Atatürk: una fuente de inspiración para los países de la “primavera árabe”

Si Mustafa Kemal, Atatürk (1881-1938), el fundador de la República de Turquía en 1923, viviera en nuestros días, es poco probable que votara en las elecciones parlamentarias de hoy ni por el partido que creó, el Partido Republicano del Pueblo (el único que existió durante su presidencia), ni por el Partido de la Justicia y el Desarrollo (denominado en Turquía el AKP), en el poder desde 2002.

El primero, con una defensa a ultranza de sus ideas (el Kemalismo), se ha convertido en un partido muy dogmático, — Atatürk era, por encima de todo, un político pragmático – mientras el AKP tiene raíces islamistas, aunque ha sido un motor de modernización en los últimos años. Atatürk creía en la supremacía de la ciencia y estableció un estado laico aún más firme que el francés.

Todas las encuestas dan otra victoria al AKP. La única incógnita es si sacará los dos tercios de los escaños en el parlamento para poder cambiar la constitución autoritaria, redactada por los militares (los guardianes del estado secular) después de su golpe de Estado en 1980, sin un referéndum.

La figura de Atatürk está cobrando más relevancia hoy porque Turquía está considerada como una especie de modelo para los países de la llamada “primavera árabe”. Con la caída de los regímenes en Túnez y Egipto y tal vez en Libia, muchos miran hacia Turquía como referencia.

Atatürk fue un verdadero revolucionario; creó de las ruinas del Imperio Otomano la primera república secular en un país musulmán que hoy es una democracia vibrante y lleva casi seis años negociando su entrada en la Unión Europea (con un avance muy lento).

Abolió el Califato, dio el derecho de voto a las mujeres para las elecciones nacionales en 1934 antes que muchos países occidentales (España lo consiguió en 1933) y reemplazó la grafía árabe por un alfabeto modificado, más fácil de aprender y que facilitaba la publicación de materiales impresos.

La publicación en mayo del primer estudio en profundidad de las ideas de Atatürk, Atatürk, an Intellectual Biography por M. Sükrü Hanioglu (editado por Princeton University Press) es muy oportuna.

Atatürk nació en Salónica (hoy Grecia), una ciudad cosmopolita con una importante comunidad europea, y su educación primaria se desarrolló en una escuela privada sin un enfoque religioso fuerte, algo excepcional en el Imperio Otomano. La escuela era algo vanguardista (el curriculum incluía clases de gimnasia). Luego pasó por una escuela militar donde también recibió una educación “moderna” en algunos aspectos.

Fue muy influenciado por el cientismo, un credo que sostiene que la forma más valiosa del conocimiento es la ciencia y no otro tipo de discurso, sobre todo el religioso. Para Atatürk, “buscar cualquier tipo de guía en algo que no sea la ciencia es un sinsentido, superchería e ignorancia” y “la religión es la ciencia de las masas en tanto que la ciencia es la religión de la elite.”

Combinó un nacionalismo intenso con un compromiso extremo con el secularismo del Occidente, desarrollando un culto a la Razón y a la República, y no desalentó el culto hacia su propia persona. Una plétora de superlativos fueron añadidos a su nombre, como Büyük (grande), Dahi (genio) and Halâskâr (salvador). El mismo apelativo Atatürk significa padre de los turcos.

Esta veneración cuasi religiosa persiste hoy con fotos de Atatürk en oficinas del Gobierno y hasta en cafés y peluquerías y estatuas en espacios públicos por todo el país. Cada 10 de noviembre a las 9:05 (el día y la hora exacta de su muerte) Turquía se detiene en silencios y posturas solemnes.

La parte más interesante del brillante y ameno libro antes citado es el capítulo dedicado a la creación de una república secular. A diferencia de los bolcheviques dirigidos por Lenin, Atatürk no puso en ridículo la religión. Intento utilizarla para su programa forzado de ingeniería social, un reto aún más difícil que el de los bolcheviques dado que el marxismo leninismo era más propicio que el cientismo para desarrollar las herramientas de construcción de un estado.

En la creencia ingenua que la mera adopción de leyes, costumbres y maneras occidentales lograría una transformación de la vida social y cultural de Turquía mas alla de lo mero cosmético, Atatürk alentó a sus compatriotas a llevar vestimentas y sombreros de estilo europeo. Oponerse significaba “vivir con las supersticiones e ideas medievales, en lugar de abrazar la civilización que era capaz de horadar montañas, surcar los cielos y observar las cosas que no pueden verse a simple vista, desde la precisión molecular hasta las estrellas.”

Al mismo tiempo, cultivó ideas estrafalarias como el origen túrquico de los europeos y de las civilizaciones y lenguas amerindias.

Atatürk subestimó la fuerza de las redes sociales islámicas y suponía que la religión terminaría por extinguirse. Ha pasado todo lo contrario: el AKP ganó el poder gracias a estas redes y otros factores como el inmovilismo del Kemalismo.

Atatürk logró orientar Turquía hacia Europa, pero 73 años después de su muerte Europa aún no ha abrazado su país como una sociedad que quiere compartir su cultura y valores.

Queda un largo camino y muchas lecciones para los países de la “primavera árabe”.
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