Franz Kafka y su mundo

El legado más llamativo del escritor judío Franz Kafka es probablemente la palabra “kafkiano”que surgió después de su muerte en 1924 para describir conceptos y situaciones que evocan sus obras, en particular burocracias abrumadoras, experiencias irreales y un sentimiento de alienación y desorientación. Pocos autores tienen un apellido convertido en adjetivo calificativo.

El relato “La metamorfosis”narra la historia de Gregor Samsa, un comerciante de telas que vive con su familia a la que él mantiene con su sueldo, y que un día amanece convertido en un enorme insecto (aparentemente un escarabajo, aunque no se identifica claramente en el texto). En la novela “El proceso”, un hombre está detenido y procesado, y nadie le dice por qué, y en otra, “El castillo”, su protagonista conocido como Joseph K. lucha para acceder a las misteriosas autoridades de un castillo que gobierna al pueblo,en elque K. llegó a trabajar como agrimensor. Invento un mundo con su propia o falta de lógica

Kafka era un visionario y precursor del existencialismo literario, adelantándose a los graves y angustiosos problemas provocados por una colectividad moderna dominada y dirigida por unos pocos.Después de su muerte su país, Checoslovaquiatuvo un régimen comunista (entre 1948 y 1989).

Fue una de las primeras personas en prever la violencia anónima del siglo XX, y tal vez por esto sus obras han tenido tanta resonancia. Este punto de vista, sin embargo, pasa por el alto el hecho que el propio Kafka fue testigo, en palabras de Reiner Stach, autor de un monumental biografía del escritor, de una violencia tecnológica y absolutamente despersonalizada”.

La primera guerra mundial empezó en agosto de 1914 y duró cuatro años y tres meses (con la pérdida de al menos 16 millones de vidas), y aunque Kafka no fue movilizado por sus problemas de salud (murió de tuberculosis y, además, sufría depresión y neurosis durante toda su atormentada vida),vio el devastador impacto sobre su país (unos 185.000 muertos) que ademásdeclarósu independencia del imperio austrohúngaro en 1918.

Kafka también conoció el mundo burocrático por su trabajo en una agencia de seguros, con sus miles de archivos, fichas e informes. Esa alianza letal de violencia y maquinaria burocráticafue trabajada a la perfección en los campos de concentración nazi solo unos 15 años después de su muerte.

The Years of Insight (“Los años de perspicacia”) de Stach, publicado por Princeton University Press, cubre con detalles minuciosos los últimos ocho años de Kafka y, a la vez, ha salido la edición de bolsillo de The Decisive Years (“Los años decisivos”) del mismo autor que trata del periodo entre 1910 y 1915. Esta monumentaly fascinante biografía de Kafka, que se lee como una novela (a veces como una de Kafka) será completada con un primer tomo sobre la infancia y juventud de Kafka y llegaráen total a unas 2.000 páginas. Hay pocas biografías comparables sobre cualquier autor y mucho menos sobre Kafka, un hombre con una vida aparentemente aburrida.

Antes de lanzarse a la biografía, Stach preparó la edición definitiva de las obras completas de Kafka, y con brillantez entretejió la vida personal del autor con sus relatos y novelas. Cada persona en la biografía de Kafka, pavorosamente solo como los personajes de sus obras, está rotundamente tratada, en particular las cuatro mujeres de su vida íntima: Felice Bauer, JulieWohryzek, Milena Jesenská y Dora Diamante.Kafkaconcluía en unacarta a Bauer, su primera prometida: “¿Debería de pretender referirme como ‘tuyo’ al firmar? Nada sería más falso. No, soy mío, y eternamente condenado a mí, eso es lo que soy, y a ello he de intentar acomodarme”.

Dos de estas mujeres murieron en los campos de exterminio – Wohryzek en Auschwitz y Jesenská en Ravensbrück — y las tres hermanas de Kafka, Eli y Valli en Chelmo y Ottla en Auschwitz. Su tíoSiegfried se suicidó antes de ser deportado a un campo. Si uno incluye los amigos y conocidos de Kafka la lista es mucho más larga, y las personas que lograron no ser deportadas a los campos sobrevivieron gracias al exilio.

Si Kafka hubiera sobrevivido a la tuberculosis, y luego a un campo de concentración, no habría reconocido nada del mundo en elque vivió. Este mundo dejó de existir, pero sus obras no han dejado de perdurar.
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España mantiene su presencia global

La crisis no ha mermado la presencia global de España, según el último índice sobre el tema del Real Instituto Elcano (apropiadamente el Instituto lleva el nombre del navegante español Juan Sebastián Elcano, quien completó la primera vuelta al mundo).

España ocupa la undécima posición en la tercera edición del Índice Elcano de Presencia Global (IEPG), la misma que en 2011 y a poca distancia de Italia.

El índice ésta dividido en tres dimensiones: (i) presencia económica — bienes primarios, energía, productos manufacturados, servicios e inversiones-; (2) presencia militar — tropas y equipamiento militar-; y (3) presencia blanda — migraciones, turismo, deportes, cultura, información, tecnología, ciencia, educación y cooperación al desarrollo.

El IEPG no pretende medir el poder global o la influencia de un país. Más bien, trata de mostrar de forma integrada la presencia global, real y objetiva de los países fuera de sus fronteras y en una amplia variedad de ámbitos. En consecuencia, este único índice es muy útil porque se basa en datos y no en percepciones.

Otros estudios sobre la globalización tendían a medir cuestiones como el grado de apertura de las economías y apenas analizaban la posición que ocupan los distintos países en el nuevo mapa global en un sentido mucho más amplio.

La política exterior española ha sido muy activa desde el fin de la dictadura franquista en 1975 en reinsertar el país en la comunidad internacional. Esto se ve en un aumento espectacular del valor del IEPG para España en el periodo 1990-2012, que prácticamente se ha cuadriplicado — pasando de 41,8 a 162,8 —, mientras que las presencias globales de Estados Unidos y Portugal, por ejemplo, se incrementaron en un 112% y un 232%, respectivamente, durante el mismo periodo.

La presencia económica representa el 47,5% del valor de IEPG de España, la presencia militar el 2,1% y la presencia blanda el 50,4%. Dentro de la presencia económica, el renglón con más peso son los servicios (con el 24,7%), seguido por bienes primarios, y en presencia blanda turismo (30,3%) seguido por información.

Tanto a escala global como a nivel europeo, la presencia española descansa en su dimensión blanda. Esto podría ser un activo. No obstante, como bien dicen Iliana Olivié y Manuel García en un documento sobre el IEPG, “las variables que tienen un mejor desempeño son sintomáticas de un modelo productivo y de una inserción exterior de bajo valor añadido, lo que confiere vulnerabilidad a todo el país.” El colapso del débil modelo productivo español, basado excesivamente en el ladrillo, tiene mucho que ver con el súbito aumento en el desempleo — cuyo nivel es el más alto entre los países desarrollados.

En la vertiente económica, la internacionalización se lleva a cabo, sobre todo, mediante inversiones en el exterior, en lugar de exportar, aunque es cierto que a raíz de la recesión las exportaciones han aumentado significativamente desde 2008. Muchas empresas no han tenido más remedio que hacer un esfuerzo para vender más en el extranjero. De hecho, 122.987 empresas exportaron en 2012, el mayor número en la historia. Si no fuese por la mayor contribución al crecimiento del PIB que se obtiene de la demanda externa, la recesión, que está previsto que dure hasta 2014 (2015 según las últimas previsiones del Fondo Monetario Internacional), habría sido más profunda. ¿Pero cuántas de estas empresas dejarán de exportar cuando la economía doméstica vuelva a una senda de crecimiento sostenido? España necesita un sólido sector exportador — como Alemania.

En el índice conocido como el IEPE, ceñido al ámbito europeo, España ocupa la quinta posición, por arriba de Italia y habiendo escalado dos puestos en los últimos ocho años. Las “ganancias de presencia” están vinculados a la fecha de adhesión a la Unión Europea: cuanto antes acede un país, más presencia intraeuropea capta, especialmente en el caso de Alemania. Sin embargo, hay dos excepciones: España y el Reino Unido se han beneficiado de forma más que proporcional de su incorporación a la Unión, en términos de presencia europea.

La marca de un país, un activo intangible que este Gobierno tanto quiere promover para recuperar la deteriorada imagen internacional del país, se beneficia de un creciente presencia global. España ya tiene una presencia significativa, pero la presentación el mes pasado de la Marca España en la sede del Parlamento Europeo en Bruselas, con un espectáculo en vivo de flamenco, solo sirvió para reforzar los estereotipos sobre el país y el cliché de “la España de charanga y pandereta” que el mismo ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, llamó a superar.
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El archivo de Arturo Barea va a Oxford

¿A quién “pertenece” el archivo de un escritor importante que murió en el exilio? ¿A su país de origen o al país que le dio refugio?

Es el caso de Arturo Barea, fallecido en Inglaterra en 1957 después de 18 años de exilio, autor de la trilogía “La forja de un rebelde”, el relato más esclarecedor y sincero de los primeros 40 años del siglo XX español.

Como parte de una campaña entre amigos y admiradores de recuperar la figura de Barea, incluyendo a Antonio Muñoz Molina, Javier Marías y Paul Preston, yo quería persuadir a la dueña del archivo de donarlo a la Biblioteca Nacional. Ya hemos restaurado en 2010 la deteriorada lápida en honor de Barea que puede verse en el cementerio de All Saints Church, de Faringdon, cerca de Oxford, donde vivió y murió el escritor. El 17 de agosto una placa en honor de Barea será instalada en la fachada de su pub favorito, en Faringdon, y sus libros publicados en inglés serán donados a la biblioteca del pueblo.

La dueña del archivo, que prefiere permanecer en el anonimato, ha logrado un acuerdo con la Biblioteca Bodleiana de Oxford (Bodleian Library, en su nombre inglés) para donar en 2015 13 cajas con fotos, cartas, el manuscrito completo de “La raíz rota”, su última novela, relatos, transcripciones de unos 800 emisiones del servicio de la BBC para Latinoamérica y, la joya para mí, la primera página de “La forja”, mecanografiada en papel biblia con una máquina de escribir Underwood que, al ser inglesa, no tenía tildes, de manera que Barea tuvo que añadirlas a mano con un lápiz azul.

El inicio de “La forja” es un precioso retrato de la infancia del escritor, cuya madre se ganaba la vida lavando ropa de soldados en el río Manzanares. “Los doscientos pantalones se llenan de viento y se inflan. Me parecen hombres gordos sin cabeza, que se balancean colgados de las cuerdas del tendedero. Los chicos corremos entre las hileras de pantalones blancos y repartimos azotazos sobre los traseros hinchados”.

También están su pasaporte británico (a Barea le concedieron esa nacionalidad en 1948) y su testamento.

La trilogía se publicó por primera vez en inglés durante la década de 1940 (traducida maravillosamente por Ilsa, su esposa austriaca) y no apareció en España hasta 1978. Parece que Ilsa se llevó el manuscrito original y completo de “La forja” a Viena después de la muerte de Arturo y nadie sabe lo que pasó con el ejemplar cuando ella murió en 1973.

Se ha hecho justicia con la donación a la Biblioteca Bodleiana, una de las más antiguas de Europa y la principal biblioteca de la Universidad de Oxford. Barea nunca regresó a España después de exiliarse primero en Francia en 1938 y luego en Inglaterra en 1939.

Además, el régimen franquista denigró a Barea. Entre las cartas que yo encontré en el archivo el año pasado estaba una escrita a Barea en 1951 por un periodista inglés que había recibido una queja de las “autoridades culturales de Madrid” por haber dicho en un artículo que Barea era un escritor español. “Esa gente me informa de que usted ya no es un escritor español, del mismo modo que Conrad no es un escritor polaco. Me dicen que usted dicta a su esposa (en una lengua que evitan precisar) y que, a continuación, ella traduce sus pensamientos al inglés. Con su permiso, me gustaría refutar esa declaración oficial”.

En 1956, mientras viajaba por Latinoamérica por cuenta de la BBC, el régimen le llamó “el inglés Arturo Beria”, aludiendo así al jefe de seguridad de Stalin Lavrenti Beria, pero Barea nunca fue comunista.

Otra carta del archivo, enviada desde la editorial británica Secker & Warburg (la misma de George Orwell, que tenía en muy alta estima a Barea) instaba al español a remitirles urgentemente un duplicado de su libro Struggle for the Spanish Soul [La lucha por el alma española], ya que el original se había perdido cuando las bombas alemanas arrasaron en 1941 la imprenta que la editorial tenía en Plymouth. “Durante el bombardeo, no solo se destruyeron las existencias, sino las copias mecanografiadas, entre ella la de su libro”. Por fortuna, Barea había conservado una copia.

Creo que Barea habría querido dejar su archivo al país que le dio refugio y donde se sintió muy feliz y con la capacidad de escribir después de ser testigo de tantos sufrimientos y horrores. No obstante, me habría gustado que viniera a España.

La receta de Rosell para salir de la crisis

A diferencia del espléndido y furioso ensayo de Antonio Muñoz Molina, “Todo lo que era sólido”, sobre el apogeo y la decadencia de España, ya en su cuarta edición y que el mes pasado fue reseñado largamente en el Times Literary Supplement en el Reino Unido (los libros no escritos en inglés rara vez reciben atención en esta prestigiosa revista), Juan Rosell en su libro ”Reformas o declive” propone soluciones para salir de la crisis y volver al crecimiento, como era de esperar dado su importante puesto como presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE).

Según Rosell, lo ocurrido es que el gasto, tanto público como privado, ha devorado al país. ”Cuando hay dinero se gasta. Cuando hay más se gasta todavía más. No se gasta con inteligencia, sino con desdén, como si el dinero viniera del cielo. Lo que entra, sale; pero, después, si no hay entradas ¿qué se hace?”.

A primera vista, no parece que España haya despilfarrado dinero, a pesar de un exceso de aeropuertos, algunos de ellos sin pasajeros; exceso de palacios de congresos donde no se celebran congresos; demasiados puentes, plazas o edificios singulares con un aprovechamiento mínimo y un coste excesivo; cientos de piscinas municipales cerradas por falta de clientela o imposibilidad de mantenimiento.

En el año 2012 el país se sitúo entre los 10 países de la Unión Europea con menor gasto público en porcentaje del PIB (43,4%), frente a un 49,9% de media en la eurozona. No obstante, el aumento del gasto público ha sido particularmente intenso en los últimos años. Entre 2005 y 2011 el gasto público incrementó su peso en 6,8 puntos porcentuales hasta alcanzar el 45,2% del PIB. Solamente dos países de la eurozona registraron durante esos años un aumento mayor: Irlanda y Grecia, y ambos fueron rescatados por la UE.

La crisis en las cuentas públicas españolas (el superávit presupuestario de 1,9% del PIB en 2007 se convirtió en un déficit del 11,2% en 2009) llegó tanto por el lado del gasto como por el lado de los ingresos públicos, que cayeron del 41,1% del PIB en 2007 al 35,1% en 2009, casi 10 puntos por debajo del promedio de la zona euro, siendo España el tercer país de la zona con más bajos ingresos públicos sobre el PIB, solo por delante de Irlanda y de Eslovaquia.

Cuando el modelo económico basado excesivamente en el sector inmobiliario y de infraestructuras se hundió, los ingresos fiscales cayeron en picado. Además, el crédito dudoso a empresas de la construcción aumentó un espantoso 628% en 2008 hasta los 6.722 millones de euros, un 176% a hogares (24.346 millones) y 288% a otros sectores residentes (63.057 millones), dando lugar a una crisis bancaria.

En su libro, publicado por Ediciones Deusto, Rosell hace unas preguntas muy pertinentes, particularmente en el campo del desempleo. ¿Cómo es posible que en 2006 y 2007, con índices oficiales de desempleo del 8%, no se encontrara gente dispuesta a trabajar? ¿Es entonces esa cifra del 8% el dato más próximo al desempleo friccional, es decir, en un escenario de prácticamente pleno empleo. Un 8% de paro en Estados Unidos, por ejemplo, es una cifra altísima.

Ya tenemos un paro del 27%, si es que la cifra oficial corresponde a la realidad, cosa que Rosell duda (quitando la mencionada cifra de 8% se queda en 19%, que es aún enorme).

Hay una tabla interesante en el libro que muestra la creciente brecha entre el paro registrado y el paro de la EPA (otros países del UE no ofrecen dos cifras que tienden a crear confusión): desde una diferencia de —44.915 desempleados en diciembre de 2001 a favor del paro registrado, a otra de 1.167.457 parados a favor de la EPA en marzo de 2012.

España creció más en el periodo 2000-2012 que Alemania, Italia y Francia, pero ¿cómo es posible que sólo en España se dispare exponencialmente el desempleo?

Es refrescante que el jefe del patronal se enfrente a la clase política. “Es increíble que frente a cualquier tema, mayor o menor, los partidos políticos tengan enfoques diferentes y actúen de diferente manera si están en la oposición o en el gobierno”. Con respecto a la necesaria reforma de las pensiones, “para mayor sonrojo, las mismas personas que defendían la viabilidad y la reformas del sistema por puro sentido común se han convertido ahora en sus más fieros detractores”.

La reformas que propone Rosell no son nada nuevas, y hubieran sido mucho más fáciles de poner en práctica durante las vacas gordas: reestructurar la Administración; simplificar las normas administrativas (en 2012 el número de páginas de los boletines oficiales de las comunidades autónomas llegó a las 717.111); evitar la duplicidad de competencias traspasadas a las comunidades autónomas; profundizar en la reforma laboral; fomentar una mentalidad de pacto social responsable; apostar por la I+D+i y el sector exterior y reformular el sistema educativo.

Es de esperar que Rosell sea un empresario ejemplar en su posición como jefe del patronal, a diferencia de su antecesor, Gerardo Díaz Ferrán, quien abogaba por las mismas reformas y está condenado por gestión fraudulenta al llevar al grupo Marsans a la quiebra. Uno tiene que practicar lo que predica.
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La historia del idioma de la tierra de los conejos

Muchas civilizaciones han influido en forjar el idioma español, empezando con los fenicios quienes llamaran el territorio I-shepan-ha, un término cuyo uso está documentado desde el segundo milenio antes de Cristo y que significa algo como “tierra de los conejos”. Los romanos convirtieron este nombre en Hispania y algunos siglos más tarde se transformó en España. Luego gran parte del Península Ibérica fue ocupado por musulmanes durante unos 700 años. Estas y otras civilizaciones dejaron sus huellas.

Por ejemplo, las palabras galápago (tortuga), silo (cerdo), álamo y salmón vinieron de lenguas indígenas habladas en la península antes de la llegada de los romanos en el tercer siglo antes de Cristo, palabras como pizarra, chaparro, zamarra y narria tienen su origen en el idioma vasco (euskera) y la influencia musulmana es extensa, en particular en los campos agrícolas, administrativos y militares con palabras como arroz, limón, zanahoria, alcalde y alcázar. La palabra atún viene de al-tun en árabe, que es algo similar a la palabra thunnus en latín.

Hoy, el español, cuyas raíces están en el latín vulgar de Hispania, es la lengua oficial de más de 450 millones de personas en 21 países y es el segundo idioma no oficial en los Estados Unidos donde esta hablado por más de 37 millones de personas. Si la tendencias demográficas siguen su ritmo actual, los Estados Unidos serían en 2050 el país con más personas que hablan español, y el español pudiera superar en hablantes al inglés y convertirse en el segundo idioma más hablado en el mundo después del chino (una lengua, a diferencia del español, que se habla en solo un país).

La fascinante historia del español esta contado amenamente en el libro “The Story of Spanish” de Jean-Benoît Nadeau y Julie Barlow, autores de “The Story of French” (2006), y publicado hace poco por St. Martin’s Press. El libro cuenta mucho más que el auge del español. Por sus páginas pasan no solo personas eruditas como el lexicógrafo Antonio de Nebrija (1441-1522), quien ocupa un lugar destacado en la historia de la lengua española por haber sido pionero en la redacción de una gramática, un diccionario latín-español y el español-latín, pero también acontecimientos como la expulsión de los judíos y la destrucción de culturas indígenas en la conquista y colonización de América. Estos dos últimos factores jugaron un papel importante en promover y extender el español o en el caso de los judíos el judeoespañol o ladino hablado aún hoy en países como Turquía por los descendientes de los judíos que vivieron en España hasta 1492.

Preguntado por Isabel la Católica sobre el sentido que tenía componer una gramática castellana, Nebrija destacó la importancia política de la lengua, y añadió “… que siempre fue la lengua compañera del Imperio.” Su diccionario codifico la ortografía y evitó que el español estallara en un número infinito de dialectos. Con la llegada de los conquistadores y las enfermedades hasta entonces desconocidas, más de la mitad de los 600 lenguas indígenas conocidas desaparecieron, dejando el español con pocos competidores.

Hoy, el español “puro” se ve desafiado por el “Spanglish”, la bestia negra de los académicos, hablado en los Estados Unidos y definido por Ilan Stavans como “el encuentro verbal de las civilizaciones anglosajona e hispana”. Stavans ha elaborado hasta una versión en Spanglish del primer capítulo del Quijote, que empieza así: “In un placete de la Mancha of which nombre no quiero remembrearme, vivía, not so long ago, uno de esos gentlemen who always tienen una lanza in the rack, una buckler antigua, a skinny caballo y un greyhound para el chase.”

Claro que hay gente que mezcla los dos idiomas, pero el resultado no tiene ninguna unidad lingüística, porque las comunidades emigrantes en US son muy diferentes entre sí.
El Spanglish no es solo un fenómeno de los Estados Unidos. En Gibraltar, esta trozo de territorio británico que tanto molesta a los españoles nacionalistas, se habla “llanito”, en la zona del canal de Panamá (durante años territorio estadounidense) “zonian” y en Perú el “Japoñol”(por inmigrantes japonesas de segunda generación).

Otra adulteración del español es el caló o pachuquismo, usado por el humorista mexicano Tin-Tan (Germán Váldes), uno de cuyas líneas más famosas era ¿Óyeme vato, como se dice window en ingles?.

Mientras el español tiene que competir en su país de origen con otras idiomas como el catalán (con la posibilidad, aunque remota, de desaparecer en Cataluña si esta autonomía consigue la independencia), en las Américas, particularmente en Brasil (desde 2005 todos los centros de enseñanza secundaria están obligados a ofrecer la enseñanza de español dentro del horario lectivo) y los Estados Unidos, está su futuro.
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La rebelión de los catalanes

“Los catalanes han menester ver más mundo que Cataluña,” escribió Gaspar de Guzmán, el conde-duque de Olivares, en 1640 a Dalmau de Queral i Codina, conde de Santa Coloma y virrey de Cataluña, tres meses antes de su asesinato cuando estalló la revuelta de los segadores.

Las palabras del conde-duque siguen siendo tan válidas hoy como hace 373 años. Las he encontrado en el clásico libro del historiador británico John H. Elliott, The Revolt of the Catalans (1598-1640) (“La rebelión de los catalanes)” publicado por Cambridge University Press en 1963 (en libro de bolsillo desde 1984) y por Siglo XXI en español, que acabo de leer por la primera vez.

Para Elliott, la revolución de 1640 era, en realidad, dos revoluciones y no una. La primera era una revolución social y espontánea de los pobres contra los ricos y la segunda, y más relevante para hoy, una revolución política en contra de la dominación del principado de Cataluña, con sus propias leyes, privilegios y fueros, por Castilla, en particular la resistencia del principado a pagar. Igual que ahora, hubo también un conflicto sobre el uso del castellano en Cataluña.

Cuando los franceses empezaron a atacar a las fronteras españolas en Fuenterrabía, gente de todos los dominios peninsulares acudieron en ayuda de dicha población vasca, excepto Cataluña. Y cuando los franceses probaron a atacar la propia Cataluña, casi nadie se alistó en defensa de su propio territorio, y hubo que traer soldados de fuera que nadie quería alojar.

Durante la rebelión Cataluña fue una república, pero para nada más que una semana. Fue el tiempo que tardó en pasar de sacudirse el yugo de los Austrias (Felipe IV) y pasarse a otro rey, el de Francia (Louis XIII), al que ofreció lealtad a cambio de protección.

Una república es el sueño de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), el partido abiertamente independentista que más está beneficiándose del actual conflicto entre el Gobierno de Arturo Mas y el Partido Popular. Los socialistas catalanes están desintegrándose, Convergència i Unió está perdiendo influencia y votos — son los dos partidos que han dado estabilidad a Cataluña en los últimos 30 años — y el PP tiene un techo de votos que le imposibilita influir en la vida política de la región.

El dilema para el conde-duque, como para Mariano Rajoy, en palabras de Elliott es “si hay que emplear blandura o rigor en relación con el principado [Cataluña]”. En estos momentos el supuesto diálogo entre los dos partes es de sordos. Entrando con brillantez en el mente del conde-duque y en el contexto histórico, Elliott hace al conde-duque preguntarse, ¿“Por qué Cataluña, y solo Cataluña, debería ser diferente?”. El conde-duque sabía que cediendo a Cataluña se abriría una caja de Pandora — igual que Rajoy.

Mi lectura del libro ha coincido con el anuncio de un simposio con el título provocativo, “España contra Cataluña: una mirada histórica (1714-2014)”. El simposio se inscribe en los fastos del Gobierno catalán para conmemorar el próximo año el 300 aniversario del año 1714, en el que se produjo la caída de Barcelona a manos de las tropas de Felipe V, con la aspiración de que este proceso se culmine en la consulta soberanista. Una de las conferencias lleva el lema: “La apoteosis del expolio: siglo XXI” y otra: “La humillación como desencadenante de la eclosión independentista.”

Preguntado por un corresponsal de El País sobre el enfoque escogido para el simposio, Elliott contestó “No vale la pena ni hablar. Con este título ya sé que no me interesa. Es muy poco histórico y no tiene rigor ninguno. Es un disparate.” Otro gran historiador, José Álvarez Junco, sin tener intereses creados, piensa igual. Para Álvarez Junco, no es un simposio histórico o debate científico porque ya se dan por predeterminadas las conclusiones.

Dijo Abraham Lincoln que “las mentiras repetidas se convierten en historia, pero no necesariamente se convierten en verdad”. Para Oscar Wilde: “Feliz el pueblo cuya historia se lee con aburrimiento.” Ciertamente, nadie se aburre con la historia de Cataluña.

Para contactar con el autor: http://www.williamchislett.com