Eurovegas y la desconfianza

El Gobierno, contra viento y marea, está intentando convencer a los mercados de que las cuentas se van a poner en orden para espantar el fantasma del rescate. Luis de Guindos, el ministro de Economía, atribuye el acoso de la deuda española al débil crecimiento de la Unión Europea.

Ésta es una explicación muy simplista y olvida que España es de los pocos países de la UE, y el único de los grandes, que entrará en recesión otra vez este año. En España la desconfianza tiene mucho más que ver con su modelo productivo y en las dudas sobre cómo la economía va a crecer en el futuro. Sin crecimiento económico, la tasa de paro, ya en 24%, la más alta de la UE, no va a dejar de aumentar y tampoco se creará la riqueza necesaria para poder pagar las deudas (tanto públicas como privadas).

Mientras tanto, ha surgido la polémica sobre el llamado Eurovegas, un macrocomplejo con 10 o 12 grandes rascacielos, en los que se ubicarán 12 resorts de 36.000 habitaciones y 6 grandes casinos con 1.065 mesas de apuestas y 18.000 máquinas tragaperras y recreativas repartidas por todo el recinto, en Madrid o en Barcelona.

Para sus partidarios es exactamente lo que España necesita para levantarse y crear empleo (unos 260.000 puestos de trabajo durante 10 años) y para sus detractores, incluyéndome a mi, envía, entre otras cosas, mensajes equivocados sobre el tipo de economía que hace falta construir — una basada menos en ladrillo y diversión y más en conocimiento — por no hablar del impacto social negativo. España ya es el país europeo con más juegos de azar y tiene un problema serio de ludopatía o adición a los juegos.

No sorprende que los Gobiernos autonómicos de Madrid y Cataluña, ambos buscando formas de paliar su crisis, se peguen para ofrecer las condiciones más favorables a Sheldon Adelson, presidente de Las Vegas Sands y el decimocuarto hombre más rico del planeta (con un patrimonio neto de 24.900 millones de dólares), no sólo en la construcción de infraestructuras para favorecer el desarrollo de la instalación, sino también en las concesiones legales y exenciones tributarias de todo tipo que reclama el promotor y olvidarse de ciertas normas urbanísticas y laborales, incluso el de poder fumar en lugares públicos. Todo ello a cambio de una promesa de inversión de 18.800 millones de euros.

Los políticos están tratando a Adelson como si fuera un nuevo “Mr Marshall” de la famosa película de Luis García Berlanga. Tal vez haya algún director de cine que quiera rodar una nueva versión con el título “Bienvenido Mr. Adelson.”

A los gobiernos les suelen gustar las virtudes económicas del juego porque para montar proyectos sólo hace falta una licencia y ventajas fiscales a diferencia de otros proyectos que consumen los presupuestos locales.

Sin embargo ya tenemos varios ejemplos de fracaso, como el parque de Isla Mágica de Sevilla, que suspendió pagos con una deuda de 34 millones de euros, sufragada con fondos públicos y de las cajas de ahorros. Igualmente, el parque de atracciones Terra Mítica perdió en 2009 hasta 16,4 millones de euros que fueron afrontados por otras dos cajas de ahorros. Y hace poco los promotores del proyecto Grand Scala, que fue presentado en diciembre de 2007 en la sede del Gobierno de Aragón, cuando España era ajena a la crisis del ladrillo, han dado por fracasada la iniciativa al no ejecutarse la opción de compra que tenían sobre unos terrenos de 4.000 hectáreas en Los Monegros. El proyecto prometía 32 casinos, 5 parques temáticos y 50 hoteles.

El impacto social del juego es generalmente negativo. Un estudio americano sugiriere que para cada dólar que una empresa de juego invierte en una zona, los efectos sociales cuestan tres dólares. Es bien conocido que el juego es un punto de atracción para el crimen organizado, la droga y la prostitución.

Gracias a la crisis, el abandono escolar temprano se ha reducido en España casi cinco puntos en solo dos años (desde 31,2% al 26,3%), aunque queda aún muy por encima del promedio de la UE. En la década dorada de la economía española, hasta 2007, los chicos (más que las chicas) podían dejar las aulas después de los 16 años con cierta facilidad y encontrar un trabajo, especialmente en el sector de la construcción o el turismo. Ahora, con tanto desempleo, no tienen más remedio que continuar con sus estudios.

Se espera una decisión sobre Eurovegas en los próximos tres meses. Si sale adelante, será otra razón para perder confianza y la tasa de abandono escolar empezará a aumentar otra vez.
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