Aguantando la crisis gracias al exterior

La inversión española directa (IED) en el extranjero ha ayudado a bastantes empresas a resistir la recesión económica en su propio país. En 2009, el IED cayó profundamente de 74,856 millones de dólares a 16.335 millones pero siguió siendo más alta que la inversión directa extranjera en España (15.030 millones de dólares), según las últimas cifras comparativas de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD en sus siglas en inglés) publicadas recientemente. El stock de la IED española al final del 2009 fue de 645,918 millones de dólares, más alto que el de Italia en términos absolutos (578,123 millones) y como porcentaje del PIB (44,2% para España y 27.4% para Italia).

Bancos como Santander y BBVA son líderes en varios países de América Latina, y empresas como Iberdrola y Acciona están entre los mayores inversores en el mundo en electricidad renovable. Santander es de los pocos bancos grandes e internacionales cuyo beneficio en el primer semestre de 2010 casi repitió la cifra del mismo periodo del año pasado (casi el 70% de este beneficio fue generado fuera de España), mientras Iberdrola también obtuvo casi el mismo resultado.

Las 35 empresas que forman el índice Ibex, el principal índice de referencia de la Bolsa de Madrid, generaron el 52% de sus ingresos totales fuera de España en 2009 (el 24% en 1997), la primera vez que sus ingresos de actividad internacional representaron más que los de la actividad domestica, y este año la proporción será más alta. Estas empresas, casi todas multinacionales, forman la parte más dinámica y exitosa de la economía española, sin la cual la crisis económica de hoy seria mucho más profunda y duradera. Hace menos de 20 años todos tenían el grueso de sus negocios en España.

La estrella entre las 35 empresas es sin duda Santander que no cesa su expansión. El mes pasado acordó comprar las 173 sucursales en Alemania del banco sueco SEB y está a punto de adquirir 318 sucursales en el Reino Unido del Royal Bank of Scotland (RBS), un antiguo socio hasta 2004 cuando, con la compra del banco Abbey, Santander tuvo que vender su participación en RBS por razones de monopolio. Y menos mal que ocurrió esta ruptura amistosa pasó dada la penosa situación de RBS hoy (sus pérdidas en 2008 fueron las más altas en la historia corporativa británica y el Estado británico es ahora su accionista mayoritario).

Pero es en América Latina, y no tanto en Europa aunque pasará, donde Santander ha invertido y donde está cosechando los frutos de su apuesta por una región (la región generó el 37% de sus beneficios en el primer semestre de este año). A pesar de la extendida convicción de que América Latina, en palabras de Francisco Luzón, presidente ejecutivo de Santander, estaba, como Sísifo, condenada a repetir cada cierto tiempo su Década Perdida (la última en los 80), el banco nunca compartió esta visión y apostó a las duras y las maduras.

Las inversiones brutas de Santander en los siete países “core” en los que ha estado presente desde mediados de los 90 hasta este año, han ascendido a 41.000 millones de dólares, y las de BBVA en torno a los 15.000 millones de dólares. Si a las inversiones directas le añadimos la reinversión de al menos el 50% de los beneficios en ambos bancos y durante los últimos 10 años, lo que obtenemos es una inversión total de unos 85.000 millones de dólares. El Santander tiene en los siete países el 10.2% de cuota del negocio.

Para Luzón, el compromiso de la mayor parte de la región con la democracia, la institucionalización, la sostenibilidad de las políticas económicas, su integración en la economía global y la reducción de la pobreza, han permitido que en diez años la renta per cápita de la región aumentase hasta los 10.500 dólares de paridad de poder de compra, se produjera la revolución de las clases medias emergentes y se sentaran las bases regulatorias, económicas y sociales para que la década que está a punto de comenzar pueda ser la década que debe aproximar América Latina definitivamente al desarrollo.

Mientras Santander y BBVA han jugado un papel fundamental en la construcción de los sistemas bancarios latinoamericanos — los mejores de los países emergentes (esta vez en América Latina no ha habido ni un sólo episodio sistémico de crisis bancaria) — la región ha sido esencial para estos dos bancos.

Sin su positiva experiencia en América Latina, BBVA no hubiera diseñado su estrategia de presencia en el sur de Estados Unidos, ni se hubiera aventurado a incursionar en Asia, y Santander no hubiera podido dar el salto al mercado inglés, alemán o adquirir en Estados Unidos el Sovereign Bank. Así que la apuesta española ha sido de mutuo beneficio.
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