España y Inglaterra, vidas paralelas, hasta cierto punto

En un aspecto clave, España y mi país, el Reino Unido, son muy parecidos. Los dos publicaron este mes sus censos de población de mayor envergadura realizados cada 10 años y en ambos casos la mayor parte del crecimiento de sus respectivas poblaciones se ha debido a inmigrantes.

La población total de Inglaterra y del País de Gales creció 3,7 millones (+7%) hasta los 56,1 millones de habitantes entre 2001 y 2011, de los que el 60% se ha debido a inmigrantes (+2,1 millones), mientras que la población española aumentó el 14.6% en este mismo periodo, desde 40,8 millones hasta 46,8 millones, lo que supone el mayor crecimiento en una década jamás registrado en España.

El 62% del incremento de la población española (+3,7 millones de habitantes) se ha debido a la inmigración. Esta última cifra es la misma que el aumento total en la población de Inglaterra y el País de Gales y subraya el profundo cambio demográfico en España.

El aumento de nacionales se ha debido fundamentalmente al aumento de la esperanza de vida, la subida de las tasa de natalidad (sobre todo en el periodo 2005-2009 durante la última parte del boom económico) y al hecho de que muchos extranjeros hayan adquirido la nacionalidad española. Si uno incluye este último grupo como inmigrantes (no hay cifras publicadas), el flujo de extranjeros ha sido aún más intensivo.

Las caras de los dos países están cambiando a un ritmo vertiginoso. Británicos étnicos blancos en Londres, por ejemplo, han dejado de representar por vez primera la mayoría de la población. Hoy están en una minoría (el 45% de la población de Londres en comparación con casi el 60% en 2001). Más de una de cada tres personas que viven en Londres (el 37%), incluyendo a mi hijo de 31 años (nacido en México), no nacieron en el Reino Unido.

En España, más del 20% de las poblaciones de las provincias de Alicante y Girona son hoy extranjeros.

La primera vez que llegué a España en 1974 para trabajar, yo era uno de los aproximadamente 165.000 extranjeros que había en el país. Hoy soy uno de los más de 5,6 millones.

Otro cambio en el Reino Unido, indicado por el censo, es una población menos religiosa, a juzgar por los resultados publicados aunque la pregunta sobre la afiliación religiosa es voluntaria. El porcentaje de personas que se han identificado con el cristianismo cayó desde el 72% en 2001 hasta el 59% en 2011, a pesar del incremento en la población total. Esta religión fue la única que registró una caída durante los 10 años. Además, la cuarta parte de la población dijo que no estaba adherida a ninguna religión (el 15% en 2001).

El primer país de origen de inmigrantes entre 2001 y 2011 en Inglaterra y País de Gales fue India, seguido por Polonia. En 2001, fue Irlanda. Es de suponer entonces que ha aumentado la proporción de hindús.

En España, Rumania ha sido la fuente principal de inmigrantes. Su número aumentó de 57.533 en 2001 hasta 798.104 en 2011, seguido por marroquíes (desde 247.941 a 773.966).

No hay datos sobre la afiliación religiosa en el censo español, y desconozco si habrá, pero, igual que en el censo británico, es de esperar que menos personas se hayan identificado con el cristianismo y que la secularización de la sociedad avance progresivamente. Mientras el hinduismo ha crecido en el Reino Unido, en España ha sido el Islam.

La demografía española está cambiando, pero no la mentalidad de la jerarquía de la Iglesia Católica. Parece cierto que la Iglesia va a colmar su reivindicación de que se suprima la polémica Educación para la Ciudadanía (cursos similares existen en otros países europeos), lanzada por José Luis Rodríguez Zapatero. Además los alumnos que elijan no cursar la asignatura de Religión en los centros públicos (incluido en el Acuerdo entre el Estado español y la Santa Sede de 1979, y voluntaria) tendrán que estudiar una materia alternativa fuerte sobre valores culturales y sociales en primaria y valores éticos en secundaria (una manera de que la asignatura confesional no pierda alumnos).

La Iglesia espera ganar clientela, con el apoyo activo del PP. El mismo ministro de Educación, José Ignacio Wert, admite que el impulso que se pretende dar a la religión en la escuela con la eliminación de la Educación para la Ciudadanía es una “opción política”. La reforma supone un paso atrás.

Ha llegado la hora para otra opción política: retirar la asignatura de Religión del horario lectivo. Un Estado supuestamente laico no tiene la obligación de proporcionar enseñanza religiosa en los centros públicos en condiciones equiparables a las demás asignaturas fundamentales.
http://www.elimparcial.es//espana-y-inglaterra-vidas-paralelas-hasta-cierto-punto-116344.html

¡Es la educación, estúpido!

Por enésima vez estamos asistiendo a un debate estéril sobre la educación que se centra en temas que no son primordiales, como el modelo lingüístico que tanto ha enfurecido a los nacionalistas catalanes, o el reparto de recursos a los colegios en función de resultados, o eliminar, aparentemente, la polémica asignatura de Educación para la Ciudadanía que tanto disgustó a la jerarquía de la Iglesia Católica para poner en su lugar una nueva más en acorde con sus deseos.

Nadie en su sano juicio pueda negar el deterioro del sistema educativo en España en los últimos 20 años. Basta ver algunas cifras como la tasa del abandono escolar prematuro (26,5%, casi el doble de la media europea, y esto en una recesión) y los mediocres resultados de los alumnos de 15 años españoles en exámenes internacionales como PISA.

Los resultados de los alumnos de nueve años en lengua, matemáticas y ciencias son también mediocres, según un informe de International Association for the Evaluation of Educational Achievement (IEA). Igual que los resultados de PISA, España se sitúa por debajo de la media de la OCDE en las tres asignaturas. Esto significa que las carencias del sistema educativo se fraguan en primaria y no se consigue corregirlas, pues siguen ahí hasta el final de la enseñanza obligatoria, cuando una proporción escandalosamente alta de alumnos dejan de estudiar.

Un reciente informe de Pearson, en cooperación con el Economist Intelligence Unit (EIU), sitúa España en el lugar 28 de un ranking de 40 países basado en habilidades cognitivas y el nivel de estudios, detrás de, por ejemplo, Polonia, Eslovaquia, Rusia y la República Checa. Lo más llamativo de este informe es otro ranking que demuestra que el problema español no se debe a salarios más bajos que en otros países.

Según datos del EIU y del OCDE, el ratio del salario promedio de un profesor de educación primaria y secundaria al salario bruto medio es el segundo más alto de los 17 países investigados (1,76) después de Chile (2,78), pero España figura en la cola del índice global citado arriba. Finlandia, en cambio, es el número uno en el índice global y en el lugar 14 del anterior ranking (con un ratio de 0,87).

Los autores del informe dicen que no hay relación clara alguna entre el nivel del salario de un profesor y sus resultados, pero sí lo hay a veces con el sistema de renumeración basado en el rendimiento. Su conclusión es que hace falta pagar a los profesores “razonablemente bien, pero éste desluce en comparación con otros factores.”

En otras palabras, España paga a sus profesores relativamente bien pero no obtiene buenos resultados. Los últimos tres países en la tabla sobre el ratio de sus sueldos al sueldo promedio — Noruega, Suecia y Australia — son países bastante más ricos que España y todos sobrepasan a España en resultados.

¿Cuál es la solución a este problema? ¿Por qué el sistema educativo español rinde tan poco? Yo no pretendo ser experto en el tema, pero cualquiera con un mínimo comprensión del problema sabe que las reformas hasta ahora no han servido para mejorar el sistema educativo. Al contrario.

Entre las deficiencias están la calidad de los profesores, la falta de disciplina en las aulas, el sistema de aprendizaje muy basado en la memoria, con poca atención al análisis y a la capacidad de aplicar la información aprendida (a diferencia, por ejemplo, del sistema inglés), al escaso énfasis en las evaluaciones, a la desmotivación por repetir todo un curso que muchas veces da lugar a abandonar la educación una vez alcanzado la edad legal (16 años) para hacerlo (sólo el 74% de alumnos terminan la educación secundaria en comparación con un promedio de 85% en la Unión Europea) y, a las deficiencias en el nivel universitario, con carreras que son demasiado largas, con altos niveles de repetir asignaturas y la masificación a costa de la calidad.

Estos defectos no se corrigen con las reformas del Gobierno, aunque creo positiva la idea de introducir un elemento de competición entre colegios basado en hacer públicas sus notas en las evaluaciones y especialización. Hace falta un pacto entre el Partido Popular y los socialistas, en el cual ambos acepten que mejorar el sistema educativo es un gran reto que necesita, como mínimo, una década para rendir frutos.

He dicho que el problema no es uno de falta de fondos, aunque éste no justifica de ninguna manera los recortes brutales al presupuesto para la educación. Las universidades, por ejemplo, han perdido más de 800 millones de euros en los últimos tres años mientras que la matrícula ha aumentado en 70.000 alumnos.

Como avisaron los 50 rectores de las universidades públicas en su reciente comunicado sobre los recortes, “nos quedaremos sin una de las armas necesarias para avanzar y salir de la crisis económica: el conocimiento.” O en palabras de un dicho inglés, “una inversión en conocimiento siempre paga un tipo de interés excelente.”

http://www.elimparcial.es/sociedad/es-la-educacion-estupido-116090.html

Turquía en el punto de mira

En los últimos 10 años, bajo el liderazgo de Recep Tayyip Erdogan y el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), con raíces islamistas, Turquía ha emergido como una potencia económica y política. España es uno de los países que se ha beneficiado de esta nueva situación, como fue demostrado durante la reciente cumbre entre Erdogan y Mariano Rajoy en Madrid.

Turquía, que empezó a negociar su entrada en la Unión Europea en 2007 con el apoyo activo de España (el proceso está casi paralizado), ya es el segundo mercado más importante para las exportaciones españolas fuera de la Unión Europea y después de los Estados Unidos. La exportaciones españolas a Turquía aumentaron desde los 2.900 millones de euros en 2007 hasta los 4.400 millones en 2011 y fueron 3.400 millones en los primeros nueve meses de este año. La inversión directa española en Turquía alcanzo 7.100 millones de euros al final del 2011.

La economía turca creció el 9,2% en 2010 y el 8,5% en 2011 y en el tercer trimestre de este año el crecimiento se ralentizó a sólo el 1,6%, aunque sigue siendo un buen dato comparado con sus vecinos europeos, algunos de los cuales, como España, aún no han salido de la recesión. El mes pasado la calificación crediticia de Turquía recibió un ascenso de Fitch Ratings, alcanzando el grado de inversión por primera vez desde 1994.

Esta calificación supone un sello de aprobación de la economía turca y se espera que se acelere la entrada de inversiones extranjeras en el país incluyendo las de España. El Instituto de Crédito Exterior (ICEX) va a organizar el año que viene un foro de inversión en Estambul con el que se pretende que las empresas españolas y turcas desarrollen conjuntamente proyectos de inversión en sectores prioritarios.

La economía turca marcha bien y parece que va a poder aterrizar suavemente después de un periodo de fuerte crecimiento, a diferencia de la española. Mucho más problemática es la situación política. Erdogan tiene demasiados tics autoritarios y los derechos humanos distan mucho de lo que tienen que ser para un país con aspiraciones a adherirse a la UE. Por ejemplo, Turquía está a la cabeza de los países con mayor número de periodistas entre rejas (unos 76). La mayoría de los periodistas encarcelados están acusados bajo leyes antiterroristas y algunos por insultar a la nación turca (infrigiendo el polémico articulo 301 del Código Penal que no ha sido reformado suficientemente). Dicho esto, uno de los logros más importantes de Erdogan es el de haber reducido el poder y la influencia de los militares.

La mejor manera de entender la complejidad turca y los profundos cambios en la última década (algo parecido ocurrió en España) es leer el libro de Jenny White, Muslim Nationalism and the New Turks (“El nacionalismo musulmán y los nuevos turcos”), publicado el mes pasado por Princeton University Press. White es catedrática asociada de la universidad de Boston y ha seguida los altibajos de Turquía desde los años 70.

Según White, los tres cambios más importantes en Turquía ocurridos en los últimos 30 años son: el golpe militar de 1980, que reconfiguró el panorama político y dio más libertad a la forma turca de Islam para hacer frente al socialismo y comunismo; la apertura de la economía insular dominada por el Estado para poder competir en el mercado global y el auge de partidos políticos islamistas.

Jenny White explica muy bien los cambios profundos en la identidad nacional turca y en el significado del Islam y se pregunta si el llamado modelo turco es una historia exitosa o un cuento aleccionador.

Las elites musulmanas han desafiado al tradicional status quo laico, establecido a partir de la fundación de la República Turca en 1923 por el audaz Mustafa Kemal Ataturk sobre las ruinas del Imperio Otomano, y han desarrollado una definición alternativa de la nación basada en una recuperación nostálgica del pasado otomano, que reemplaza a la de la República basada en la pureza de la sangre, el idioma turco y su cultura.

Esta élite de musulmanes piadosos no ve ninguna contradicción en gobernar un estado laico, mientras que para los jóvenes turcos las identidades religiosas y nacionales se han convertido, como un producto de consumo, en objetos de selección y formas de expresión personal.

Aunque parezca contradictorio, Turquía es hoy más socialmente conservadora y, a la vez, la sociedad turca es más liberal. Todo un enigma que hace el país fascinante.
http://www.elimparcial.es//turquia-en-el-punto-de-mira-115740.html

En torno a Javier Pradera

Cuando camino desde mi casa al metro en la cercana plaza de Manuel Becerra, a veces voy por una ruta que me lleva por la pequeña calle donde Federico Sánchez, heterónimo de Jorge Semprún, tenía una de sus casas seguras durante su época de clandestinidad en el Madrid de los años 50, y luego paso por la iglesia de la plaza, usada por Semprún como punto de encuentro. El reciente y fascinante libro de Santos Juliá, “Camarada Javier Pradera” (Galaxia Gutenberg), sobre el columnista y editor y gran amigo de Semprún me ha sumergido en los diez años (1955-65) de militancia de Pradera en el Partido Comunista de España (PCE).

“¿Por qué un tipo que tiene veinte o treinta años en 1956 se adhiere al PCE a pesar de toda la propaganda oficial?” preguntaron Régis Debray y Max Gallo a Santiago Carrillo en su entrevista con el secretario general del partido, publicado en un libro. Carrillo responde: “Para los jóvenes, en aquel momento el único medio de ser antifranquista era ser comunista” (el más denostado de todos los partidos).

Había algo más, según Juliá. “El PC no era sólo el partido de ser antifranquista; lo era, desde luego, pero era sobre todo el partido de la revolución, del socialismo, vividos como expectativa por un grupo de amigos.” El mismo Pradera, desde la distancia y después de una especie de “caída de Damasco” hacia la democracia tal como la entendemos ahora, escribió con una honestidad ejemplar: “Me resisto a aceptar la idea de que los estudiantes y los intelectuales de izquierda que militaron en la oposición al régimen desde 1956 hasta las postrimerías del franquismo tuvieran — tuviéramos — como objetivo la creación de un sistema político como la Constitución de 1978. “

En 2005, fue más allá: “No luchábamos por las libertades, nosotros luchábamos por la revolución social; luchábamos por un cambio en el modo de producción, luchábamos por las libertades reales, no por las libertades formales.”

La experiencia de Pradera, nacido en 1934, es particularmente interesante, aunque lejos de ser única, porque era hijo de los vencedores. Cuando se incorporó al Partido Comunista no se habían cumplido aún 20 años desde la rebelión de julio de 1936 que desencadenó la revolución de la que habrían de ser víctimas su padre y su abuelo. En esa época, hubo ocasiones en las que el hijo de un asesinado por un franquista compartía celda con el hijo de un asesinado por un rojo.

El caso de Pradera me recuerda el de mi amigo Manuel Azcárate (1916-1998), aunque en circunstancias bien diferentes. Azcárate, nacido en una familia liberal burguesa (su padre fue el embajador de la República en Londres durante la Guerra Civil), se incorporó al PCE en 1934 a la misma edad más o menos que Pradera, 20 años más tarde. Cuando Azcárate murió, Pradera escribió: “ Si la solidaridad de clase y la miseria dan cuenta de las razones de los trabajadores manuales, el testimonio autobiográfico de Manuel Azcárate enseña cómo la educación sentimental, moral e intelectual llevó a tantos estudiantes, profesores, artistas e intelectuales españoles a afiliarse en el PCE.” Son palabras aplicables hasta cierto punto a Pradera.

El libro de Juliá incluye documentos judiciales inéditos de archivos españoles, cartas entre el joven Pradera y el entonces estalinista Sánchez (diez años mayor), escritos políticos, incluyendo uno manifestando su desacuerdo con el libro de Semprún, la “Autobiografía de Federico Sánchez”, publicado en 1977, a pesar de estar dedicado a él, recuerdos de su familia y el arranque de unas memorias que nunca acabó.

Juliá indaga en la rebelión de los universitarios madrileños de 1956, el año de prisión militar de Pradera (durante el que fue visitado por un muy atrevido Sánchez), el enorme fracaso (éxito para el PCE, algo que Pradera se niega a aceptar) de la huelga nacional pacífica de 1959 (todo con mayúsculas para el PCE, indicando su singularidad), y los debates de 1963 y 1964 en el Comité Ejecutivo del PCE con la expulsión de Fernando Claudín y Semprún.

Lo que se rompe para Pradera, explica Juliá con excepcional habilidad para el análisis, es la fe ciega en el Partido sobre la confianza en la razón. “El axioma: mejor equivocarme dentro del Partido que tener razón fuera de él; deja de tener sentido; la convicción de que lo importante es el Partido se esfuma, desaparece, cuando una y otra vez se utiliza para tapar bocas.”

Pradera nunca renunció al uso de su propia razón y no perdió contacto con la realidad española, a diferencia de los dirigentes del Partido. Tal vez esto explica por qué el PCE (bajo otro nombre) pinta tan poco hoy en el panorama político.
http://www.elimparcial.es/cultura/en-torno-a-javier-pradera-115389.html

De la A a la Z del mundo islámico

Una de cada cinco personas en el mundo es musulmana. La población islámica abarca países desde Marruecos hasta Mindanao, en las Islas Filipinas. Alemania tiene más musulmanes (unos 4 millones) que protestantes o judíos, y España tiene más de un millón (el 3% de su población total). La civilización islámica durante el Imperio abasida (750-1258) era la más avanzada en el mundo en la practica de filosofía, medicina y las ciencias. Hoy, desafortunadamente, el Islam es más conocido por el extremismo y fundamentalismo de al Qaeda que por cualquier otra cosa.

La editorial, Princeton University Press, ha hecho una gran labor y servicio público con su Encyclopedia of Islamic Political Thought (“Enciclopedia de Pensamiento Político Islámico”), un libro pionero de 600 páginas con el mismo rigor de su Dictionary of 20th Century Communism (“Diccionario del Comunismo del Siglo XX”) publicado en 2010 y que comenté en una columna.

Igual que el libro sobre la nefasta doctrina de comunismo, el tomo sobre el incomprendido Islam es un libro indispensable, escrito por un equipo de expertos, para entender el alcance de esta religión muy variada y de gran utilidad para cualquier persona interesada en uno de los fenómenos más importantes del mundo de hoy.

El Islam empezó en el siglo VII como una pequeña comunidad en La Meca y Medina liderada por el profeta Mohamed, nos recuerda Gerhard Bowering, catedrático de estudios islámicos de la Universidad de Yale, en su concisa introducción al libro. El Islam se expandió rápidamente por el mundo y se ha retirado de muy pocos países, uno de los cuales fue España y por la fuerza en 1492, después de la caída del Reino de Granada y de más de 700 años de presencia en la Península Ibérica.

El libro contiene mapas del mundo islámico desde sus origines hasta hoy y más de 400 entradas incluyendo una excelente sobre España dedicada a Al-Andalus, el territorio de la Península Ibérica y de la Septimania (la región occidental de la provincia romana de Galia Narbonense, hoy Francia) bajo poder musulmán entre los años 711 y 1492, escrito por Maribel Fierro, investigadora del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

La primera entrada trata de Abbas I (1571-1629) y la última de Zia-ul-Haq (1924-88) y entre las dos hay una gran abundancia de información sobre ideas políticas, conceptos (por ejemplo, la libertad), personalidades, movimientos, lugares y escuelas de pensamiento islámico que dan al lector un panorama completo de este religión heterogénea y difícil de entender, que no ha sido capaz de recuperar su antigua época de brillantez.

Con la llegada de la Ilustración en el siglo XVIII y la Revolución Industrial en el siglo XIX, el mundo islámico quedó rezagado social, política y económicamente de la civilización occidental y nunca se ha recuperado. Desde entonces, y simplificando mucho, hemos tenido dos tendencias diametralmente opuestas: una, la modernización del Islam para adaptarlo a los ideales occidentales, cuyo ejemplo más llamativo se encuentra a grandes rasgos en la república laica de Turquía fundada por Kemal Ataturk en 1923, que está negociando muy lentamente su entrada en la Unión Europea, y la otra los intentos de restaurar el vigor de la dinámica original de Islam, crecientemente dominada en el siglo XX por islamistas extremistas (terroristas) como Osama bin Laden con sus planteamientos de establecer un estado islámico basado en la ley Sharia. Sus momentos álgidos han sido la revolución iraní de 1979 y el atentado del 11 de septiembre del 2001.

La publicación del libro coincide con la elección de Mounir Benjelloun como presidente de la Comisión Islámica de España, que agrupa el grueso de los musulmanes en el país. Benjelloun defiende “instaurar un Islam español en el que se sientan representados todos los musulmanes residentes en España cualquiera que sea su origen” en vez de “importar el modelo de Islam de un país determinado.” ¡Bienvenida la iniciativa!
http://www.elimparcial.es//de-la-a-a-la-z-del-mundo-islamico-115078.html

Rajoy y el rescate

La pregunta de los 64.000 euros sigue siendo si Mariano Rajoy va a pedir un rescate a la Unión Europea. De modo similar al estereotipo del gallego que encontramos en medio de una escalera, seguimos sin saber si sube o baja.

Creo que las recientes declaraciones de Olli Rehn, el comisario de Asuntos Económicos, hacen algo más posible y factible la petición de un rescate. Rehn dijo que a pesar de no cumplir con los objetivos del déficit público para este año y el próximo, no harán falta por ahora más medidas de austeridad en España.

En otras palabras, un rescate no implica automáticamente más austeridad, algo que Rajoy quiere asegurarse antes de pedirlo. Bruselas esta mostrándose más dispuesto a ser flexible con el incumplimiento de los objetivos de déficit siempre y cuando se hagan los esfuerzos estructurales necesarios y la desviación sea solo la consecuencia de la peor evolución de la economía. Esto es el caso de España.

La Comisión estima que el déficit en 2012 será el 8% del PIB, incluyendo la ayuda financiera para los bancos, por encima del 6,3% acordado con Bruselas (7,3% con la ayuda), y el 6% en 2013 aunque el Gobierno se había comprometido reducir el déficit al 4,5%.

Madrid ha conseguido ya más flexibilidad en llegar al umbral del 3% que prevé el Pacto de la Estabilidad (en 2014, en vez de 2013), pero ni siquiera con el año adicional se alcanza el objetivo. Además, en 2014 será contribuyente neto al presupuesto de la UE por primera vez (beneficiario neto desde 1986).

Es de suponer que la Comisión verá difícil que el Gobierno cumpla el objetivo de 2,8% en 2014. El Gobierno ha manejado unas previsiones de crecimiento económico absurdamente optimistas y, por ende, del déficit. El déficit de 2013 está basado en una contracción del PIB del 0,5%, tres veces menor que la estimación de Bruselas. Todo el mundo, menos aparentemente el Gobierno, sabía que en 2013 la recesión (por quinto año consecutivo, salvo el anémico crecimiento en 2011) iba a ser igual de profunda que este año. Luis Linde, gobernador del Banco de España, ha sido más realista.

Más flexibilidad por parte de Bruselas, particularmente significativo a la luz de creciente presiones sociales en España, pone a Rajoy en mejor situación para pedir un rescate. Por otro lado, el hecho de que el Tesoro completara el 8 de noviembre los objetivos de emisión de deuda a medio y largo plazo previstos para este año y emitiera bonos a 20 años, el plazo más alto en 18 meses, combinado con una bajada en la prima de riesgo, da a Rajoy más margen para seguir siendo indeciso.

Lo que no se sabe es si un retraso en el rescate aumenta o mantiene la prima de riesgo y, por tanto, los costes de endeudamiento del Estado. Cada vez los intereses de la deuda requieren cantidades adicionales de recursos presupuestarios, lo que obliga a tratar de lograr superávits primarios muy elevados (excluyendo el pago de intereses), que son contra-cíclicos. En 2013, se estima que el Tesoro tendrá que emitir 270.000 millones de euros de deuda para cubrir los vencimientos de los bonos y el déficit público, y nadie sabe si los inversores van a financiar el Estado español a un tipo de interés asumible por el Gobierno.

La Comisión ha dejado para febrero otra rebaja de las metas de déficit para España. Cree que el Gobierno, a pesar del incumplimiento de los objetivos, está cumpliendo sus exigencias en materia de reforma del sector bancario y reformas estructurales, y poco más que se puede pedir sin correr el riesgo de provocar un terremoto social.

Las comunidades autónomas y corporaciones locales aún no han presentado sus presupuestos para 2013. Solo lo ha hecho la Administración Central quien ha establecido un déficit total del 0,7% del PIB para las autonomías.

Ha llegado la hora de reducir el número de organismos del Estado en las comunidades autónomas, como el Tribunal de Cuentas, el Tribunal de Defensa de la Competencia, el Defensor del Pueblo y el Consejo de Estado, que han generado duplicidades y costes innecesarios. Por ejemplo, las comunidades autónomas disponen de unas 13 oficinas comerciales o centros de negocios autonómicos dedicados a la promoción exterior, que suponen 150 millones de euros y que realizan funciones similares a las del ICEX en el ámbito estatal, según un informe del Círculo de Empresarios.

Otro área para racionalizar, si no eliminar, son las diputaciones provinciales, sin hablar de la maraña de más de 4.000 empresas, consorcios o fundaciones (cerca del 90% de ellas pertenecen a las CCAA y a las CCLL). Las diputaciones han permanecidas intactas tras la aprobación de la Constitución del 1978, a pesar de que surgen las comunidades autónomas como una nueva entidad administrativa entre el Estado central y las provincias. Hay más de 1.500 cargos políticos de designación indirecta en las diputaciones, cuya función en una administración moderna y eficiente resulta totalmente prescindible.

En palabras del Círculo, “es necesario crear un claro mapa de competencias; el servicio que preste una Administración no puede ser prestado también por otra.” A ver lo que dice Bruselas en febrero.
http://www.elimparcial.es//rajoy-y-el-rescate-114718.html

¿Brotes verdes?

Varios miembros del Gobierno han hablado este mes de “señales esperanzadoras” e incluso de que hay algo de luz en el largo túnel de la recesión. ¿Cuáles son las pruebas para tales afirmaciones?

Por el lado positivo, la rentabilidad de los bonos a diez años ha bajado a menos del 6% desde un máximo del 7,5% en julio, gracias a una reducción en la prima de riesgo (término que hasta los taxistas saben lo que es), debido a la tregua de la que se beneficia el Tesoro español en los mercados desde que el Banco Central Europeo mostró su disposición a defender el euro a toda costa y, luego, su decisión de comprar bonos de los países que solicitasen un rescate de sus socios y se sometiesen a sus condiciones.

Además, el Tesoro ha cumplido ya los objetivos de emisión de deuda a medio y largo plazo previstos para este año, y este mes subastó con éxito títulos de deuda pública a un plazo mayor, lo que no sucedía desde la colocación de título a 30 años en mayo del año pasado.

Sin embargo, no hay ninguna garantía de que los mercados vayan a mantener su relativa calma hacia España.

En las cuentas externas, el déficit en la balanza por cuenta corriente está bajando desde el 10% del PIB en 2007 (uno de los niveles más altos en términos relativos) al 2,4% este año y se espera un superávit a partir del año próximo (el primero en muchos años). Este se debe a un auge en las exportaciones y una caída brusca en las importaciones (reflejando el estado deprimido de la economía interior). Lo que no se sabe es si el éxito de las exportaciones es algo coyuntural o un cambio estructural y a largo plazo.

En el frente de reducir el déficit público, la lucha es mucho más ardua, políticamente más sensible y socialmente dolorosa. Según la Comisión Europea, el déficit de este año sería el 8% del PIB (7% si se excluye el efecto de las recapitalizaciones de los bancos), alejado de la meta del Gobierno del 6,3% (7,3% incluyendo la desviación debido a los bancos), lo cual hace el objetivo del 2,8% acordado con Bruselas para 2014 una tarea hercúlea (la previsión de la Comisión es del 6,4%).

La competitividad de las empresas ha mejorado (medida por los costes laborales unitarios), en parte debido a la reformas laborales que facilitan el procedimiento de descuelgue salarial de las empresas respecto a un convenio colectivo de ámbito superior.

La inversión extranjera directa en España aumentó en los primeros seis meses de este año, a 14.800 millones de dólares desde los 3.100 millones en el mismo periodo de 2011 (en parte debido a la recapitalización por las matrices de la banca extranjera de sus filiales en el país). De hecho, hay muy poca inversión en nuevas instalaciones (greenfield investment), salvo anuncios de proyectos como el Eurovegas de Sheldon Anderson para desarrollar en las afueras de Madrid su macrocomplejo de ocio que podría crear más problemas sociales que beneficios económicos.

Los resultados del “Barómetro del Clima de Negocios en España desde la perspectiva del inversor extranjero”, publicado al finales de octubre y realizado por Invest in Spain y la escuela de negocios IESE, son similares a los obtenidos en 2011, aunque se observa un ligero descenso en la valoración (2,7 de valoración media sobre 5, frente a 2,9 en 2011).

Donde no hay un solo brote verde es en el mercado laboral, que es lo que más importa a la mayoría de la población. La tasa de desempleo ha subido sin cesar desde el 8% en 2007 a más del 25% hoy, aunque yo no creo en la cifra oficial. Dicho esto, la tasa es altísima. La distintas organizaciones internacionales y el Gobierno no están de acuerdo sobre sus previsiones macroeconómicos, pero sí sobre la tasa de desempleo que no muestras señales de bajar.

Cuando se habla de brotes verdes no hay que olvidar la famosa frase de Elena Salgado durante el Gobierno socialista. Salgado habló de “brotes” en mayo de 2009, pero la economía siguió deteriorándose, y José Luis Rodríguez Zapatero anunció en mayo de 2010: “Se ha iniciado la recuperación económica.” Más de dos años después, hablar de brotes verdes es una tomadura de pelo*.
http://www.elimparcial.es/nacional/brotes-verdes-114378.html

Sane voices in a world gone mad

The other day I attended a small event that I found strangely moving. About 40 people were gathered in a seminar room at the London School of Economics to hear William Chislett, the FT’s former man in Mexico who now lives in Madrid, talk about two fine but not terribly well-known Spanish writers, Arturo Barea and Manuel Chaves Nogales. Both had their lives shattered by the Spanish civil war and died as exiles in England; neither has had his due as a writer, partly because each of them refused to take an extreme ideological position.

The first casualty of war is truth, it has been said; you could just as well give that dubious honour to moderation. We tend to see conflicts in binary terms; Catholics versus Protestants, for example, in the religious wars of the 16th and 17th centuries, or the extreme right versus the extreme left in Spain from 1936-1939 – or the liberal west against militant jihadism in the war on terror. Both Barea and Chaves Nogales supported the Republic against the military uprising of General Franco in 1936 but neither fitted into the romantic stereotypes beloved of film-makers, of heroic young working-class martyrs or idealistic poets and intellectuals joining the International Brigades.
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Chaves Nogales, one of the most brilliant journalists and correspondents Spain has produced, described himself as “a liberal petit bourgeois”. Barea, son of a washerwoman but partly brought up by his aunt, a middle-class religious bigot, didn’t fit comfortably into any class and had been a successful businessman before becoming the (deliberately lax) foreign press censor of the embattled Republic. His friend Gerald Brenan described him as looking more like a mechanic than an intellectual.

Before and beyond any ideological commitment, both had the writer’s commitment to tell the truth about the world and about themselves. Barea’s three-volume autobiography, The Forging of a Rebel (1941-46), came out of an intense personal crisis of identity. His writing method was the opposite of ideological. “I wanted to wipe the slate of my mind clear of all reasoning … to go back to my beginnings, to things which I had smelled, seen, touched and felt.” The opening volume, The Forge, begins with an unforgettable image of breeches drying by the Manzanares river, looking like “fat men without a head”.

Barea does not shy away from any area of physical experience, death, extreme poverty, sex: he wanted to set down life as he saw it, “raw and bare”, riddled with violence and suffering but also redeemed by kindness and love. The second volume, detailing his experience serving in the Spanish army during the Rif war in Morocco, is even more unsparing in its depiction of the brutality of colonial conflict; it is also historically important in its charting of the rise of Spanish military fascism, which would find its bloody apotheosis in the civil war.

The journalist Manuel Chaves Nogales reported from both Communist Russia and Nazi Germany in the 1920s and 1930s and was repelled by both. “Red assassins, white assassins: assassins the lot of them!” was his verdict on the former. In Germany he seems to have been gifted with second sight and went around taking photographs of places that a decade later would become death camps.

Both writers took stands against indiscriminate violence. When considering whether the extreme violence of the fascist right justified an equal and opposite reaction from the left, Barea, according to William Chislett, “answered with a principled ‘no’ ”. He considered the Church of Spain “an evil which had to be eradicated” but was horrified by the burning of churches.

The pair could be considered members of what the historian Paul Preston, moderating the LSE event, has called “the third Spain”, the millions belonging neither to the extreme left nor the extreme right, caught up in a conflict they neither caused nor desired.

Barea arrived as a refugee in England in 1941, feeling “spiritually smashed”: without a job, a home, a homeland. But things turned out well for him; he loved the country, was given a place to live by Lord Faringdon, the Fabian peer and friend of the Spanish Republic, and found work at the Latin American service of the BBC. He eventually delivered more than 800 15-minute broadcasts, which made him famous from Mexico City to Montevideo.

Chaves Nogales was less fortunate, dying of stomach cancer aged 46 in London in 1944, far from his wife and daughters, who had gone back to Spain to live in hiding. He is buried in an unmarked grave in East Sheen cemetery.
Now might be the time to put up a stone to him, reflected his grandson, present at the LSE talk, together with Barea’s niece. Both Barea and Chaves Nogales kept their sanity and their moral bearings in a world gone mad in the furious pursuit of ideas. Both fought on the side of life against what Chaves Nogales called the “brutality and stupidity fed equally by the fever of communism and the blandness of fascism”.

http://www.ft.com/intl/cms/s/2/fee1feac-06f7-11e2-92b5-00144feabdc0.html