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https://drive.google.com/file/d/0B1HhPTdMIZxLNDV1RGwyaVBzOWM/view?usp=sharing
Category: Article
Queremos ser españoles sin dejar de ser británicos, please!
Te interesa.es hace eco de nuestra petición para conseguir doble nacionalidad en las mismas condiciones que españoles en el Reino Unido
http://www.teinteresa.es/espana/sociedad/doble_nacionalidad_britanicos-britanicos_piden_doble_nacionalidad_espanola-Reino_Unido_Espana-William_Chislett_pide_doble_nacionalidad-Giles_Tremlett_doble_nacionalidad_0_1609639158.html
British Expats Are Claiming Their Spanish-European Identity
The Corner reports on the petition launched with Giles Tremlett on double nationality for Brits who have lived in Spain for more than 10 years.
http://thecorner.eu/news-europe/british-expats-are-claiming-their-spanish-european-identity/56002/
La historia de los británicos que viven en España y luchan por lograr la doble nacionalidad
Crónica en ABC sobre la petición lanzada por mi y Giles Tremlett pidiendo doble nacionalidad para británicos con más de 10 años de residencia en España.
http://www.abc.es/internacional/abci-historia-britanicos-viven-espana-y-luchan-lograr-doble-nacionalidad-201607070237_noticia.html
Dual nationality for Brits who have resided in Spain for more than 10 years
Petition launched with Giles Tremlett which will be presented to the Spanish government. Spaniards resident in the UK already enjoy the right to joint nationality (unlike their counterparts in Spain) and Germany is considering making a similar offer to Britons who live there
https://www.change.org/p/dual-nationality-for-brits-who-have-resided-in-spain-for-more-than-10-years
¡Doble nacionalidad, please!
La sorpresa ha sido mayúscula y el desasosiego también. En Europa millones de personas han basado sus proyectos de vida en la creencia que nuestro continente se acordaría para siempre de los siglos de luchas fratricidas que terminaron en dos guerras mundiales y que, por eso, nadie sería tan atrevido como para intentar romper la Unión Europa. Sin embargo llegó un conjunto de políticos británicos que pusieron sus intereses personales y partidistas por encima de todo lo demás y trajeron el Brexit. El precio de su insensatez lo pagaremos otros.
Los mas perjudicados y preocupados son, sin duda, los dos millones de ciudadanos comunitarios que viven en el Reino Unido y los 1,3 millones de británicos que residimos en otros países de la Unión. Estamos preocupados por nuestras cotizaciones a la Seguridad Social, por nuestras pensiones, y futuros derechos en cuanto a salud pública, los derechos de hijos nacidos y criados en países distintos al de su pasaporte, etc. Y con razón, porque por mucho que los gobiernos insisten en que estemos todos tranquilos, nadie había prevista esta situación (ni siquiera los malditos “brexiters”).
Pero hay que seguir adelante y salvar lo que se pueda. Muchos de nosotros – españoles en el Reino Unido, británicos en España – sentimos una doble identidad. Los dos firmantes de esta Tribuna llevamos, conjuntamente, más de 50 años residiendo en España, compartiendo alegrías, penas y mucho mas con los españoles. Nuestro apego a España es tal que ya no concebimos vivir en otro sitio. Y echando sal en nuestra herida, los británicos que llevamos mas de 15 años fuera del Reino Unido hemos perdido el derecho de voto en referéndums y elecciones allí y, por lo tanto, nos sentimos doblemente estafados porque todos habríamos votado a favor de quedarnos.
Muchas veces se nos ha preguntado que, si nos gusta tanto a España, ¿por qué no pedimos la doble nacionalidad? A uno de nosotros se lo preguntó, hace unos días, un ministro del gobierno de España cuyo hijo estaba haciendo trámites para acogerse a la doble nacionalidad en Inglaterra. Se tuvo que explicar al sorprendido ministro que mientras la legislación británica permite a los españoles en el Reino Unido acogerse a la doble nacionalidad, la legislación española (no la británica) prohíbe hacer lo mismo a los británicos en España. Si nos queremos convertir en españoles, tenemos que renunciar a la nacionalidad británica. La opción de doble nacionalidad solo existe para latinoamericanos y ciudadanos de países con convenios especiales sobre el asunto, como Filipinas. Así que el hijo del ministro puede pedir la doble nacionalidad por haber vivido mas de cinco años en el Reino Unido pero muchos británicos nacidos y criados en España no pueden hacer lo mismo, aunque lleven años trabajando aquí, pagando impuestos, etc.
Nuestra petición es muy sencilla. Se pide al Gobierno español un acto de generosidad con los británicos de aquí para nivelar los derechos de unos y de otros. Somos 300.000 personas residentes, el tercer grupo de inmigrantes (se emplea el término a propósito ya que lo de “expatriados” nos va a durar poco) en España y la mayor comunidad británica en la Unión Europea. España es un país que nos encanta y nos emociona. Llegado al extremo algunos pediríamos la nacionalidad española y renunciaríamos a la británica, aunque nos cueste deshacernos de esa otra mitad de nuestra identidad. Permitir la doble nacionalidad a los británicos residentes de larga duración en España no requiere un convenio especial con el Reino Unido, ni grandes cambios. En un gesto de gran cordura, tolerancia y civismo, el Gobierno de José María Aznar ofreció la doble nacionalidad a los combatientes voluntarios de otros países que participaron en la Guerra Civil española y el gobierno aprobó una normativa que les permitiera mantener su nacionalidad de origen (incluso a los británicos), y en 2015 el Gobierno de Mariano Rajoy ofreció la doble nacionalidad a los descendientes de los judíos expulsados en el año 1492. Creemos que aplicando la normativa británica (de cinco años de residencia) o la española (de diez años) con los requisitos ya existentes en cuanto a conocimientos de la constitución, el idioma, lugar de nacimiento etc. seríamos algo así como dos docenas de miles de británicos que tendríamos posibilidades de acogernos a esa doble nacionalidad.
No queremos que este asunto se convierta en un tema de discrepancia entre partidos. Los que pediríamos la doble nacionalidad seríamos de todos los colores políticos. Ya, con el Brexit, hemos visto el daño que pueden provocar los intereses puramente partidistas. Los partidos españoles que apoyan esta iniciativa, sin embargo, sí sentirían la gratitud de los votantes británicos en las próximas elecciones europeas. Llegaremos demasiado tarde para vestirnos de rojo y compartir el orgullo futbolístico de dos copas europeas y una mundial, pero seguramente habrán muchas cosas para festejar juntos en el futuro.
http://lector.kioskoymas.com/epaper/viewer.aspx?noredirect=true
Spain’s repeat elections: PP in stronger position but deadlock remains
The results of Spain’s elections show that the ‘old’ still has a lot of life in it and the ‘new’ has not really yet been fully born. Spaniards are hoping this will not necessitate third elections.
http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/web/rielcano_en/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_in/zonas_in/commentary-chislett-spain-repeat-elections-pp-stronger-position-deadlock-remains
Con Elvira Lindo sobre Arturo Barea en la SER
A partir del minuto 43:20.
http://play.cadenaser.com/audio/cadenaser_laventana_20160602_180000_190000/
My Runnymede College prize giving speech
It is a particular pleasure for me to be here today as my wife Sonia was head of English at Runnymede many years ago (more than I care to think about) before we married, my two sons, Tomás and Benjamin, were pupils of the School in the 1990s, and I work closely with Charles Powell at the Elcano Royal Institute think tank whose honorary president is King Felipe. Perhaps more importantly the Powell family – Frank, the Headmaster, Charles and their mother Julia – asked me to write the history of the School as next year it will celebrate its 50th anniversary. Given my relationship with the School, my great admiration of its founder, the much missed Arthur, and the fact that I have been given a year to write the book – the longest deadline I have ever had for a project of this nature in my writing life – I could hardly turn down the offer.
So rather than give you one of those pat speeches ready for any occasion that ambassadors or British Council officials tend to give at such events – telling you how very lucky you are to be studying here, which, of course, you are and urging you to seize the day (carpe diem) – I thought I would share with you a few of my findings about the origins of Runnymede. We all like to know where we come from. There were three Runnymedes before the one where we all are today. I will briefly give a flavour of the first two.
Spain in the 1960s was a very different country to that of today, following the terrible 1936-39 Civil War. But there were still shortages. One of them was the lack of a British education secondary school, including for Arthur and Julia’s three children. Indeed some people claimed this was the real reason for starting Runnymede College. The first Runnymede was established in a red house in Calle José Rodríguez Pinilla 13 in 1967. Whilst the dining room and bedrooms were classrooms, there was a sumptuous wooden-panelled drawing room which did service as a music-room, place of assembly and library, but was a shocking waste of space. There was also a swimming pool, but as it had no filter it served mainly as a source of supply of insects and the like for the science teachers, who had to try to use the garage as a make-do laboratory.
The School, with 40 pupils in its first year, took its name from the island of Runnymede in the river Thames where, in 1215, King John signed the Magna Carta, one of the most celebrated documents in English history. One of its most famous clauses states includes the line: “No free man shall be seized or imprisoned, or stripped of his rights or possessions, or outlawed or exiled.” This was heady stuff for the Franco dictatorship.
The choice of name very much reflected Arthur’s belief in the secular liberal English tradition, and with it he was probably cocking a snoop at the Franco regime. Diehard Francoists would have had no idea of the Magna Carta, and if they did would have felt it could never apply to Spain. The School’s name, its motto (Delight, Ornament, Ability, emblazoned on the School badge), taken from “Of studies”, a well known essay by the sixteenth century philosopher Francis Bacon, and Arthur’s decision to divide students into three competing houses – after the physicist and mathematician Sir Isaac Newton, the philosopher and physician John Locke and Arthur’s favourite John Maynard Keynes – were a declaration of principles. The School also distinguished itself in those days when most if not all schools in Spain were single sex (heavily influenced by the powerful Roman Catholic Church) by being co-educational.
There was also a School song, the Runnymede medley. The first lines go like this:
“We’re pupils from Runnymede College,
You can tell by our jackets and ties,
We bought them at Galerias Preciados,
You can tell they are not quite the right size.
But we’re still proud to be scholars,
Of a school with so famous a name.
But our teachers complain of our writing.
Yet King John put a cross for his name.”
Galerias Preciados has disappeared – it was bought by El Cortes Inglés – and I don’t know whether the song still exists.
One of the first pupils at the School was John Cabrera who recalls an incident between Arthur and a newly acquired photocopier which in those days was a fairly primitive and hazardous machine. It included a box with a compartment that was filled with a rather unpleasant liquid. One afternoon, John arrived at Runnymede and as he climbed the stairs he heard Arthur call out, “John – is that you?”. “Yes, Mr. Powell.” He continued up the stairs and saw Arthur on the landing who said, “Don’t look!”. But it was too late. “Mr Powell had no trousers on. I did not know what to do”. Arthur had had an accident with the photocopier and asked John to find Mrs. Pearce, the deputy headmaster’s wife, to see if she had a spare pair of her husband’s trousers. The Pearces lived at the School. “I shot down the stairs to find Mrs. Pearce in the kitchen. She was also laughing but trying to be sensible. She handed me a pair of trousers and I took them to Mr. Powell. Now, Mr. Pearce was somewhat shorter than Mr. Powell so I started getting some funny mental images. Nevertheless, I did as I was told and ran back up the stairs with the trousers. Mr. Powell put them on and they came down to just below his knees. It was one of the funniest things I have seen”.
The number of pupils rose to 70 in 1968 and by the summer of 1969 the house was too small and impracticable. After frantic searching, Arthur found rented premises at Calle Arga 13 in the quiet residential area of El Viso at the top end of Calle Serrano, and Runnymede 2 opened in the September. Arga 9 became available in 1970 and in 1973 Calle Leizarán 19, a couple of streets away, was used for two years for the sixth form and for music and art. The sixth form common room was in the garage. As Arga 11 was occupied until 1975, moving between numbers 13 and 9 meant going out into the street and entering the other house by its own door.
Discipline was relaxed. Pupils were free to go to a nearby bread shop in their free periods or lunch break to buy doughnuts, if they had not already availed themselves of churros (a fried dough pastry) sold by a man who would regularly park his bike outside the school from where he would ply his trade.
The lack of facilities at Runnymede did not prevent the School from quickly gaining a reputation among the English-speaking community in Madrid for extra curricular activities, particularly music and drama. This included a production of Jean Anouilh’s “Antigone”, a tragedy inspired by Greek mythology which was first performed in Paris in 1944 during the Nazi occupation.
In September 1973, Frank Murphy, a key figure in Runnymede’s history and deputy headmaster since 1977, arrived from Zomba Catholic Secondary School in Malawi, known widely as Box 2, as Hastings Banda, the country’s dictator, had P.O. Box 1. As he could not come to Madrid to be interviewed for the job by Arthur (he was the only applicant), Mr. Murphy’s Spanish wife, visiting her family in the city, stood in for her husband. Arthur’s two main concerns seemed to be whether as an Irishman Mr.Murphy was a heavy drinker and whether he sympathised with the IRA.
Job interviews with Arthur were fairly eccentric. When he later interviewed Wendy Dilworth for the job of Latin teacher his main interested was whether she had the physical strength to carry audio visual equipment up and down stairs. “We find that young ladies from the north of England are good at the heavy lifting,” Arthur told Wendy.
Mr. Murphy made it his mission to tighten up in some areas of discipline, such as smoking. Once he hid behind a door and watched two pupils whom he suspected of smoking go into the toilet. ‘I waited a few minutes and then knocked on the door. It’s Murphy. Open up. The place was full of smoke and on the window ledge was a cigarette still alight.’ He reported the incident to Arthur who asked him whether he actually saw the pupils smoking. Murphy said he had not, but it was obvious they had been from what he had found. Nevertheless, Arthur persisted, revealing early on one of his endearing and uncommon traits for a headmaster – he often took the side of pupils, but without putting down a teacher.
In the summer of 1975, Arga 11 became empty and Arthur quickly signed the lease on it, enabling Leizarán 19 to be vacated and the three houses in Arga to be joined together by two corridors.
Building regulations were disregarded. Arthur got around them and avoided any problems by leaving some money in an envelope for a policeman to collect each month when he visited the area to make sure “everything was in order”. Antonio Vázquez, a pupil at the time, remembers one of the policeman’s visits. “He went into his office and then Mr. Powell walked him out to the front gate and as he came back he turned to me and said in Spanish: ‘No sabes que cabrón es este’. I had a slightly puzzled look and he said he had to bribe him on a regular basis so he did not file a complaint.”
Runnymede can be said to have played an indirect role in the transition to democracy as after leaving Leizarán 19 earned a name in the history books as the safe house in 1976 of Santiago Carrillo, the secretary general of the then outlawed Spanish Communist Party, who secretly returned from exile wearing a wig.
The environment at Runnymede was like that of a large family, with Julia playing an indefinable role as everybody’s aunt, and the dress code for teachers was relaxed until one day Arthur decided that it had gone too far and teachers looked too scruffy. The three science teachers including Frank Murphy were bearded and wore their hair very long. Not so today. Arthur issued an edict that, henceforth, all male teachers should wear a tie. And wear one they did: ties with food stains on them, ties with holograms of naked women, huge lurid kipper ties … it was a massive tie fest, with huge fun had by all. Arthur, to his massive credit, backtracked and revoked the edict. He was quick to acknowledge mistakes, one of the many qualities that endeared him to the staff.
Arthur did not regard examination results as the be-all and end-all of education as this turned schools into what he called “mere crammers”. He set great store by the liberal and humanisty ethos of Runnymede which he defined as including “such things as helping boys and girls to grow up to judge members of the other sex as whole people and not purely in terms of the ‘other sex’ and helping them to know, understand and respect people of different races, cultures and religions.” He was nothing if not ambitious.
A decade after it started Runnymede had close to 266 pupils from 33 countries, a veritable Tower of Babel, with 10% of them Spanish. Today, the School has blossomed with 850 pupils, 60% of them with Spanish nationality, but without losing its ethos. Long may that last.
Arturo Barea en la campiña inglesa, mi conferencia en el Ateneo, Madrid
Agradezco el Ateneo para ceder esta sala para poder homenajear a Arturo Barea. Me da un gran satisfacción ver tantas personas aquí, incluyendo ocho parientes del escritor.
¿Qué hace un inglés con pinta de pirata, de vikingo, promoviendo la figura de Arturo Barea y, además, con un deplorable acento, a pesar de mis muchos años viviendo en España?
Mi interés por Barea remonta a los años 90 cuando leí La Forja y me quedé fascinado por la vida del autor. Años después, al enterarme que Barea había muerto en 1957 en Eaton Hastings, a las afueras de Faringdon, en la campiña de Oxford (mi ciudad natal), después de 18 años en el exilio, encontrar su lápida se convirtió en mi obsesión. En 2010, después de visitar Faringdon tres veces con mi mujer, encontramos la lápida conmemorativa muy deteriorada, levantada por una íntima amiga, Olive Renier, en el anexo del cementerio de la Iglesia de Todos los Santos. Sus cenizas fueron esparcidas allí. La lápida contiene un error: Barea nació en Badajoz, no en Madrid.
Junto a su lápida están las tumbas de los suegros judíaustriacos de Barea – los padres de Ilsa, su segunda mujer y gran traductora de todos sus libros al inglés – quienes llegaron de Viena cinco días antes del comienzo de la segunda guerra mundial y vivieron con ellos hasta su muerte.
Arturo y Ilsa se habían enamorado cuando él trabajaba de censor en la Oficina de Prensa Extranjera de Madrid durante la Guerra Civil y ella de traductora.
“Hice construir una lápida”, escribió Renier, “porque no podía encontrar palabras para expresar mis sentimientos hacia ellos. Su destino fue simbólico entre las gigantescas pérdidas que sufrió su generación: el drama de España, el de los judíos, el de la socialdemocracia en Alemania, Italia, toda Europa…”.
Yo decidí restaurar la lápida como un gesto cívico para honrar su memoria. Pedí presupuesto y consulté a varios amigos escritores y admiradores: 23 euros por barba y la lápida luce mejor en el mismo lugar. En 2013, el mismo grupo colocamos una placa en la fachada de su pub favorito, The Volunteer, en el centro de Faringdon en vez de sobre la fachada de su casa en la retirada finca de Lord Faringdon, donde Barea vivió la mayor parte de su exilio. Este excéntrico lord, miembro del partido laborista y partidario de la República, había convertido su Rolls Royce en una ambulancia y lo condujo hasta el frente de Aragón en 1937 donde fue usado como hospital de campaña. Alquilaba la casa a Barea en condiciones muy favorables. Barea salía con el lord a cazar a faisanes.
La restauración de la lápida tuvo cierto eco en la prensa española. Una inglesa, profesora en un pueblo de Toledo, se puso en contacto para ofrecernos la maquina de escribir de Barea que ella recibió de una de las hijas de una familia inglesa, amigos de Barea, junto con la necrología sobre Barea que fue publicado en The Times en enero de 1958. La magnífica Underwood está en un sitio de honor en la casa de un conocido escritor, uno de cuyos personajes en una gran novela se inspira algo en Barea.
Ahora, me he unido a la iniciativa de Isabel Fernández y Yolanda Sánchez, aquí presentes, para lanzar una petición para conmemorar, por fin, a Barea en Madrid en la forma de una calle o plaza con su nombre y tal vez una placa sobre Las Escuelas Pías en Lavapiés donde Barea estudió hasta los 13 años, cuando tuvo que empezar a trabajar como aprendiz en una bisutería de la calle Carmen. Hemos presentado este mes nuestro proyecto al pleno de la Junta del Distrito Centro del Ayuntamiento de Madrid – ¡a las 11 de la noche! Los distintos partidos políticos están de acuerdo en reparar la injusta desmemoria con que se ha tratado a este escritor.
Barea desembarcó en Inglaterra en marzo de 1939, el mismo mes de la derrota de la Republica, después de una estancia en Paris, junto con Ilsa donde estuvieron “hambrientos por meses” en una habitación maloliente del Hotel de L’Alhambre (el “hotel del Hambre”, según ellos, en un juego de palabras).
Al pisar Inglaterra, Barea estaba según sus palabras, “desposeído de todo, con la vida truncada y sin una perspectiva futura, ni de patria, ni de hogar, ni de trabajo … rendido de cuerpo y de espíritu.” Pero por debajo del brazo tenia el manuscrito de parte de la Forja.
Tenía los nervios tan destrozados que, cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial, ese mismo año, y durante todo su desarrollo hasta 1944, se encontró con que cada vez que sonaban las sirenas antiaéreas vomitaba, porque le recordaban los bombardeos de Madrid durante la Guerra Civil.
Barea conoció el éxito inmediato cuando fue publicado su trilogía entre 1941 y 1946, más de 30 años antes de ser publicado en España. No ha estado nunca descatalogado, ni en inglés o español. Se sintió a gusto en Inglaterra. “Más de lo que esperaba y más de lo que parecería previsible en un español, me aficioné a la vida inglesa en seguida, y me enamoré de la campiña inglesa”. Estaba sorprendemente a gusto en Inglaterra, con la excepción de “this bloody weather” (este maldito tiempo inglés).
Fue en la paz de un pueblo en la que produjo su primer éxito literario en Inglaterra: un articulo en la revista de mucho prestigio The Spectator en junio de 1939 con el título “A Spaniard in Hertfordshire” (Un español en Hertfordshire).
Sus años en Inglaterra fueron muy fructíferos. Salvo un librito de cuentos “Valor y Miedo”, publicado en 1938, poco antes de salir de España, todas las obras de Barea fueron publicados en inglés antes que en español. En 1941 fue publicado su Struggle for the Spanish Soul [La lucha por el alma española] y el primero libro de la trilogía La forja, sobre su niñez y adolescencia en la España de fin de siglo, muy alabado por George Orwell. Este fue seguido por La ruta en 1943 sobre sus experiencias brutales durante la guerra colonial en el Marruecos de los años 20, y en 1946 por La llama, que se centró en la guerra civil. Publicó un librito “Lorca, the poet and his people” (Lorca, el poeta y su pueblo) en 1944, un folleto en 1945 titulado “Spain in the Post-War World” (España en el mundo posguerra), en el cual abogaba por el derrocamiento del régimen de Franco por parte de los aliados y en pro de su sustitución por una república, una novela The Broken Root (la raíz rota) en 1951, que es un especie de secuela de La Forja, ya que toca las consecuencias de la guerra civil dentro de España y el dolor del exilio, y, en 1952, un pequeño estudio sobre Miguel de Unamuno.
Además daba unas 800 charlas de 15 minutos casi cada semana durante 17 años para el servicio de la BBC para Latinoamérica bajo el seudónimo “Juan de Castilla” para proteger su familia en España. No podía trabajar para la sección española por ser considerado demasiado comprometida. Sus charlas durante la segunda guerra mundial pueden ser vistas como una continuación de sus alocuciones por radio durante la guerra civil desde el edificio de la Telefónica en la Gran Vía, como “la voz incógnita de Madrid.”.
Algunos de las charlas tratan de “su pueblo” en Inglaterra y se centran en “la tabernita de Frank” que no existió. Ilsa y Arturo vivieron en tres pueblos distintos entre 1940 y 1957. La tabernita incorpora elementos de varios lugares incluyendo el pub en Faringdon donde está la placa en su honor. Gran parte del material se inspiraba en la gente que Barea conoció en los pubs. Como dijo Nigel Townson en su excelente introducción a “Palabras Recobradas”, una selección de textos inéditos de Barea que recomiendo calurosamente, “el hecho de hablar un inglés defectuoso y con un fuerte acento no le impedía comunicarse, ya que su nivel de comprensión era alto y su naturaleza gregaria. Beber y hacer amistades en los pubs proporcionarían a Barea un elemento de continuidad importante con su vida en España.” La experiencia de los pubs le puso en contacto con las clases populares y le daba la oportunidad de preguntar sobre sus vidas.
En sus charlas Barea comentaba aspectos sociales, políticos y económicos de la vida inglesa. En una, titulada Cuestión Patriótica, hablaba sobre su solicitud de la ciudadanía británica que le fue concedido en 1948. “El primer acto de Inglaterra para mí fue abrirme sus puertas, simplemente porque era un desgraciado sin patria que lo era simplemente por defender ideales de humanidad y fraternidad dentro de una comunidad libre que había perdido su libertad por la violencia. El segundo fue ayudarme en mi miseria. El tercero fue darme un puesto en la lucha que este mismo país entablaba seis meses después de mi llegada por defender sus propias libertades contra los que, al igual que rigen hoy en mi país de origen, pretendían regir el mundo entero. Me sentí hermano entre ellos y me trataron como hermano suyo.”
En otra charla Barea cuenta una historia de huevos fritos. “Cuando yo aprendí a guisar, mejor dicho intenté guisar, era un maestro en el arte de freír un huevo. Lo había aprendido cuando era muchacho de un ventero aragonés cuyo único arte era asar cabrito y cocer pan en su horno de retamas. Aquel hombre freía los huevos y los convertía en una bola dorada y perfecta que encerraba dentro una yema perfectamente blanda, en ese punto difícil de lograr que es el principio de la coagulación. La grasa desaparecía de ellos maravillosamente y se convertían en buñuelos. Y este fue mi primer éxito con los ingleses. El ventero me enseñó el secreto de freír los huevos y mis amigos ingleses ni se hartaban ni se han hartado aún de comerlos. Sólo que ahora están racionados. Yo me entusiasmaba con sus asados de carne, y ellos con mis huevos fritos.”
Barea le gustaba cocinar y tenía un fino sentido de humor. Un sindicalista inglés y conocido de Barea, que aún vive, me contó que fue invitado a comer calamares en su tinta en su primera visita a su casa. No pudo comerlos por el aspecto físico. La próxima vez que fue invitado Barea le puso una venda antes de sentarse a comer. Pasando unos minutos, le pregunte si le gustaba la comida y dijo que sí. En seguida, le dijo de quitarse la venda para ver los calamares en su tinta en su plato.
Barea también escribió reseñas de libros y ensayos. Consiguió su primer éxito como crítico con el ensayo “Not Spain but Hemingway” (Hemingway y su España) que supuso un ataque feroz a la novela del escritor americano sobre la guerra civil, “For Whom the Bell Tolls” (Por quién doblan las campanas), y resaltó la independencia política de Barea, así como su valentía personal: mucha gente de la izquierda argumentó que no debería criticarse a un simpatizante de la República tan conocido como Hemingway.
Todo lo que queda de la vida de Barea, está dentro de 13 cajas guardadas en la casa de Londres de su sobrina por parte de Ilsa, que muy poca gente ha visto. Me permitió acceder a este archivo personal y fue como pasar una tarde hablando con alguien admirado desde hace mucho tiempo y al que a uno le hubiera gustado conocer. El archivo va ser donado a la biblioteca Bodleian en Oxford, para decepción de la Biblioteca Nacional.
Pude ver sus pasaportes británicos, su testamento, muchas fotos y cartas, el manuscrito completo de La raíz rota, su última novela, relatos, transcripciones de las emisiones para la BBC e incluso la primera página de La forja, mecanografiada en papel biblia con la máquina de escribir Underwood que, al ser inglesa, no tenía tildes, de manera que Barea tuvo que añadirlas a mano con un lápiz azul. Al ver esto se me puso un nudo en la garganta.
Entre las demás cartas que encontré estaba una escrita en 1951 por un periodista inglés que había recibido una queja de las “autoridades culturales de Madrid” por haber dicho en un artículo sobre literatura española que Barea era un escritor español. “Esa gente me informa de que usted ya no es un escritor español, del mismo modo que Conrad no es un escritor polaco. Me dicen que usted dicta a su esposa (en una lengua que evitan precisar) y que, a continuación, ella traduce sus pensamientos al inglés. Con su permiso, me gustaría refutar esa declaración oficial”.
Barea y Ilsa se sentaban a trabajar juntos en una mesa grande de roble con lámparas de aceite colgadas del techo. Fumaban tanto que las paredes de la habitación estaban ennegrecidas por el humo.
Otra carta del archivo, enviada desde la editorial británica Secker & Warburg (la misma de George Orwell) instaba a Barea a remitirles urgentemente un duplicado de su libro La lucha por el alma española, ya que el manuscrito original se había perdido cuando las bombas alemanas arrasaron en 1941 la imprenta que la editorial tenía en Plymouth. “Durante el bombardeo, no solo se destruyeron las existencias, sino las copias mecanografiadas, entre ella la de su libro”, dijo la carta. Por fortuna, Barea había conservado una copia.
Barea fue votado muchas veces por los oyentes como el locutor más popular del servicio de América Latina. El éxito de las charlas fue tal que la BBC le envió en 1956, un año antes de su muerte, de gira durante cincuenta y seis días por Argentina, Chile y Uruguay, donde dio múltiples conferencias y entrevistas, y asistió a numerosos banquetes y firmas de libros. La exultante acogida se debió no sólo a su trabajo como locutor sino al éxito de La Forja en América Latina. La edición de Buenos Aires de 1951 había vendido 10.000 ejemplares en pocos meses.
El franquismo intentaba denigrar a Barea una y otra vez. El régimen le describía como “el inglés Arturo Beria” — deformación deliberada de su apellido como una referencia al jefe de seguridad de Stalin que apuntaba al supuesto pasado de Barea como comunista. Barea nunca fue comunista.
El principal problema de Barea durante su exitosa gira, relataba un informe de la embajada británica, “era evitar ser festejado, agasajado y agotado por hordas de admiradores y entusiastas … La visita de Barea fue un éxito sin precedentes desde el principio. No dudaría en afirmar que ha sido el visitante con más éxito que hemos tenido en muchos años.”
Ilsa fue mucho más que su ayudante y traductora. Sin ella es más que probable que la obra de Barea nunca hubiera salida a la luz, y a pesar de su salud atroz: sufría de catarros prolongados y de muchas gripes, de dolores reumáticos y de una bronquitis terrible. Era una lingüista extraordinaria (hablaba cinco idiomas casi perfectamente). Sus traducciones son tan buenas que es difícil creer que los libros no hayan sido escritos en inglés en primer lugar. Proporcionó estabilidad, inspiración, e incluso los medios gracias a los cuales Barea pudo escribir. Ella fue clave en el proceso de su trabajo diario. Además durante la segunda guerra mundial fue un miembro destacado del Servicio de Escucha del Gobierno británico. Antes de morir en Viena en 1972, 15 años después de Barea, publicó un estudio monumental de la historia de Viena.
Aparte de las calles que llevan el nombre de Barea en Badajoz, donde nació (fue a vivir a Madrid cuando era niño, después de morir su padre), y el pueblo de Novés, en Toledo, donde vivió en 1935, no existe nada en su memoria, en particular en Madrid, la ciudad en la que pasó la mayor parte de su vida antes de partir al exilio y sobre la que escribió textos tan conmovedores. Las primeras frases de La forja, sobre su adorada madre, Leonor, que lavaba ropa de soldados en Lavapiés, no han perdido ni un ápice de su poder evocador: “Los doscientos pantalones se llenan de viento y se inflan. Me parecen hombres gordos sin cabeza, que se balancean colgados de las cuerdas del tendedero”. Nos parecía vergonzoso que se guarde mejor el recuerdo de Barea en la nación que lo recibió como exiliado que en su país natal.
Hemos encontrado una plaza en Lavapiés que no tiene nombre, y hemos sugerido que se coloque también una placa en lo que queda de las Escuelas Pías, en la calle Tribulete (hoy un centro asociado a la UNED), la escuela a la que asistió Barea hasta los 13 años, y que él vio arder en 1936. Sería un homenaje apropiado.