sin duda a los greco-chipriotas por la invasión turca de 1974, considerada contraria al derecho internacional. Moralmente, no estaría bien, pero ¿hay que condenar para siempre a los turco-chipriotas a vivir aislados, privándolos del derecho a la autodeterminación porque ambas partes carecen de voluntad política para alcanzar un acuerdo?
http://www.elimparcial.es/mundo/la-reunificacion-de-chipre-un-callejon-sin-salida-107306.html

Chipre: una reunificación aplazada

Chipre, dividido desde la invasión turca de 1974, ha asumido la presidencia de la Unión Europea el 1 de julio, en un momento en el que el problema de la reunificación de la isla está lejos de solucionarse y cuando Ankara, que lleva siete años negociando sin apenas éxito su entrada en la UE, se niega a tener nada que ver con esa presidencia, ya que no reconoce a la República de Chipre. En palabras del presidente turco Abdulá Gül, la República de Chipre es un “país a medias, un país incompleto” que ha asumido una “presidencia a medias”.

El conflicto de Chipre, al igual que los del Sáhara Occidental y Palestina, se ha convertido en sinónimo de contencioso internacional insoluble. También pone en peligro la entrada de Turquía en la UE y, al estar Chipre fuera de la OTAN y Turquía dentro, las diferencias entre ellos obstaculizan la cooperación entre la UE y el Pacto Atlántico. “Comprendiendo que nunca serán una potencia mundial, los chipriotas han decidido conformarse con ser una molestia para el mundo”, declaró George Mikes, escritor británico de origen húngaro, más conocido por sus comentarios jocosos sobre diversos países.

El espinosísimo problema de Chipre lo agrava en la actualidad el contencioso por las prospecciones offshore de petróleo y de gas en la zona de Afrodita, que han enfurecido a Ankara. Es posible que el yacimiento, situado en la zona económica exclusiva (ZEE) de la República de Chipre, sea rico en ambas materias primas. El año pasado, la firma Noble Energy, con sede en Texas, descubrió un potencial de entre 5 y 8 billones de metros cúbicos de gas natural. Lo ideal sería que toda esa riqueza energética fomentara las perspectivas de reunificación, no que las frustrara todavía más. Después de todo, Afrodita es la diosa del amor. Para mayor complicación, la compañía operadora de Noble es en un 30% de capital israelí, ya que parte del yacimiento está en la ZEE de Israel. Mientras que las relaciones turco-israelíes, antes estrechas, se han deteriorado enormemente desde mayo de 2010, a causa del ataque israelí (en el que murieron nueve turcos) contra una flotilla de ayuda de bandera turca que trataba de romper el bloqueo impuesto a Gaza, las relaciones entre Nicosia y Tel Aviv nunca han sido mejores. Chipre e Israel firmaron hace poco acuerdos en materia de defensa y cooperación, al tiempo que este mismo año cazas turcos perseguían a aviones israelíes por “vulnerar” el espacio aéreo de la República Turca del Norte de Chipre (RTNC), no reconocida internacionalmente, que ocupa un tercio de la isla. La RTNC se proclamó unilateralmente en 1983, nueve años después de que Turquía invadiera Chipre tras una serie de enfrentamientos entre las comunidades y de que los greco-chipriotas trataran de incorporarla a Grecia.

Durante su presidencia, los greco-chipriotas quieren evitar a toda costa dar munición a Turquía sobre la reunificación. Sin embargo, es inevitable que este asunto atraiga las miradas, aunque solo sea porque los dirigentes de la UE conocerán de primera mano la situación de este diminuto país, dividido por la Línea Verde, patrullada por más de 900 soldados y policías de una fuerza de paz de la ONU.

La ONU rechaza que se trate en una conferencia multilateral hasta que haya pruebas de que las negociaciones están en su última fase
Desde 2008, y a instancias del secretario general de las Naciones Unidas, Dimitris Christofias, presidente de Chipre, ha celebrado más de 150 reuniones con Derviş Eroğlu, líder de la RTNC, y con su antecesor Mehmet Alí Talat. La reunificación de la isla no es una condición imprescindible para la entrada de Turquía en la UE, aunque resulta difícil creer que esta pudiera ocurrir sin un acuerdo, pero sí es insoslayable que se cumpla el protocolo de Ankara de 2005. Desde diciembre de 2006, la Unión Europea ha suspendido las negociaciones sobre ocho de los capítulos que habrían de regir el acceso de Turquía a la UE, porque Ankara no ha abierto sus puertos y aeropuertos al tráfico greco-chipriota. En 2009, Chipre bloqueó la negociación de otros seis capítulos.

Los que ambas partes califican de problemas “esenciales” de la reunificación, aún pendientes, son la elección del Ejecutivo, el número de personas que serían ciudadanos de un Chipre unido y la propia concepción del régimen de propiedad (estrechamente relacionado con las cuestiones territoriales). En concreto, la invasión de 1974 provocó el desplazamiento de decenas de miles de greco-chipriotas y turco-chipriotas.

El problema se ha agravado por el contencioso de las prospecciones de petróleo y de gas en la zona de Afrodita
Christofias hizo algunos progresos con Talat, después del referéndum de 2004 sobre el plan de reunificación de Kofi Annan, exsecretario general de la ONU, y desde entonces las negociaciones “son de los chipriotas y ellos las lideran”, y la ONU facilita el proceso pero no lo dirige. El referéndum, mayoritariamente respaldado por los turco-chipriotas y masivamente rechazado por los greco-chipriotas, que veían en el plan un juego de suma cero, sobre todo beneficioso para la otra parte, se celebró una semana antes de que la República de Chipre entrara en la UE. Una vez garantizada la entrada en la UE, los greco-chipriotas no tenían incentivos para votar que sí.

Christofias no ha hecho apenas avances con Eroğlu, más intransigente, y esta es una de las razones de que no se presente a la reelección en 2013. Ambos dirigentes no se han reunido desde abril; en la actualidad Christofias es un presidente sin futuro y, de facto, las negociaciones están suspendidas.

Ambas partes comparten la idea de una “federación basada en dos zonas y dos comunidades”, pero, mientras que para los greco-chipriotas no sería una separación pura y dura de las dos comunidades sobre bases étnicas, los turco-chipriotas consideran que su futuro depende de contar con un territorio que sea exclusivamente suyo, o casi. La devolución de todos los bienes a sus propietarios greco-chipriotas originales imposibilitaría la creación de una unidad federal turco-chipriota, y la creación de áreas étnicamente homogéneas, que desean los turcos de Chipre, perpetuaría la división de la isla, contraviniendo la libertad de movimientos y el derecho a asentarse en cualquier lugar de la UE que esta propugna. La población de la comunidad greco-chipriota es 2,8 veces mayor que la de la TRNC, cercana a las 300.000 personas. Los greco-chipriotas quieren una federación compacta y un Estado unitario en el que la comunidad turco-chipriota tenga bien garantizados sus derechos, mientras que esta prefiere una federación más laxa, más cercana a una confederación, en la que gran parte de las competencias resida en cada una de las dos entidades, reservando poderes mínimos para el Gobierno central. En una federación, el poder fluye desde el Estado central a las unidades federales; en una confederación, va en sentido contrario.

Para los turco-chipriotas, lo que nacería sería un nuevo Estado, a medio camino entre la República de Chipre, controlada por los greco-chipriotas, y su propia entidad (modelo conocido con el nombre de “nacimiento de la virgen”), mientras que lo que los greco-chipriotas contemplan es una continuación de la República de Chipre, aunque con modificaciones. Los griegos de Chipre se temen que, al haber dentro del nuevo Estado federal una entidad turco-chipriota separada, asociada en igualdad de condiciones, los turcos de Chipre puedan considerar que tal situación les otorga el derecho a propiciar una disgregación como la registrada en Checoslovaquia a comienzos de la década de 1990.

Los turco-chipriotas quieren que el problema se trate en una conferencia multilateral, algo que la ONU rechaza hasta que haya pruebas fehacientes de que las negociaciones están en su última fase. Una situación que ni siquiera se atisba.

Para Turquía, la solución evidente es la partición, una palabra que también está calando entre la comunidad internacional. Sin embargo, esa situación penalizaría sin duda a los greco-chipriotas por la invasión turca de 1974, considerada contraria al derecho internacional. Moralmente, no estaría bien, pero ¿hay que condenar para siempre a los turco-chipriotas a vivir aislados, privándolos del derecho a la autodeterminación porque ambas partes carecen de voluntad política para alcanzar un acuerdo?

Si no pueden pactar una boda (para los greco-chipriotas, el plan de Annan era un matrimonio a punta de pistola), entonces quizá deban acordar amigablemente ir cada uno por su lado.

http://elpais.com/elpais/2012/06/06/opinion/1339008604_161772.html