Demasiados jóvenes inactivos

España es el segundo país con mayor número de jóvenes inactivos, después de Turquía, dentro de los 31 miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).Casi el 11% de los jóvenes entre 15 y 19 años ni trabajan ni siguen formándose en el sistema educativo, según datos comparativos (de 2007, último año disponible) publicados hace poco. Dado que 2007 fue el último buen año para la economía española y 2009 y 2010 son años de recesión con altas tasas de desempleo (el paro juvenil esta en el 40%), la cifra de inactivos hoy es bastante más alta y preocupante. Ni siquiera existe mucha posibilidad de empleo a tiempo parcial: España tiene uno de los niveles más bajos de este tipo de trabajo. Estos inactivos e inactivas forman parte de una generación frustrada que no puede realizarse salvo que haya un cambio realmente positivo y poco probable en el rumbo económico del país.

Es muy llamativo y deprimente comparar el ranking de los países con mayor proporción de jóvenes inactivos con el ranking de países con las mayores tasas de abandono escolar y comprobar la conexión intima entre los dos. La tasa de fracaso escolar en España de 32% es la tercera mayor (dato de 2008, último año disponible), después de Malta y Portugal.

El otro día encontré la cifra para 1975, último año del General Francisco Franco cuando la educación no era universal como ahora, y ésta era del 17%. Así que en 35 años la tasa de abandono escolar se ha duplicado, a la vez que España se ha convertido en un país mucho más rico. ¿Quién hubiera pensado que Polonia, antiguo país comunista, es el mejor en los dos rankings: solo el 2,5% de sus jóvenes no trabajan ni estudian y su tasa de abandono escolar es solo del 5,0%?

Mientras España brilla en el deporte (en equipo e individualmente) — campeones en fútbol, tenis, motociclismo, ciclismo y pilotos de Fórmula 1 — en el campo laboral y educativo es un desastre, y esto es una carga crecientemente onerosa para el país. Se esta creando una generación sin esperanzas, estudios rudimentarios ni trabajo y esto está teniendo un coste social.

Como dijo el gran escritor Antonio Muñoz Molina, en su discurso el mes pasado inaugurando los Cursos de Verano de la Universidad Complutense en El Escorial, “por primera vez, en España, esta llegando a la edad adulta una generación menos cualificada académicamente que la de sus padres. Mi indignación es civil y política, pero también personal.”

Muñoz Molina fue el primero en su familia no en llegar a la universidad sino en terminar la escuela primaria y hacer el bachillerato. En 1936, cuando estalló la guerra, su padre tenía ocho años, y su madre seis. Los dos dejaron entonces la escuela para no regresar, él forzado a trabajar en el campo ayudando a su abuelo mientras su padre estaba en el frente, ella en una casa de muchos hermanos en la que las obligaciones domésticas le hicieron olvidar pronto una afición precoz a la lectura. Espero que su elegante discurso, titulado “Elogio apasionado del conocimiento”, sea publicado y leído por la “omnipresente” (en sus palabras) clase política.

Uno de los factores que está detrás del creciente número de inactivos es que muchos abandonaron sus estudios temprano porque era fácil (hoy no) encontrar un trabajo, especialmente en el sector de la construcción.

Lo que pasó en el pueblo de Villacañas (Toledo) puede servir como mal ejemplo para todo el país. Villacañas fabricó la cifra espectacular de 11 millones de puertas en 2006, más del 60% del mercado nacional en pleno apogeo de la construcción, y a la vez tenía una de las mayores tasas de abandono escolar del país. Hoy la fábrica Visel está en suspensión de pagos y hay filas de parados cada mañana ante la oficina de empleo. La crisis, sin embargo, no ha afectado a uno de los habitantes de este pueblo manchego, Manuel Huete quien, a diferencia de los otros miembros de su familia, no quería trabajar en las puertas. Pese a las objeciones familiares, estudió empresariales y economía y hoy tiene un trabajo seguro en el Banco de España. Es el más listo del pueblo. ¡Viva la educación!

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