¿Qué es la felicidad?

La felicidad de uno podría ser la miseria del otro. Un caso sumamente extremo es el de los pilotos de al-Qaeda que estrellaron los aviones contra las torres del World Trade Centre de Nueva York. Es posible, según la filósofa Sissela Bok, que estos terroristas, convencidos de que iban a lograr la felicidad eterna en el paraíso, sintieron poco antes del impacto “una mezcla de dicha, exultación, gloria y poder cegador”. Nunca vamos a saberlo. Lo que sí sabemos es que mataron a unas 3.000 personas y destruyeron las vidas de muchas familias.

En su nuevo libro, The Scope of Happiness (“El Ambito de la Felicidad”), publicado por Yale University Press, Bok explora la naturaleza y el papel de la felicidad, citando a una amplia gama de personas, desde Aristóteles y Séneca hasta Bertrand Russel, Sigmund Freud y Desmond Tutu y las últimas teorías desarrolladas por psicólogos, economistas, genetistas y neurocientíficos. No pretende ser ni mucho menos uno de estos libros simplistas de autoayuda (Self-Help books). De hecho, Bok reconoce que en el terreno muy complejo de la felicidad hay muchas y muy diferentes rutas.

No hay una receta única para alcanzar la felicidad y este estado suele durar poco tiempo y no toda una vida. Gente muy religiosa, y no me refiero aquí a los fanáticos fundamentalistas de todo tipo, creen que la felicidad sólo se alcanza en la vida de ultratumba y no durante la vida terrenal. Y declaro aquí mi propia posición, haciendo mías las palabras de Isaiah Berlin: “En lo que respecta al significado de la vida, no creo que ésta tenga ninguno. No pregunto en absoluto cuál es, pero sospecho que no existe y eso es precisamente una gran fuente de alivio para mi. Hacemos de la vida lo que podemos y eso es todo lo que hay. Aquellos que buscan una respuesta que lo abarque todo o a Dios, están, creedme, patéticamente equivocados”. No hace falta ser religioso para ser feliz.

En el preámbulo de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de 1776, se reconocen el derecho a “la Vida, la Libertad y a la Felicidad” (los elementos centrales del sueño americano que hoy se parece más a una pesadilla), mientras que la Revolución Francesa proclamó “la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad.”

Pero, ¿en qué consiste la felicidad? La única certeza es que el dinero no la compra. Un pobre en una sociedad terrible podría ser tan feliz como un rico en una democracia. Dicho esto, no hay duda de que los que vivimos en una democracia con ingresos y estándares de bienestar más altos tenemos más posibilidades de alcanzar la felicidad que el resto.

Aristóteles sostenía que sólo se puede evaluar la felicidad de una persona cuando su vida ha terminado, dado que muchas personas aparentemente felices pueden sufrir desgracias en la última parte de su vida. Tomamos el caso de Bernard Madoff de 72 años, sentenciado en 2009 a 150 años en prisión por un fraude que alcanzó los 50.000 millones de dólares. Como escribe Bok, Madoff “más anciano que Príamo, más rico que Craso, ampliamente admirado por su sagacidad y filantropía, había dado siempre la impresión, hasta entonces, de llevar la más feliz de las vidas”

Los ateos Freud y Russell tenían ideas diametralmente opuestas sobre la felicidad. Mientras para el primero “ser feliz no estaba incluido en los planes de la “Creación”, Russell creía que “mucha gente infeliz podría llegar a ser feliz por el esfuerzo bien dirigido.” El pesimista Freud escribió esta línea en su celebre libro “La civilización y sus descontentos” (1930) durante el auge del Nazismo. Russell, autor de “La conquista de la felicidad” (también publicada en 1930) creía en el amor libre y el matrimonio abierto, pero las relaciones extramaritales tanto de él como de su esposa terminaron en un divorcio, cosa no muy feliz.

Para el médico y filósofo francés Julien Offray de La Mettrie (1709-1751) la felicidad venía del placer: “la obscenidad y la infamia están ahí como una gloriosa asignación —cayendo en ella, como hacen los cerdos y uno será feliz por sus maneras”. Un embajador estaba tan agradecido a La Mettrie por haberle curado de una enfermedad que dio un banquete para celebrar su recuperación. Aparentemente La Mettrie quiso hacer gala de su resistente salud devorando una gran cantidad de paté de trufas. Como resultado, desarrolló una fiebre que intentó curar con una sangría prescrita por el mismo, que terminó con su vida.

Hay una tendencia creciente entre científicos sociales de medir la felicidad, incorporando elementos no monetarios. América Latina es uno de las zonas más pobres del mundo, pero ocho de sus países figuran entre los primeros diez en el Happy Planet Index (Indice del Planeta Feliz), desarrollado por la organización británica New Economics Foundation. Mi país, el Reino Unido, está en el puesto 74, España en el 76 y en el último renglón Zimbabwe. El primer país desarrollado en el Índice es Holanda en el puesto 43. En suma, la felicidad esta llena de sorpresas.
http://www.elimparcial.es/sociedad/que-es-la-felicidad-72050.html