¿Fin de la recesión?

El Gobierno está proclamando a los cuatro vientos una serie de buenas noticias. La economía registró un decrecimiento trimestral del 0,1% en el segundo trimestre, tres décimas menos que la registrada en el primer trimestre del ejercicio (-0.4%), la balanza de pagos registró el primer superávit semestral desde 1997, gracias en gran parte al empuje de las exportaciones y el buen comportamiento de saldo de turismo, y la inflación desciende al 1,5%.

Además, los beneficios de los bancos empiezan a mejorar, ayudados generalmente por menos provisiones para morosos después de un enorme esfuerzo. Los beneficios en el primer semestre del Santander y BBVA, cuyos activos en España representan alrededor de una cuarta parte de los activos totales del país, casi superaron todo lo obtenido en 2012, aunque en el caso de BBVA esto se debe en gran parte a las plusvalías por la venta de negocios. Hasta Bankia logró beneficio.

(El resultado consolidado de todos los bancos en 2012 fueron unas pérdidas espantosas de 55.580 millones de euros, de los cuales 45.048 millones fueron generados por los bancos nacionalizados del FROB).

La prima de riesgo, término conocido hasta por los taxistas, ha bajado y la Bolsa sube.

Estas mejoras suenan bien entre las instituciones, como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Europeo Central y la Comisión Europea — la “troika” que tiene a España bajo su tutela — pero tienen poca o ninguna resonancia en el hombre de la calle, en particular para los casi seis millones de desempleados.

Mientras tanto la deuda pública supera el 90% del PIB, y lo hace antes de lo previsto. Solo Italia, entre las grandes economías europeas, mantiene un nivel más elevado. La tasa de morosidad de los bancos — la proporción del crédito que se considera de dudosa recuperación- rompe otro récord y alcanza el 11,6%.

Hubo cierta excitación con la publicación de las cifras de empleo de la EPA para el segundo trimestre hasta que el Instituto Nacional de Estadística (INE) reveló que casi toda la creación de puestos de trabajo fue debida al “efecto verano.” Los cerca de 150.000 nuevos puestos se deben a la temporada alta de turismo y a las campañas agrícolas. Cuando la estadística se limpia de los efectos estacionales, los datos se dan la vuelta y la creación de empleo se torna en destrucción.

¿Cómo se va a crear empleo? Aunque técnicamente España salga de la recesión, no se puede ser mínimamente optimista hasta que el país empiece a crear puestos de trabajo en términos netos, algo de importancia crucial tanto para los parados como para la salud, ya deteriorada, del sistema de bienestar. Con tantos desempleados, ¿cómo se va a mantener, por ejemplo,el sistema de pensiones contributivas que se financia con las cotizaciones sociales? Los afiliados a la Seguridad Social han bajado desde 19,4 millones en 2008 a 16,3 millones en agosto.

Me parece lógico que las prestaciones de los jubilados se ajusten a las nuevas circunstancias, incluyendo la mayor esperanza de vida. Como nos recuerda el sensato informe del Comité de Expertos sobre el factor de sostenibilidad del sistema público de pensiones, “a principios del siglo XX, en España solo un 35% de cada generación alcanzaba los 65 años; hoy lo hace el 90%. En 1900 la esperanza de vida de los españoles con 65 años era de unos 10 años; hoy esperan vivir 20 años más (y hacia 2050 se prevé que vivan 25 años más). Además, en las próximas décadas llegarán a la edad de jubilación cohortes de población muy numerosas, nacidas en el baby boom entre finales de los cincuenta y la primera mitad de los años setenta del siglo XX. Todos esos fenómenos hacen que el peso de la población mayor de 65 años en la población total haya crecido en las últimas décadas hasta el 17% actual,estando previsto que alcance el 37% en 2052.”

A falta de un nuevo modelo económico para reemplazar el basado excesivamente en el ladrillo, algo que tardará años, el pacto recomendado por el FMI, según el cual los trabajadores aceptarían una rebaja del sueldo del 10% en dos años a cambio de que las empresas se comprometieran a crear empleo de forma significativa, no se puede descartar. Tanto el Gobierno como los partidos y los sindicatos han rechazado la idea, sin proponer alternativas.

Como dijo Olli Rehn, el comisario europeo de Economía, “¿no merecería la pena un intento serio, por el bien de esos millones de jóvenes parados?”
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