El espía Kim Philby y España

España jugó un papel importante en la formación como espía de Kim Philby, el doble agente británico y el más conocido de “los cinco de Cambridge” que huyó a la Unión Soviética en 1963.

Philby, proveniente de la clase media alta y educado en una escuela secundaria privada de Westminster, una de las instituciones más privilegiadas, antes de ir a Trinity College, el colegio más exclusivo de la Universidad de Cambridge, fue reclutado en 1934 por agentes del NKVD (precursor del KGB).

En 1936, siguiendo órdenes provenientes de Moscú, Philby comenzó a cultivar una personalidad aparentemente fascista, uniéndose a la Liga de Amistad Anglo-Alemana, además de involucrarse en la edición de una revista pro-Hitler. En febrero de 1937 viajó a Sevilla como periodista independiente (freelance) y en mayo fue asignado como enviado especial deThe Times de Londres ante las fuerzas franquistas, un puesto perfecto para dar realce a sus supuestas credenciales conservadoras e informar hasta 1939 a Moscú (suministrador de armas y asesores al Gobierno Republicano) del avance de los nacionalistas y el papel de Alemania de apoyo a Franco. Este trabajo no daba acceso a información secreta británica, pero sí era muy útil para el Kremlin recibir información objetiva.

En diciembre de 1937, en las cercanías de Teruel, una bomba explotó frente al automóvil en el que viajaba Philby junto a otros tres corresponsales. Uno murió en el acto, en tanto que los otros dos fallecieron a causa de sus respectivas heridas. El afortunado Philby solo sufrió una herida menor en la cabeza.

Las crónicas de Philby aparentaban ser tan favorables a la causa nacionalista que recibió personalmente la Cruz Roja al Mérito Militar de manos del propio Franco.

En 1940 se incorporó al SIS, antecesor del MI6, el servicio de inteligencia exterior británico. En septiembre de 1941 (poco después del comienzo de la invasión nazi de la URSS), Philby comenzó a trabajar para la Sección V, como jefe de la unidad ibérica, a cargo de las operación del SIS en España, Portugal, la colonia británica de Gibraltar y el norte de África. Philby tenía un acceso relativamente fácil a los archivos sobre España y Portugal, pudiendo pasar a su agente soviético controlador información sobre las operaciones del SIS contra la URSS.

La historia española de Philby forma parte del libro Kim Philby: the unknown story of the KGB’s master spy (“Kim Philby: la historia desconocida del espía maestro de la KGB”, publicado por Biteback), escrito por uno de los mejores amigos de Philby y también espía, Tim Milne. El MI6 prohibió la publicación del libro y ahora, cuatro años después de la muerte de Milne a la edad de 97, acaba de salir a la luz pública.

El libro ofrece una visión fascinante del carismático Philby, compañero de pupitre de Milne en Westminster y de viajes a varios países europeos entre 1930 y 1933, incluyendo Alemania donde los dos asistieron a una inmensa concentración pública de los nazis con antorchas y en la que Hitler habló. Philby quedó horrorizado con el nazismo y la pobreza, y esto le llevó hacia el comunismo.

Milne no llegó a barruntar que su gran amigo durante más de 30 años fuera un doble agente, incluso después de la huida a Moscú en 1951 de los diplomáticos y espías Donald Maclean y Guy Burgess, cuando Philby se encontró bajo sospecha por ser muy amigo de los dos y tuvo que dejar el MI6 para unos años.

Burgess compartió durante un año la casa de Philby en Washington, cuando Philby era el enlace para el MI6 entre la embajada del Reino Unido, la recientemente creada CIA y el FBI entre 1949 y 1951. Burgess, alcohólico y homosexual (entonces una actividad ilegal), había actuado de mensajero cuando Philby estaba en España y le trajo dinero.

¡Qué bien diferente habría sido la vida de Philby si el servicio de inteligencia británica hubiera investigado en profundidad la acusación de Walter Krivitsky en 1937, un espía soviético que desertó a los Estados Un
http://www.elimparcial.es/nacional/el-espia-kim-philby-y-espana-136134.html

Turkey’s local elections: Erdogan’s victory opens the door to the presidency

Turkey’s embattled prime minister, Recep Tayyip Erdogan, reeling from allegations of corruption and massive protests against his authoritarian rule last year, swept the board in local elections and increased the share of the municipal vote of the ruling Justice and Development party (AKP) from 39% in 2009 to 45%.
http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/web/rielcano_en/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_in/zonas_in/commentary-chislett-turkey-local-elections-erdogan-victory#.Uz0ivK2Szwd

Adolfo Suárez: ¡qué inmenso acierto!

Como la mayoría de corresponsales extranjeros radicados en España, cuando Adolfo Suárez fue nombrado Presidente del Gobierno en julio de 1976 escribí que no era el hombre adecuado para la tarea de traer la democracia.

The Times afirmó que su nombramiento “era una sorpresa, ya que se había creído ampliamente que sería elegido un hombre más liberal” y que era “una victoria del ala reformista de la derecha, dispuesta a avanzar en el desmantelamiento de la dictadura, manteniendo no obstante fuertes vínculos con el pasado”. En un artículo en la revista New Statesman,titulado “Spain’s dubious matador” (El dudoso matador de España), escribí que “la diferencia entre la idea de reformas de Suárez y la de la oposición es la diferencia entre el franquismo con estiramiento facial y la democracia tal y como la conocemos”.

Según algunas fuentes bien informadas, el aristócrata José María de Areilza, el liberal y fino ministro de Asuntos Exteriores (había sido alcalde de Bilbao tras la ocupación de la ciudad por las fuerzas de Franco en 1937), estaba tan convencido de que iba ser nombrado presidente que había organizado una fiesta en su casa para celebrarlo.

Suárez demostró que estábamos equivocados. Sólo un pequeño círculo cercano al Rey D. Juan Carlos sabía que el nombramiento de Suárez había sido cuidadosamente orquestado por Torcuato Fernández Miranda, antiguo tutor del Rey y presidente del Consejo del Reino, bastión del franquismo y órgano encargado de presentar al Rey la terna de candidatos para su elección. Igual que el Rey, Suárez pertenecía a la “generación silenciosa” de españoles, demasiado jóvenes para haber luchado en la guerra civil. Estaba en una posición ideal, como miembro del aparato político, para desmantelar el Régimen desde dentro, evitando una ruptura total con el pasado que hubiera corrido el riesgo de provocar a la extrema derecha.

En diciembre de 1976 se celebró un referéndum para aprobar las reformas políticas que allanarían el camino hacia las primeras elecciones libres del país en cuarenta y un años. Un reportaje televisado sobre el referéndum, al que contribuí en su elaboración para el programa News at Ten de ITN, fue denunciado por la Embajada de España en Londres como “insultante y poco representativo”. Fue filmado en mi pueblo (Buendía, en la provincia de Cuenca), donde entonces yo tenía, y sigo teniendo, una casa, y que para mí ha supuesto un microcosmos de los tremendos cambios logrados en España.

Juan Cruz, el corresponsal de El País en Londres, informó a sus lectores de que la mayor parte del reportaje había sido filmado en un bar en el que los habitantes del pueblo habían preferido seguir jugando a las cartas que escuchar el discurso de Suárez a la nación antes del referéndum. “El tratamiento que la televisión independiente le dio al referéndum parece que ha molestado en algunos círculos españoles.”

Un año después del nombramiento de Suárez, escribí un artículo en The Times titulado “The matador who has outwitted all Spain’s political bulls” (El matador que era más listo que todos los toros políticos) en el que rectificaba mi opinión inicial.

La figura de Suárez recuperó por unos días la unidad política que tanta falta hace en España. Hasta Alfonso Guerra, el político más irrespetuoso con el que tuvo que lidiar Suárez (lo llamó “tahúr del Mississippi, con su chaleco y su reloj”), le elogió.

Las largas filas de colas en la calle para entrar a la capilla ardiente demostraron nostalgia para un pasado reciente de convivencia que hoy se echa de menos.
http://www.elimparcial.es/nacional/adolfo-suarez-que-inmenso-acierto-135864.html

Gas and oil discoveries in the Eastern Mediterranean: the key to Europe’s post-Crimea energy conundrum

The annexation of the Crimea has led the European Union to begin to consider weaning itself off its heavy dependence on Russia for energy supplies, particularly gas. There is an alternative in the Eastern Mediterranean, which might also help resolve another thorny issue – the reunification of Cyprus, divided since Turkey’s invasion of the island in 1974 into a Greek-Cypriot south and a Turkish-Cypriot north.
http://www.blog.rielcano.org/en/gas-and-oil-discoveries-in-the-eastern-mediterranean-the-key-to-europes-post-crimea-energy-conundrum/

Corresponsal de The Times en la Transición: “La democracia en España era inevitable”

William Chislett, corresponsal de The Times en España entre 1975 y 1978, alaba el “papel espléndido” que jugó Adolfo Suárez y cree que la Transición estuvo bien hecha. Pero también señala que en su opinión “la democracia en España era inevitable” y nunca creyó que pudiera haber una segunda Guerra Civil tras la muerte de Franco: “Era evidente que iba a iniciar una nueva etapa, lo que no se sabía era como lo haría y si habría violencia o no”. Chislett que trabajó también para el Financial Times en México y Londres es ahora es investigador del Real Instituto Elcano y ha publicado varios libros sobre España.

William Chislett asegura: “No hay duda de que sin Suárez no hubiera llegado la democracia en la forma que llegó. Hizo un papel espléndido. Fue la persona ideal para el trabajo. Yo viví esa etapa y creo son injustas las críticas que se hacen hoy a la forma en que se hizo la Transición. Es fácil criticar hoy lo que pasó hace 30 años, pero el contexto de entonces era bastante complicado y difícil.”

Pero el ex corresponsal apunta también: “Creo que la democracia era inevitable. La sociedad española estaba muchísimo más avanzada que el régimen cuando murió Franco. Había una gran distancia entre lo que pensaba la gente en la calle y lo que pensaba el régimen. Era imposible continuar el régimen. Tal vez si Carrero Blanco no hubiera sido asesinado la democracia hubiera tardado más tiempo y con más conflicto. Pero fue asesinado”.

Y añade: “Antes de la muerte de Franco había poco interés en la prensa internacional por España. Muy pocos periódicos tenían corresponsal fijo. Al morir Franco, muchos como el Financial Times abren oficina permanente aquí, porque se levantó, yo creo que bastante tontamente, la idea de que podía haber otra guerra civil. Yo nunca aposté por ese escenario. Algunos de los corresponsales que vinieron, sí. No sé si lo hicieron para hacer la noticia más dramática o si lo hicieron con toda la seriedad. Para mi era evidente que tras morir Franco, España iba a pasar a otra etapa. Nadie sabía cómo iba a pasar y si iba a pasar con o sin violencia. Los más violentos durante la Transición fueron los de ETA no la extrema derecha.”

William Chislett defiende en cualquier caso que la Transición se hizo bien: “Es muy fácil hoy en día decir que hace 30 años se tenía que haber hecho esto o lo otro. Pero yo creo que estuvo bien hecha. Se puede criticar algunos aspectos vistos desde la actualidad por ejemplo la arquitectura de las autonomías que no ha funcionado como debería o la Justicia que sigue siendo en este país lentísima. La gente de la Transición hoy reconoce que en el tema de la Justicia no hicieron lo que había que hacer, pero en temas generales fue un éxito.

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What does the economic future hold for Spain?

The good news is that Spain has finally come out of a five-year recession that was triggered by the bursting of its property bubble. The bad news is that the unemployment rate remains stubbornly high at a whopping 26%, double the European Union average.

The scale of the property madness was such that in 2006 the number of housing starts (762,214) was more than that of Germany, France, and Italy combined. This sector, to borrow the title of a novel by Gabriel García Márquez, was a Chronicle of a Death Foretold. There are still an estimated more than one million new and second hand unsold homes.

The excessive concentration on the property sector, as the motor of an economy that boomed for a decade, created a lopsided economic model and fertile ground for corruption. When the sector crashed as of 2008 and house prices plummeted, 1.7 million people lost their jobs in construction out of a total of 3.7 million job losses in the last six years, households were left with mortgages they could not pay and property development companies unable to service their bank loans. This, in turn, severely weakened parts of the banking system which had to be rescued by the European Stability Mechanism with a €42 billion bailout programme. Spain exited the bail-out in January, but bad loans still account for more than 13% of total credit, up from a mere 0.7% in 2006.

Spain has emerged from recession thanks largely to an impressive export performance, achieved through an “internal devaluation” (lower unit labour costs stemming from wage cuts or a wage freeze and higher productivity). As a euro country, Spain cannot devalue. Merchandise exports rose from €160 billion in 2009 to €234 billion in 2013, an increase equivalent to more than 7% of GDP. This growth has been faster than the pace of powerhouse Germany, albeit from a smaller base. Exports of goods and services rose from 27% of GDP in 2007 to around 35% last year. The surge in exports combined with the drop in imports and a record year for tourism, with 60 million visitors, turned around the current account, which was in surplus for the first time in 27 years. In 2007, the current account recorded a deficit of 10%, the highest in relative terms among developed countries.

Unemployment is the most pressing problem. The depth of the jobs’ crisis is such that Spain, which represents 11% of the euro zone’s economy and has a population of 47 million, has almost 6 million unemployed (around one-third of the zone’s total jobless), whereas Germany (population 82 million and 30% of the GDP) has only 2.8 million jobless (15% of the zone’s total). Germany’s jobless rate is at its lowest since the country’s reunification, while Spain’s is at its highest level ever.

Young Spanish adults, particularly the better qualified, are increasingly moving abroad in search of a job, though not in the scale suggested by the Spanish media which gives the impression there is a massive exodus and brain drain. One thing is the large flow of those who go abroad, especially to Germany, and return after a couple of months; another the permanent stock of Spaniards abroad (those who stay beyond a certain amount of time), which is surprisingly small. According to research conducted by the Elcano Royal Institute, Spain’s main think tank, between January 2009 and January 2013, the worst years of Spain’s recession, the stock of Spaniards who resided abroad increased in net terms by a mere 40,000, which is less than 0.1% of Spain’s population, to 1.9 million. These figures are based on official Spanish statistics cross-checked with data in the countries where Spaniards reside. The number of Spaniards living abroad is less than one-third the size of Spain’s foreign-born population of 6.4 million (13.2% of the total population). Immigrants in Spain are returning to their country of origin, particularly Latin Americans.

Spain’s crisis has also resulted in a long overdue crackdown on corruption. There are around 800 cases under investigation, most of them involving politicians and their business associates. Spain was ranked 40th out of 177 countries in the 2013 corruption perceptions ranking by the Berlin-based Transparency International, down from 30th place in 2012. Its score of 59 was six points lower. The nearer to 100, the cleaner the country. Spain was the second-biggest loser of points, and only topped by war-torn Syria. The country is in for a long haul.
https://blog.oup.com/2014/03/spain-economic-future/

Lecciones de historia

Si España hubiera dejado de pagar su deuda soberana, algo que según algunas fuentes casi ocurrió, habría continuado una tradición bien establecida durante el reinado de Felipe II cuando el país se convirtió en el primer deudor moroso (defaulter) en serie. El rey dejó de pagar cuatro veces.

De acuerdo con los estándares modernos, los impagos en el siglo XVI fueron moderados, resueltos amigablemente y a satisfacción de todas las partes involucradas. Y a diferencia de las obligaciones hipotecarias tituladas de alto riesgo (sub-prime mortgages), que desencadenaron la crisis financiera que aún no ha terminado, los banqueros del siglo XVI tuvieron un mecanismo de transferencia de riesgo bastante más efectivo. Los inversores compartieron las ventajas y desventajas de los préstamos al monarca de la casa de Austria, y las pérdidas en proporción a su inversión. Los bancos terminaron en posesión de la parte menos tóxica de los activos, al contrario de lo que ocurre hoy.

Si en tiempo de galeones y mensajeros a caballo existían acuerdos adecuados de distribución de riesgos, ¿por qué no es posible hoy con satélites, viajes en avión e internet?

El fascinante libro de Mauricio Drelichman y Hans-Joachim Voth, Lending to the Borrower from Hell: Debt, Taxes and Default in the Age of Philip II (Princeton University Press) — “Préstamos al prestatario del infierno: la deuda, los impuestos y los impagos en la época del Felipe II” — desmonta el mito muy extendido que el declive de España después de Felipe II se debe a una política fiscal irresponsable y a la expansión imperial excesiva (imperial overreach, un término popularizado por el historiador Paul Kennedy de la Universidad de Yale).

Según los autores, el sistema español de finanzas públicas era comparable con los de otros países europeos como Gran Bretaña, Francia y Holanda. Los gastos no aumentaron mucho más rápidamente que los ingresos y el peso de la deuda sobre el conjunto de la economía no era excesiva. Los autores lo demuestran con estadísticas.

El problema fundamental en España fue no poder centralizar la administración fiscal e integrar en un todo más amplio los territorios heterogéneos, algo que no se ha resuelto aún como demuestra la crisis constitucional con Cataluña. En lugar de la concentración de demasiado poder en manos de un monarca absoluto, “el principal defecto era la carencia de capacidad del Estado para actuar, del gobierno para afirmar un monopolio de violencia, defender sus fronteras, imponer un sistema fiscal uniformizado, administrar la justicia, y obtener los recursos para ejecutar estas tareas”. En estos días esto suena familiar.

Para los autores, esta situación era la consecuencia de un nivel inicial muy alto de heterogeneidad política y de lo que llaman “los efectos perniciosos de la plata [de las colonias en el vasto imperio]sobre la capacidad del estado.”

Fuera de Castilla, la posición del rey era aún más débil, como demuestra el famoso juramento de los nobles de Aragón con la llegada al trono de un nuevo rey, “Nos, que cada uno de nosotros somos igual que vos y todos juntos más que vos, te hacemos Rey si cumples nuestros fueros y los haces cumplir, si no, no”. Este no es el lenguaje de una monarquía absoluta.

Hasta la llegada de los reyes borbones, no hubo ningún intento exitoso de unificar representación, sistemas legales y el sistema fiscal.

La reforma del sistema fiscal se ha convertido otra vez hoy en una cuestión candente y un punto clave para poder establecer cuentas públicas sostenibles. Con una deuda pública del 96% del PIB (casi el triple de 2007) y una brecha entre gasto público e ingresos fiscales de alrededor del 5% del PIB durante la vida de un ciclo económico “normal” (que no es la situación actual) — en otras palabras un alto déficit presupuestario—, España tiene que recaudar mucho más o seguir con los recortes en el gasto público.

Con tipos impositivos similares a otros países europeos, el problema de la insuficiente recaudación no reside en una baja presión fiscal. Radica en un fraude elevado, reflejado en una economía sumergida en expansión, que ningún gobierno democrático ha querido combatir, una generosa posibilidad de evasión para muchos contribuyentes y desgravaciones excesivas.

Recomiendo a Cristóbal Montoro que lea no solo el informe de la comisión de expertos sobre la reforma del sistema tributario, sino también este libro.

Una guía para regenerar la democracia

En parte gracias a las reformas económicas hechas por el Gobierno, España empieza a salir de una recesión de cinco años. Sin embargo, en el campo político todavía le queda mucho por hacer conjuntamente con los otros partidos políticos. El descontento ciudadano con la clase política está ampliamente demostrado en los rankings de valoración de las instituciones donde los políticos, los partidos políticos y el parlamento figuran en los últimos lugares.

También llama la atención que el PSOE, el principal partido de la oposición y, por ende, la alternativa al poder, tenga en la actualidad solo 3,3 puntos más en la intención de voto, según la última encuesta de Metroscopia, comparado con el resultado de las elecciones generales de noviembre de 2011 cuando obtuvieron el 28,7% de los votos, el peor de su historia. El Partido Popular, en cambio, ha sufrido un enorme desgaste, que es lógico dada la impopularidad de sus reformas y medidas de austeridad.

Andrés Ortega plantea una pregunta clave en su nuevo libro “Recomponer la democracia” (RBA): “la cuestión es cómo convencer a la élite, a la clase política y a los propios partidos de la necesidad de acometer profundas reformas, no meros retoques, en el sistema. Es necesario generar incentivos para que las cosas se hagan. O desincentivos, es decir castigos, si no se hacen”. Hasta ahora, los dos principales partidos han hecho muy poco en sus respectivos campos para regenerar la democracia. Parecen estar convencidos que cuando la economía vuelva a crecer con cierta fuerza van a recuperar la confianza del electorado.

España ha vivido el periodo democrático más profundo y largo de su historia, con un régimen de libertades, de crecimiento de un estado del bienestar, de vuelta a Europa, de alternancia en el poder y, al menos de momento, de falta de populismos. Pero es una democracia de baja calidad. Los españoles tienen más confianza en la Unión Europea que en sus propios instituciones.

El libro contiene datos muy interesantes y podría servir como un excelente manual de las reformas necesarias. Por ejemplo, España gasta relativamente poco en remunerar a los políticos electos. Los salarios de los diputados se encuentran en la franja inferior del estipendio percibido en las democracias europeas. Tanto en al ámbito estatal como en el autonómico, en comparación por ejemplo con Alemania, las cámaras españolas son contenidas en términos de diputados. Sin embargo la cosa cambia cuando incluimos los cargos gubernamentales, en particular el elevado número de asesores, personas de confianza y cargos en organismos públicos. En palabras de Ortega es allí donde se ha ido tejiendo la gran malla que sostiene a los partidos políticos y que permite perfilar miles de carreras políticas. Los políticos electos y asesores políticos en España suman 125.000, en comparación con los 29.000 en el Reino Unido (un país con 16 millones más de habitantes que España) estimado por la BBC en 2009.

Muchos puestos políticos los cubren, o funcionarios de carrera, o personas que han entrado en un partido y han hecho toda su carrera en él (son funcionarios de partido). Pocos proceden del sector privado: tal vez eso explica por qué la élite política no estaba en contacto con la realidad durante la década de las vacas gordas. Como dijo George Orwell, “Mirar lo que se tiene delante de los ojos requiere un constante esfuerzo.”

En el Reino Unido, el funcionario, incluyendo a miembros de la carrera judicial, que quiere entrar en política tiene que renunciar a la función pública. No hay ida y vuelta. Ortega propone un sistema así en España para poder conseguir despolitizar la función pública.

Los políticos han colonizado demasiadas instituciones. De poco servirá la nueva y tímida Ley de Transparencia si no se cambia la composición y el funcionamiento del Tribunal de Cuentas, demasiado lento y demasiado dominado por los propios partidos.

En la primera década de la Transición, cuando había que crear partidos con estructuras sólidas (el único partido con ellas era el Partido Comunista de España), tenía sentido un sistema electoral basado en listas cerradas que daba poder a las cúpulas. Este sistema ha logrado trabar mayorías de gobierno que han beneficiado la modernización de España.

Pero hoy ha llevado a una alienación y desafección entre el elector y los elegidos. El mejor resultado de las próximas elecciones, seguramente en 2015, sería un empate entre el Partido Popular y los socialistas y no habrá más remedio que formar una gran coalición (como en Alemania). Así los dos partidos estarían condenados a entenderse y acometer reformas políticas.
http://www.elimparcial.es/nacional/una-guia-para-regenerar-la-democracia-135318.html

Remembering this bloodbath: the Spanish Holocaust by Paul Preston

This book illuminates, among other things, one of the least-known periods of Spain’s turbulent 20th century history – the repressive aftermath of the country’s Civil War in 1936-39, after the victory of General Franco. It is not one that will appeal to the faint-hearted. Yet it is an engrossing read.

The provocative title, which raised eyebrows when the book was published in Spain in 2011, is questionable. There were plenty of horrifying incidents on both the Nationalist and Republican sides that recall Francisco de Goya’s shocking series of prints, The Disasters of War, but the criminal and vindictive actions pale in comparison with the magnitude of the Nazi Holocaust.

Nevertheless, Paul Preston, an emeritus professor at the London School of Economics and leading historian of 20th century Spain, contends that no other word aptly conveys the scale of the Spanish tragedy comprising the Civil War, its aftermath and the Franco dictatorship. This is, in part, because of the anti-Semitic discourse on Franco’s side: Republicans had to be exterminated as they were instruments of a “Jewish-Bolshevik-Masonic” conspiracy.

Professor Preston puts the number of those who were killed in battle during the three-year war at 200,000, after Nationalist military rebels rose against the democratically elected Republican government in 1936. A further 150,000 were killed by the Nationalists after various flimsy legal processes (20,000 of them after the Civil War ended in 1939) and an additional 50,000 in the Republican-held areas. Thousands more died after the war of disease and hunger in prisons and concentration camps.

Victims in the Republican zone were documented by the state investigation, known as the Causa General, set up in 1940, but the atrocities committed on the other side did not really come light until after Franco died in 1975, in a flood of books and, more recently, exhumations of mass graves around the country.

There was no Truth Commission after Franco’s death along the lines of Chile or South Africa. Post-Franco politicians of all colours tacitly agreed to avoid a reckoning, in order to smooth the transition to democracy under the so-called Pacto de Olvido (the Pact of Forgetting). In he past decade, however, various groups, often led by the relatives of Republican victims, have unearthed the past – often literally.

Professor Preston, who does not hide his loathing of the rebels and empathy with the Left, argues, with impressive detail, that the much greater repression in the Nationalist zones was largely planned and institutionalized, while that in the Republican areas was mainly spontaneous and in response to the threat from the much better armed and trained Francoist forces.

One of the worst atrocities on the Nationalist side was the massacre, soon after the war started, of more than 1,000 prisoners, mainly civilians, herded into the bull ring in Badajoz.

On the Republican side, Professor Preston deals in greater detail than anyone before on the specific role of the NKVD, the Soviet secret police, in the Civil War, particularly in the mass execution at Paracuellos of hundreds of imprisoned civilian and military supporters of Franco.

The Spanish communist leader Santiago Carrillo, councillor for public order in Madrid at the time, always claimed he personally had nothing to do with organising the killings. Professor Preston believes otherwise, citing his working relationship with Josif Grigulevich, a sinister undercover NKVD agent and later the godfather of one of Carrillo’s sons. The NKVD was also involved in the assassination of the Catalan Trotskyist leader Andreu Nin.

One of the main victims of the Civil War was the Catholic Church as a result of intense anti-clerical violence against an institution that supported the status quo. The Church blessed Franco’s uprising, calling it a crusade and reducing the conflict to a black-and-white struggle between good and evil.

Thirteen bishops and 6,832 priests, nuns, monks, and other religious personnel were murdered compared to around 900 clerics during the French Revolution. Historians have called this the largest clerical bloodletting in the history of the Christian Church.

The consequences of Spain’s fratricidal conflict still reverberate bitterly today. This book will help readers understand why.

http://www.churchtimes.co.uk/articles/2014/7-march/reviews/reading-groups/remembering-this-bloodbath