Spain is coming out of recession, but the crisis is far from over. The government cannot afford to rest on its laurels and relax the pace of reforms. To do so, would store up problems for the future.
http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_eng/Content?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/Elcano_in/Zonas_in/WP12-2013-Chislett-Emerging-Spain
El Siglo XX resumido
Tal vez por haberme lanzado hace poco a la aventura riesgosa de escribir un libro que cubre 1.300 años de la historia de España en unas 200 páginas (desde la invasión musulmana en 711 hasta 2013), tengo simpatía por los autores que muestran el coraje o la arrogancia por intentar algo similar.
Para empezar, ¿en qué punto debería comenzar mi libro? Fue más fácil para Woody Allen con su película de un título similar al de mi libro, “Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo pero nunca se atrevió a preguntar”.
Un amigo asesor del ministro de Asuntos Exteriores expresó su sorpresa al conocer que el libro empieza en 711 y no con los romanos. Me preguntó: “¿Por qué ignoras a los romanos y los godos? Trajano y Adriano fueron más importantes en su época que Felipe II.” Seguro que si hubiera empezado con los romanos alguien me habría preguntado por qué no empezar con el homo antecessor, una especie homínida que vivió hace unos 800.000 años en Atapuerca (Burgos). Empezar con Al-Ándalus me permitió dedicar más espacio a la España contemporánea, de más interés para los lectores, supongo.
Estos pensamientos me vienen ala mente al leer el nuevo libro de John Lukacs, A Short History of the Twentieth Century (“Un breve historia del siglo XX”), publicado por Harvard University Press, aunque Lukacs, catedrático emérito de historia en Chestnut Hill College en los Estados Unidos, lo tiene más fácil que yo porque solo cubre un siglo en 212 páginas.Mejor dicho cubre hasta 1989, casi como la obra maestra de Eric Hobsbawm, “La era de los extremos:el corto siglo XX 1914-1991” que tiene más de 600 páginas. Incluso Lukacs cree que el “siglo histórico” tal vez terminó en 1945 con la Segunda Guerra Mundial.
Para Lukacs, el siglo XX es esencialmente la historia de Europa, debido a las dos guerra mundiales (la primera de 1914-18 fue oficialmente llamado “La Guerra de Europa” por el gobierno británico) y luego la Guerra Fría, que principalmente ocurrieron en Europa y sus resultados decididos allí.
A pesar de las enormes consecuencias políticas y geográficas de las dos guerras mundiales sobre otros continentes, Europa se quedó en el centro de la historia global, debido a la Guerra Fría entre sus protagonistas, los Estados Unidos y la Unión Soviética, hasta 1989 y la caída del muro de Berlín.
Europa era el centro (¿epicentro?), pero el siglo XX fue EL siglo americano, con la diseminación del inglés, la desaparición de las colonias (Gibraltar sigue siendo la única en Europa, como Mariano Rajoy nos lo recordó en lasNaciones Unidas el mes pasado) y el impacto devastador de las dos guerras sobre Europa.
Con una gran capacidad de síntesis, Lukacs cubre mucho territorio y lo combina con sus preocupaciones intelectuales, a raíz de su propia vida: el desvanecimiento del liberalismo, el auge del populismo y nacionalismo, los logros y peligros de la tecnología y la continua democratización del mundo.
Lukacs nació en Budapest en 1924 y durante la Segunda Guerra Mundial formó parte de un batallón de trabajadores judíos. Logró evitar su deportación a un campo de concentración durante la ocupación nazi y en 1946, durante la transición a un régimen comunista, se fugó a los Estados Unidos. Fue testigo de gran parte del siglo XX.
El libro termina con unas observaciones interesantes sobre las limitaciones del conocimiento. No hay duda que miles de millones de personas gozaban de mejores condiciones económicas y materiales en 1989 que en 1914, pero ¿fueron más felices? Como dice Lukacs, esto no es la tarea de los historiadores y tampoco de cualquier otra persona porque es imposible saber.
http://www.elimparcial.es//el-siglo-xx-resumido-129094.html
El Rey no debe abdicar hasta que el tema de Cataluña esté resuelto
Walter Starkie: un erudito y trovador ambulante
Hay hispanistas de todo tipo. Uno de los más eruditos y exóticos fue Walter Starkie (1894-1976), quien escribió muchos libros sobre España y era una especie de trovador ambulante, dedicado al estudio del pueblo gitano. Recorría caminos y carreteras con su violín, que consideraba el equivalente al Rocinante de Don Quijote.
Su vida y obras, desgraciadamente olvidadas, han sido recuperadas en un fascinante libro, Walter Starkie: An Odyssey (“Walter Starkie: un odisea”), escrito por Jacqueline Hurtley y que será publicado el mes próximo por Four Courts Press en Dublín.
Starkie, cuya ambición era ser violinista clásico y que estudió Clásicas e Historia en el Trinity College de Dublín, fue atraído a España en los años 20 por sus gitanos (después de escribir sobre ellos en Hungría). Fue el primer catedrático de español en el Trinity y el primer representante cultural en el British Council (1940-54), en el Madrid de posguerra, una institución que contribuyó a impedir que el régimen de Franco se involucrara en la Segunda Guerra Mundial, del lado de Hitler.
Entre otras obras, Starkie escribió dos libros de viajes por España —Spanish Raggle-Taggle [Aventuras de un irlandés en España] (1934) y Don Gypsy [Don Gitano] (1936) — y Spain: A Musician’s Journey through Time and Space (1958), además de traducir El Quijote. Sus libros son prácticamente imposibles de encontrar hoy salvo en sus primeras ediciones originales en inglés, si bien la Diputación de Granada publicó en 1985 Don Gitano, con prólogo de Antonio Muñoz Molina, y Espasa publicó en 2006, Aventuras de un irlandés en España, dedicada al Duque de Alba, con prólogo de Ian Gibson. Vivió sus últimos años en Madrid (en la planta 15 de una torre en la calle Princesa) cuando yo lo conocí.
Starkie, católico y conservador, es hiper romántico: adopta numerosos disfraces en sus viajes y tiene el talento de los irlandeses para charlar (muchas de las conversaciones que aparecen en el libro son casi increíbles). Viajó por España antes de la Guerra Civil. En Aventuras, llama la atención sobre la situación de la nobleza tras la instauración de la República en 1931. “Hay casi tantos españoles como franceses en la Côte d’Argent; toda la noblesse espagnole se ha establecido ahí y observa con aire melancólico Fuenterrabía, al otro lado de la bahía”. Starkie se solidariza con el clero, sin hacer mención de los privilegios ni el poder de la Iglesia. Había pasado en una ocasión de Hendaya a Fuenterrabía en el bote de un viejo pescador vasco que le contó que los curas estaban huyendo a Francia “llevándose, ocultos en la sotana, ornamentos de la iglesia”.
La imagen que pinta Starkie del país durante la República, con frases que describen “muchos pueblos arrasados en los que antes vivían héroes orgullosos”, es invariablemente negativa. Su siguiente libro, Don Gitano, se publicó un mes antes del alzamiento de Franco, y el texto, a veces, parece profético.
Con su amplia red de contactos y su conocimiento de España y el catolicismo, Starkie era persona gratísima en los círculos franquistas y se encontraba en una posición ideal para establecer el British Institute en el Madrid de posguerra. El régimen puso como condición que el director del Instituto fuera católico, cosa complicada para un país predominantemente protestante como Gran Bretaña, y más en tiempo de guerra.
Por su excéntrica imagen pública, Starkie pudo haber sido de gran utilidad para el servicio secreto británico. En el libro de Hurtley figura una fotografía fascinante que muestra a Starkie en diciembre de 1938, en el bando de Franco, en el frente del Ebro, donde la temperatura era de 18 grados bajo cero. Junto a él están el espía británico Kim Philby y otro corresponsal de guerra. Philby, que en la foto tiene la cabeza vendada tras un accidente en el que murieron otros tres periodistas, era un doble agente. Le habían reclutado los rusos en 1930 (acabó huyendo a Moscú en 1963). En el pie de foto no se dice que Starkie sea un corresponsal de guerra como los otros dos; qué hacía exactamente en esa situación es un misterio.
Starkie creó en el British Institute de Madrid una atmósfera propicia para las relaciones hispano-británicas, con tertulias, música, conferencias, exposiciones y la promoción de libros británicos. La embajada utilizaba su piso de la calle del Prado como refugio para presos de guerra y judíos huidos.
Pío Baroja visitaba el Instituto con asiduidad, igual que el futuro Premio Nobel Camilo José Cela, quien, con motivo del décimo aniversario de la muerte de Starkie, en 1986, leyó un relato breve que había escrito para la ocasión, titulado El violín de don Walter. “Don Walter distinguía el chorizo de Burgos del chorizo de Pamplona, los vinos de dos cepas hermanas,” escribió Cela.
Has Spain Turned the Corner?
After almost two years of doom and gloom, the Spanish government has been trumpeting, perhaps rather too loudly, some good news on the economic front:
The economy shrank by ‘only’ 0.1% in the second quarter over the first quarter. Exports continue to boom. The number of tourists this year looks like setting a new record. The overall balance of payments (current and capital accounts) in the first half notched up its first surplus since 1997. Net foreign direct investment in Spain is on the rise. Car companies Renault-Nissan, Ford, Iveco and Seat have all announced big investments for their Spanish plants. Bank results are finally beginning to improve. Almost two-thirds of the revenues of the companies that form the Ibex-35 benchmark index of the Madrid Stock Exchange were generated abroad in the first half of the year. The risk premium –that term that even taxi drivers are knowledgeable about– on 10-year government bonds over German equivalents has dropped substantially. The Madrid stock market has become bullish and is at its highest point this year.
All of this is music to the ears of the government’s economic team, the troika (the European Commission, the European Central Bank and the International Monetary Fund) that has Spain under its tutelage, analysts and foreign investors, but means little to the man in the street, particularly if he is unemployed.
Morgan Stanley’s rating analysts recommended in a long report earlier this month titled ‘Viva España’ that investors ditch Italian government bonds and buy Spanish ones. ‘We are bullish on Spain in outright terms and versus Italy’, wrote Anton Heese and Maggie Chidothe.
The other side of the coin of macroeconomic fundamentals is that the official jobless rate is 26% (I say official because I do not believe it, and this is not to deny the seriousness of the problem), gross public debt continues to rise (92.2% at the end of June, surpassing the forecast for the whole year) and also the ratio of non-performing loans of banks, which at 11.6% and excluding the toxic assets in the ‘bad bank’ Sareb is close to an historic high.
There is no doubt that the economy has improved since the Popular Party (PP) took office at the end of 2011, and the spectre of a full-blow bailout, as opposed to just the one for ailing banks, is now a distant memory. According to Miguel Ángel Fernández Ordóñez, the former and discredited Governor of the Bank of Spain, there was a very real threat of Spain leaving the euro zone because of the banking crisis triggered by Bankia.
The government, by and large, has stuck to its guns and done what it said it would do and what it said it would not do (for example, raising taxes), but then what political party has not broken its campaign promises, especially after winning power and looking at the dreadful state of the public accounts?
Spain is beginning to come out of the woods, but the recovery will be very slow and net job creation will remain the biggest problem for a very long time. Last year’s labour market reforms have had no notable effect on employment, except on part-time jobs and this should not be sniffed at. The number of these jobs reached a record 2.75 million at the end of June (16.4% of the working population). Many part-timers go from being subsidy receivers to tax payers, which improves government accounts both ways. Part-time jobs as a proportion of total employment is still low in Spain, however. The EU average is 20%, and it is no coincidence that the countries with low unemployment rates, such as Germany, the UK and the Netherlands, have a high proportion of part-time jobs.
When a government begins to see some light in the tunnel (in Spain’s case a long one) there is always the temptation to ease up and believe its job is finished.
Close examination of Spain’s position in the components of the World Economic Forum’s Global Competitiveness Index, released this month, shows how far Spain still has to go. Although Spain moved up one notch in the overall ranking to 35th place out of 148 countries, its already low position in three of the 12 categories –macroeconomic environment, financial market development and labour market efficiency– worsened.
The country’s main strength is its world-class transport infrastructure (6th place) and a large and skilled labour force, thanks to one of the highest tertiary-education enrolment rates (8th). Spain also scores well in the availability of scientists and engineers (18th). The problem is there are nowhere enough jobs for them as Spain’s economy is a long way from being knowledge-based, as it has been excessively based on bricks and mortar. Significantly, the country’s capacity to retain talent is ranked 102nd, a big drop from 82nd last year. This underscores Spain’s brain drain: bright young scientists are increasingly working or seeking work abroad.
Let anyone believe there is a massive exodus from Spain, this is far from the case, although to judge from the Spanish press one would think otherwise. Between January 2009 and January 2013 the number of Spaniards born in Spain and residing abroad only increased by 40,000 (less than 0.1% of the population in Spain) to 1.9 million (three times less than the 6.4 million foreign-born citizens in Spain). Spanish society has in fact been exceptionally immobile over the last 30 years, after massive emigration in the 1960s and early 70s (see the revealing analysis -in Spanish- by Carmen González Enríquez at the Elcano’s website).
The PP faces a general election in just over two years. The Socialists, for the first time since the PP took power at the end of 2011, would very narrowly win an election if it was held this month, according to a Metroscopia poll. Voters are beginning to move towards the discredited Socialists –at the very moment when the PP has some good news– because they do not believe the macroeconomic turnaround tangibly benefits them and because of the toll that the slush-fund scandal of Luis Bárcenas, the former PP treasurer, is taking on the ruling party.
The government cannot afford to rest on its laurels. It has a long overdue pension reform to approve, in the face of trade union resistance, and has not yet started to tackle the equally urgent issue of tax reform. Spain’s tax system is very inefficient, and unless improved the country will never bridge the structural gap over the course of an economic cycle of around 5% of GDP between government spending and tax receipts. Pension and tax reform are vital for lowering the budget deficit on a sustained basis, unless the government is prepared to take an even bigger axe to spending, which is unlikely as it moves close to elections.
http://www.blog.rielcano.org/en/has-spain-turned-the-corner/
‘Spain, what everyone needs to know’: “La historia de España reducida a 200 páginas”
La banalidad del mal
Más de 16.000 libros han sido publicados sobre el holocausto, convirtiendo lo que también se conoce, siguiendo la propia terminología del Estado nazi, como Solución Final (el intento de aniquilar totalmente la población judía en Europa) en toda una industria.
El término holocausto ha sido desvalorizado y banalizado, y ha perdido su especificidad histórica. En nombre del holocausto algunos están justificando la acción militar en contra del régimen de Bashar al-Assad en Siria por su uso de armas químicas. Hasta en Israel, el estado creado en 1948 después de la Segunda Guerra Mundial, el uso del término es cada vez más superficial: unos granjeros, descontentos con los rendimientos decrecientes del tomate concentrado, llamaron al kétchup su Auschwitz. Según un chiste popular entre escolares israelíes, Hitler se suicidó después de leer su factura de gas.
Hace poco salió en el Reino Unido un fantástico y concienzudo libro de investigación de Thomas Harding,en el que se restaura el holocausto a sus propias dimensiones. Hanns and Rudolf: The German Jew and the Hunt for the Kommandant of Auschwitz (“Hanns y Rudolf: el judío alemán y la caza del comandante de Auschwitz”),publicado por William Heinemann, cuenta la verdadera historia de Hanns Alexander (el tío abuelo de Harding) quien huyó de Berlín a Londres en 1936 con 20 años, y después de alistarse en el ejército inglés para luchar contra su propio país, formó parte del equipo británico de investigación de delitos de guerra. Ya con el rango de capitán, Hanns fue uno de los oficiales que entró en Belsen al final de la guerra, una experiencia que marcó su vida. Localizó y llevó ante la justicia a Rudolf Höss, responsable de la muerte de más de dos millones de personas en Auschwitz.
Hanns provenía de una asimilada y exitosa familia (Albert Einstein fue un invitado habitual en la mesa): su padre era un próspero médico. Rudolf, en cambio,se educó en una familia católica muy creyente. A pesar de los deseos de sus padres de que fuera sacerdote, apenas cumplidos los 15 años se alistó para combatir en la Primera Guerra Mundial en el frente turco, y recibió la Cruz de Hierro. Tras la derrota de Alemania fue miembro del Freikorps, una organización voluntaria paramilitar protofascista y ultranacionalista que se formó por todo el país, como alternativa a las organizaciones sindicales comunistas y socialistas que también florecieron.
Mayormente jóvenes, estas personas, profundamente desconectadas de la vida civil, buscaban la estabilidad de una estructura militar que les ofreciera un estatus social dentro de un cuerpo de guerreros y les asegurase un medio de vida realizando la misma tarea que habían desempeñado en los últimos años: combatir. Rudolf fue condenado a diez años de cárcel en 1923 después de su implicación en un asesinato; su cómplice Martin Bormann, luego el secretario personal de Hitler,fue castigado con un año de prisión.
Rudolf solicitó ser miembro del SS en 1933, y empezó su estelar carrera en la máquina de muerte nazi, primero en el campo de concentración de Dachau en 1934, luego en Sachsenhausen y por último en Auschwitz, ya casado y con cinco hijos. Da escalofríos su capacidad de dirigir Auschwitz (uno de sus estrategias pacificadoras era permitir la creación de una orquesta) y por la tarde regresar a su casa, en las afueras del campo, y llevar una vida en familia como si nada hubiera pasado. Parece que el único impacto de su doble vida fue que dejó de tener relaciones con su mujer.
Cuando la guerra terminó en 1945, Rudolf, disfrazado como suboficial de la Marina de Guerra alemana, se alejó hacia las costas del Báltico donde cayó en manos de los Aliados. Al no encontrarse pruebas en contra de ningún tipo, dado su nombre falso (Fritz Lang) y su calidad de agricultor profesional, obtuvo una liberación anticipada. Sus guardianes ignoraban entonces la importancia de su presa. Fue empleado como obrero agrícola en una granja cerca de Flossenburg, no lejos de la frontera con Dinamarca. Permaneció allí durante ocho meses. Entretanto la Policía Militar reinició su búsqueda. Su familia, con la cual había logrado retomar contacto, estaba estrechamente vigilada y sometida a frecuentes pesquisas, hasta que Hanns y otros oficiales llegaron a la casa de su mujer y laamenazaronde entregarla a las autoridades soviéticas para su ejecución si no decía dónde estaba su marido, y que sus hijos serían deportados a Siberia. Ella reveló la granja agrícola donde estaba escondido su marido, así como su nombre falso.
Rudolf redactó sus memorias sin remordimiento alguno de conciencia cuando estuvo en prisión. “Por voluntad del Reichsführer de las SS(Heinrich Himmler), Auschwitz se convirtió en la mayor instalación de exterminio de seres humanos de todos los tiempos. Que fuera necesario o no ese exterminio en masa de los judíos, a mí no me correspondía ponerlo en tela de juicio, quedaba fuera de mis atribuciones. Si el mismísimo Führer había ordenado la solución final del problema judío, no correspondía a un nacionalsocialista de toda la vida como yo, y mucho menos a un Führer de las SS, ponerlo en duda”.
Fue ahorcado en Auschwitz en 1947. Hanns murió en Londres en 2006.
http://www.elimparcial.es/mundo/la-banalidad-del-mal-128510.html
What you need to know about the Spanish transition to democracy
Chapter 3 of my book “Spain: What Everyone Needs to Know”, published by Oxford University Press, answers 13 key questions about the Spanish transition to democracy, including the political process, the protagonists, the role of King Juan Carlos, the media, social mobilization and the new constitution. It has been placed on the website of the Fundación Transición Española.
http://www.transicion.org/En/destacados/LibroChislettEn.php
Appearance at the Gibraltar International Literary Festival
Friday 25 October, 2.00pm, King’s Chapel. With Paul Preston, “Shattered by War and Exile: Arturo Barea and Manuel Chaves Nogales.”
Saturday 26 October, 2.00pm, King’s Chapel. Presentation of “Spain: What Everyone Needs to Know.”
http://www.gibraltarliteraryfestival.com/
Las dos Españas de dos hispanistas
El primer Concurso de Cante Jondo de Granada, organizado en junio de 1922 por Manuel de Falla con la ayuda, entre otros, de Federico García Lorca, fue un acontecimiento trascendental para la música española y para las vidas profesionales de dos de los hispanistas más prolíficos y olvidados del siglo XX, John Brande Trend (1887-1958) y Walter Starkie (1894-1976), que por fin obtienen ahora el reconocimiento debido en dos excelentes biografías: Walter Starkie: An Odyssey de Jacqueline Hurtley y An Unlikely Spanish Don: The Life and Times of Professor John Brande Trend de Margaret Joan Anstee.
En aquel acto, Trend estuvo por invitación personal de Falla, y Starkie también asistió. Los dos tenían orígenes totalmente distintos y eran completamente diferentes. Trend era hijo de un cirujano; el padre de Starkie era profesor y estudioso de Grecia y fue Comisario de Educación Nacional para Irlanda bajo el dominio británico (1899-1920). Trend estudió Ciencias Naturales en la Universidad de Cambridge y empezó a interesarse por España a través de su música, mientras que a Starkie, cuya ambición era ser violinista clásico y que estudió Clásicas e Historia en el Trinity College de Dublín, España le atrajo por sus gitanos (después de escribir sobre ellos en Hungría). Era una especie de trovador ambulante, dedicado al estudio del pueblo gitano, y recorría caminos y carreteras con su violín, que consideraba el equivalente al Rocinante de Don Quijote. Trend fue el primer catedrático de español en Cambridge y Starkie fue el primer catedrático de español en el Trinity y el primer representante cultural en el British Council (1940-54), en el Madrid de posguerra, una institución que contribuyó a impedir que el régimen de Franco se involucrara en la Segunda Guerra Mundial, del lado de Hitler.
Entre otras obras, Starkie escribió dos libros de viajes por España –Spanish Raggle-Taggle [Aventuras de un irlandés en España] (1934) y Don Gypsy [Don Gitano] (1936)– y Spain: A Musician’s Journey through Time and Space (1958), además de traducir El Quijote. Trend escribió A Picture of Spain (1921), Spain from the South (1928), Manuel de Falla and Spanish Music (1928, el primer estudio en inglés sobre el compositor), The Origins of Modern Spain (1934) y The Civilization of Spain (1944), y tradujo La vida es sueño de Pedro Calderón de la Barca.
Trend, que era un liberal, no regresó a España tras la Guerra Civil (la contemplaba con nostalgia desde el otro lado de la frontera durante sus visitas a Portugal); Starkie, católico y conservador, fue nombrado Comendador de la Orden de Isabel la Católica in 1966 y vivió sus últimos años en Madrid (en la planta 15 de una torre en la calle Princesa) cuando yo lo conocí. Trend ayudó a organizar la evacuación de 4.000 niños vascos enviados desde Bilbao a Inglaterra en mayo de 1937, y encontró puestos en universidades para amigos suyos exiliados como Alberto Jiménez Fraud, el director de la Residencia de Estudiantes.
Los libros escritos por los dos muestran desde distintas perspectivas el paso de la “vieja” España feudal (Starkie lo lamenta) y la aparición de otra “nueva” (Trend la celebra), y son prácticamente imposibles de encontrar hoy salvo en sus primeras ediciones originales en inglés, si bien la Diputación de Granada publicó en 1985 Don Gitano, con prólogo de Antonio Muñoz Molina, y Espasa publicó en 2006, Aventuras de un irlandés en España, dedicada al Duque de Alba, con prólogo de Ian Gibson. Starkie es hiper romántico, adopta numerosos disfraces en sus viajes y tiene el talento de los irlandeses para charlar (muchas de las conversaciones que aparecen en el libro son casi increíbles), mientras que Trend tiene los pies muy en la tierra.
Ambos viajaron por España antes de la Guerra Civil. En Aventuras, Starkie llama la atención sobre la situación de la nobleza tras la instauración de la República en 1931. “Hay casi tantos españoles como franceses en la Côte d’Argent; toda la noblesse espagnole se ha establecido ahí y observa con aire melancólico Fuenterrabía, al otro lado de la bahía”. Starkie se solidariza con el clero, sin hacer mención de los privilegios ni el poder de la Iglesia. Había pasado en una ocasión de Hendaya a Fuenterrabía en el bote de un viejo pescador vasco que le contó que los curas estaban huyendo a Francia “llevándose, ocultos en la sotana, ornamentos de la iglesia”.
Como dice Jacqueline Hurtley, el único comentario favorable a las reformas republicanas que se encuentra en Aventuras aparece en el último capítulo, cuando Starkie reconoce la importancia de las reformas en la enseñanza superior llevadas a cabo por Fraud, Ramón Menéndez Pidal en el Centro de Estudios Históricos y José Castillejo en las escuelas. La imagen que pinta Starkie del país durante la República, con frases que describen “muchos pueblos arrasados en los que antes vivían héroes orgullosos”, es invariablemente negativa. Su siguiente libro, Don Gitano, se publicó un mes antes del alzamiento de Franco, y el texto, a veces, parece profético.
Trend, por el contrario, era ferviente admirador de la República y de los intelectuales liberales y laicos que la habían precedido, en particular Francisco Giner de los Ríos, fundador de la Institución Libre de Enseñanza. Hizo una gran labor de promoción de la Residencia de Estudiantes en el Reino Unido. En A Picture of Spain, Trend dice: “La función de un profesor, y más que nada en España, es un esfuerzo continuado para liberar el espíritu […] y esto nunca se lograría con un sistema rígido de instrucción. Solo una verdadera pasión por la verdad y justicia podrían dar lugar al desarrollo de la tolerancia y solidaridad social, que son la única esperanza para el futuro de España y de todas las naciones.”
Con su amplia red de contactos y su conocimiento de España y el catolicismo, Starkie era persona gratisima en los círculos franquistas y se encontraba en una posición ideal para establecer el British Institute en el Madrid de posguerra. El régimen puso como condición que el director del Instituto fuera católico, cosa complicada para un país predominantemente protestante como Gran Bretaña, y más en tiempo de guerra. Trend era apasionadamente anticatólico y despreciaba a la delegación del British Council en España por su postura favorable a Franco. Lo llamaba el “B. Council”, con B de bloody (maldito).
Por su excéntrica imagen pública, Starkie pudo haber sido de gran utilidad para el servicio secreto británico. En el libro de Hurtley figura una fotografía fascinante que muestra a Starkie en diciembre de 1938, en el bando de Franco, en el frente del Ebro, donde la temperatura era de 18 grados. Junto a él están el espía británico Kim Philby y otro corresponsal de guerra. Philby, que en la foto tiene la cabeza vendada tras un accidente en el que murieron otros tres periodistas, era un doble agente. Le habían reclutado los rusos en 1930 (acabó huyendo a Moscú en 1963). En el pie de foto no se dice que Starkie sea un corresponsal de guerra como los otros dos; qué hacía exactamente en esa situación es un misterio.
Starkie creó en el British Institute de Madrid una atmósfera propicia para las relaciones hispano-británicas, con tertulias, música, conferencias, exposiciones y la promoción de libros británicos. La embajada utilizaba su piso de la calle del Prado como refugio para presos de guerra y judíos huidos. Pío Baroja visitaba el Instituto con asiduidad, igual que el futuro Premio Nobel Camilo José Cela, quien, con motivo del décimo aniversario de la muerte de Starkie, en 1986, leyó un relato breve que había escrito para la ocasión, titulado El violín de don Walter. “Don Walter distinguía el chorizo de Burgos del chorizo de Pamplona, los vinos de dos cepas hermanas,” escribió Cela.
Esperemos que las dos biografías rescaten las obras de Starkie y Trend del olvido.
(*) Walter Starkie: An Odyssey de Jacqueline Hurtley (Four Courts Press, Dublín).
An Unlikely Spanish Don: The Life and Times of Professor John Brande Trend de Margaret Joan Anstee (Sussex Academic Press y Cañada Blanch Centre for Contemporary Spanish Studies)
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia