Un año de la reforma laboral, sin sorpresas

No hay que sorprenderse por el impacto sobre el paro de la reforma laboral que fue aprobada por el Gobierno hace un año. Desde entonces el paro registrado se ha incrementado en más de 380.000 personas (+8,3%), hasta situar el total de parados en 4,98 millones, récord del registro, y en términos de la Encuesta de la Población Activa (EPA), aunque no coincide exactamente con el periodo de vigencia de la reforma, España cerró 2012 al borde de los seis millones de parados, tras sumar casi 700.000 desempleados en el año, con una tasa de desempleo del 26% (otro récord).

La mayoría de los votantes, incluyendo los del Partido Popular, cree que la norma es injusta, según una encuesta de Metroscopia. Los votantes populares que aprobaban mayoritariamente (59%) la reforma cuando se puso en marcha y la calificaban como justa (64%) han cambiado radicalmente de opinión: ahora un 49% la rechaza y un 52% la tilda de injusta.

La reforma no solo no ha logrado lo que se proponía — facilitar la contratación y evitar el despido como último recurso de las empresas, según consta en el real decreto ley (medida usada por el Gobierno al no alcanzar un acuerdo los sindicatos y empresarios) -, sino que ha producido los resultados contrarios. El Gobierno, como es lógico, exageró los beneficios potenciales de la reforma por sus propios intereses.

La masiva destrucción de empleo se debe más a un modelo productivo caduco (excesivamente basado en la construcción) que a la reforma en si misma.

Es cierto que algunas (¿muchas?) empresas han usado o abusado de la ley para reducir sus plantillas en condiciones más fáciles que antes, pero el grueso de la destrucción de puestos de trabajo vienen del sector de la construcción en la más amplia definición de este segmento de la economía (desde peones hasta fabricantes de puertas, ventanas y muebles y agencias inmobiliarias).

Este mismo sector, una rémora para todo el país y la raíz de gran parte de sus problemas (incluyendo la corrupción hasta cierto punto), ha contaminado todo el sector bancario que en 2012 sufrió un annus horribilis debido a la enorme cantidad de provisiones constituidas por sus riesgos inmobiliarias. Basta ver el impacto sobre el beneficio de Santander que, además, vendió el año pasado nada menos que 33.500 inmuebles (promotor y adjudicados). Bankia, la vergüenza nacional, va a reducir su sobredimensionada plantilla en 4.500 empleos.

Lo que no se sabe es que hubiera pasado al empleo SIN la reforma laboral. Dudo que la situación de hoy hubiera sido diferente. Uno de los puntos positivos de la reforma es que la nueva flexibilidad en la negociación colectiva probablemente ha salvado puesto de trabajo en vez de destruirlos.

Mientras tanto, España empieza a atraer inversiones significativas debido a la mejora en su competitividad. Nissan Barcelona anunció este mes una inversión de unos 130 millones de euros para fabricar un nuevo modelo, un turismo, a partir de julio de 2014. El lanzamiento del nuevo modelo supondrá la creación de 1.000 puestos de trabajo directos y 3.000 empleos indirectos.

Otra buena noticia es que el abandono escolar temprano bajó en 2012 por cuarto año hasta el 24,9% de jóvenes entre 18 y 24 años que no estudian más allá de la educación obligatoria, desde un máximo de 32,0% en 2004 durante el boom económico, según el cálculo adelantado por la Federación de Enseñanza de CC OO.

La tasa, sin embargo, sigue siendo casi el doble del promedio de la Unión Europea y muy lejos de la meta de 10% que estableció la Comisión Europea.

Muchos jóvenes abandonaron la educación a los 16 años para trabajar en el sector de la construcción y hoy, desempleados, están poco calificados, aunque tal vez encuentren trabajo en Alcorcón cuando arranque la edificación del nefasto Eurovegas, el mayor complejo de casinos y congresos de Europa.

Los más sensatos entre este colectivo están regresando al cole o incorporándose a cursos de formación profesional, y los jóvenes de 16 años hoy no tienen más remedio que seguir estudiando.
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