Lecciones del pasado para Mariano Rajoy

¿Por qué España ha tardado más tiempo que otros países europeos en crear un moderno y unificado Estado-nación? Para muchos historiadores, el factor principal que explica la lenta integración social, económica y política de España entre finales del siglo XVII y comienzos del siglo XIX son los altos costes del transporte interno a la vez que Madrid buscaba la centralización del país y aprovechar los recursos de las regiones.

Según este punto de vista, Madrid destruyó la posibilidad de un red integrada de ciudades manufactureras en el interior. Un mercado integrado es uno de los elementos claves para la creación de un Estado-nación.

La historiadora Regina Grafe de la universidad Northwestern en Estados Unidos cree todo lo contrario. Su tesis, explicada en su libro “Distant Tyranny: Markets, Power and Backwardness in Spain, 1650-1800” (La Tiranía Lejana: mercados, poder y retraso en España, 1650-1800), publicado por Princeton University Press, es que la descentralización, y no el todo poderoso Madrid, tuvo la culpa de la lenta modernización de España.

En estos tiempos de crisis y despilfarro en muchas de la autonomías, cuando se empieza cuestionar el modelo autonómico surgido de la Constitución de 1978,
la tesis de Grafe cobra una cierta relevancia. España no es capaz de sostener, a la vez, su modelo autonómico y su estado de bienestar. Algo tiene que cambiar o romperse.

Grafe aborda su tema de una forma muy original, analizando el mercado de bacalao para mostrar cómo los territorios históricos y poderosas ciudades dificultaron el desarrollo económico, poniendo obstáculos jurisdiccionales al comercio que exacerbaron los ya altos costes de transporte.

Cualquier persona que, por ejemplo, haya viajado en coche desde Madrid a Andalucía por la carretera que va por el Desfiladero de Despeñaperros (¡que nombre más dramático!) puede apreciar las tremendas dificultades de viajar en el pasado.

El bacalao es un producto muy representativo porque, aparte de ser un producto transatlántico, llegó a ser un alimento básico en España y muy extendido por todo el país, y por ser un producto nuevo ayuda a entender como tales productos empezaron a penetrar los mercados rurales.

En palabras de Grafe, “La jurisdicción fragmentada creó repentinamente diferentes derechos y deberes a lo largo de las fronteras territoriales incluyendo contribuciones fiscales, que dificultaron uno por uno la integración de mercados. España resolvió con bastante éxito sus problemas de representación y de legitimación de las reglas. Pero en el proceso esto creó serios problemas al crecimiento económico.”

España está considerada, junto con Inglaterra y Francia, como un temprano estado nación, a diferencia de los rezagados Italia y Alemania (en el siglo XIX). Los orígenes de España como Estado-nación están fechados en la unificación de Castilla y Aragón en el siglo XV. Sin embargo, en el siglo XIX España no se parecía a Inglaterra y Francia, sino bastante más a Alemania e Italia en términos de su lenta integración económica, social, lingüística, cultural y política.

Hoy, como en el pasado, la falta de unidad de mercado en España, con 17 normativas distintas derivadas de las respectivas comunidades autónomas, ha obstaculizado la modernización de la economía. La proliferación de normas autonómicas segmenta los mercados, eleva los costes de transacción, dificulta la movilidad, impide extraer los frutos de un mercado amplio y, en definitiva, lastra el crecimiento económico y la creación de empleo.

Mariano Rajoy quiere combatir la fragmentación territorial para la actividad económica y negociar con las autonomías una ley de mercado interior. “No puede haber 17 normas diferentes para crear una empresa. Quiero aprobar una ley de unidad de mercado y crear una Comisión Nacional del Mercado, en la que estén representados el Gobierno de España y las 17 comunidades autonómicas,” dijo antes de ganar las elecciones. “Si en Europa hay normas que afectan a todos los países socios, me gustaría que en España, para no perjudicar el crecimiento económico, haya normas comunes para todas las Autonomías”.

Si quiere unas lecciones del pasado recomiendo que lea este libro.
http://www.elimparcial.es/nacional/lecciones-del-pasado-para-mariano-rajoy-99344.html

Guiris y nativos

A cuenta de un artículo que publicó en este periódico nuestro querido William Chislett, el inglés que más sabe de la España actual, se generó en la mesa una discusión interesante. Su artículo, búsquenlo porque merece la pena, versaba sobre cómo la reforma laboral no es la panacea para paliar el paro si no va acompañada de una mejora educativa que modifique nuestro sistema productivo. En un viaje a Canarias, el sabio Chislett constató cómo los puestos de dirección hoteleros van a parar a alemanes dado que los nativos no dominan los idiomas de los clientes que albergan.

Se me ocurría, por llevar un poco la contraria ante el entusiasmo unánime que provocaba la tesis de don William, que a este país nuestro, que necesita con urgencia una mejora en la enseñanza de idiomas, llegaron desde hace décadas alemanes e ingleses que incluso se establecieron en la costa mediterránea o en el sur cuando les llegó la jubilación. Mi impresión, en absoluto científica sino de mera observación, es que se enamoraron de un país rural, sencillo, barato, con un paisaje encantador y mejor clima. No aprendieron, en general, ni una palabra de español y, poco a poco, el espabilado camarero gaditano o mallorquín fueron adiestrándose en el manejo de las lenguas foráneas hasta facilitar a las nuevos paisanos un micro mundo a su medida, en el que no había cartel o menú que no estuvieran en su idioma de origen.

Lejos de mí negar la importancia de saber idiomas, al menos, en lo que se refiere a dominar lo básico del inglés del otro William insigne, pero mi impresión es que si España se ve forzada a abaratar en un futuro su turismo será debido a la destrucción sistemática del paisaje, algo en lo que han colaborado con entusiasmo la clase política y la falta de educación local, por qué no decirlo. Lo del inglés o el alemán lo podremos remediar pero esto otro…
http://elpais.com/elpais/2012/02/07/opinion/1328638564_172307.html

Rotundo, William Chislett

Como canario, me avergüenza tener que compartir el análisis que acabo de leer de William Chislett (EL PAÍS, 04-02-12) sobre la economía canaria de las últimas décadas. Si bien es cierto que no pasa de expresar (aunque muy bien expresada) una obviedad que compartimos muchos isleños en nuestras conversaciones de café, nunca viene mal que las obviedades sean puestas negro sobre blanco en periódicos nacionales, ajenos a las luchas locales de poder, el estómago-agradecidismo, las inquinas personales, etcétera, de la prensa local.

Siento una expectación morbosa por ver, en esa prensa que se debate entre la opinión semidomesticada y el ataque feroz, los sesudos comentarios de los plumillas locales, las matizaciones o las reacciones airadas de quienes han regido, con mano de hormigón y escudándose con una bandeja de camarero, los destinos de estos afortunados reinos de taifas geográficamente africanos durante las tres últimas décadas, con los resultados que tan bien resume el autor: economía basada exclusivamente en dos sectores (uno de ellos “missing” en la actualidad); tasa de paro disparada; falta de preparación lingüística para atender a nuestra principal industria; desajuste entre la formación universitaria y las demandas del mercado de trabajo; falta de diversificación de nuestra economía…
http://www.elpais.com/articulo/opinion/Rotundo/William/Chislett/elpepiopi/20120207elpepiopi_9/Tes

Los Guanches se enfrentan a una crisis

Las Islas Canarias son un microcosmos, aunque de una forma extrema, de la economía española, con un modelo económico desequilibrado por estar basado excesivamente en el ladrillo y en el turismo. Igual que en el resto de España, el sector de la construcción se ha hundido, pero el turismo en las Islas en 2011 registró su mejor año en una década. Como consecuencia, el modelo productivo en las Islas esta aún más torcido.

Gracias a una invitación para dar una conferencia del Foro Gran Canaria, que integran una serie de personas representantes de entidades privadas, públicas y profesionales significativas, visité Las Palmas el mes pasado por primera vez, y me di cuenta de la situación critica en las Islas.

Las Islas recibieron el año pasado unos 12 millones de visitantes, 1,5 millones más que en 2010 (+18,4%, el incremento más alto de todas las autonomías), en parte debido a las revoluciones en varios países árabes que forzaron a bastantes personas cambiar sus planes vacacionales a favor de las Canarias. Para ponerlo en su debido contexto, el número de turistas fue casi seis veces mayor que la población de las Islas y los 12 millones representaron el 21% del total de visitantes a toda España.

Las Islas juegan un papel desproporcionado en el sector turístico español. A pesar de este éxito, sin embargo, la tasa del desempleo en las Islas ronda el 30%, la segunda más alta detrás de Andalucía, y el paro juvenil se acerca al 50%. Ambas cifras son más altas que los respectivos promedios para toda España (el 23% y el 44%).

No hay cifras precisas para el stock de nuevas casas en venta que no se han vendido, pero es de suponer que, como en el turismo, es una proporción bastante alta del total de unas 750.000 para toda España, más un número indeterminado de casas de segunda mano.

Los canarios se enfrentan con el problema, de muy difícil solución, de diversificar su modelo productivo pero sin descuidar el sector turístico (la gallina de los huevos de oro). No es casualidad que las Islas tienen una tasa de abandono escolar de los más altas en España (más de 30% de los jóvenes entre 18 y 24 años habían dejado de estudiar sin haber conseguido, al menos, un título de bachillerato o de formación profesional). Este lastre está muy ligado al ladrillo: en la década dorada de la economía española hasta 2007, los chicos (más que las chicas) pudieron dejar las aulas después de los 16 años con cierta facilidad y encontrar un trabajo, especialmente en el sector de la construcción. Con tal nivel de educación, difícilmente se puede progresar hacia una economía más basada en el conocimiento. Los jóvenes que dejaron las aulas y se encuentran hoy en paro están, en términos generales, infra cualificados.

En el otro extremo, las universidades en las Islas están produciendo licenciados que están sobre cualificados para la economía, salvo que haya éxito algún día en diversificarla hacia sectores donde se necesiten cerebros más que brazos. Además, pocas personas están dispuestas a salir de las Islas a sitios donde hay trabajo.

Llama la atención que un creciente número de extranjeros están trabajando en la gestión de hoteles porque, a diferencia de los canarios, dominan idiomas relevantes, como el alemán y el inglés (dos de los grupos turísticos más importantes para las Islas). Dado el papel predominante del turismo en las Islas durante décadas, es vergonzante que el sistema educativo no haya sido capaz de enseñar idiomas al nivel requerido por la economía. Una de las personas con quien hablé durante mi estancia (una catedrática de economía) me contó que no tuvo más remedio mandar a sus dos hijas a un colegio inglés, y, por ende privado y con cierto sacrificio económico, convencida de que el sistema público no iba a satisfacer sus deseos. ¿Cómo es que ningún gobierno autonómico de las Islas en los últimos 30 años ha sido capaz de resolver este grave problema?

Mientras tanto, el sector público — los ayuntamientos, los cabildos (una entidad administrativa moderna exclusiva de las Islas), el gobierno autonómico (que divide su sede durante el año entre Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife), entidades públicas y hasta la policía están, como en todas las autonomías, sobre dimensionadas.

Hasta la policía coincide con otro cuerpo creado hace unos años — la policía autonómica conocida como la Guanchancha en alusión a la Ertzaintza en el País Vasco y los guanches (los habitantes originales de las Islas).

¿Qué se puede hacer para resolver la crisis en las Islas? La solución más fácil (y más populista para la clase política) sería desarrollar el sector turístico aún más, pero se estima que solo un 5% de las playas de primera línea (que tanto atraen el turismo masivo a las Islas) quedan disponibles para construir hoteles.

África le queda más cerca que Europa (las Islas son el punto más al sur de España) y hay algunas oportunidades para hacer negocios con un continente que está empezando a crecer, por ejemplo en el sector de la salud. El hospital Juan Negrín en Las Palmas es el más lujoso que he visto. Pero los africanos, sean ricos o pobres, no pueden viajar a las Islas libremente
http://www.elimparcial.es/economia/los-guanches-se-enfrentan-a-una-crisis-98973.html

Las reformas laborales no son una panacea

“Mirar lo que se tiene delante de los ojos requiere un constante esfuerzo.”
George Orwell

Millones de españoles, parados o a la espera de encontrar su primer empleo, tienen puestas sus esperanzas en las reformas del mercado laboral, pero tales reformas, aunque necesarias, no son y nunca serán una “panacea” para resolver el masivo y vergonzoso problema que supone para España el desempleo.
En la actualidad, Alemania, con 82 millones de habitantes, tiene alrededor de 2,7 millones de parados (menos del 7 por ciento de la población activa), el nivel más bajo desde 1991, mientras que España, con 46 millones de habitantes, tiene más de 5 en paro (el 23 por ciento), lo cual supone el nivel más alto de los últimos 15 años. La economía española se contrajo entre 2007 y 2011 en términos similares al promedio de las de los 17 países de la eurozona, pero el índice de paro español superó en más de dos veces su tasa anterior, mientras que el de la eurozona se deslizó desde el 7,5 al 10,3 por ciento
Algo funciona muy mal. El FMI tiene razón al calificar de disfuncional el mercado de trabajo español, pero también hay que echarle la culpa a un descompensado modelo económico, excesivamente basado en la construcción y el turismo, y a un sistema educativo incapaz de crear los cimientos de un modelo productivo más pendiente del conocimiento que de los ladrillos y el mortero.
Una reciente visita a las Palmas de Gran Canaria confirmó estas apreciaciones. En 2011, las islas Canarias, una reproducción a escala del conjunto de España, aunque de una forma extrema, disfrutaron de una temporada turística récord, recibiendo 12 millones de visitantes; es decir, 1,5 más que en 2010 (el 21 por ciento del total de España y seis veces la población del archipiélago). Hace mucho tiempo que el turismo constituye el puntal económico de las Canarias; sin embargo, su tasa de desempleo es del 30 por ciento, muy por encima de la media nacional y el segundo más elevado después del de Andalucía. ¿Por qué la tasa de paro es aquí tan elevada a pesar de haber tenido la mejor temporada turística de la última década? Principalmente, por el derrumbe del inflado sector inmobiliario, que ha hecho que las islas dependan todavía más de un único sector. Lo mismo puede decirse de gran parte de España.
En los hoteles de las islas cada vez hay más extranjeros en puestos directivos, porque los canarios no saben hablar los idiomas que utilizan sus millones de visitantes. De manera que, por ejemplo, un hotel con una numerosa clientela alemana, en su recepción coloca a alemanes o a personas de otras nacionalidades que hablan alemán. Aunque hace ya unos 50 años que el turismo es la base de la economía canaria, los colegios de las islas y de gran parte del resto de España han fracasado estrepitosamente en la enseñanza de lenguas extranjeras. No han ido más allá de un nivel elemental, y a veces ni siquiera eso.
Como en el resto de las regiones, que se volvieron locas con la construcción, en las Canarias la tasa de abandono escolar temprano, la de quienes dejan las aulas a los 16 años para trabajar en el turismo y la construcción, es elevada. Los trabajadores de este sector, ahora en paro, poco más saben hacer, y no tienen prácticamente más alternativa que volver a clase a retomar los estudios. Esto explica que el índice de abandono escolar esté comenzando a reducirse.
Entretanto, en el otro extremo del ciclo educativo, las universidades continúan produciendo ristras de licenciados que con frecuencia terminan en empleos para los que están sobrecualificados, porque hasta la fecha el modelo productivo ha sido incapaz de crear un número suficiente de empleos que demanden su preparación. No es sorprendente que en 2011 una cifra considerable de españoles (62.611, según el INE), muchos con títulos universitarios, haya comenzado a emigrar, por primera vez en 30 años. Mis propios hijos, de 30 y 29 años, trabajaron inicialmente en España y ahora lo hacen en Londres y Berlín.
Durante la campaña electoral de 2008, José Luis Rodríguez Zapatero prometió crear dos millones de puestos de trabajo y alcanzar el pleno empleo. Sin embargo, en los últimos cuatro años se han perdido más de dos millones de empleos. ¿De dónde van a salir los nuevos puestos de trabajo estables? Evidentemente, no de la construcción (se calcula que hay alrededor de 750.000 viviendas nuevas sin vender) y tampoco de las administraciones públicas, que están reduciendo la cantidad de puestos de trabajo.
España ha acometido innumerables reformas laborales desde 1984, cuando se introdujeron contratos temporales para tratar de fomentar la creación de empleo, aunque esa medida acabara creando una mercado laboral completamente dual, formado por integrados (los que tienen contratos indefinidos) y excluidos (los que tienen contratos temporales).
Por sí solas, las reformas laborales, al margen de lo liberalizadoras que sean, no crearán empleo. El desafío radica en establecer una economía más diversificada que, basada en el conocimiento, dependa más de las exportaciones. Para ello hará falta una década: España tendrá que soportar durante mucho tiempo un elevado índice de desempleo.

Traducción de Jesús Cuéllar Menezo

http://www.elpais.com/articulo/opinion/reformas/laborales/panacea/elpepiopi/20120204elpepiopi_5/Tes

Turquía y sus vecinos problemáticos

Pocos países en el mundo tienen vecinos tan conflictivos como Turquía, que comparte fronteras con ocho países, incluyendo Irán, Irak, Siria, Azerbaiján, Armenia y Georgia. En 1998, Turquía estuvo al borde de una guerra con Siria por su apoyo al grupo terrorista kurdo PKK y la frontera con Armenia está cerrada desde 1993 a raíz del conflicto entre Azerbaiyán, un aliado de Ankara, y Armenia.

Hoy, la política exterior de Ankara, cuyas negociaciones desde 2005 para ser miembro de la Unión Europea están estancadas, es muy distinta y mucho más compleja.* Refleja los cambios profundos en el país durante los últimos 20 años, entre los cuales están un grado de democracia mucho mayor; la enorme pérdida de influencia y poder de las fuerzas armadas y una economía boyante que podría estar entre los diez más grandes en el mundo antes de 2050.

La confrontación con Siria ha dado lugar (desde 2010) a los viajes sin necesidad de visado, parte de la política exterior de “cero problemas con vecinos”, pero hoy Ankara y Damasco están enfrentados otra vez, debido al apoyo turco a la creciente oposición al violento régimen de Presidente Bashar al-Assad, quien está resistiendo el impacto de la “primavera árabe”.

Desde el final de la guerra fría, cuando Turquía, con el segundo ejercito más grande de la OTAN después de los Estados Unidos, dejó de ser el centinela en primera línea, era lógico que el país prefiriese construir una política exterior más independiente respecto a sus vecinos, que reflejase sus propios intereses y no solo los de Washington y su incipiente fortaleza económica.

Pero esto no significa que Turquía ha dado la espalda a Occidente para restablecer lazos con las tierras que antiguamente gobernaron sus sultanes, durante el Imperio Otomano.

Turquía está considerada como un modelo para los países árabes que han tumbado sus regimenes autoritarios, dado su condición de estado predominantemente musulmán que es, al mismo tiempo, una democracia laica y pluralista, aunque aún no lo sea del todo en parte debido a los “tics autoritarios” de Recep Tayyip Erdogan, el primer ministro.

Todos estos elementos están muy bien explicados en el reciente libro Turkey and Its Neighbours: Foreign Relations in Transition (Turquía y sus vecinos: Las relaciones exteriores en transición), publicado por Lynne Rienner. Varios expertos cubren de una manera ejemplar temas como la historia de las relaciones entre Turquía y sus vecinos durante el Imperio Otomano y después de su caída (la actual república turca fue fundada en 1923); la aparición de Turquía como un país de tránsito muy importante para los recursos energéticos procedentes del fondo del mar Caspio a Europa; los cambios en migración y la experiencia en diseminar democracia. Es un libro indispensable para entender lo que esta pasando en el patio trasero de Turquía.

Para Kemal Kirisci, catedrático de relaciones internacionales en la universidad de Bo?aziçi en Estambul, la democracia en Turquía es una ”obra en marcha” y precisamente por esto tiene mayores posibilidades de ser recibida favorablemente en los país árabes en comparación con el proyecto democrático de los protagonistas del Occidente, en particular los Estados Unidos. Las políticas turcas tienden a ser menos identificadas como una agenda de “cambio del régimen”.

Llama la atención lo poco que logró Washington en democratizar Irak durante los siete años, cuatro meses y 29 días de su presencia militar en el país. Al principio de este mes, poco después de la fiesta nacional, el 31 de diciembre, para conmemorar la retirada de las tropas de EEUU de Irak, cinco bombas causaron la muerte de 73 personas en zonas chiíes del país. Como dijo Barack Obama, antes de ser Presidente, la guerra en Irak era una dumb war (una guerra estúpida).

El progreso democrático que se está produciendo en Turquía, servirá mejor como modelo para sus países vecinos. Desafortunadamente, las negociaciones con la UE no están llegando a ninguna parte, debido a la oposición de Alemania y Francia a la plena integración de Turquía en la Unión y la cuestión de Chipre. Como consecuencia, el proceso de integración ha dejado de ser un catalizador para más reformas de Ankara.

Chipre no es un país vecino de Turquía, aunque la isla esté a solo unos 100km de su costa mediterránea, pero si Turquía quiere ser miembro de la UE algún día, este pequeño territorio tiene que ser la prioridad número uno en su política exterior de “cero problemas con vecinos.”

En diciembre de 2006 la Unión Europea suspendió de forma unánime ocho de los 35 capítulos del proceso de integración porque Turquía se negaba a ampliar su unión aduanera (en vigor desde 1996) y a permitir a las naves grecochipriotas acceso a sus puertos y aeropuertos.

Ankara no va a ceder hasta que el Consejo Europeo cumpla su promesa de relajar el aislamiento económico de la República Turca del Norte de Chipre (RTNC), que carece de reconocimiento internacional. La promesa era el “premio” a los turcochipriotas por haber votado en 2004 a favor del plan Annan para la reunificación de la isla. Los grecochipriotas rechazaron el plan.

La RTNC (el 36 por ciento de la superficie) está ocupada por Turquía desde su invasión en 1974, después de unas luchas entre las comunidades griega y turcochipriota y un intento de incorporar la isla a Grecia mediante un golpe militar.

¡Que Ankara dé el primer paso en 2012 para resolver esta situación absurda!

* Para mayor información ver mi reciente documento (en inglés) sobre Turquía publicado por el Instituto Universitario de Estudios Europeos Universidad CEU San Pablo en

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http://www.elimparcial.es/mundo/turquia-y-sus-vecinos-problematicos-98588.html

De caza con Manuel Fraga

Las entrevistas que hacia la prensa extranjera a los principales actores políticos del país durante la Transición entre 1975 y 1978 a veces se realizaban en circunstancias algo surrealistas. Éste fue mi caso con Manuel Fraga cuando fui corresponsal de The Times de Londres, a quien la BBC quería filmar para un programa sobre España.

Fraga, entonces líder de Alianza Popular, nos invitó al equipo de la BBC y a mi a cazar, un frío domingo por la mañana de enero de 1977. Nos encontramos con él, ya vestido de caza, en su casa de Madrid, y nos dijeron que siguiéramos a su coche, lo que hicimos, a cierta velocidad, hasta llegar a una finca a más de ciento cincuenta kilómetros de distancia en la provincia de Cuenca. Allí nos recibieron un burro cargado de equipo de caza, y un Rolls Royce.

Entre los demás cazadores estaban León Herrera, antiguo Ministro de Información, el alcalde de Madrid y el Gobernador Civil de Cuenca. Nadie se fiaba de Fraga ni de su rifle mientras posaba para la cámara, ya que tenía fama de apuntar muy mal. Los rumores decían que accidentalmente había disparado en la espalda al yerno de Franco, el Marqués de Villaverde, durante una montería. Antes de comer sirvieron ostras y calamares desde la parte trasera de un camión.

También entrevistamos a Fraga unos días más tarde en la sede de Alianza Popular, donde se quejó de lo que él consideraba las preguntas “sesgadas”. En especial, no le gustó que se cuestionara el apelativo de “democrático” de su partido cuando, durante tantos años, algunos de sus líderes habían servido al Régimen franquista desde los más altos puestos. Las respuestas de Fraga fueron breves, y se negó responder a preguntas adicionales sobre los puntos tratados.

Estas anécdotas me vienen después de la noticia de la muerte del político gallego. En otra ocasión una viñeta irónica en el periódico Nuevo Diario en 1976 mostraba a un hombre calvo con gafas oscuras (el típico franquista acérrimo) hablando en el Club Siglo XXI, preguntando si alguien del público era de The Times. Cuando se le contesta que no, el conferenciante afirma: “Entonces palabrita del niño Jesús”. En aquella época se contaban muchos chistes sobre españoles que leían la prensa extranjera para averiguar lo que estaba sucediendo en su propio país. Ese mismo día de la viñeta Fraga, entonces Ministro de Interior, fue entrevistado por The Times, y proporcionó más datos sobre reformas políticas futuras que los que había dado el propio Presidente del Gobierno Arias Navarro. Un editorial del ABC comentó, de forma lacónica, que era ridículo que los extranjeros supieran lo que estaba pasando en España antes de que lo hicieran los españoles.

Es bien conocido que Fraga fue un tipo algo volcánico y autoritario, capaz de retar a la pelea a unos manifestantes o de abroncar a un colaborador delante de los periodistas. Me contó Harry Debelius, el corresponsal jefe de The Times en Madrid, que, en una ocasión, mientras Fraga hablaba en su despacho de ministro con un grupo de corresponsales extranjeros y su secretaria continuaba pasándole llamadas telefónicas abrió el cajón de su escritorio, cogió unas tijeras y corto la línea de su teléfono, para estupor de los corresponsales.

Su identificación con el pasado franquista (mucho mayor que la de Adolfo Suárez) y su temperamento frustraron su enorme ambición de no llegar a lo que parecía predestinado, la presidencia del Gobierno.

Yo tuve la suerte, gracias a la intervención de Don Juan de Borbón, a quien conocí en su exilio en Estoril, Portugal, de hablar durante una hora con el Rey Juan Carlos en noviembre de 1977 y éste no tuvo pelos en la lengua al decirme por qué no quería el nombre de Fraga en la lista de candidatos de la terna que le elevó el presidente del Consejo del Reino, Torcuato Fernández-Miranda.

El Rey lo hizo bien, y también Fraga al conducir a la democracia a la gran mayoría del franquismo.

http://www.elimparcial.es//de-caza-con-manuel-fraga-98184.html

Por una “Diplomacia Pública”

Entre las promesas incumplidas de José Luis Rodríguez Zapatero – la mayor fue su compromiso en la campaña electoral de 2008 de crear unos dos millones de puestos de trabajo y tener pleno empleo – está la hecha en junio de ese mismo año de lanzar a partir de 2009 una Comisión Nacional de Diplomacia Pública. Flanqueado por Kofi Annan, el entonces secretario general de la Naciones Unidas, en el Museo del Prado, Zapatero dijo: “Resulta sorprendente que un país con una lengua tan extendida y una cultura tan atractiva no haya contado hasta el presente con una estrategia e instrumentos de lo que se viene en denominar diplomacia pública.” Ya estamos en 2012 y no se hizo nada.

Países como el Reino Unido, Finlandia, Alemania y los Estados Unidos tienen o han tenido instituciones de esta naturaleza. Sirven para cambiar o promocionar la imagen de un país, fomentar y sostener exportaciones, ayudar a conocer la marca país y, en general, alcanzar prioridades estratégicas internacionales. Todos son elementos de mucha importancia para cualquier país. Y en particular para uno como España inmerso en una profunda crisis y donde sigue habiendo un desfase grande entre la percepción que se tiene del país y de sus empresas, y su propia realidad empresarial y socioeconómica.

El progreso económico, político y social experimentado por España durante los últimos 36 años no se corresponde con la percepción que desde fuera se tiene del país. Pero la realidad, muchas veces, es la percepción que se tiene de algo. ¿Cuántas personas saben, por ejemplo, que España tiene un stock de inversión directa en el extranjero bastante más grande en términos relativos y en porcentaje del PIB que Italia?

Basta ver a la prensa americana para comprobar que los estereotipos sobre España siguen siendo muy vivos, con pocas noticias sobre el país y en ocasiones puros estereotipos como una reciente en el New York Times: “Spain: Bull Kills Man at Pamplona” (España: Un Hombre Muerto por un Toro en Pamplona).

Estas comisiones, que incorporarán a miembros del Gobierno, de la sociedad civil, de los medios de comunicación, del mundo de la cultura y de la empresa, analizarán la proyección de un país en todos los ámbitos y propondrán futuras líneas de actuación.

José Manuel García-Margallo, el Ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación, no ha perdido tiempo en crear un nueva Dirección General de Medios y Diplomacia Pública, entre otras cosas, para impulsar la diplomacia comercial. Tiene que ir más allá e involucrar amplios segmentos de la sociedad en una Comisión de Diplomacia Pública. Si tal comisión no es partidista (su función es trabajar para el bien del país, no para el partido en el poder) puede crear una imagen más acorde con la realidad de un país, lo cual a largo plazo aumentara la internacionalización de España. En estos momentos, el sector exterior es uno de los pocos que resiste a la crisis ante la anémica economía española.

Aquí, quiero manifestar un interés particular: fui propuesto por Miguel Sebastián en 2008 para ser miembro de la Comisión sobre la materia que había anunciado Zapatero, y Bernardino León, el secretario general de la Presidencia, me pidió mis ideas sobre el tema.

España sigue operando a través de un conjunto de instituciones independientes entre sí, como el Instituto Cervantes, la Fundación Carolina, el Instituto de Comercio Exterior, (ICEX), la Sociedad Estatal para Exposiciones Internacionales, el Real Instituto Elcano y el Foro de Marcas Renombradas Españolas. El Elcano preparó un estudio sobre la materia en 2009 que aún no ha sido publicado.

Hace falta más cooperación entre estas instituciones. Si la hubiera, España, comparada con otros países, estaría en la vanguardia de la promoción y proyección exterior. Sin embargo, España está en la cola en lo relativo a la estrategia y la coordinación, puesto que estas distintas iniciativas surgen en momentos distintos por circunstancias diferentes, y apenas cooperan las unas con las otras. Además, las más conocidas autonomías prefieren ir a su aire y no unirse a proyectos nacionales, creando cacofonías en la imagen y derroche en los costes. Por ejemplo, un gobierno autonómico envió una misión comercial a Nueva York, y al no poner España en su documentación promocional, mucha gente pensó que se trataba de algo que tenía que ver con un gobierno militar de América Latina, debido a la palabra Junta.

Mayormente, el Gobierno, al margen de cuál haya sido su signo político, ha sido muy reacio a implicarse en la promoción de la imagen y de la “marca España”. Al igual que ocurre en muchos otros casos, no hay una perspectiva bipartidista para abordar el problema. ¡Adelante, señor Rajoy, pero deje que un empresario presida la Comisión, no un político!

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Turkey’s Accession to the European Union: Going Nowhere

Turkey’s EU accession process has been stalled since the middle of 2010. The country has only opened 13 of the 35 chapters of EU law in more than six years, the last one during Spain’s EU presidency in the first half of 2010. The Cyprus problem remains mired in a blame game. Meanwhile, Ankara’s foreign policy toward the countries in its neighbourhood is much more assertive and the ‘Turkish model’ is gaining influence in the Arab spring countries.

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El dinero mueve y detiene el mundo

Wilkins Micawber, un personaje de la novela David Copperfield (1850) de Charles Dickens, no era ningún economista pero acertó con su famosa declaración, “Con un ingreso anual de veinte libras y un gasto anual de diecinueve libras con diecinueve chelines y seis peniques, el resultado es la felicidad. Con un ingreso anual de veinte libras y un gasto anual de veinte libras y seis peniques, el resultado es la miseria.” Dickens sabía de lo que hablaba: su padre terminó en una cárcel para deudores después de no poder satisfacer las demandas de sus acreedores.

Hoy, 162 años después, vivimos una crisis que es el resultado, entre otras cosas, de los excesivos niveles de deuda tanto de gobiernos y empresas como de hogares. Las cárceles para deudores ya no existen (en el Reino Unido desde 1869), aunque no sería mala idea reestablecerlas para los casos más extravagantes e irresponsables pero esta vez para los acreedores también (léase los ejecutivos de algunos bancos que tanto daño han hecho).

Como dice el Instituto de Estudios Económicos de Madrid en su ultimo informe, con el llamativo título, España, sin tiempo para equivocarse, “uno de los grandes desequilibrios es el elevado endeudamiento privado. Una condición imprescindible para que el consumo pueda reactivarse es que se reduzca el peso de la deuda de los hogares. Este proceso ha avanzado muy lentamente desde el inicio de la crisis.” La deuda de los hogares representa el 125% de su renta disponible bruta.

A su vez, para que este proceso de desapalancamiento continúe, es necesario que los hogares mantengan una tasa de ahorro elevada, pero esta presenta una tendencia descendente desde 2010. Y no sorprende, con 5 millones de empleados y más de 1,4 millones de hogares donde ningún miembro tiene un empleo. Sin una reactivación del consumo, la economía no arrancará; de hecho, España está al borde de otra recesión.

Dejando a un lado la partida de la Seguridad Social, el servicio de la deuda pública en España (el 69% del PIB, desde una confortable cifra del 36% en 2007) es el segundo capítulo de gastos (tras las prestaciones por desempleo) de los Presupuestos Generales del Estado. Y hay países con niveles de deuda pública más altos que España como Grecia, Irlanda, Portugal e Italia.

Estas observaciones me vienen después de leer el magisterial libro de Philip Coggan, Paper Promises: Money, Debt and the New World Order (Promesas de Papel: el Dinero, la Deuda y el Nuevo Orden Mundial), publicado por Allen Lane. La tesis de Coggan, quien trabajó para el Financial Times y ahora para The Economist, es que la historia financiera es una lucha entre los acreedores y los deudores sobre la naturaleza del dinero, algo que ha existido en muchas formas, desde conchas marinas hasta tabaco antes de su forma actual en papel, tarjetas de crédito y debito y hasta meros datos en ordenadores. Está previsto que los talones bancarios, que han existido durante unos 350 años, desaparezcan en el Reino Unido a partir del 2018.

Las crisis vienen cuando los deudores dejan de pagar y dan lugar a reformas del propio sistema financiero (por ejemplo, el abandono del patrón de oro a raíz de la Gran Depresión de 1929 y otra vez en los años 70 con el fin del acuerdo de Bretton Woods establecido en 1944 después de la Segunda Guerra Mundial).

Coggan tiene un gran talento para explicar lo complejo de una forma fácil y un profundo conocimiento de la historia económica. En uno de los capítulos más fascinantes, sobre la formación de burbujas en los precios de muchos activos y sus estallidos — en el caso de España en la locura del sector inmobiliario (pervive un altísimo stock de viviendas sin vender en torno a 750.000) — Coggan cita el famoso libro de Adam Smith, La Riqueza de las Naciones (publicado en 1776).

A pesar del aviso de Smith, uno de los padres del capitalismo, las naciones no prosperan de precios más y más altos para viviendas. La riqueza viene, en términos generales, de bienes y servicios comercializables.

Como dice Coggan, “cuando la gente pide prestado dinero para comprar una casa y ésta se revaloriza, ellos se creen más ricos, se sienten más listos. Se lo cuentan a los amigos. Estos amigos que empiezan a fantasear sobre las ganancias que harían si ellos comprasen una casa. La buena voluntad de tomar préstamos aumenta”.

A la vez, los bancos están encantados de prestar más y más dinero, convencidos de que los precios de las viviendas seguirán subiendo y, por ende, sus préstamos son seguros porque su colateral (la vivienda) vale más. El resto es historia y seguimos pagando las consecuencias.

¿Cómo va a terminar esta tragedia? Coggan no ofrece soluciones simplistas y tiene la honestidad de decir que no lo sabe. Pero una cosa es cierta: el papel fundamental que jugará China dada su posición de mayor acreedor en el mundo.
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