El Islam en democracia

¿Es Islam compatible con las democracias liberales? Esta es una de las preguntas que más preocupan a los estados democráticos, especialmente a los europeos, debido al número significativo de inmigrantes musulmanes (más de un millón en España, por ejemplo) en el continente. Parece que la futura Ley de Libertad Religiosa en España incluirá limitaciones al uso de prendas islámicas que cubren el rostro en espacios públicos; en tres de las capitales catalanas y en varios ayuntamientos ya ha prosperado el veto sobre el uso de los velos integrales (burka, niqab).

El nuevo libro de Bernard Lewis, Faith and Power (“Fé y Poder”), publicado por Oxford University Press, arroja una luz penetrante sobre éste y otros temas. Lewis es Catedrático emérito de Estudios del Próximo Oriente de la Universidad de Princeton y es considerado como uno de los principales expertos occidentales sobre Oriente Medio. El libro es una colección de ensayos, algunos publicados por primera vez, sobre democracia y religión; paz y libertad; Islam en Europa; género y choque de civilizaciones y otros temas.

A diferencia del cristianismo y del judaísmo, nunca ha habido separación entre Iglesia y Estado en los países islámicos en el Medio Oriente. Son la misma cosa. Turquía (que no es un país árabe) es una excepción, gracias a las reformas de Kemal Ataturk a partir de 1928; pero tiene un forma de secularismo muy sui generis: el Ministerio de Asuntos Religiosos gestiona y controla todos los detalles de la fe musulmana. En los demás países islámicos, hay una conexión intima entre fe y poder (por esto Lewis titula su libro así).

Turquía, que aspira a ser miembro de la Unión Europea, es el único país con una democracia próxima a los países del Oeste. Para Lewis, las tres características esenciales de una democracia son una limitación sobre el periodo de gobierno, responsabilidad (accountability) y representación (partidos políticos y parlamento). La definición del politólogo Samuel Huntington (autor del controvertido libro “El choque de civilizaciones”) de una democracia es un país cuyo gobierno ha sido cambiado dos veces por elecciones.

Hay dos otros elementos diferenciadores: la religión musulmana es la única que tiene una entidad que aglutina a los países de esta fe (la Organización de la Conferencia Islámica con 57 estados miembros y una amplia gama de doctrinas). Ninguna otra religión tiene una organización similar. Por último, los musulmanes suelen identificarse por su religión y no por su país de origen.

Los estados islámicos en el pasado fueron más libres de lo que generalmente se piensa. Es en el siglo XX con la modernización (que destruyo las fuerzas que limitaron en el pasado la autocracia de los gobernantes), la llegada del Nazismo (Siria, Líbano y parte de Irak estuvieron bajo su control a raíz de la caída de Francia) y luego del comunismo (los soviéticos tenían una presencia potente en Egipto, Siria y Irak) cuando la mayoría de estos países se transformaron en dictaduras brutales.

El descubrimiento del petróleo, particularmente en Arabia Saudita, las ha reforzado. Con riqueza petrolera, muchos gobiernos no tienen que imponer impuestos, o los tipos impositivos son muy bajos, y no tienen que responder a sus ciudadanos. Como dice Lewis sarcásticamente, en el Medio Oriente hay que invertir el eslogan, “Ningún impuesto sin representación” que resume las quejas de los colonos británicos y que fue una de las principales causas de la Revolución Americana.

La riqueza petrolera, con algunas excepciones, también ha creado economías que dependen totalmente del oro negro, que algún día desaparecerá. Lewis presenta dos cifras para ilustrar la falta de desarrollo económico: en 1999 el PIB de todos los países árabes era de 531.000 millones de dólares, por debajo del PIB de España. Y las exportaciones no petroleras del mundo árabe (300 millones de dólares) fueron menos que las de Finlandia (con una población de 5 millones). Poco ha cambiado en la última década.

A pesar de la historia islámica de autocracias, algunas veces ilustradas y benevolentes pero con ninguna tradición de representación de decisiones hechas por la mayoría, de la situación de hoy en muchos países y de la violencia de los islamistas fundamentalistas, Lewis no es totalmente pesimista. Esta ilusionado por el progreso, aunque muy lento, en la emancipación de mujeres. Como bien dice, “una sociedad no puede ser libre si la mitad de sus miembros se mantienen en subordinación permanente.” Las mujeres tienen más que perder si no llega la democracia y, por esto, van a jugar un papel clave en los movimientos democráticos. ¡Que venzan!
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