ETA, una historia interminable

La retirada de los guardaespaldas a unos 200 altos cargos amenazados por ETA, que se espera concluya este mes, es otra señal positiva del fin del movimiento terrorista de casi 50 años (el más largo en Europa), tras el anuncio por la banda en enero de 2011 del fin de la acción armada. Sin embargo, la organización no ha abandonado las armas.

Aunque lleva más de tres años sin matar, ETA, en palabras de Jorge Semprún (antes de su muerte en 2005), sigue siendo el único residuo serio que queda del franquismo.

Cuando Mariano Rajoy llegó a La Moncloa en diciembre de 2011, unos 1.600 cargos públicos disponían de un servicio de escolta. En otros países europeos, las autoridades protegidas no superan la treintena. A partir de este mes tendrán protección el presidente del Gobierno, sus ministros, los presidentes del Congreso y Senado, del Constitucional y el Tribunal Supremo, y algunas otras personas.

Teresa Whitfield, miembro del Centro para la Cooperación International de la Universidad de Nueva York, concluye su excelente y exhaustivo libro – Endgame for ETA: Elusive Peace in the Basque Country (“Fase final de ETA: la esquiva paz en el País Vasco”), publicado por Hurst & Company – de esta manera: “La paz no vale cualquier precio, pero tampoco se consigue gratis”. Podría ser el lema de tantos intentos infructuosos de poner fin a esta lacra que ha dejado más de 800 muertos.

El País Vasco ha logrado un grado de autonomía que es la envidia de muchas regiones europeas – la enseñanza de la lengua vasca, su propia policía y un sistema de impuestos con una amplia capacidad de autorregulación, por citar algunos elementos-, pero esto no ha sido suficiente para la banda de criminales (término que se puede usar, en mi opinión, después de la constitución de 1978) y la izquierda abertzale, mientras que el Partido Nacionalista Vasco (PNV) no ha sido suficientemente contundente hasta hace unos años en su condena de ETA. En la célebre frase de Xabier Arzalluz, un antiguo presidente del PNV, “mientras algunos sacuden el árbol otros recogen los frutos”.

En 1976 entrevisté a José Miguel Bañarán Ordeñana, Argala, quien accionó la carga explosiva que el 20 de diciembre de 1973 hizo volar por los aires al almirante Carrero Blanco, algo que probablemente facilitó la transición a la democracia después de la muerte de Franco. De no haber sido asesinado en 1978 en Anglet, Francia, por el grupo terrorista de extrema derecha Batallón Vasco-Español, es posible que hubiera jugado un papel importante en reconducir la “lucha armada” a una lucha política. De haber vivido hoy tendría 65 años. Los actuales pistoleros y pistoleras de ETA, o no habían nacido durante el franquismo o eran todavía niños.

La historia de ETA es sumamente compleja. El autor la relata con muchos detalles desde sus orígenes en los años 50 hasta la política de inmovilidad del gobierno de Rajoy de tener ningún contacto con la banda, a diferencia de todos los Gobiernos anteriores.

Entre 150.000 y 220.000 personas han votado con regularidad en los últimos 35 años por un partido alineado con ETA y que pone en tela de juicio la legitimidad del Estado español, lo cual significa, dice el autor, que no se puede desestimar el problema como “terrorista” y nada más.

Errores de juicio y de política por ETA y el Gobierno, una falta de acuerdo entre la clase política que apoya la Constitución para forjar una posición común en relación a ETA (a diferencia de lo que pasó en Inglaterra hacia el Ejército Republicano Irlandés, el IRA), divisiones en la propia ETA e incluso entre las asociaciones de víctimas, manipuladas por razones políticas por la prensa de la derecha, y una falta de sinceridad, han obstaculizado el fin de la banda.

El mayor error (durante la larga época socialista) fue la creación de los Grupos Antiterroristas de Liberación o GAL, dirigidos por altos funcionarios del Ministerio del Interior, que practicaron la guerra sucia contra ETA. La peor manera de combatir el terrorismo en una democracia es rebajarse al mismo nivel de los terroristas porque, entre otras cosas, legitima su causa.

Otro error fue la denominada doctrina Parot, tumbada el año pasado por el Tribunal Europeo de Derechos Humano, que consistía en aplicar los beneficios penitenciarios sobre cada una de las penas impuestas al recluso, y no sobre el máximo legal permitido, que en el caso de Inés del Río (condenada a 3.000 años), la etarra quien recurrió la doctrina, era de 30 años de cárcel. La sentencia liberó a decenas de etarras.

Una posible vía para romper la parálisis en el proceso del final de ETA sería permitir el traslado de los centenares de presos de ETA a cárceles del País Vasco para poder estar más cercanos a sus familias: su dispersión por toda España, incluso hasta 1998 en las islas Canarias, no tiene base jurídica. Además el artículo 12.1 de la Ley Orgánica General Penitenciaria establece que en cada área territorial se procurará contar con “el número suficiente de cárceles para satisfacer las necesidades penitenciarias y evitar el desarraigo social de los penados”. Un cambio de esta política tiene muy poco coste para el Gobierno y podría ser rectificado fácilmente.

Llegar a una situación parecida a la del IRA hoy (y no hago ninguna comparación entre Irlanda del Norte y el País Vasco) es muy difícil porque, en palabras del renombrado historiador Gabriel Jackson, “el terrorismo político vasco desafía cualquier explicación racional, a menos que uno desenrede la historia real de la historia mitificada y la falsa antropología.”

Algunos creen que la política del PP de inmovilismo hacia ETA conviene al Gobierno porque la continuación de la banda, aunque seriamente debilitado, complica las relaciones entre la izquierda abertzale y el PNV, y asegura divisiones dentro del sistema político vasco. Si algún día desaparece ETA por completo, no sorprendería un empuje al estilo catalán hacia un estado independiente.
http://www.elimparcial.es/noticia.asp?ref=141849

Homo no tan sapiens

Cuando uno mira hoy por el mundo es difícil creer que la humanidad ha avanzado desde que aparecieron, hace decenas de miles de años, las primeras señales de lo que consideramos como el homo sapiens. Acontecimientos como la decapitación en público del fotoperiodista norteamericano James Foley por un terrorista islamista, los dramáticos disturbios raciales en Ferguson, Estados Unidos, destapados tras el asesinato por la policía de un joven afroamericano, la masacre de unos 400 niños palestinos en Gaza por proyectiles israelíes y la guerra civil en Ucrania, por mencionar solo algunas de las más destacadas noticias del último mes, hacen sentirse a uno -al menos a mí- profundamente pesimista sobre el denominado avance de la especie humana.

Como explica el historiador israelí Yuval Noah Harari en su brillante libro “Sapiens: A Brief History of Mankind” (Sapiens: un breve historia de la humanidad), que será publicado por Harvill Secker en septiembre, fisiológicamente no hemos tenido ninguna mejora significativa en la capacidad del hombre de fabricar herramientas en los últimos 30.000 años. Albert Einstein era mucho menos hábil con sus manos que los antiguos cazadores-recolectores, pero hoy tenemos misiles intercontinentales con ojivas nucleares, mientras que nuestros antepasados solo tenían lanzas formadas por palos con flechas talladas de sílex.

El colectivo humano sabe mucho más hoy, pero en el plano individual los antiguos cazadores-recolectores eran las personas más informadas y hábiles de toda la historia.

El autor identifica tres revoluciones que han guiado el rumbo de la historia: la revolución cognitiva de hace unos 70.000 años; la revolución agrícola de hace unos 12.000 años y la revolución científica de hace 500 años. El libro, un éxito de ventas en Israel y destinado a serlo en muchos otros países, cubre desde las raíces evolutivas hasta la llegada del capitalismo y la naciente industria de la ingeniería genética, pasando por la creación de dinero, la diseminación de religiones y el auge de los estados nacionales. Adopta un enfoque interdisciplinario que llena los huecos entre historia, biología, filosofía y economía.

Según el autor, la cooperación y la confianza mutua son dos de los factores más importantes que explican el progreso de la humanidad y distinguen la especie humana de otras especies de animales (aunque somos bastante parecidos a los chimpancés), a pesar de que es difícil creerlo con tanta miseria y barbaridad en el mundo.

Tomemos el ejemplo del dinero, que es el sistema más universal y eficiente de la confianza mutua jamás inventado. Como dice el refrán, el dinero hace girar al mundo: es el único sistema creado por los seres humanos capaz de salvar las distancias entre culturas, y que además no discrimina por motivos de religión, género, raza, edad u orientación sexual. ¿Cómo es que estamos dispuestos a trabajar para recibir unos papeles de distintos colores?

En el campo de las ciencias, los avances en los últimos 500 años se deben a un cambio fundamental en la mentalidad: la disposición a admitir nuestra ignorancia ha hecho la ciencia moderna más dinámica y curiosa que anteriores tradiciones de conocimiento. Cristóbal Colón, por ejemplo, estaba convencido que conocía todo el mundo (basado en las mapas de la época), e incluso su descubrimiento del continente americano no logró cambiar sus ideas. Durante miles de años, los académicos y las Escrituras no habían conocido otra cosa que Europa, África y Asia.

Hasta ahora el homo sapiens no ha sido capaz de salir de los límites determinados por la biología, pero esto ya empieza a cambiarse. Las leyes de la selección natural están siendo sustituidas progresivamente por las leyes del diseño inteligente, con el riesgo de crear frankensteins pero también avances espectaculares en la ciencia.
http://www.elimparcial.es/noticia/141557/Homo-no-tan-sapiens.html

Españoles republicanos en el Gulag

Hace más de cuatro años salió un pequeño libro algo pionero sobre uno de los episodios más tristes, vergonzosos y olvidados de la posguerra civil española – el encarcelamiento de unos 346 republicanos españoles en los campos de concentración soviéticos, algunos de los cuales murieron – que no tuvo el eco ni la distribución que merecía.

El librito era un resumen de la tesis doctoral de Luiza Iordache, una rumana afincada en Barcelona. Ya ha salido toda la tesis, y ampliada, en un libro de casi 700 páginas, publicado por RBA con prólogo del historiador Ángel Viñas, que cuenta con muchos más detalles este drama que ha permanecido demasiado tiempo en la oscuridad.

La historia contada en “En el Gulag” es conmovedora y con nombres y apellidos. Hay una lista de los encarcelados o internados al final del libro: 193 niños de la guerra evacuados en las expediciones de 1937 y 1938 (de un total de 2.895); 64 personas de la marinería (de un total de 156 tripulantes de los barcos que realizaban el transporte de materiales de guerra y víveres); 40 pilotos (de un total de unos 200 enviados por el Gobierno de la República, a quienes el colapso de la República atrapó en medio de su programa de entrenamiento y perfeccionamiento); 4 maestros de los niños de la guerra (de un total de 130); 9 exiliados políticos (de un total de 890 que llegaron paulatinamente desde el final de la guerra); y 36 presos españoles que llegaron a la URSS en 1945, procedentes de Berlín. La mayoría de estos españoles se refugió en Francia durante la guerra civil, o al final de esta. Se establecieron allí hasta que las tropas nazis, al ocupar parte del territorio francés, se los llevaron a trabajar como prisioneros de guerra en Alemania.

La no intervención en el conflicto español por parte de Francia e Inglaterra forzó al bando republicano a depender, casi exclusivamente, de la ayuda de la Unión Soviética.

Cuando la guerra terminó, muchas de las personas en la URSS querían regresar con sus familias en España, aunque corrieran peligro en la dictadura de Franco, o ir a otro país, preferentemente en América Latina por la afinidad lingüística y cultural. Pero esta actitud fue considerada antisoviética/trotskista (enemiga del pueblo), tanto por el Partido Comunista Español (PCE) como por las autoridades en Moscú. Todo el que no es comunista es anticomunista, el que no está conmigo está en contra de mí, fue la mentalidad estalinista. Además, la situación internacional cambió bruscamente cinco meses después del final de la guerra en España con el pacto Molotov-Ribbentrop de agosto de 1939.

Entre los casos más dramáticos está el de Federico Gonzalo González, condenado en 1941 por su negativa a participar en una suscripción voluntaria al empréstito interno del Estado con el 10% de su sueldo; Joan Bellobi Roig, casado con una rusa, condenado por haber enseñado una foto de sus familiares residentes en España, de los que afirmó que iban bien vestidos, apreciación que en aquellos tiempos podría ser considerada como propaganda antisoviética; Julián Fuster Ribó, médico, arrestado en 1948 por haberse olvidado colgar la contraseña de entrada en el trabajo, dando lugar a un cruce de réplicas que en aquellos momentos podían ser consideradas antisoviéticas (no pudo regresar a España hasta 1959), y Juan Blasco Cobo, metido en un calabozo frío y lleno de barro, donde para lograr la máxima desesperación del preso y extraer su confesión se utilizaba el método de gota de agua que caía del techo. Fuster, internado en uno de los peores campos de trabajos forzados en la región de Karaganda, sale mencionado en la obra “Archipiélago Gulag” del escritor ruso Alexander Solzhenitsyn.

En 1948, José Tuñón, que había llegado a la URSS como un niño de la guerra, se metió en el baúl de un diplomático argentino en un avión y cuando llevaban 12 minutos volando empezó a golpear dentro de la maleta porque se asfixiaba. Fue descubierto. Algo similar pasó con Pedro Cepeda Sánchez, otro niño de la guerra atrapado en el paraíso estalinista. Su hija Ana ha editado las memorias de su padre en “Harina de otro costal”, publicado hace poco por Quemada Ediciones.

Pocos pudieron entender por qué fueron detenidos. Preguntada al respecto, la poetisa rusa Anna Ajimátova, con amigos entre la comunidad española, dijo: “¿Por qué? ¿Cómo por qué? Ya es hora de saber que a la gente se le detiene por nada”. Las autoridades soviéticas, en el contexto de la guerra fría, querían evitar a toda costa la difamación de la URSS y del PCE que suponía la salida de los exiliados españoles.

Particularmente vergonzosa, aunque no sorprendente, era la complicidad de los dirigentes comunistas españoles Dolores Ibárruri, Santiago Carrillo y Fernando Claudín, todos estalinistas, con la persecución de sus compatriotas acusados de disidentes, y que siguieron manteniendo silencio sobre el asunto, que conocían de antemano, cuando empezó una campaña a partir del 1947 en el extranjero para lograr la liberación de los españoles en los campos. Carrillo, en cuyo libro de memorias (1993) evita cualquier referencia a estos asuntos, llamó a las personas que querían salir de la URSS en una reunión en 1947, según recuerda el comunista italiano Ettore Vanni, “traidores que dejan el país socialista para ir a vivir entre los capitalistas”. Alguien gritó en la reunión, “hay que darles un tiro en la espalda”.

Para combatir las calumniosas noticias sobre los presos españoles que empezaban a ser publicadas en el extranjero, la revista Novi-Saet (Tiempos Nuevos) señalaba que los pilotos vivían en los mejores hoteles de Moscú y los marinos en los mejores de Odessa. De los más surreal es que algunos presos trabajando en una fábrica de papel leyeron esta noticia en Novi-Saet.

El libro termina con las repatriaciones de españoles republicanos una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, junto con más de 200 prisioneros de la División Azul, la unidad de voluntarios que luchó contra los rusos durante la guerra. Algunos de estos rojos habían compartido el mismo campo que los azules.

¡Chapeau a la autora para este magnífico, riguroso y necesario libro!
http://www.elimparcial.es/noticia/141315/Espanoles-republicanos-en-el-Gulag.html

El nuevo sultán de Turquía

La victoria de Recep Tayyip Erdogan, primer ministro de Turquía durante los últimos 11 años y una figura cada vez más autoritaria y polarizadora, en la primera ronda de las primeras elecciones presidenciales por voto popular del país, celebradas el domingo pasado, constituye un importante punto de inflexión en la vida política de un país que es candidato al ingreso en la Unión Europea desde octubre de 2005.

Nadie esperaba, y mucho menos el arrogante Erdogan, que perdiese ante Ekmeleddin Ihsanoglu, el desconocido ex secretario general de la Organización para la Cooperación Islámica, que era el candidato conjunto del Partido Popular Republicano, de centro izquierda, y del derechista Partido de Acción Nacionalista (incondicionales de la vieja guardia laica a ultranza ). Su partido de raíces islamistas, el AKP (Partido Justicia y Desarrollo), el único partido de carácter nacional, ha otorgado más poder a los turcos piadosos de las zonas rurales del interior y ha ganado las seis últimas elecciones generales y locales y dos referendos. Durante el gobierno del AKP, la renta per cápita se ha triplicado y las infraestructuras se han transformado con enormes proyectos: la línea de alta velocidad de 533 kilómetros entre Estambul y Ankara (cuyos trenes fueron construidos por la empresa española CAF) se inauguró en julio.

La elección de Ihsanoglu, especialista en el Islam de 70 años, para representar a las fuerzas laicas puso de manifiesto lo mucho que ha cambiado el panorama político en Turquía durante el gobierno del socialmente conservador AKP, que nunca se cansa de intentar controlar hasta el más mínimo detalle de la vida de la gente. En el último arrebato, el viceprimer ministro Bülent Arinc, declaró que era indecoroso que las mujeres se rieran alto en público. Este no era un tema para tomarse a broma para Ihsanoglu, que contestó escribiendo en Twitter: “Tenemos que oír las risas felices de las mujeres”.

El cargo de presidente (que antes era elegido por el Parlamento) es en gran parte ceremonial. Erdogan tratará de cambiar la Constitución turca para consagrar en ella poderes ejecutivos al estilo estadounidense. Esto le permitiría seguir ignorando el Estado de derecho y la separación de poderes. Esta constitución autoritaria fue redactada en 1982 bajo la tutela del Ejército, después de que organizase un sangriento golpe de Estado. No cabe duda de que necesita cambios en muchos aspectos, especialmente para acatar las normas de la UE que Erdogan incumplió cuando era primer ministro, pero no para dar a Erdogan carta blanca como presidente.

Las autoridades impidieron el acceso a YouTube y a Twitter a principios de este año cuando intentaron acabar con un escándalo de corrupción que salpicó al círculo de allegados de Erdogan. Varios miles de agentes de policía, jueces y fiscales que investigaban los casos de corrupción fueron destituidos o trasladados; la policía reprimió brutalmente las manifestaciones del parque Gezi en Estambul y las de los familiares afligidos de los 300 mineros que murieron en un incendio en una mina de carbón. En su informe más reciente (2013), Reporteros sin Fronteras hizo retroceder a Turquía al puesto 154º entre 180 países en cuanto a libertad de los medios de comunicación (ocupaba el puesto 95º en 2005). La mayoría de los medios son progubernamentales.

Erdogan consideraba que la investigación de la corrupción fue organizada por su exaliado convertido en enemigo acérrimo, el clérigo Fethullah Gülen, que reside en EE UU, cuyos seguidores, conocidos como Hizmet, lograron penetrar la policía y la judicatura. Erdogan permitió de buen grado que Hizmet facilitase su objetivo de debilitar al Ejército al presentar pruebas fabricadas y celebrar un juicio sin las garantías debidas que llevó al encarcelamiento en 2012 de 237 mandos castrenses acusados de planear un golpe. El Tribunal Constitucional puso en libertad a todos los oficiales en junio.

Erdogan, al igual que Vladímir Putin, tiene un concepto mayoritario de la democracia, que se refuerza cada vez que gana unas elecciones. El AKP no ha logrado hasta ahora reformar la Constitución ya que no cuenta con el apoyo de dos tercios de los parlamentarios que necesita para hacerlo. Lo intentará otra vez después de las próximas elecciones generales, previstas para 2015, pero que se podrían adelantar.

El AKP ha propuesto la idea de cambiar la ley electoral para crear unos distritos electorales más reducidos, lo que probablemente le otorgaría más escaños, y para disminuir el umbral del 10% de votos que un partido necesita para lograr escaños en el Parlamento (en España se necesita un 5%). Esto beneficiaría a los partidos pro-kurdos con los que luego podría llegar a un acuerdo para reformar la Constitución.
http://www.elimparcial.es/noticia/141046/El-nuevo-sultan-de-Turquia.html

Un mundo sin fin

Con la España de hoy en declive y no solo por la amenaza de una Cataluña independiente, nunca dejará de fascinar el imperio español del siglo XVI, cuando el rey Felipe II gobernaba sobre Iberia, gran parte de Italia, los Países Bajos, las Américas desde California y Florida hasta Buenos Aires, el Caribe y Las Filipinas.

Con World without End: the Global Empire of Philip II (“El mundo sin fin: el imperio global de Felipe II”) publicado por Allen Lane, el gran historiador británico Hugh Thomas cierra su trilogía dedicada al imperio español. El interés por este periodo glorioso en la madre patria es tanto que el libro de Thomas salió publicado en español antes que en inglés, y con otro título, “El señor del mundo: Felipe II y su imperio”. Ambos títulos transmiten bien el alcance global y el poder imperial de España.

Si en los dos primeros tomos se abordaba la historia de la colonización desde el descubrimiento hasta las grandes empresas del reinado de Carlos V, esta tercera entrega, con un amplísimo apéndice de tablas y datos que complementan el relato,
aborda los años de gobierno de su hijo – “la época de la administración” − centrados en sus dominios de ultramar.

Un dato en particular me llama la atención: hacia 1570 la población total de la América española (18 territorios) era de unos 10,2 millones, de los cuales solo 138.000 eran blancos (el 1,3%), esto es españoles.

¡Tan pocas personas para administrar y controlar de una manera u otra un enorme imperio que eclipsó a España, a través de un sistema de comunicaciones que iba desde El Escorial –la casa matriz de este enorme empresa y la residencia de Felipe II−, a las filiales (los territorios), o desde el Consejo de Indias, sin tener una sede física fija, lo que nos parece increíble en la era de Internet!

El tiempo más corto para recibir en Lima una carta mandada desde Sevilla era de 88 días, pero más rápido que mandar una desde México al mismo destino (112 días). Al Rey le gustaba recibir toda la información por escrito, algo que ayudó a fomentar el desarrollo de los servicios postales.

España construyó en los territorios centenares de iglesias y monasterios, y trasladó ejemplares de Don Quijote (publicado en 1606, ocho años después de la muerte de Felipe II), las procesiones religiosas y las fiestas, que eran un parte importante de la vida en España, y hasta las corridas de toros. Hacia 1580, Lima contaba con una universidad, una imprenta, tiendas de moda y magnificas casas privadas.

El autor, que labró su nombre con su libro sobre la Guerra Civil, pinta vivamente la vida cotidiana tanto de los españoles como de los indígenas. Describe cómo los españoles se organizaban y cómo convivían con los indios, así cómo fue la revolucionaria y polémica introducción de nuevos cultivos y ganado proveniente de la vieja Europa.

El libro crea una imagen completa y no se concentra excesivamente sobre los aspectos crueles y más conocidos de los conquistadores, como las controvertidas conversiones en masa −llevadas a cabo primero por órdenes mendicantes, franciscanos o dominicos, que posteriormente dieron el relevo a los jesuitas de Ignacio de Loyola−, o como la violencia aplicada a algunos nativos rebeldes denunciada por Bartolomé de las Casas.

A pesar de que los primeros descubrimientos y conquistas tuvieron lugar en la primera mitad del siglo XVI, bajo su padre Carlos V, a lo largo del reinado de Felipe II aún se realizaron conquistas como la de Yucatán, La Florida, Cuba o Paraguay, así como las expediciones de Lope de Aguirre, descrito por el autor como “un hombre de la pura maldad con talentos superiores”.

El imperio español no ocupó solamente lo que hoy conocemos como Latinoamérica, sino que se extendió también hacia puntos de Asia, la historia menos conocida de la globalización de España. Desde su base en Las Filipinas, la Iglesia y el gobernador de las islas llegaron a creer que con unos 8.000 hombres y doce galeones podrían conquistar a China y permitir que el Rey se ganara el imperio chino. Al fin y al cabo Hernán Cortes había conquistado México con, se dice, 11 barcos, 500 hombres, 13 caballos y unos cañones.

Sin embargo, la idea no prosperó, en parte debido a la tremenda derrota de la Armada Invencible en 1588 ante la fuerza naval inglesa. ¡Qué mundo tan diferente habríamos tenido si España hubiera incorporado China a su imperio!

http://www.elimparcial.es/noticia/140893/Un-mundo-sin-fin.html

Globalización: un cuchillo de doble filo

Vivimos en una aldea global, y cuanto más global el mundo, mayores los riesgos sistémicos.

El colapso del banco americano Lehman Brothers en 2008 provocó la crisis financiera global. Una sola persona, Liu Jianlub, un médico chino que había tratado personas con el síndrome respiratorio agudo severo (SRAS), infectó en 2003 a 8.400 personas de 30 países después de hospedarse en un hotel en Hong Kong. Otros huéspedes que habían tenido contacto con él en el comedor o en los pasillos regresaron a sus casas por avión e infectaron a más gente. Se evitó una pandemia de milagro. En 2010 la erupción del volcán Eyjafjallajokull en Islandia dio lugar a la cancelación de miles de vuelos en todo el mundo durante seis días por temor a que las partículas de cenizas volcánicas crearan problemas a los motores de los aviones. La inundación de fábricas en Tailandia en 2011, después de cuatro tormentas tropicales violentas, resultó en una reducción del 28% en la producción de unidades de disco duro en todo el mundo y paralizó las operaciones de Toshiba y Western Digital, empresas situadas fuera de Tailandia.

Estos son solo algunos de los ejemplares del mundo crecientemente interconectado y integrado citados en el libro, The Butterfly Defect: how globalization creates systemis risks, and what to do about it (“El defecto mariposa: cómo la globalización crea riesgos sistémicos y qué hacer”) de Ian Goldin y Mike Mariathasan, publicado por Princeton University Press.

El riesgo más conocido es el financiero pero hay muchos otros, todos tratados con rigor por los autores. Son los riegos en las cadenas de suministro, en infraestructuras, ecología, salud (pandémicos) y los riesgos sociales.

La globalización y la más estrecha integración de los países de desarrollo en la economía global han dado lugar a saltos sin precedentes en el desarrollo humano y social. La expectativa media de vida se ha incrementado en 20 años en las últimas cuatro décadas, el alfabetismo de los adultos ha subido del 50% al 75% y el número de personas que sobreviven con un ingreso de menos de un dólar al día se ha reducido en 300 millones, aunque la población mundial ha crecido en unos dos mil millones de habitantes.

Pero, a la vez, la desigualdad de ingresos ha crecido. Esta es la cara más fea de la globalización y un tema caliente y políticamente muy sensible a juzgar por las superventas del reciente libro de Thomas Pikety sobre el tema.

Los ingresos promedios han subido en países enormes como China e India pero globalmente hay más desigualdad. Más globalización parece estar asociada con más desigualdad. Hay algunos plutócratas, un colectivo conocido como el “uno por ciento” (el uno por ciento más adinerado posee el 46% de todos los activos globales, según un informe de Crédit Suisse), que tienen más patrimonio que el producto interior bruto de algunos países. Lo que no se sabe con certeza es si en un mundo desglobalizado habría menos o más desigualdad.

España, por ejemplo, ha incrementado su desigualdad, medida por el coeficiente de Gini armonizado de la renta disponible de hogares equivalentes de la UE, desde 0,313 en 2006 a 0,344 en 2010 y a 0,350 en 2012, según Eurostat. Dicho coeficiente mide la desigualdad en la distribución de la renta, que oscila entre 0, en que todas las personas tienen la misma renta disponible, a 1, en que una sola persona detenta toda la renta disponible.

España es hoy el segundo país más desigual de la UE, tras Letonia (0,357) y por delante de Portugal (0,345), Grecia (0,343) e Irlanda (0,330), y lejos de Italia (0,319), Francia (0,305) y Alemania (0,283), siendo Noruega (0,227) el más igualitario.

El ingreso medio del 10% más rico de la población española fue 13,8 veces más alto que el del 10% más pobre en 2011, en comparación con 8,4 veces en 2007, y era el tercer nivel más alto entre los 34 países de la OCDE después de Grecia y México.

Mientras tanto, el número de ricos residentes en España aumentó en 2013, pese a que la economía volvió a caer. Según el informe anual sobre la riqueza en el mundo que anualmente publica la consultora Capgemini y el Royal Bank of Canada, los españoles que disponen de más de un millón de dólares disponibles para invertir han crecido un 11,6%, hasta los 161.400 durante 2013. Desde 2008, el número de individuos con grandes patrimonios en España ha crecido un 27%, a pesar de los descensos registrados en los años 2010 y 2011.

Los autores concluyen con argumentos convincentes que las instituciones como el Fondo Monetario Internacional, creadas después de la Segunda Guerra Mundial y el Banco de Pagos Internacionales (fundado en 1930), han dejado de ser aptas para gestionar el riesgo sistémico. Vivimos en un mundo mucho más complejo.

Paradójicamente, la globalización es la causa de riesgo sistémico, porque es un factor inherente a la misma, y su solución requiere más coordinación y transparencia.
http://www.elimparcial.es/noticia/139866/Globalizacion:-un-cuchillo-de-doble-filo.html