La valentía de Albert Camus

Este mes hace cien años que nació el escritor francés Albert Camus. Como George Orwell, murió con solo 46 años. Esta coincidencia en la edad de sus muertes está lejos de ser la única similitud con el gran escritor inglés. Ambos eran antifascistas y antitotalitarios, ambos arriesgaron sus vidas en la lucha contra del fascismo (Orwell en España y Camus en la Francia ocupada por los nazis), los dos eran periodistas y ensayistas y no solo novelistas, uno y otro fueron despreciados por muchas personas de la izquierda europea y ambos denunciaron las políticas imperiales de sus países (en Argelia por Camus).

Camus, en comparación con Orwell, es mucho menos conocido hoy, en particular su postura política, aunque su novela L’Étranger sigue siendo un éxito de ventas en muchos idiomas 71 años después de su publicación. Ganó el Premio Nobel de Literatura en 1957.

El breve y ejemplar libro de Robert Zaretsky sobre Camus, A Life Worth Living (“Una vida que merece vivirse”), publicado hace poco por Harvard University Press, demuestra la valentía de este pied-noir (ciudadanos de origen europeo que residían en Argelia). Su madre, de origen español, era analfabeta y casi totalmente sorda. Su padre trabajaba en una finca vitivinícola, y era de origen alsaciano, como otros muchos pieds-noirs que habían huido tras la anexión de Alsacia por Alemania tras la Guerra Franco-Prusiana.

Camus se definía como alguien de “valores medios”. Tony Judt, el historiador británico cuya voz sensata se apagó en 2010 cuando murió en terribles circunstancias, llamó a Camus “el portavoz para lo obvio”. Pero lo que dijo y escribió Camus en sus artículos de periódico, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial, no era obvio para muchas personas.

Camus denunció vigorosamente tanto la tortura y asesinato de prisioneros argelinos por soldados franceses durante la guerra de independencia en Argelia (1954-62), como la violencia de los militantes del Frente de Liberación Nacional que mataban y mutilaban a cualquiera. Aceptó que la violencia en el mundo que vivimos era inevitable pero no podía ser en ningún caso legitimada, y menos veinte años después de que centenares de franceses de la Resistencia fueran torturados y asesinados por los nazis y colaboradores franceses por defender su país.

Exhortó a sus colegas pieds-noirs“a reconocer lo que era justo en la causa del adversario y a reconocer lo que no era justo en sus propios métodos represivos.”

Igualmente perspicaz fue su temprana denuncia del comunismo que lo enfrentó con Jean Paul Sartre. Mucho antes que(casi) todos los intelectuales franceses de la izquierda (André Gide era una excepción notable), y en un país donde el comunismo era muy fuerte después de la Segunda Guerra Mundial, Camus comprendió “la idea del mesianismo en la base de todo fanatismo.”

Da escalofrío la postura de Maurice Merleau-Ponty quien negó la realidad brutal de la Unión Soviética. Aunque admitió que la Unión Soviética distaba mucho de ser “la luz proletaria de la Historia que Marx describió”, creía que la existencia de los campos de trabajo soviéticos no solo no desacreditaba el marxismo,sino que tampoco servía para condenar el experimento soviético. Para este filósofo fenomenológico solo la Historia “nos dará la última palabra sobre la legitimidad de una instancia particular de violencia.” Justificó la violencia del comunismo, a diferencia de la del capitalismo, porque contenía “la promesa de la negación de violencia en el futuro.”

Para Camus, igual que Orwell, el fin nunca justifica los medios. Y Camus habría estado de acuerdo con la célebre frase de Orwell, “Mirar lo que se tiene delante de los ojos requiere un constante esfuerzo”.
http://www.elimparcial.es/cultura/la-valentia-de-albert-camus-131308.html

J.S. Bach en todo su esplendor

Poco sabía John Eliot Gardiner, uno de los grandes directores de la música de Johann Sebastián Bach (1685-1750), que el genio alemán, cuyo retrato en la casa de sus padres en la Inglaterra de los años 30 del siglo pasado tanto le fascinó cuando era un niño, fuera a influir en su vida. Cada noche Eliot Gardiner subía la escalera y pasaba por debajo de la mirada de Bach antes de dormir.

El retrato realizado por Elias Gottlob Haussman en el año 1748, ahora en Princeton, Estados Unidos, es uno de los dos únicos retratos autentificados (ambos de Haussman) del compositor. Fue traído a un pueblo en el sur de Inglaterra en 1936 por Walter Jenke, un profesor de música judío, huyendo de los nazis. Veit Bach (1550-1619), el fundador del clan de los Bach, fue otro refugiado por razones de religión – en su caso desde el oeste de Europa. Jenke llegó a Inglaterra con dos cosas en su mochila, una guitarra y el retrato. Su bisabuelo lo había comprado en la década de los 30 del siglo XIX a precio de saldo. Los padres de Eliot Gardiner se comprometieron a cuidar el retrato durante la Segunda Guerra Mundial.

Eliot Gardiner es ampliamente conocido en España. Yo asistí a su interpretación de la Misa en si menor de Bach en la Semana de Música Religiosa de Cuenca en el año 2004 (donde tengo una cita anual). Ha dedicado su vida profesional a Bach y a la recuperación de obras renacentistas y barrocas interpretadas con instrumentos originales, y también a compositores como Héctor Berlioz y Robert Schumann. Fundó los English Baroque Soloists y el Monteverdi Choir, ambos, como él, referencias mundiales.

No solo ha llevado la música de Bach por el mundo. La editorial Allen Lane acaba de publicar su magistral biografía de Bach, Music in the Castle of Heaven (“Música en el castillo del cielo”), una muy original obra porque está escrita con un enfoque subjetivo y personal, y desde la perspectiva de alguien que lleva años interpretando la vasta obra: el Clave Bien Temperado Libros I y II; las Variaciones Goldberg; Suites para solo de violonchelo; Suites francesas e inglesas; la Pasión según San Mateo; la Pasión según San Juan; los Conciertos de Brandemburgo; el Oratorio de Navidad, etc. Si a alguien le interesa escuchar toda la obra rescatada de Bach, le haría falta comprar más de 170 CD.

Bach era también prolífico como padre: siete hijos con su primera mujer y trece con la segunda, Ana Magdalena, entre los cuales descollaron como compositores Wilhelm Friedemann, Carl Philipp Emanuel, Johann Christoph Friedrich y Johann Christian. Un total de sesenta y cuatro miembros de la familia Bach fueron músicos profesionales entre 1600 y 1800.

Eliot Gardiner admite en el prefacio del libro que camina sobre arenas movedizas, pero, como dice, “a fin de cuentas todas las verdades en cierto grado son subjetivas, salvo tal vez las de las matemáticas.”

Sin embargo, el libro, bello en sí mismo con unas veinte ilustraciones, la mayoría en color, e ilustraciones dentro del texto, es muchísimo más que un manual técnico. Ayuda a saber algo sobre los fundamentos de la música y a acompañar la lectura del libro escuchando la relevante música de Bach cuando Eliot Gardiner habla de ella. El libro tiene un glosario con los términos que Bach usaba.

Eliot Gardiner estudió historia, y no música, en la Universidad de Cambridge. Cuenta hábilmente el contexto histórico, cultural y hasta científico de la época de Bach, en particular la importancia de la Iglesia Luterana. Según Martín Lutero (1483-1546), “la música gobierna al mundo, endulza las costumbres, consuela al hombre en la aflicción. Es hija del cielo. Es el más bello y glorioso don de Dios”. Muchas de las cantatas de Bach empiezan con un coro introductorio, la mayoría de las veces sobre una de esas corales luteranas.

En un capitulo fascinante, Eliot Gardiner entra en la mente de Bach para describir como compuso su música. Como Dimitri Shostakovich, parece que Bach plasmó sus notas directamente en la partitura general sin pasar por borradores porque no tenía tiempo para cometer errores. En su época el papel era muy caro, no existía papel secante y cuando llegaba al final de una página plegada, en la luz candente de la inspiración, no podía continuar hasta que se secara la tinta, algo que duraba hasta cinco minutos. Su solución para no perder el hilo de su pensamiento era escribir rápidamente en la parte baja de la página una especie de aide-memoire (mostrado en una foto en el libro de un trozo de un manuscrito).

Me gustaría pensar que Bach, dondequiera que esté, forma parte de un coro angelical.

http://www.elimparcial.es/cultura/js-bach-en-todo-su-esplendor-130472.html

El conflicto con Gibraltar: ¿quién parpadea primero?

Como un grifo que se abre o se cierre caprichosamente, las colas de coches y de personas siguen formándose de vez en cuando para cruzar la frontera entre España y Gibraltar. La longitud de las colas depende de la hora y, parece, del clima de las autoridades españolas.

Los controles, supuestamente para combatir más enérgicamente el contrabando de tabaco (mucho más barato en Gibraltar), fueron impuestos en julio por el Gobierno español después del lanzamiento por Gibraltar de bloques de hormigón a sus disputadas aguas territoriales para construir un arrecife artificial y regenerar la pesca. La gran mayoría de los contrabandistas son españoles.

Cuando yo crucé la frontera en coche la semana pasada al mediodía para participar en el primer festival literario internacional en el Peñón, el clima era tan relajado en ambos lados que nadie ni siquiera me pidió mostrar mi pasaporte. Sin embargo, en la tarde de ese mismo día había una cola de personas de varias horas para cruzar la frontera. Un ciudadano irlandés estaba tan enojado que llamó a su embajador en Madrid para quejarse.

Algunos, incluyendo los más adinerados “llanitos” que viven en Sotogrande, estacionan sus coches cerca a la frontera y cruzan a pie, aunque es algo arriesgado. Dos coches con matrícula de Gibraltar han sido incendiados y otro rayado con la palabra “llanito”.

Las tiendas en Main Street (la principal calle) en Gibraltar están sufriendo un bajón en sus ventas, en particular las joyerías y tiendas de relojes caros; los restaurantes, en cambio, especialmente durante los fines de semana, están a tope debido a la caída de visitas a lugares en España para no quedarse atrapado en una cola; y ha bajado el comercio en La Línea de la Concepción, una área deprimida con un altísimo nivel de desempleo.

Los gibraltareños están muy irritados con el Gobierno español (no con los españoles), pero mantienen su sentido del humor. Un nuevo personaje ha aparecido en la vida de este extraño territorio, en manos de Gran Bretaña desde el Tratado de Utrecht en 1713 cuando fue cedido para poner fin a la Guerra de Sucesión española. Se llama “Reefy” (reef en inglés significa arrecife) y consiste en poner brazos, piernas, etc. a uno de los arrecifes de hormigón cuadrados. Figura también en camisetas y en caricaturas en la prensa local.

Los controles no solo afectan al movimiento de personas, incluyendo los varios miles de españoles que viven en La Línea y trabajan en Gibraltar. Debido a la prohibición desde agosto de la exportación de piedras y áridos a Gibraltar desde España, la semana pasada llegó el primer barco cargado con estos materiales desde Portugal. Gibraltar está construyendo dos espigones en la zona de Sandy Bay, en la cara este del peñón, como parte de un complejo residencial y para proteger esta zona de las embestidas del oleaje.

El arrecife cubre un minúsculo 0,2% de las aguas territoriales de Gibraltar que España no reconoce porque no están mencionadas en el Tratado de Utrecht. Aparentemente el arrecife afecta solamente a un barco de pesca español, llamado Divina Providencia. Se dice que el dueño de este barco ha tenido bastante éxito reclamando las compensaciones prometidas por el Gobierno español para las embarcaciones de Algeciras y La Línea que, faenando en las aguas que rodean Gibraltar, se vean implicadas en incidentes con el Gobierno del Peñón y queden impedidas para practicar correctamente la pesca.

Aunque el Tratado de Utrecht cedió únicamente las aguas del puerto, y la soberanía del Peñón (sin ceder su espacio aéreo), el Gobierno británico hace uso de las aguas colindantes como si fuesen parte de su espacio marítimo. En la primera mitad del siglo XVIII surgió el concepto de las 3 millas náuticas (5,6 km) para todo el mar territorial soberano y fue adoptado por la mayoría de los países en 1982 como base de la jurisdicción marítima, hasta que la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982, que entró en vigor en 1995, estableció un nuevo límite de 12 millas náuticas (22 km). Las aguas territoriales británicas de Gibraltar actualmente se extienden hasta las 3 millas náuticas.

Nunca han sido tan tensas las relaciones entre Gibraltar y el Gobierno español desde el cierre de la frontera en 1969 por el General Franco, que duró hasta 1985 cuando fue reabierta completamente.

El medio ambiente, incluyendo la política marítima, son competencias del Gobierno de Gibraltar de acuerdo a su constitución de 2006. Si el Partido Popular, nada más ganar las elecciones, no hubiera puesto fin al Foro Tripartito de Dialogo establecido en 2005 por el Gobierno socialista – quiere un foro de cuatro bandas incluyendo los intereses locales españoles, rechazado por Londres y Gibraltar – es más que probable que Fabián Picardo, el ministro principal del Peñón, habría planteado la cuestión del arrecife en esta instancia y esta absurda crisis no se habría agravado tanto.

En abril de 2012, durante el funeral de Margaret Thatcher en Londres, Picardo se acercó al titular de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, con el propósito de buscar una fórmula para poder hablar, pero García-Margallo le dio la espalda. Más tarde, Picardo no se sintió en la obligación de avisar Madrid o Londres del arrecife.

En el fondo, lo que el PP quiere es restablecer un mecanismo como el llamado Proceso de Bruselas (1984) para negociar directamente con Londres la soberanía compartida del Peñón, sin la participación de Gibraltar. La mera idea de una soberanía compartida fue rechazada por 98,9% de los gibraltareños en un referéndum en 2002.

Los llanitos tienen la última palabra en este asunto, y en el clima actual de las relaciones una soberanía compartida sería rechazada en un 100%.

Tanto Madrid como Gibraltar han establecido líneas rojas. Picardo asegura que “el infierno se congelará antes de que el Gobierno gibraltareño retire alguno de esos bloques”, y el PP quiere la retirada de los bloques antes de sentarse a hablar.

Madrid y Londres están negociando en secreto cómo desbloquear esta situación (¿a espaldas de Gibraltar?), mientras el Comité Especial de Descolonización de las Naciones Unidas urge más cooperación entre todos los partidos afectados sobre una base ad hoc.

Mientras, rechazados tanto el foro tripartito como el de a cuatro bandas, otro de cinco bandas (incluyendo la Comisión Europea por la primera vez) está cobrando forma para reunirse en Bruselas, territorio neutral. Picardo lo ha aceptado y solo espera la luz verde de Madrid. ¿Quién parpadea primero?

http://www.elimparcial.es/nacional/el-conflicto-con-gibraltar-quien-parpadea-primero-130178.html

Spanish writer remembered at his ‘local’ in Oxford

Christopher Gray, Oxford Times

It was a curious circumstance that I needed to travel to Gibraltar and its first literary festival last weekend to hear a story local to Oxfordshire, and specifically to Faringdon. Its teller was William Chislett, a Madrid-based journalist well-known for his work in Spain and Mexico. If his name sounds familiar to my readers in Oxfordshire, this is possibly because his father, also William Chislett, was an authoritative writer on Oxford’s cultural scene over many years as the Oxford Mail’s chief music critic.

The story concerned Arturo Barea, best known as author of the autobiographical trilogy translated as The Forging of a Rebel. Obliged to leave Spain after difficulties with the Communist party, he later settled in England as a BBC broadcaster and writer.

Chislett told his audience: “He lived for ten years in Middle Lodge, a house he rented from the second Lord Faringdon on the edge of Buscot Park, near Oxford. The lord was a socialist who converted his Rolls-Royce into an ambulance and joined a British field hospital in Aragon in the Civil War. He was one of the gilded youths depicted by Evelyn Waugh in Brideshead Revisited. Basque refugee children, who were shipped out of Spain in 1937 after the German bombing of Guernica, also lived on Faringdon’s estate.”

Barea died in 1957, aged 61, and has a commemorative stone in Faringdon cemetery. Next to it are the graves of the parents of his Austrian wife, Ilsa.

In August of this year, a plaque in Barea’s memory was put up outside The Volunteer pub in Faringdon, where he spent many convivial hours. This was the brainchild of Chislett and a group of admirers that included the Spanish novelists Javier Marías and Antonio Muñoz Molina.
http://www.oxfordtimes.co.uk/news/opinions/graymatter/10775573.Spanish_writer_remembered_at_his__local__in_Oxford/

George Orwell: un conservador radical

“Mirar lo que se tiene delante de los ojos requiere un constante esfuerzo”

Sesenta y tres años después de su muerte, George Orwell (pseudónimo de Eric Arthur Blair) sigue siendo una persona clave para entender el mundo, y no sólo por citas tan relevantes como la que encabeza esta columna. Si toda la clase política española hubiera hecho “un constante esfuerzo”, es más que probable que España no habría entrado en una crisis tan profunda.

La participación de Orwell en la Guerra Civil como miliciano al lado del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), entre diciembre de 1936 y junio de 1937, marcó su vida y está contada en su libro “Homenaje a Cataluña” publicado en 1938. Orwell fue testigo del control estalinista del Partido Comunista de España y las mentiras que se usaban como propaganda para la manipulación informativa. Estuvo a punto de ser asesinado en Barcelona durante la represión contra el POUM.

La lucha por el poder en la retaguardia del frente en Barcelona fue como una guerra civil dentro de la Guerra Civil. Los comunistas del PSUC, los nacionalistas de ERC y los sindicalistas de UGT, por un lado, y los anarquistas de la CNT-FAI y el POUM, por otro.

Los dos libros más célebres de Orwell, “Rebelión en la granja” (publicado en 1945) y “1984” (1949), tienen sus orígenes en las experiencias del autor en España. “La guerra de España y otros acontecimientos ocurridos en 1936-1937 cambiaron las cosas, y desde entonces supe dónde me encontraba. Cada línea en serio que he escrito desde 1936 ha sido escrita, directa o indirectamente, contra el totalitarismo y a favor del socialismo democrático como yo lo entiendo”, escribió en 1946.

Menos conocida, particularmente en España, es la influencia sobre Orwell de su propio país, Inglaterra, en particular sus tradiciones y la lucha durante los siglos para ganar más libertad, algo que está admirablemente contado en George Orwell: English Rebel (“George Orwell: un rebelde inglés”) de Robert Collis publicado esta semana por Oxford University Press.

Hijo de un oficial del departamento del opio de la administración pública de la India (parte del Imperio Británico) y educado en colegios privados selectos, incluyendo el muy elitista Eton (ganó una de los becas King’s sin la cual su padre no habría podido pagar la matricula), Orwell estaba destinado, previsiblemente, a formar parte por sus propios méritos de la clase dominante. Pero se rebeló y se adhirió a la causa del socialismo democrático.

La verdad es que Orwell, como bien describe Collis, está lleno de contradicciones. Era un intelectual que odiaba los intelectuales, especialmente los de izquierda; un socialista que tuvo poca fe en el estado; un escritor de izquierdas más propenso a perdonar a los escritores de derechas; un liberal en contra de los mercados libres; un protestante que no creyó en Dios aunque profesó la religión, y un disidente que ejerció la disidencia aunque sólo fuera para disfrutar del derecho a estar en desacuerdo.

Inglaterra tiene una larga tradición de disidentes, empezando con los cristianos que en el siglo XVI se separaron de la Iglesia de Inglaterra. Orwell no tuvo una voz política consistente salvo la creencia con algunas reservas en la libertad. Para Collis Orwell era más bien un conservador radical (radical Tory) que un socialista de pura cepa.

El libro termina con un fascinante capítulo sobre lo que le habría pasado a Orwell si no hubiera muerto con tan sólo 46 años y bastante desconocido. El mundo, desde su muerte, ha cambiado mucho y con ello el renombre de Orwell: el Imperio Británico, el primer y profundo odio de Orwell, ha desaparecido; se propagó el estado de bienestar por la mayoría de los países europeos; los derechos civiles han mejorado; el acceso a la educación obligatoria y gratuita se ha extendido en gran parte del mundo; el comunismo se derrumbó y ha surgido una nueva amenaza, el fundamentalismo islámico.

¿Cómo habría reaccionado Orwell a los grandes acontecimientos de los últimos 60 años, como la guerra en Corea, la invasión de Hungría o la crisis de los misiles en Cuba? La escritora americana izquierdista Mary McCarthy dijo en el apogeo de la guerra en Vietnam que casi podía “oírle argumentando airadamente que oponerse a los americanos […] es ser objetivamente totalitario”.

No se sabe. Lo que sí se sabe es que se echa de menos su voz crítica que tanto molestó a la derecha y a la izquierda.

¡Que España funcione!

Poco después de ganar las elecciones en 1982, Felipe González, preguntado sobre los objetivos de su Gobierno, contestó “que España funcione.” Treinta años después, España no funciona como tiene que ser.

Entre otras cosas, el modelo económico, basado en la construcción, ha sido incapaz de crear empleo de forma sostenida (de los 3,7 millones de puestos de trabajo que se han destruido desde 2007, 1,6 pertenecían a la construcción), el sistema educativo está en crisis (una de cada cuatro personas entre 18 y 24 años ha abandonado los estudios prematuramente), el sistema de autonomías está rompiéndose, la corrupción ha florecido, los procesos judiciales marchan a paso de tortuga antes de llegar a un juicio, si es que llegan, y la judicatura está demasiado politizada. Además, la clase política está considerada parte del problema y no parte de la solución.

¿Hasta qué punto gran parte de los problemas de hoy son la culpa de los socialistas, quienes han ganado seis de los 11 elecciones generales desde 1977 y es la fuerza política que empezó a modernizar el país?

El frase que encabeza esta columna viene del libro de Paul Kennedy, The Spanish Socialist Party and the Modernisation of Spain (“El Partido Socialista español y la modernización de España”), publicado el mes pasado por Manchester University Press. En menos de 250 páginas, el británico Kennedy, buen conocedor de España y profesor de estudios españoles y europeos en la Universidad de Bath, repasa de forma amena la historia del PSOE desde su fundación por Pablo Iglesias en 1879 hasta hoy. No es tarea del libro de Kennedy repartir responsabilidades, aunque da algunas pistas.

El libro es la historia más completa de este partido en inglés, y pone a los socialistas en el contexto de la socialdemocracia europea a partir de los años 70. Cubre los orígenes del partido, su papel en la Segunda República, el largo exilio de sus líderes, la negociación de la entrada de España en la Comunidad Europea en 1986, las políticas económicas, de seguridad y exterior de los Gobiernos de Felipe González, los socialistas en la oposición entre 1996 y 2003, las políticas de José Luis Rodríguez Zapatero y a dónde va el partido.

Otra cita interesante en el libro que merece recordarse es la de Zapatero, quien dijo en 2005, después de ganar las elecciones, que “un programa moderno de izquierda está basado en una economía bien gestionada, con las cuentas públicas en superávit, tipos moderados de impuestos y un sector público limitado.”

Es cierto que España tuvo un superávit antes de la crisis y un bajo nivel de deuda pública, pero la economía no fue bien gestionada. Zapatero perdió una oportunidad de oro para una verdadera modernización. Otra cosa fueron sus necesarias reformas sociales.
Kennedy comenta que Zapatero, al llegar al poder en 2004 con la economía creciendo más fuertemente que el promedio europeo, tuvo aparentemente “pocos incentivos para rechazar un modelo productivo basado en el ladrillo”. Para rechazarlo no, pero sí para empezar a cambiarlo y hacer la economía más diversificada y equilibrada. Aquí, toda la clase política tiene la culpa.

La locura de la burbuja inmobiliaria, alimentada por los bajos tipos de interés (fijados por el Banco Central Europeo) y que arrancó después de la ingenua Ley de Suelo de 1998 del Partido Popular, era para mí al menos, como el título de una novela de García Márquez, La crónica de una muerte anunciada, o tal vez para ser más justo La crónica de un fracaso anunciado. La única incógnita era cuándo ocurriría. Otros países han sufrido burbujas inmobiliarias pero ninguno con consecuencias tan devastadoras como en España.

Aun en 2009, después de su segunda victoria y negando la profundidad de la crisis, Zapatero se vanaglorió de que “estamos entre los que menos padecen la crisis y seremos los primeros en salir”, palabras que volvieron a surgir para atormentarle.

Kennedy pinta a Zapatero, una vez estallada la crisis, como una víctima de las demandas de los mercado financieros internacionales y que no tenía más remedio que ceder. Esta es una visión muy simplista. ¿Acaso había otra política viable? ¿Ignorar los mercados habría resuelto los problemas?

¿A dónde van las socialistas? El Partido Popular volvió este mes a situarse por delante del PSOE en la estimación de resultado electoral después de una oleada —la del mes de septiembre— en la que los socialistas se habían situado por delante de los populares, por primera vez desde las elecciones de 2011. Si ahora hubiera elecciones, el PP lograría el 34,1% de los votos frente al 29% que obtendría el PSOE. En realidad, tanto la oleada de septiembre como la de octubre lo que muestran es un empate técnico, si se tienen en cuenta los márgenes de error de las encuestas.

Que un partido en el poder pierda votos (logró el 44,6% en noviembre 2011), y más uno como el PP que ha tomado tantas medidas impopulares, no sorprende en absoluto; lo que sí llama la atención es que el mayor partido de la oposición (28,7% de los votos en 2011) no haya sido capaz de levantar cabeza y ganar terreno.

Como concluye Kennedy, el PSOE tiene que renovarse para poder seguir jugando un papel clave en la modernización del país.

http://www.elimparcial.es//que-espana-funcione-129629.html

Staying put in Spain

Letter published in The Economist in response to a Charlemagne column about migration.

SIR – Contrary to the impression given in the Spanish press of an exodus of engineers from Spain (Charlemagne, September 21st), they, and others, are leaving in very small numbers. Between January 2009 and January 2013, the worst years of Spain’s recession, the number of native Spaniards (those born in Spain) who resided abroad increased by a mere 40,000, which is less than 0.1% of Spain’s population, to 1.9m.

These figures are based on official Spanish statistics cross-checked with data in the countries where Spaniards reside, and the differences are not significant. Moreover, Spain’s foreign-born population of 6.4m is more than three times higher than the number of Spanish citizens living abroad.

Since the death of General Franco in 1975 Spanish society has, in fact, been exceptionally immobile.
http://www.economist.com/news/letters/21588053-spain-bulgaria-david-cameron-census-art-missing-people-roundabouts-energy

EU urges reopening of stalled membership talks, despite failures

The European Commission would like the talks on Turkey’s full EU membership, frozen for the past three years, to be renewed and greater attention paid to incorporating the issue of fundamental rights into negotiations with the country.
http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_eng/Content?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/Elcano_in/Zonas_in/Commentary-Chislett-Turkey-EU-reopen-stalled-membership-talks

El Senado y el ejemplo de Irlanda

Irlanda y España tienen en común más que burbujas inmobiliarias. Ambos países tienen senados que son obsoletos. Los votantes en Irlanda acaban de rechazar, por sorpresa, en un referéndum la propuesta del Gobierno de eliminar el suyo. Sospecho que una votación similar en España tendría éxito.

El Seanad Éireann fue creado en 1922 poco después del establecimiento del Estado Libre Irlandés, y cuenta con 60 miembros designados: 11 por el jefe del Gobierno, seis por las universidades y los 43 restantes por la clase política en paneles formados por los miembros de la Cámara Baja, los senadores salientes y concejales municipales. Al ser una institución cuyos miembros no son elegidos por los votantes, tiene un carácter antidemocrático.

Como parte de una estrategia para mejorar la muy mermada credibilidad de la clase política, Enda Kenny, el taoiseach (primer ministro), propuso abolir el Senado y ahorrar unos 20 millones de euros al año de dinero público. La victoria de los votos en contra de suprimir el Senado (51,7% en contra y 48,3% a favor) es un duro revés pero Kenny no tiene que dimitir. El referéndum ha costado la misma cifra de 20 millones de euros.

El Senado español, con 266 escaños (incluyendo los 58 designados por los parlamentos autonómicos), ha estado bajo lupa durante muchos años, dada su dudosa utilidad. Según el catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Santiago, Roberto Blanco: “Si no estamos dispuestos a cambiarlo en serio, quitémoslo. Es una cámara inútil que no añade nada al proceso legislativo ni al control al Gobierno, y no le hace caso nadie, ni siquiera cuando veta los presupuestos”.

Uno de los más conocidos senadores (cobran un sueldo que ronda unos 5.000 euros al mes) en una institución que brilla por su ausencia en la vida pública era Luis Bárcenas, y uno que acaba de incorporarse el mes pasado, designado por el Parlamento de Andalucía, es José Antonio Griñán, el ex presidente de la Junta de Andalucía durante cuyo mandato ocurrió el escándalo de los ERE. En el caso de ser imputado en el escandalo de los ERE, Griñan disfrutará de la condición de estar aforado.

Entre las funciones del Senado está la de proponer al Rey el nombramiento de cuatro magistrados del Tribunal Constitucional y la designación de seis vocales del Consejo General del Poder Judicial, así como la potestad de autorizar al gobierno a intervenir las comunidades autónomas. Ambos instituciones están desacreditadas.

En su función de segunda lectura el Senado puede enmendar parcial o totalmente (veto) las leyes, pero el Congreso puede anular esa votación hasta por mayoría simple. Y si acaso tuviera la tentación de presionar al Congreso, la Constitución le impone un límite de dos meses para revisar una ley. Pasado este plazo, se entiende aprobada.

En cuanto a su función de representación territorial, en las dos cámaras se elige por circunscripción provincial y los parlamentarios se organizan en grupos partidarios, por lo que el Senado, tal como está concebido, no añade nada especial a favor de los intereses autonómicos, que ya se defienden en el Congreso.

Así que el Senado tiene un papel insignificante. Tiene las competencias legislativas de una comisión del Congreso. Llama la atención que ninguna encuesta electoral ha preguntado por el Senado, que yo sepa.

Estamos en el peor de los mundos: los partidos políticos no lo van a tocar y no lo van a suprimir, salvo Esquerra Republicana de Cataluña que quiere abolirlo por sus propios motivos.

Reformarlo y darle poderes significa que el Congreso tendría que renunciar a parte de sus poderes y los dos partidos grandes tendrían que perder una importante vía de financiación.

Convertirlo en un senado de tipo federal significa que todas las autonomías deberían ser iguales, y no lo son, y esto es imposible sin cerrar de una vez por todas el mapa territorial de España, que es la madre del cordero de la política española. Encima, una parte de la población de una autonomía, cuyo nombre prefiero no recordar, quiere separarse.
http://www.elimparcial.es//el-senado-y-el-ejemplo-de-irlanda-129364.html