Nostalgia para el “milagro español”

Visto desde la crisis de hoy, los ocho años del Partido Popular parecen una época dorada. Cuando el PP gano la elecciones en 1996 España no cumplía ninguno de los cinco requisitos para acceder a la Unión Monetaria Europea (UME) y para ser, por tanto, socio fundador del euro. El déficit público se situaba cerca del 7% del PIB; la deuda pública se aproximaba al 70% del PIB; la inflación rondaba el 5%, muy lejos de la media europea; los tipos de interés se habían elevado a más del 11% y la peseta acumulaba cuatro devoluciones. Además, la tasa de paro era del 23%. El gasto público se incrementó rápidamente durante la primera etapa socialista con la ambiciosa ampliación del Estado de bienestar (desde el nivel bajo de la dictadura franquista) y sin tener en cuenta la capacidad económica del país.

En 2004, España había conseguido entrar en la UME; la tasa de paro se había reducido al 11% y la deuda pública al 50% del PIB; el déficit público se había corregido casi por completo y la renta por habitante había crecido desde el 78% de la media comunitaria (el mismo porcentaje que 20 años antes) hasta el 88%. En Europa, se hablaba del “milagro español.” Gracias al PP, España, por primera vez, dejó de ser “diferente” y estaba desde el principio entre los socios fundadores de una nueva Europa. Tal vez hubiera pasado con un Gobierno socialista, aunque lo dudo.

Todos estos logros, y otros, están contados en un libro, “España, Claves de la Prosperidad”, publicado recientemente por Gota a Gota, el sello editorial creado por la Fundación FAES, el think tank del PP, y coordinado por Luis de Guindos, ex secretario de Estado de Economía, con 19 autores (todos protagonistas). Como era de esperar, el libro es algo hagiográfico, pero está escrito con claridad y es muy útil para entender el cambio en el rumbo de la política económica. Los autores tienen razón en decir que “cuando a la economía española se le dota de un marco de disciplina macroeconómica y se liberalizan sus mercados, se produce siempre un salto en términos de bienestar que se extiende durante un período dilatado de tiempo.” Los hechos lo han demostrado.

Hoy, la crisis es mucho peor que en 1996, pero las circunstancias internas son muy diferentes (un modelo económico agotado, entre otras cosas) por no hablar del contexto global (una crisis generalizada en la que los problemas de bancos están incidiendo gravemente en la economía real). El déficit público esta en el 11.4% del PIB, la deuda pública se ha incrementado hasta el 55% y la tasa del desempleo ha aumentado hasta el 18% (todas cifras del 2009), por mencionar solo unos problemas.

Como dijo nada menos que Felipe González el mes pasado en la Universidad de Nueva York, “La Unión Monetaria y el Pacto de Estabilidad tenían a un magnifico alumno en España hace dos años, y ahora es de los peores de la clase.” El ex presidente explicó que “el país iba mal” antes de que estallara la burbuja especulativa y se tardó en ver “una situación de emergencia.” La gran pregunta que no tiene respuesta es si la crisis hubiera sido mucho menos grave con el PP en el poder hoy. El PP, por supuesto, cree que sí.

Es cierto que los socialistas bajo José Luis Rodríguez Zapatero no han sido nada reformistas en el campo económico (los de González si, con consecuencias positivas y negativas). España está pagando un precio alto por haber abandonado el camino de las reformas y haber desaprovechado una oportunidad de oro hacerlas durante la bonanza económica. Igualmente cierto es que los “excesos de inversión” en palabras de los autores en el sector inmobiliario empezaron con el PP (un promedio anual de 325.000 de viviendas iniciadas entre 1996 y 2003 durante su Gobierno). El apoyo a la construcción fue una huída hacia adelante que el PSOE ha continuado (un promedio anual de 766.000 entre 2004 y 2009). El PP no hizo nada contra el monocultivo de la construcción para cambiar el modelo económico y hacerlo basado más en el conocimiento. Esto tuvo consecuencias muy negativas al atraer más mano de obra extranjera que la razonablemente necesaria, al drenar crédito para otros sectores y al destruir recursos naturales. El porcentaje de extranjeros en la población total subió del menos de 3% al 7% entre 1996 y 2004 y hasta el 12% en 2009. Y no hizo nada en favor de la productividad, que evolucionó muy negativamente en términos comparativos, y poco en el campo del mercado laboral.

Los avances realizados en formación profesional fueron correctos (pequeños retoques de la ley de 1990 -la LOGSE-), pero en educación general, hubo una obsesión por la privatización de la enseñanza y poco más, con el resultado de aumento del abandono escolar, particularmente en el sector público. El nivel de abandono alcanzó el 27% de la población con edad escolar obligatoria (hasta los 16 años) en 1996 y hoy abarca a más del 30%, situando a España a la cola de los países de la Unión Europea.

Los autores concluyen que la prosperidad económica únicamente ha sido posible en España con “el espíritu reformista y la disciplina fiscal”. A ver si el PP tiene la oportunidad de aplicar su receta en 2012. Mientras tanto, haría un gran favor al país si fuera menos obstruccionista con el PSOE. Después de todo, la crisis de hoy es culpa de todos.
http://www.elimparcial.es/opiniones_autor/3515.html

Españoles olvidados en el Gulag

Para mi los dos capítulos más tristes y crueles del siglo XX para España en el mundo han sido la muerte de dos tercios de los más de 7.000 españoles internados en Mauthausen, el campo de concentración nazi en Austria, y el encarcelamiento de unos 270 españoles en el Gulag soviético, algunos de los cuales murieron. Son las dos caras del totalitarismo del siglo XX.

En ambos casos, estas personas luchaban a favor de la Republica durante la Guerra Civil. Sobre la tragedia española en Mauthausen se ha escrito bastante (están conmemorados con una placa), se ha emitido algún documental y se conocen las fotos de Francisco Boix (internado allí), pero el drama de los españoles en el Gulag ha permanecido mucho más en la oscuridad. Bienvenido sea por ello el librito pionero de Luiza Iordache, “Republicanos españoles en el Gulag (1939-56)” (un resumen de su tesina), publicado por el Institut de Ciències Polítiques i Socials de Barcelona, que no ha tenido el eco (un par de líneas en El País) ni la distribución que merece (el ejemplar que yo pedí tardó un mes en llegar y no por culpa del correo).

La historia, relatada en 85 páginas, es conmovedora y con nombres y apellidos (hay una larga lista de algunas de las victimas al final del libro). Los españoles republicanos, pilotos (enviados por el Gobierno de la República para realizar cursos en la URSS), marinos (tripulantes de los barcos que realizaban el transporte de materiales de guerra y víveres), exiliados y algunos “niños de la guerra” y sus maestros se encontraron en una difícil situación al final de la guerra en 1939. La no intervención en el conflicto español por parte de Francia e Inglaterra forzó al bando republicano a depender, casi exclusivamente, de la ayuda de la Unión Soviética.

Muchas de estas personas querían regresar a sus familias en España, aunque corrieran peligro en la dictadura de Franco, o ir a otro país, preferentemente en América Latina por la afinidad lingüística y cultural, pero esta actitud fue considerada tanto por el Partido Comunista Español (PCE) como por las autoridades en Moscú como antisoviética/trotskista (“enemigo del pueblo”). Todo el que no es comunista es anticomunista, el que no esta conmigo está en contra de mi fue la mentalidad estalinista. Pocos lograron el permiso para salir.

Entre los casos más dramáticos está el de Federico Gonzalo González, condenado en 1941 por su negativa a participar en una suscripción voluntaria al empréstito interno del Estado con el 10% de su sueldo; Joan Bellobi Roig, casado con una rusa, condenado por haber enseñado una foto de sus familiares residentes en España, de los que afirmó que iban bien vestidos, apreciación que en aquellos tiempos podría ser considerada como propaganda antisoviética; Julián Fuster Ribó, médico, arrestado en 1948 por haber olvidado colgar la contraseña de entrada en el trabajo dando lugar a un cruce de réplicas que en aquellos momentos podían ser consideradas antisoviéticas (no pudo regresar a España hasta 1959) y Juan Blasco Cobo metido en un calabozo frío y lleno de barro donde para maximizar la desesperación del preso y extraer su confesión se utilizaba el método de “gota de agua” que caía del techo (el año pasado vi una de estas celdas en la cárcel en Berlín de la Stasi, la policía secreta de la antigua República Democrática de Alemania). Fuster, internado en uno de los peores campos de trabajos forzados en la región de Karaganda, sale mencionado en Archipiélago GULAG del escritor ruso Alexander Solzhenitsyn.

En 1948, José Tuñón, que había llegado a la URSS como un “niño de la guerra”, se metió en un baúl de un diplomático argentino en un avión y cuando llevaban 12 minutos volando empezó a golpear dentro de la maleta porque se asfixiaba. Fue descubierto.

Pocos pudieron entender por qué fueron detenidos y en la mayoría de casos mandados a un campo. Preguntada al respecto, la poeta rusa Anna Ajimátova, con amigos entre la comunidad española, dijo: “¿Por qúe? ¿Cómo por qué? Ya es hora de saber que a la gente se le detiene por nada.” Paco Ramos sí sabía. En una entrevista en 1977 dijo que “por aquello que estaba viendo en la URSS no había yo luchado en España.” Precisamente, las autoridades soviéticas, en el contexto de la guerra fría, querían evitar a toda costa la difamación de la URSS y del PCE que suponía la salida de los exiliados españoles.

Particularmente vergonzoso, aunque no sorprendente, era la complicidad de los dirigentes comunistas españoles Dolores Ibárruri, Santiago Carrillo y Fernando Claudín, entre otros, en la persecución de sus compatriotas acusados de disidentes, y que seguían manteniendo silencio sobre el asunto, que conocían de antemano, cuando empezó una campaña a partir del 1947 en el extranjero para lograr la liberación de los españoles en los campos. Carrillo, en cuyo libro de memorias (1993) evita cualquier referencia a estos asuntos, llamó a las personas que querían salir de la URSS en una reunión en 1947, según recuerda el comunista italiano Ettore Vanni, “traidores que dejan el país socialista para ir a vivir entre los capitalistas.” Alguien gritó en la reunión, “hay que darles un tiro de la espalda.”

Para combatir las “calumniosas noticias” sobre los presos españoles que empezaron a ser publicados en el extranjero, la revista Novi-Saet (Tiempos Nuevos) señalaba que los pilotos vivían en los mejores hoteles de Moscú y los marinos en los mejores de Odessa. De los más surreal es que algunos presos trabajando en una fábrica de papel leyeron esta noticia en Novi-Saet.

El librito de Iordache merece ser de lectura obligatoria para alumnos de la ESO, junto con la historia de los españoles en Mauthausen.
http://www.elimparcial.es/sociedad/espanoles-olvidados-en-el-gulag-60125.html

Fracaso escolar

Hace poco salieron las últimas cifras del abandono escolar en la Unión Europea y la tasa para España (31,9%) es la tercera más alta de los 27 países, después de Malta (39%) y Portugal (35,4%), y el doble de la media europea. Polonia, con el 5%, tiene la tasa más baja (¿el legado del comunismo, la influencia de la Iglesia Católica?). En mi país, el Reino Unido, es el 17%. Son cifras del 2008. Además, España es uno de los 11 países cuya tasa sigue aumentando y, a diferencia de casi todos estos países, desde un nivel ya altísimo.

¿Por qué tantas personas en España entre los 18 y 24 años tienen como estudios máximos la educación obligatoria (hasta los 16 años) y no siguen en formación? El problema de abandono prematuro del sistema educativo es especialmente preocupante en un país como España, con una tasa de desempleo de casi 20% y 40% entre los españoles por debajo de 25 años, y que pretende construir una economía basada menos en el trabajo físico (el uso intensivo de la mano de obra no cualificada) y más en el mental (más apoyada en el conocimiento y más internacionalizada). El Plan aprobado por el Gobierno español y la autonomías en 2008 para reducir el abandono a la mitad en 2010 no ha dado ningún fruto.

Hay teorías de todo tipo para explicar el problema. Para Bartomeu Llinàs, consejero de Educación de Baleares, el abandono escolar surge de un triunfo económico (el empleo fácil). Las Baleares tienen la tasa más alta de abandono en España, nada menos que el 44%. La mejor es el País Vasco con solo el 15%. Las diferencias entre comunidades son abismales. Es cierto que las comunidades con mejores resultados no han tenido el flujo de alumnado recién llegado de la avalancha migratoria como ha tenido las pequeñas Baleares, pero el aumento en el abandono escolar año tras año fecha de antes de la llegada de inmigrantes y solo ahora, por la fuerza de las circunstancias, la mediocre clase política lo considera un problema grave.

Este triunfo tiene pies de barro, o mejor dicho de arena porque se debe tanto a la construcción como al turismo. Los chicos y chicas que abandonaron su estudios antes de tiempo para tener un trabajo que han perdido en la recesión hoy no tienen más remedio terminar sus estudios. Así que la tasa del abandono probablemente bajará a partir del 2009, aunque me temo de forma temporal.

Otros problemas básicos son la falta de vocación/profesionalidad/motivación del profesorado y la “pasividad” de las familias, que han diferido su propia autoridad al profesor y, en las situaciones críticas se la quitan.

Hablé del problema con una amiga inglesa, antiguamente profesora de ingles como idioma extranjero y ahora consultora para educación primaria. Casada con un español, está desesperada con la educación que reciben tanto su hijo de 5 años como su hija que acaba de cumplir 3 años. La que sigue es la conversación entre madre e hijo hace unos días: ’Hoy hemos leído una historia sobre el payaso R’. ’Querrás decir P de payaso, ¿no?’ ’No, el payaso R porque hace rrrrrrrrrrrrrrrrrrr cuando se ríe.’ Y el muchacho le enseña su libro de lectura Letrilandia (Edelvives), un método cuya característica fundamental reside en la idea de convertir las letras en personajes de un mundo imaginario, y de dudosa lógica para mi amiga.

Sus mayores quejas, sin embargo, son la importancia dada desde un edad muy joven a aprender las cosas a fuerza de repetirlas, en particular información irrelevante (una técnica que evita la comprensión de un tema), y el énfasis en la producción. Cuando ella decidió llevar su hija a la guardería tres mañanas por semana en vez de cinco, para poder estar más tiempo con ella en casa, la profesora le preguntó que pasaría con las fichas. La madre se quedo con la boca abierta y la profesora añadió, “porque al final del curso, cuando lleve sus trabajos a casa, no habrá llenado todas las fichas.”

Tal vez otro factor que está detrás de la alta tasa de abandono escolar es que los estudiantes están hartos de tener que memorizar tanto y repetir cursos. Mi amiga ha decidido llevar a sus hijos a un colegio inglés que da más importancia al pensamiento crítico y no le sale mucho más caro de lo que paga ahora. Pero no es una opción para la mayoría de padres españoles que no tienen más remedio que soportar un sistema que parece estar en permanente declive.
http://www.elimparcial.es/sociedad/fracaso-escolar-59639.html

España necesita una economía exportadora

España se encuentra en una encrucijada de su desarrollo económico, ya no puede seguir por el mismo camino. El derrumbe del sector inmobiliario ha puesto brutalmente de manifiesto la cortedad de miras de un modelo excesivamente basado en la construcción. Ahora es más urgente que nunca elegir entre una economía que continúe basándose en el trabajo físico (el uso intensivo de la mano de obra no cualificada) o en el mental (más apoyada en el conocimiento y más internacionalizada). A medio plazo, la primera creará más empleo, pero, como ha demostrado la recesión española con más claridad que la de ningún otro país de la UE, no es ésta una solución duradera. El plan anticrisis del Gobierno, que prima la construcción con rebajas fiscales a la rehabilitación de viviendas, no apunta al cambio del modelo productivo que España necesita.

Está empíricamente demostrado que las empresas con más presencia internacional (es decir, las que exportan o adquieren compañías en el exterior) crean más empleo estable y de mayor calidad en sus países de origen que las que operan únicamente en su mercado interno. En general, dichas empresas son de mayor tamaño para tener un mayor potencial, y, con el fin de sobrevivir, han de ser más productivas y competitivas. Con todo, el tamaño no es ni el primer ni el único requisito para introducirse con éxito en los mercados internacionales. Muchas empresas pequeñas han conseguido labrarse un espacio propio partiendo de su tecnología o de un buen modelo empresarial.

Lo que hay que saber es si España es capaz de crear una economía más internacionalizada. Observemos los datos. Entre 1988 y 2009, la aportación de la demanda externa -no de la interna-, al crecimiento del PIB únicamente ha sido positiva en seis años (dos de ellos durante una recesión, 1993 y el pasado año, cuando las empresas, mimadas por el auge del mercado interno, se afanaron por vender más en el exterior). Las importaciones se vieron arrastradas y, unidas al escaso nivel de las exportaciones, hicieron que el déficit comercial llegara al 7,9% del PIB en 2008 y el déficit por cuenta corriente, al 9,5%.

Dentro de las cinco economías principales de la UE, las exportaciones de España son las de menor tamaño en relación con el PIB (26,5% en 2008) y, en términos per cápita, también son de las más escasas de las naciones desarrolladas: 5.355 dólares (3.917 euros) por persona en 2007, frente a los 34.453 dólares (25.200 euros) de Holanda, los 16.175 (11.831) de Alemania y los 7.717 (5.644) de Reino Unido, según los últimos datos comparados del Banco Mundial.

Por otra parte, las importaciones de España (el 32,4% del PIB) son las segundas más cuantiosas, después de las alemanas. En 2009, la recesión redujo considerablemente el déficit comercial, pero en gran medida esto se debió al desplome de las importaciones.

En términos generales, cuanto más elevada es la aportación de la demanda externa, más éxito tiene la economía de un país. ¿De dónde va a venir el futuro crecimiento de la economía española, y por ende la creación de empleo, si no de la demanda externa?

La Ley de Economía Sostenible del Gobierno constituye un intento insuficiente de crear una estructura más productiva y más amparada en la demanda externa. Ni siquiera acomete la ardua tarea de mejorar el sistema educativo, cuyo escandaloso deterioro ha permitido la mediocre clase política actual. Aquí radica la piedra angular de una economía más basada en el conocimiento que en el ladrillo y el mortero, y, por tanto, más capaz de internacionalizarse y de generar un mayor valor añadido.

Cuando casi uno de cada tres individuos de entre 18 y 24 años tienen como máximo la educación obligatoria y no siguen en formación; con malos resultados de lectura, matemáticas y conocimiento científico en los informes PISA; con ninguna universidad situada entre las 150 mejores del mundo y un gasto en I+D muy por debajo de la media de los 27 miembros de la UE, para crear las condiciones necesarias para impulsar las exportaciones es preciso realizar un esfuerzo hercúleo en la educación, que ni siquiera se ha iniciado. Será necesaria una década para incrementar realmente el nivel educativo.

No resulta, pues, sorprendente que los productos españoles de alta tecnología sólo representen el 5% de las exportaciones manufactureras, situándose casi en el nivel más bajo de la UE. Sí lo es, en cambio, que esas deficiencias no hayan impedido la aparición de un núcleo duro de multinacionales. El stock de inversión directa española en el extranjero representaba el 37,5% del PIB a finales de 2008. Es decir, se habían multiplicado por 12 desde 1990, siendo las más elevadas las de las grandes economías de la UE.

Sin su creciente y sólido negocio internacional, los grandes bancos y empresas españoles hubieran generado muchos menos beneficios el año pasado. Gracias a ellas, el Ibex 35 subió casi un 30% en 2009 (hasta ocho puntos más que los índices de otros mercados europeos), aunque este indicador no es representativo ni de la situación de todas las empresas registradas ni de la del contexto económico, en general adverso, como se ha visto este año con la brusca caída del Ibex.

Siete proveedores de infraestructuras españoles se encuentran entre las 10 principales empresas del sector del transporte en el mundo. Durante 2009, sus negocios en el extranjero les permitieron compensar, en mayor o menor medida, el deterioro de su mercado interno. Las empresas, y no sólo las más grandes, tienen un margen considerable de expansión en el exterior, sobre todo en Asia, que apenas han tocado.

Estrechamente relacionadas con una mayor internacionalización de la economía están la marca España y la imagen del país y de sus marcas en el exterior. Cuanto más conocida sea una marca y más positiva la imagen del país, más posibilidades habrá de que los consumidores adquieran los productos y servicios de esa empresa.

Un reciente y exhaustivo análisis comparado realizado por Young & Rubicam (R&Y) demuestra que España todavía se sigue considerando, en mayor o menor medida, un país de fiestas y siesta, y que sus productos y servicios, con algunas notables excepciones, suelen relacionarse con una imagen de escasa calidad y de niveles de innovación, liderazgo y dinamismo escasos. Según R&Y, el desafío radica en alcanzar el equilibrio adecuado entre la pasión y la sociabilidad, principales elementos del ADN del país, y la alta calidad y la seriedad.

En este sentido, ayudaría que España dispusiera de más diplomáticos para fomentar los intereses del país (Reino Unido tiene 4.000 y España, unos 1.000; es decir, proporcionalmente su dotación es mucho menor, ya que la población española representa el 75% de la británica, y su PIB se sitúa en torno a tres tercios del de ese país).

Otro paso positivo sería constituir la Comisión de Diplomacia Pública que, anunciada por José Luis Rodríguez Zapatero en julio de 2008, no ha logrado despegar aún, en parte debido a restricciones presupuestarias.

En este contexto, el esperpento de propuesta de la presidenta de la Comunidad de Madrid sobre el “patrimonio cultural” de las corridas de toros nada ayuda -todo lo contrario- a mejorar la imagen de España en el exterior.

España ha avanzado mucho en los últimos 35 años, pero no debería resignarse a creer que no puede ir más allá. Quedarse parado no es una opción.
http://www.elpais.com/articulo/opinion/necesita/economia/exportadora/elpepiopi/20100313elpepiopi_12/Tes

¡Es la educación!

El Gobierno español, por fin, quiere dejar atrás un modelo económico agotado y generador de importantes desequilibrios. Los sectores de la construcción y del turismo, ambos en crisis, generaron conjuntamente en el momento más dulce de la última década dorada casi el 25% del PIB, que es la cuota más alta de la Unión Europea.

A pesar de ser -o por ser- un modelo intensivo en creación de empleo, España ha perdido puestos de trabajo al ritmo más rápido de Europa y hoy tiene más parados que Alemania, aunque la economía alemana sea más del doble de la española. Estos datos confirman que el modelo económico español tiene los pies de barro.

La eliminación de la desgravación a la vivienda a partir del año 2010 es un paso en la dirección correcta. Esta deducción fue el emblema del ahora exhausto modelo de crecimiento español y engendró la mal llamada “cultura de la propiedad”.

Pero ésta y otras medidas anunciadas por el Gobierno (ayuda para la compra de un coche, digitalización de las aulas, etc.) no bastan para crear un modelo basado más en el conocimiento y en las exportaciones. Son parches para aliviar la crisis, no las semillas de un nuevo modelo económico.

A mi modo de ver, la clave para la creación de un modelo más sostenible, y que no genere tanto desempleo cuando la economía va mal, reside en una mejora del sistema educativo español, y esto es algo que tardará un tiempo en hacerse y una década en notarse.

Los políticos quieren resultados en el corto plazo. Es lamentable que sólo ahora, a raíz de la crisis de la construcción, se haya puesto de moda entre la clase política hablar de la necesidad de moverse desde el ladrillo al ordenador. Algo muy diferente hubiera ocurrido si esta moda se hubiera extendido durante el boom económico. La afirmación de que España no hubiera llegado a donde está hoy con el Partido Popular en el poder es muy dudosa (de hecho, el auge de la construcción empezó con el PP, que no hizo nada para cambiar el modelo económico y poco para mejorar la educación en sus ocho años de gobierno).

España es el único país europeo que ha generado mucha riqueza durante un largo periodo, a la vez que una tasa creciente de fracaso escolar. La proporción de estudiantes que no terminan la ESO, según las últimas cifras disponibles (2007), es del 30,8%, el doble de la media europea. Un factor que ha contribuido a esta situación ha sido la facilidad, hasta 2008, de encontrar un trabajo en la construcción o el turismo sin necesidad de haber finalizado los estudios.

Es de suponer que la recesión cambiará esta tendencia, vergonzosa para un país desarrollado. En 2007, sólo el 61% de los jóvenes entre 20 y 24 años tenía un nivel de formación al menos de enseñanza secundaria superior, seis puntos menos que en el año 2000 y muy por debajo del promedio europeo (78%). Es cierto que la llegada de inmigrantes ha influido en estos dados, pero menos de lo que se piensa.

En España, según el Informe PISA, menos de uno entre 20 jóvenes de 15 años alcanza un conocimiento elevado en ciencias -como en México y Turquía-, frente a casi uno entre cinco en Finlandia, donde, por cierto, hay muy pocos colegios privados. Y en lectura, sólo el 1,8% de los jóvenes españoles de 15 años alcanza el nivel alto, lo que supone el peor resultado después de México.

¿Es que los alumnos españoles son más tontos que los de otros países? No lo creo. Algo tendrá que ver esta situación con el sistema de aprender a fuerza de repetir y memorizar, en lugar de mediar un análisis crítico. Y también el bajísimo nivel de los contenidos y la falta de autoridad del profesor. No se puede aprender si el profesor no recibe ninguna consideración por parte del alumno ni de su familia, y si el sistema además lo deja desprotegido ante cualquier abuso.

La tasa de abandono en la universidad es también alta y pocos aprueban el curso completo en el tiempo debido. Hay seis convocatorias para superar un examen, más la extraordinaria. ¡Vaya incentivo para estudiar!

Así que los universitarios españoles entran el mercado laboral con 24 años o más (21-22 en Reino Unido). Y el 22% de los mismos ocupa un empleo de nivel de calificación inferior al título obtenido, frente al 13,2% de los países de la OCDE. Y no hay ninguna universidad española entre las primeras 150 de la lista que se confecciona cada año en la Universidad Jiao Tomg de Shanghai.

¿Cómo espera España crear una economía basada en el conocimiento con estos niveles educativos? El país está pagando un alto precio por su ignorancia. El debate político sobre la educación está ciegamente enfocado a temas de menor importancia (no digo que no la tengan), como la Educación para la Ciudadanía y lo que la Iglesia llama el “fundamentalismo laico” en las escuelas, en vez de preguntarse por qué hay tanto abandono escolar.

La educación en España se ha convertido para los políticos en una especie de confrontación futbolera y hasta que esto no termine y todos remen en la misma dirección, crear una economía del conocimiento seguirá siendo un sueño imposible.
http://www.elpais.com/articulo/opinion/educacion/elpepiopi/20090626elpepiopi_5/Tes

Spain’s new divided era?

Zapatero is no longer the ‘accidental’ prime minister, but without an outright majority the socialists face a challenging term.

Had the socialist José Luis Rodríguez Zapatero not been re-elected, he would have gone down in Spain’s history as the only prime minister not to win a second term since the end of the Franco dictatorship in 1975 and the restoration of democracy. His victory, though not with an absolute majority, showed that he was not an “accidental” prime minister catapulted into office in 2004 as a result of the bomb blasts by radical Islamists which killed 191 people on commuter trains – as the rightwing Popular party (which, unlike Zapatero, supported the war with Iraq) liked to claim. The socialists won even more votes on Sunday than they did four years ago.

The PP lost because of its relentless strategy of confrontation, with the socialists whose victory it never accepted. About the only thing they could agree on during the last government was a law setting up a nationwide support system for those unable to care for themselves. They attacked the socialists over virtually everything else, particularly Zapatero’s attempt to reach some kind of deal with the Basque separatist group Eta to end its 40-year campaign of violence. Having initially tried to pin the blame on Eta for the bombs in 2004 three days before the election, in a cynical attempt to gain electoral advantage, the PP then spent three years sowing doubts about whether the Islamists were solely responsible for the blasts, despite evidence to the contrary. Spaniards became fed up with this crispación, reflected in the all-time low levels of public confidence in both the leader of the opposition (Mariano Rajoy) and the prime minister.

Just as the bombs in 2004 propelled Spaniards to vote (particularly disenchanted leftists who normally abstain and the young first time voters), so too did Eta’s brutal murder of a former socialist town councillor (victim number 822) less than 48 hours before the polls opened. Voter turnout at 75.3% was high by European standards, and only a fraction below the level in 2004.

The PP’s defeat was also a blow for Spain’s belligerent and staunchly conservative Catholic church hierarchy, its ally, which crossed a red line during the campaign by fiercely attacking the government for its abortion, gay marriage and education policies. Had the PP won, the timid advances towards a more secular state would have ground to a halt.

The socialists, however, cannot take too much comfort from their victory. Not only are the 169 seats they won in parliament seven short of the 176 needed for an absolute majority (in 2004 they were 12 short), but the PP gained five more seats and also a record number of votes. Spanish politics became very polarised and parliamentary life very vicious during the last socialist government and it looks as if this will remain so. The country is divided into two solid blocs, and the situation will not be eased by the socialists having to find a parliamentary ally and horse trade among one or more of the regional parties (whose influence on national political life is out of all proportion to their political weight because of the quirks of the electoral system). The PP is bound to make hay out of the socialists being “hostage” again to parties that put their own interests above those of Spain as whole. One of the socialists’ previous parliamentary allies was the Catalan Republican Left, which favours independence for Catalonia: the number of seats it won dropped from eight to three and so it is of little use to the socialists even assuming they want its support, which is most unlikely given the ructions it caused last time (among socialists as well as the PP).

Having presided over the last phase of a 15-year economic boom (during which Spain’s per capita income overtook Italy’s), the socialists are now going to have to adroitly manage a downturn and maybe an outright recession, depending on how fast the property market collapses. This, in turn, is going to create problems among Spain’s more than 4.5 million immigrants (10% of the total population), many of whom work in the construction sector and are beginning to lose their jobs. Spaniards have so far been remarkably tolerant of immigrants who have flooded into the country over the last decade, as there has been plenty of work for them. But as unemployment rises and state schools and the public health system become even more stretched this tolerance is going to be tested.
http://commentisfree.guardian.co.uk/william_chislett/2008/03/spains_new_divided_era.html

Vender la imagen comercial de España

En ningún país desarrollado se da un desfase tan grande como en España entre la percepción que se tiene del mismo y sus empresas, y su propia realidad empresarial y socioeconómica. El progreso experimentado por España durante los últimos 30 años, que la ha llevado a convertirse en la séptima economía más importante del mundo y en el sexto país inversor neto en el exterior, no se corresponde con la percepción que desde fuera se tiene del país. En términos generales, España sigue viéndose, en mayor o menor medida en cada parte del mundo, como una tierra de fiesta y de siesta, algo positivo para su floreciente sector turístico (el segundo del mundo en cuanto a número de visitantes y de ingresos), pero no cuando se trata de vender y promocionar sus productos en el extranjero y de ser considerado un país serio y eficiente.

En un mundo crecientemente globalizado, en el que la competencia se acentúa cada año y el precio no es siempre el factor primordial, cada vez es más frecuente que las empresas y los países se diferencien entre sí y que añadan valor recurriendo a una marca, a un activo intangible. Cuanto mejor es la imagen de marca de un país, más fácil resulta que el resto del mundo lo acepte y que sus productos y servicios tengan éxito. Y uno de los factores que inciden en esa imagen comercial son las marcas de sus empresas, así como sus líderes culturales, sociales y políticos.

Por ejemplo, gracias a Nokia, el principal proveedor de teléfonos móviles del planeta, el sello de toda Finlandia en el mapa del mundo es el de un país muy desarrollado tecnológicamente e innovador. Tanto Finlandia (con Nokia) como España (con Zara) figuran con una compañía en la última lista de las 100 marcas principales elaborada por BusinessWeek e Interbrand. Pero aquí terminan las comparaciones: Zara, a diferencia de Nokia, no ha mejorado mucho la imagen del conjunto de España.

Junto a su irreprochable transición a la democracia y la transformación de su economía, en España también se han registrado otros hitos, sobre todo los Juegos Olímpicos y la Exposición Universal de 1992, que han proclamado la modernización del país. Sin embargo, cuando los consumidores evalúan España y sus productos en las encuestas que calibran percepciones y estereotipos, la imagen sigue sin encajar con la realidad. No obstante, para los consumidores, la realidad es la percepción. Una de las consecuencias de ello es que las exportaciones españolas no tienen tanto éxito como deberían y el déficit comercial es enorme.

La etiqueta made in Spain no vende bien. Algunas empresas españolas eligen nombres que no se identifican fácilmente con el país; es el caso de Massimo Dutti, que suena claramente a italiano y que, por lo tanto, tiene más aceptación. Muchas empresas españolas utilizan nombres de marca “neutrales” como Camper.

Sea la que sea, la imagen de España es fuerte y, remontándose al siglo XVI, cuando sus conquistadores forjaron un imperio en América Latina y su Armada zarpaba hacia Inglaterra, es de las más antiguas. En la actualidad, después de que tres importantes empresas españoles y un banco “conquistaran” un fabricante de teléfonos móviles, Heathrow y otros aeropuertos, una eléctrica y un banco del Reino Unido, la prensa británica utiliza la palabra “Armada” en otro contexto. En realidad, ahora se echa la culpa a España de que Heathrow sufra problemas constantes.

Los expertos en marcas dividen los países entre “fríos” (eficientes, rigurosos y, por tanto, serios) y “cálidos” (apasionados, divertidos y, en consecuencia, no serios). Alemania y Gran Bretaña se encuentran entre los países “fríos” y España entre los “cálidos”. Francia es uno de los pocos que se considera tan “cálido” (recibe más turistas que España) como “frío” (triunfa como exportador). Esa misma percepción es la que necesita España. Chile tenía tanto empeño en grabar su “frialdad” (y, por tanto, su seriedad) en el mundo, que en 1992 envió un iceberg antártico a Sevilla y lo convirtió en la pieza capital de su pabellón en la Expo.

¿Qué se puede hacer para cambiar la imagen de marca de España? En 2003, con un Gobierno del PP, el Real Instituto Elcano, Dircom, ICEX y el Foro de Marcas Renombradas Españolas (FMRE) publicaron un informe proponiendo estrategias para mejorar y organizar la percepción y la imagen que de España se tiene en el exterior. La conclusión principal fue que, como la imagen de marca de una nación es un asunto de Estado, y va más allá de las diferencias partidistas o ideológicas, porque afecta a todos, es éste el que, implicando tanto al sector público como al privado, debe coordinar todas las iniciativas al respecto. Los socialistas han hecho muy poco para poner en práctica las recomendaciones, y el PP tampoco fue muy lejos. Promocionar la imagen de España no es algo que le siente muy bien a las 17 comunidades autónomas. En concreto, los gobiernos catalán y vasco prefieren vender su propia imagen y sus propias marcas, en lugar de aparecer bajo el paraguas español. Mayormente, el Gobierno central, al margen de cuál haya sido su signo político, ha sido muy reacio a implicarse en la promoción de la imagen de marca española. Al igual que ocurre en muchos otros casos, no hay una perspectiva bipartidista para abordar el problema.

Cualquier propuesta para desarrollar la imagen de marca de España tiene que asentarse en tres pilares: las empresas, las instituciones públicas y otros factores. Los puntos débiles de esta cadena se encuentran en la imagen de las empresas españolas y en la resistencia de las comunidades autónomas. Por ejemplo, en las ferias internacionales de alimentación que se celebran en Italia, los italianos promocionan el aceite de oliva nacional en una única caseta, mientras que todas las regiones españolas que lo producen tienen su propio stand y, con frecuencia, no dejan muy claro que son españolas. La ironía es que el grueso del aceite de oliva que venden las empresas italianas procede de España, pero es algo que no mencionan sus etiquetas. Además, lo venden más caro.

Entre las empresas españolas, hay unas 150 marcas “embajadoras” que generan en torno al 40% del PNB del país. Se podría mejorar la imagen de esas marcas y, por tanto, la de la marca “España” mediante el procedimiento conocido con el nombre de cobranding, por el que una persona famosa en el extranjero vincula su nombre al de una empresa. El Grupo Santander está publicando en The Economist una serie de costosos anuncios a toda página en los que figura su nombre en un vehículo de fórmula 1, en cuyo equipo corren dos pilotos españoles. Pero no se trata únicamente de gastar grandes sumas de dinero en publicidad. Zara, en vez de invertir en anuncios, se ha situado en el mapa del mundo gastando su dinero en colocar sus tiendas en zonas inmobiliarias de primera categoría. Como dijo en una ocasión Woody Allen: “En la vida, el 50% del éxito tiene que ver únicamente con hacerse notar”.

Más que ocultar su origen, las empresas españolas necesitan promocionarlo. Para fomentar la imagen de la marca España en su conjunto, sería positivo que las principales marcas del país añadieran a sus anuncios palabras que las identificaran claramente con él o un logotipo aceptado por todos que, de utilizarse, les supusiera ventajas fiscales. El ICEX, por ejemplo, está colocando junto a sus siglas una “E” (de España) que recuerda el cuerno de un toro.

Es preciso neutralizar los estereotipos negativos que suscita España, pero sólo se podrá hacer si nos ponemos de acuerdo en cómo hay que hacerlo. A menos que todas las comunidades autónomas y el Gobierno central trabajen conjuntamente, pocas oportunidades habrá de vender la imagen del país de otra manera.

Traducción de Jesús Cuéllar Menezo.

http://www.elpais.com/articulo/opinion/Vender/imagen/comercial/Espana/elpepuopi/20071228elpepiopi_12/Tes