El aprendizaje de Javier Marías

Los artistas, ya sean pintores, escultores, compositores o novelistas, nacen y no se hacen, aunque todos tienen un proceso de aprendizaje. En el caso de Javier Marías, su primera carera de traductor literario jugó un papel fundamental en el desarrollo de su propio estilo y de su marco de referencia literaria.

El libro del profesor británico, Gareth J. Wood, “Javier Marías’s Debt to Translation: Sterne, Browne, Nabokov”, publicado este mes por Oxford University Press, es el primer estudio en profundidad sobre este aspecto de Marías, uno de los novelistas españoles más exitosos. Wood, ciudadano honorario de Redonda, la nación ficticia creada alrededor de la isla deshabitada del mismo nombre, una dependencia de Antigua y Barbuda, cuyo rey actual es Marías, examina algunas de las obras traducidas por Marías de una forma minuciosa y traza paralelismos con sus novelas.

“A aquel que quiera escribir … yo le recomendaría que tradujera … yo he notado en mi propia prosa flexibilidad y soltura después de traducir”, dijo Marías. “Noté mi ’instrumento’ más afinado que antes, gracias al extraordinario ejercicio literario que supone la traducción.” Marías usa palabras con la habilidad de un cirujano con un escalpelo.

Además de traducir a Laurence Sterne (1713-1768), Thomas Browne (1605-1682) y Vladimir Nabokov (1899-1977), Marías ha traducido a novelistas tan diferentes como el ingles Thomas Hardy (1840-1928), cuyo vocabulario es muy rebuscado, y el americano John Updike (1932-2009) que escribió en una prosa moderna y tan clara como el agua, y poetas como WH Auden (1907-1973). En 1979, Marías ganó el Premio Nacional de Traducción por su versión de “The Life and Opinions of Tristram Shandy” (La vida y opiniones del caballero Tristram Shandy).

Pero llegó un momento en el que traducir y escribir a la vez suponía el riesgo de contaminar su escritura porque, en palabras de Marías, “escribir y traducir son actividades, desde mi punto de vista, demasiado similares como para mantener las dos de una manera continuada.” Marías alcanzó este punto en 1978 cuando sintió que “había cruzado por fin la línea de sombra y alcanzado la madurez y la osadía necesarias para ser intérprete de mí mismo” y dejó de traducir tanto como antes.

El gran crítico George Steiner avisó que “los escritores han dejado de traducir, a veces demasiado tarde, porque la voz inhalada del texto extranjero llega a asfixiar la suya propia.” Éste no ha sido el caso de Marías que ha desarrollado su propia voz.

Pero aún en 1995 (después de enseñar en la Universidad de Oxford dos años durante los 80) continuaba siendo considerado por las altas esferas del mundo literario español un escritor británico que escribía en español.

Marías empezó su vida literaria traduciendo (aunque escribió su primer cuento, cuando tenía solo 14 años) no solo para forjar y madurar su propio estilo sino también como una manera de rechazar su herencia cultural. “Era la nuestra la primera generación que en verdad no había conocido otra España que la franquista, y se nos había tratado de educar en el amor a España desde una perspectiva grotescamente triunfalista. A la hora de la rebeldía contra esa educación, la consecuencia no podía ser otra que un virulento desprecio no ya hacia esta España cotidiana y mediocre, sino hacia todo lo español, pasado, presente y casi futuro.”

Algo similar ocurrió con Antonio Muñoz Molina. “Para nosotros la palabra tradición sólo podía significar oscurantismo e ignorancia, del mismo modo que las palabras patria o patriotismo significaban exclusivamente dictadura,” dijo en una conferencia en 1993.

A diferencia de Muñoz Molina, Marías venía de una familia intelectual y algo cosmopolita, siendo su padre el filósofo Julián Marías (1914-2005) quien llevó su familia a EE UU en 1951 por razones políticas donde fue expuesto desde una tempranísima edad al inglés, y luego recibió una educación de élite en Madrid (en el Colegio Estudio).

Los ideas de Browne sobre la circularidad en asuntos humanos, la posteridad, el tiempo y la memoria, algunos de los temas recurrentes en las novelas de Marías, fueron incorporados a su vocabulario imaginativo. Sterne le dio la confianza de, en palabras de Wood “permitir a sus narradores divagar en el tiempo, ralentizar o incluso suspender en el tiempo el ritmo narrativo en aras de llegar a reflexiones de esencia personal o filosófica.”

Debo confesar que yo leo las novelas de Marías en inglés porque las versiones de su traductora, Margaret Jull Costa, son tan brillantes que parece que ella es la autora, y hasta cierto punto lo es, una experiencia que seguramente Marías sintió cuando el estaba traduciendo.
http://www.elimparcial.es/cultura/el-aprendizaje-de-javier-marias-104501.html

Los niños vascos

Hace 75 años, en la mañana del 21 de mayo de 1937, apenas un mes después del bombardeo de Guernica por parte la Legión Condor y la Aviación Legionaria italiana durante el transcurso de la Guerra Civil, 3.862 niños junto con 96 maestras, 118 señoritas (mujeres jóvenes que acompañaban a los niños) y 15 sacerdotes dejaron el País Vasco camino de Inglaterra a bordo de un viejo barco lleno a rebosar llamado Habana. Escoltado por dos barcos de Guerra de la Marina Real británica y azotados por una tormenta en la bahía de Vizcaya, llegaron al Puerto de Southampton. Era la llegada más grande de refugiados que había recibido Inglaterra y la única formada casi exclusivamente por niños.

Los niños vivieron en colonias en varias partes de Gran Bretaña (una duró hasta 1945). Este fin de semana, en la Universidad de Southampton, veintiocho de estos “niños”, sus familias y amigos, entre otros, conmemoran el aniversario de este triste acontecimiento, incluyendo una amiga mía, Natalia Benjamín, cuya madre española, Cecilia Gurich, escapó de Madrid en 1937 con su padre y hermano y fue maestra en una de las colonias. Natalia y Manuel Moreno, hijo de una niña vasca, fundaron la Asociación de Niños Vascos del ’37 Reino Unido.

Ningún suceso relacionado con la política exterior de Gran Bretaña durante el siglo XX había causado una división tan profunda ni había encendido un debate tan enconado en la opinión pública británica como la Guerra Civil española. Por suerte, esos niños no leían los periódicos que convertían su presencia en Inglaterra en objeto de fieras batallas ideológicas.

En el transcurso del verano al otoño de 1937, todo el norte republicano había caído y Franco seguía insistiendo en repatriar a los niños, mientras sus seguidores en Gran Bretaña se encargaron de repetir su discurso machaconamente y acusaron al Comité de Niños Vascos de explotar a éstos y a sus familias con el único objetivo de hacer propaganda política.

Esta trágica historia está contada de forma amena en “Solo Serán Tres Meses: Los Niños Vascos Refugiados en el Exilio” (Plataforma Historia) de Adrian Bell publicado el año pasado. “No te preocupes. Nos veremos dentro de tres meses” era el pronóstico tranquilizador de los padres en el oscuro y bullicioso andén de la estación de Portugalete mientras se despedían de sus hijos antes de ser trasladados al puerto de Santurce. Bastantes de los niños se quedaron para siempre en Inglaterra después del fin de la Guerra Civil.

Una valiente mujer inglesa, Poppy Vulliamy, escribió a Lord Faringdon, que era socialista y pacifista y había trabajado como celador en el hospital de campaña británico que había en el frente de Aragón (donde ofreció uno de sus Rolls Royce como ambulancia) pidiéndole alojamiento para unos niños en su enorme finca en el condado de Oxford. Ella le dijo que “no era apropiado que un socialista como él viviera solo en una casa tan grande.” Faringdon no estaba de acuerdo con la idea de Miss Vulliamy; sin embargo, le ofreció dos refugios vacíos en los límites de la finca que tenía en Eaton Hastings si ella se ocupaba de construir dos casas de madera que se utilizarían como dormitorios extras. El gran escritor Arturo Barea vivió sus últimos años (murió en 1957) en otra casa de la finca. Su lápida está en el cementerio del pueblo de Faringdon.

¿Hicieron bien los padres en mandar a sus hijos al extranjero, a costa de perderlos para siempre o, al menos, durante los años formativos de sus vidas? Algunos padres se arrepintieron de lo que habían hecho, porque después de sobrevivir a la guerra pensaron que pudieron haber estado todos juntos durante el conflicto, pero no había ninguna certeza de que no hubieran muerto todos. Otros creyeron que fue la mejor decisión que podían tomar dadas las circunstancias. ¿Cómo podría un padre no poner a salvo a sus hijos si tenía la oportunidad?

Uno de los niños, muchos años después, resumió la situación así. “Nuestra juventud, nuestra formación educativa, la manera en que nuestros padres nos educaron, todo lo que sabíamos, todo eso nos quitaron. No les echo la culpa a los padres. Hicieron lo que creyeron que era mejor para nosotros, lo que sabían que era mejor para nosotros. La decisión fue equivocada, pero ellos hicieron lo correcto.”

Estos 3.861 niños vascos forman parte de los olvidados de la Guerra Civil; en total unos 33.000 niños fueron evacuados de España incluyendo 2.985 que fueron a la Unión Soviética. Mi amiga Natalia a la edad de 67 años es una de los 241.763 descendientes de españoles que han obtenido la nacionalidad española gracias a la Ley para la Recuperación de la Memoria Histórica. Aunque tarde, la justicia llegó para ella.
http://www.elimparcial.es/sociedad/los-ninos-vascos-104127.html

El declive de la Marca España

Una manera de combatir el declive de la marca España (La marca España cotiza a la baja, EL PAÍS, 2 de mayo) y ser mucho más activo en este campo sería establecer la Comisión de Diplomacia Pública que José Luis Rodríguez Zapatero prometió lanzar, a partir del 2009, en una conferencia en el Museo del Prado en junio de 2008 flanqueado por Kofi Annan, el entonces secretario general de las Naciones Unidas.

“Resulta sorprendente que un país con una lengua tan extendida y una cultura tan atractiva no haya contado hasta el presente con una estrategia e instrumentos de lo que se viene en denominar diplomacia pública”, dijo Zapatero.

Nada pasó. Países como Reino Unido, Finlandia, Alemania y Estados Unidos tienen o han tenido instituciones de esta naturaleza. Sirven para cambiar o promocionar la imagen de un país, fomentar y sostener exportaciones, ayudar a conocer la marca país y, en general, alcanzar prioridades estratégicas internacionales. Todos son elementos de mucha importancia para cualquier país. Y en particular para uno como España inmerso en una profunda crisis y donde sigue habiendo un desfase grande entre la percepción que se tiene del país y de sus empresas, y su propia realidad empresarial y socioeconómica.—
http://elpais.com/elpais/2012/05/04/opinion/1336151389_072846.html

Ya es hora de que Turquía reconozca el genocidio armenio

Hace menos de dos semanas (el 24 de abril) armenios de todo el mundo conmemoraban, como todos los años, el genocidio entre 1915 y 1917 de hasta un millón y medio de sus compatriotas, cometido durante la Primera Guerra Mundial y en plena desintegración del Imperio Otomano.

El Gobierno turco niega tajantemente que aquello – la primera masacre a gran escala del siglo XX – haya sido un genocidio, a diferencia del Parlamento Europeo, los parlamentos de una docena de países y el Vaticano, que han condenado la masacre, y Barack Obama cuando era senador pero no como Presidente. Y sigue siendo un delito en Turquía afirmarlo en público porque está considerado un insulto a la nación, aunque en la práctica rara vez se sanciona, gracias a una mayor libertad de expresión en los últimos años sobre este tema que ha sido tabú durante décadas.

Mientras que la palabra holocausto se refiere exclusivamente a la persecución y el asesinato sistemático, burocráticamente organizado y auspiciado por el Estado de aproximadamente seis millones de judíos por parte del régimen nazi y sus colaboradores, el término genocidio se aplica a lo que pasó en Camboya (1975-79) y Ruanda (1994) y en otros países.

Sin embargo, el último libro del historiador británico, Paul Preston, lleva el título, “El Holocausto español: odio y exterminio en la guerra civil y después” (Debate). Preston justifica el título — exagerado desde mi punto de vista – porque no encuentra otro adecuado para definir la tragedia española en todas sus dimensiones durante la Guerra Civil y en los años 40.

El libro de Taner Akçam, The Young Turks’ Crime against Humanity: The Armenian Genocide and Ethnic Cleansing in the Ottoman Empire, publicado por Princeton University Press, no deja lugar a dudas de que lo que pasó con los armenios fue mucho más que un masacre.

Akçam, fue uno de los primeros historiadores turcos en hablar abiertamente sobre el genocidio y cuestionar la postura moral y política del Gobierno turco al negar la responsabilidad otomana. Ostenta la única cátedra en el mundo (en la Universidad de Clark en Estado Unidos) dedicada a la investigación y enseñanza del tema. Es odiado por los ultra nacionalistas turcos: su nombre figura en una lista de supuestos “traidores a la seguridad nacional” encontrada en 2009 durante la investigación del caso Ergenekon, la red sospechosa de querer hacer caer el gobierno islámico en Turquía. Otras personas en la lista eran Hrant Dink, el periodista armenio afincado en Estambul asesinado en 2007, y Orhan Pamuk, ganador del Premio Nobel de literatura en 2006. Pamuk fue condenado a pagar 3.850 dólares en 2011 por el delito de “insultar el carácter turco” por los comentarios que hizo en 2005 en un diario suizo sobre Armenia.

Armenia es un tema vivo en mi casa porque mi mujer tiene un cuarta parte armenia (del lado de su abuela, cuya familia emigró desde Tokat, en Turquía, a Egipto a finales del siglo X1X , antes del comienzo de la matanza de los armenios). En 2010 realizamos el sueño de viajar a Armenia, siendo Sonia, mi mujer, el primer miembro de su familia en visitar el país en muchas generaciones. Siempre he sido algo reacio a usar el término genocidio, por no conocer el tema suficiente, pero después de ver la documentación en el Museo del Holocausto en Yerevan, con los fotos de muertos y de niños y mujeres famélicos, y leer el libro de Akçam, acepto el término.

Ankara mantiene que entre 300.000 y 500.000 armenios, y al menos otros tantos turcos, murieron en un conflicto civil cuando los primeros tomaron las armas en el este de Anatolia para apoyar a las tropas invasoras rusas, durante la Primera Guerra Mundial.

Una de las grandes virtudes del profundo estudio de Akçam es que está basado en unos 600 documentos otomanos de los archivos turcos y no en documentos extranjeros (parciales/sesgados según las autoridades turcas). Aunque muchos documentos han desaparecido o han sido “limpiados”, hay más que suficiente evidencia para desmontar la versión oficial, enseñada durante generaciones a los turcos.

Con el imperio otomano en ruinas, los líderes creyeron que sólo podían mantener el control de los restantes territorios si sus habitantes eran únicamente musulmanes (la gran mayoría de armenios, como los griegos, son cristianos). Sin embargo, bastante armenios que se habían convertido a la religión musulmana para salvar sus vidas fueron también asesinados. Fueron eliminados en nombre de la seguridad nacional y la creación de un estado-nación bajo una política demográfica. La negación de los hechos en Turquía esta considerado también como un asunto de seguridad nacional.

“El principio de que los Armenios que quedasen no excedieran del 5% de la población musulmana en las provincias de Anatolia Occidental, mientras que los que fueran deportados no superara el 10% de los musulmanes en sus lugares de destino, viene a ser lo mismo que estar ordenando casi su total aniquilación“ dice Akçam.

Ha pasado ya casi un siglo y no parece que Turquía esté dispuesta a disculparse o a reconocer culpabilidad. La sensibilidad del Gobierno turco por el tema fue ampliamente demostrado el año pasado cuando la aprobación por la Asamblea francesa del proyecto de ley que sancionará a quienes nieguen la existencia de los genocidios, despertó la ira de Ankara, que suspendió relaciones políticas y militares con Francia. Ha llegado la hora por parte del Gobierno turco de reconocer el genocidio y así pasar página.
http://www.elimparcial.es/contenido/103731.html

El desmadre de las administraciones territoriales

Las autonomías son culpables de gran parte del aumento del déficit público que el Gobierno de Mariano Rajoy está luchando por reducir con poco éxito y que ha puesto España en el ojo del huracán. Después de leer un fantástico libro, La casta autonómica (publicado por La Esfera de los Libros en marzo) de Sandra Mir y Gabriel Cruz, he llegado a la conclusión que se ha creado un monstruo de muy difícil solución.

El llamado “café para todos”, que empezó después de la Constitución de 1978, ha dado lugar hoy a 19 miniestados autonómicos junto con 8.116 ayuntamientos (unos 2.000 más que Alemania aunque España tiene 35 millones de habitantes menos), 4.000 empresas públicas, 41 diputaciones, siete cabildos y cuatro diputaciones forales, y muchas duplicidades sobre todo entre comunidades y diputaciones. Desde 1996 hasta 2010, el número total de asalariados públicos ha crecido en cerca de un millón, pasando de 2,2 millones de personas a 3,17 millones, según el Círculo de Empresarios. Este cambio se explica por el aumento de 1.200.000 asalariados públicos en las comunidades autonómicas y 250.000 en las corporaciones locales, y la reducción en cerca de medio millón en el resto de administraciones.

Como bien dice el Círculo en un documento sobre las administraciones territoriales, el empleo público se ha expandido en mayor proporción que la población. Las autonomías se han convertido en máquinas de crear puestos de trabajo de muy dudosa utilidad.

Los autores del libro, con un fino sentido del humor que hace su explicación de cómo hemos llegado a esta situación crítica muy amena, empiezan con un aviso que demuestra el desmadre. “Debe saber que nunca, bajo ningún concepto, debe abrir un negocio de dos comunidades diferentes, porque perderá; no debe apagar un fuego en otra región, porque no le dejarán; no se le ocurra enseñar una tarjeta sanitaria de otra autonomía, porque le mirarán mal en los hospitales. Y cuidado si cambia a sus hijos de colegio a otra región, se juega su futuro.”

Tanto el PSOE como el PP, sin hablar de CiU en Cataluña y el PNV en el País Vasco, son responsables de centrifugar las competencias de forma desordenada.

Los autores han llevado una investigación exhaustiva y dan mucho ejemplos de derroche del dinero y abuso de los contribuyentes. Apunto algunos. La Diputación de Ourense, con un presupuesto de 27 millones de euros y una deuda de 60 millones, es la segunda empresa de la provincia en número de trabajadores (950) entre los cuales hay 33 bedeles que custodian el edificio. Su presidente es el hijo de José Luis Baltar (PP), el patriarca que llevaba 25 años al frente.

Lo del teléfono móvil es universal para la mayoría de los diputados de todas las comunidades. El record se lo llevaba la Comunidad Valenciana, con 500 euros mensuales de media (ajustado en recortes a un máximo de 140 euros al mes — si se pasan, tendrán que desembolsar la diferencia de su bolsillo).

El gobierno central tuvo en 2011 1.098 coches oficiales (1.200 los gobiernos autonómicos), una flota 17 veces más grande que la del Gobierno federal de los EE UU, y la población de España es siete veces menor que la de los EE UU.

Muchos alcaldes, sin mencionar los presidentes de la comunidades, cobran más de lo que gana el presidente del Gobierno (78.185 euros) y los expresidentes disfrutan de un retiro de oro. Juan Carlos Rodríguez Ibarra, el presidente Socialista de Extremadura (una de las comunidades más pobres) durante 24 años, tiene derecho, según un decreto de su puño y letra, a “unas dependencias permanentes con dotación especial para gastos de oficina, atenciones de carácter social y, en su caso, alquileres de inmuebles.” También se puso un salario: el 80% del sueldo que tenía como presidente (unos 3.500 euros al mes) durante 12 años pero tuvo que renunciar a él porque la opinión pública se le echó encima. Vino a rescatarle de la miseria José Luis Rodríguez Zapatero y lo nombró en 2011 miembro del Consejo del Estado cobrando 83.000 euros anuales. El Consejo es un órgano eminentemente jurídico — Ibarra es filólogo de profesión.

El derroche no ha sido solo dentro de España. Cataluña tiene 32 embajadas por todo el mundo. La de París estuvo regentada por el hermano del exvicepresidente de la Generalitat, Josep Lluis Carod, que cobraba 80.000 euros al año. La Comunidad de Madrid tiene 11, la Valenciana 23 y Andalucía 22. Esta última ha llegado incluso a poner delegaciones en la ciudad de Madrid, como si fuera el extranjero.

¿Cuál es la solución? Hace falta redimensionar las administraciones territoriales, crear algún mecanismo sancionador para el incumplimiento de las reglas fiscales por parte de las comunidades autonómicas y tener más corresponsabilidad fiscal. No se pueden sostener estas administraciones en sus condiciones actuales y, a la vez, no tocar el sistema de bienestar. España se juega su futuro.

http://www.williamchislett….
http://www.elimparcial.es/nacional/el-desmadre-de-las-administraciones-territoriales-103397.html#

Alguna esperanza

Hay que hacer caso a la gente que sabe de números. Los de letras, como se decía antes, tendemos inevitablemente a la vaguedad, y eso tiene su peligro cuando se trata de observar y de juzgar las cosas tal como son, no según nuestros prejuicios, nuestros deseos o nuestro estado de ánimo. Por eso me gusta leer los artículos de mi amigo William Chislett, este inglés que lleva media vida en España y conoce nuestros país mejor que muchos de nosotros -con la ventaja de la cercanía, sin la ceguera de la pertenencia- y continúa siendo obstinadamente inglés. Yo siempre le digo que esa es la diferencia entre Europa y Estados Unidos: en Estados Unidos, después de 35 años años, e incluso mucho antes, a nadie se le ocurre pensar que uno no sea plenamente americano, aunque conserve en mayor o menor medida la lealtad a su origen. En Europa hay un exceso de raíces.

En los últimos tiempos, cada artículo de Chislett me da un disgusto, con su despliegue inapelable de números: la crisis, el abandono escolar, el deterioro de la educación. A mí no me gusta la pesadumbre ni el noventaochismo: el pesimismo negro sobre nuestro país, las apelaciones a un fantalismo nacional que es siempre negativo, y que no se corresponde con la realidad de la historia. Los que tenemos recuerdos de un país atrasado, aislado y sometido a una dictadura inicua sabemos bien que existió un progreso inmenso, y precisamente por esa razón somos conscientes del valor de lo que se conquistó y de la responsabilidad de mantenerlo a salvo. Ni España, ni ningún otro país, está condenado genéticamente a nada: todo depende de las decisiones mejores o peores que se tomen, de la calidad de la ciudadanía, de la capacidad de juntar fuerzas en momentos de crisis o de la decisión inversa de buscar provecho particular en medio de la desgracia común. Así que esta semana el artículo de Chislett me ha dado esperanza. En medio de lo que parece una desolación sin matices, hay cosas que se hacen bien y empresas que exportan y crean riqueza y puestos de trabajo. A los de letras los porcentajes nos dan pereza: pero esas décimas de incremento en las exportaciones que cita Chislett significan cosas fundamentales en la vida de mucha gente. Si algo se hace bien es señal de que muchas más cosas pueden hacerse bien.
http://xn--antoniomuozmolina-nxb.es/2012/04/alguna-esperanza/

¡Viva la internacionalización de la economía Española!

Si no fuera por el auge de las exportaciones españolas y la continuada expansión de empresas en el extranjero, la economía habría crecido en 2011 menos del 0,7% registrado y la recesión este año (-1.5%) sería aún más profunda. La demanda interna bajó el 1.7% en 2011 y la externa creció el 2,4% (la diferencia es el crecimiento de la economía).

Formulo esta afirmación después de estudiar las últimas posiciones globales de varias empresas, la aportación de su negocio internacional y las cifras de exportaciones. Unas 20 empresas ya tienen posiciones significativas en la economía global. Por ejemplo, Santander es la cuarta marca bancaria de más valor en el mundo con la primera franquicia financiera en América Latina; Inditex ya es una de las dos manufactureras más grandes de ropa (la otra es H&M de Suecia); Iberdrola es el líder mundial en energía eólica y Roca el número uno para el espacio del baño.

La internacionalización de las empresas españolas ha sido muy positiva; el drama de Repsol en Argentina con la renacionalización de YPF es un hecho aislado.

Muchas de estas multinacionales forman parte el Ibex-35, el índice de referencia de la Bolsa de Madrid. En 2011, el 60% de los ingresos totales de estas 35 empresas fueron generados en el extranjero en comparación con el 57% en 2010. En algunos casos, como Acerinox (aceros inoxidables), Santander, Ebro (alimentos), Gamesa (aerogeneradores), Grifols (farmacéuticos), Inditex, OHL (construcción), Técnicas Reunidas (ingeniería) y Telefónica, más del 70% de los ingresos vinieron del negocio internacional.

Igualmente positivas son las noticias sobre las exportaciones españolas de mercancías que se han situado en 214.500 millones de euros, un 15,4% más que en 2010 y el más alto crecimiento entre los países grandes de la zona euro (+11,4% Alemania y Italia y +7,5% Francia), aunque desde un volumen bastante más pequeño. Por primera vez desde 1985 España registró un superávit comercial con la Unión Europea y también con la zona euro. Sin embargo, las importaciones fueron de 260.800 millones de euros (+9,6%), debido a la enorme factura energética.

Con la economía española en recesión por segunda vez en cuatro años, muchas empresas no han tenido más remedio que aumentar sus exportaciones o buscar mercados internacionales por primera vez. El número de empresas exportadoras alcanzó en 2011 un record de 122.000, 24.500 más que en 2007, el último año “normal” de la economía española.

Este aumento en las exportaciones se ha logrado a pesar de la pérdida de
competitividad de la economía española en los últimos años, medida en términos de costes, precios y productividad. Toda una paradoja. Parece que la pérdida de competitividad acumulada de la economía hubiera afectado menos al sector exportador por ser éste más eficiente en términos relativos. No sólo las empresas exportadoras son más productivas que las no exportadoras (tienen que competir a escala global y no solo en su mercado interior), sino que dentro de las exportadoras existe, a su vez, un pequeño grupo (las más grandes, es decir con más de 200 trabajadores) que lo son más que las del mismo grupo de otros países del área del euro.

La crisis ha hundido la venta de coches en España, que hasta marzo suman 21 meses consecutivos de caídas. Las matriculaciones de turismos han descendido a los niveles de 1993, pero las exportaciones de vehículos representaron nada menos que el 15,4% del total de exportaciones en 2011, el mayor componente, o unos 33.000 millones de euros. Y estas multinacionales (todas extranjeras desde la venta de SEAT a Volkswagen en los años 80) son una pequeñísima parte de las 122.000 empresas exportadoras. Esto quiere decir que hay muchas empresas pequeñas haciendo un esfuerzo para exportar. ¡Ojalá que dure!
http://www.elimparcial.es/nacional/viva-la-internacionalizacion-de-la-economia-espanola-103012.html

La reforma laboral

Dice Guillermo de la Dehesa en su acertado articulo Por qué la reforma laboral es tan necesaria del 12 de abril, que una prueba palpable de la necesidad de la reforma es que los convenios suscritos por los agentes sociales han permitido que los salarios reales hayan seguido aumentando entre 2008 y 2010 mientras la tasa de empleo cayó. Otra prueba, y mucho más llamativa es que Alemania, con 82 millones de habitantes, tiene hoy alrededor de 2,6 millones de parados (menos del 6% de la población activa), el nivel más bajo desde 1991, mientras que España, con 46 millones de habitantes, tiene más de cinco en paro (el 23%), lo cual supone el nivel más alto de los últimos 15 años. Y esta diferencia tan enorme no se explica por el modelo alemán de reducción de jornada (kurzarbeit) donde el sector público financia una parte del salario del trabajador (el 60% de la mitad de su sueldo) a cambio de que la empresa no lo despida. La otra mitad la sigue pagando la empresa y como contraprestación recibe bonificaciones en sus cotizaciones a la Seguridad Social.— William Chislett. Colaborador del Real Instituto Elcano, Madrid.

http://elpais.com/elpais/2012/04/16/opinion/1334578624_357520.html

Eurovegas y la desconfianza

El Gobierno, contra viento y marea, está intentando convencer a los mercados de que las cuentas se van a poner en orden para espantar el fantasma del rescate. Luis de Guindos, el ministro de Economía, atribuye el acoso de la deuda española al débil crecimiento de la Unión Europea.

Ésta es una explicación muy simplista y olvida que España es de los pocos países de la UE, y el único de los grandes, que entrará en recesión otra vez este año. En España la desconfianza tiene mucho más que ver con su modelo productivo y en las dudas sobre cómo la economía va a crecer en el futuro. Sin crecimiento económico, la tasa de paro, ya en 24%, la más alta de la UE, no va a dejar de aumentar y tampoco se creará la riqueza necesaria para poder pagar las deudas (tanto públicas como privadas).

Mientras tanto, ha surgido la polémica sobre el llamado Eurovegas, un macrocomplejo con 10 o 12 grandes rascacielos, en los que se ubicarán 12 resorts de 36.000 habitaciones y 6 grandes casinos con 1.065 mesas de apuestas y 18.000 máquinas tragaperras y recreativas repartidas por todo el recinto, en Madrid o en Barcelona.

Para sus partidarios es exactamente lo que España necesita para levantarse y crear empleo (unos 260.000 puestos de trabajo durante 10 años) y para sus detractores, incluyéndome a mi, envía, entre otras cosas, mensajes equivocados sobre el tipo de economía que hace falta construir — una basada menos en ladrillo y diversión y más en conocimiento — por no hablar del impacto social negativo. España ya es el país europeo con más juegos de azar y tiene un problema serio de ludopatía o adición a los juegos.

No sorprende que los Gobiernos autonómicos de Madrid y Cataluña, ambos buscando formas de paliar su crisis, se peguen para ofrecer las condiciones más favorables a Sheldon Adelson, presidente de Las Vegas Sands y el decimocuarto hombre más rico del planeta (con un patrimonio neto de 24.900 millones de dólares), no sólo en la construcción de infraestructuras para favorecer el desarrollo de la instalación, sino también en las concesiones legales y exenciones tributarias de todo tipo que reclama el promotor y olvidarse de ciertas normas urbanísticas y laborales, incluso el de poder fumar en lugares públicos. Todo ello a cambio de una promesa de inversión de 18.800 millones de euros.

Los políticos están tratando a Adelson como si fuera un nuevo “Mr Marshall” de la famosa película de Luis García Berlanga. Tal vez haya algún director de cine que quiera rodar una nueva versión con el título “Bienvenido Mr. Adelson.”

A los gobiernos les suelen gustar las virtudes económicas del juego porque para montar proyectos sólo hace falta una licencia y ventajas fiscales a diferencia de otros proyectos que consumen los presupuestos locales.

Sin embargo ya tenemos varios ejemplos de fracaso, como el parque de Isla Mágica de Sevilla, que suspendió pagos con una deuda de 34 millones de euros, sufragada con fondos públicos y de las cajas de ahorros. Igualmente, el parque de atracciones Terra Mítica perdió en 2009 hasta 16,4 millones de euros que fueron afrontados por otras dos cajas de ahorros. Y hace poco los promotores del proyecto Grand Scala, que fue presentado en diciembre de 2007 en la sede del Gobierno de Aragón, cuando España era ajena a la crisis del ladrillo, han dado por fracasada la iniciativa al no ejecutarse la opción de compra que tenían sobre unos terrenos de 4.000 hectáreas en Los Monegros. El proyecto prometía 32 casinos, 5 parques temáticos y 50 hoteles.

El impacto social del juego es generalmente negativo. Un estudio americano sugiriere que para cada dólar que una empresa de juego invierte en una zona, los efectos sociales cuestan tres dólares. Es bien conocido que el juego es un punto de atracción para el crimen organizado, la droga y la prostitución.

Gracias a la crisis, el abandono escolar temprano se ha reducido en España casi cinco puntos en solo dos años (desde 31,2% al 26,3%), aunque queda aún muy por encima del promedio de la UE. En la década dorada de la economía española, hasta 2007, los chicos (más que las chicas) podían dejar las aulas después de los 16 años con cierta facilidad y encontrar un trabajo, especialmente en el sector de la construcción o el turismo. Ahora, con tanto desempleo, no tienen más remedio que continuar con sus estudios.

Se espera una decisión sobre Eurovegas en los próximos tres meses. Si sale adelante, será otra razón para perder confianza y la tasa de abandono escolar empezará a aumentar otra vez.
http://www.elimparcial.es/sociedad/eurovegas-y-la-desconfianza-102621.html

La marca España: un asunto de Estado

Nada más aterrizar como Ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo anunció que entre sus prioridades está impulsar la marca España, algo que le diferencia mucho de Miguel Ángel Moratinos para quien cambiar la postura común de la Unión Europea hacia Cuba y hacerla más complaciente con el régimen comunista era una de sus mayores obsesiones. Moratinos fracasó en su intento. ¿Tendrá más éxito García-Margallo?

Mayormente, el Gobierno, al margen de cuál haya sido su signo político, ha sido muy reacio a implicarse en la promoción de la imagen y de la “marca España”. Rompiendo con esta tendencia, García-Margallo ha puesto en marcha un equipo de trabajo para el tema coordinado por Emilio Lamo de Espinosa y en el que están implicados los ministerios económicos. El sociólogo Lamo de Espinosa es un gran experto en el tema y acaba de ser nombrado presidente del Real Instituto Elcano (RIE) donde fue director desde su fundación, en 2001, hasta 2005 cuando fue cesado en el puesto, precisamente por deseo de Moratinos.

Parece que esta vez el asunto de la marca España va en serio: el 25 de abril habrá un acto en el Teatro Real presidido por los Reyes para lanzar la iniciativa. José Luis Rodríguez Zapatero no hizo nada en este campo y la oferta que el Foro de Marcas Renombradas Españolas (cuyas empresas miembros generan el 35% del PIB) hizo a María Teresa Fernández de la Vega de ayudar al Gobierno fue rechazada. Además Zapatero no cumplió su promesa de lanzar a partir de 2009 una Comisión Nacional de Diplomacia Pública, un instrumento usado con éxito por otros países para promover la marca país y la imagen. Flanqueado por Kofi Annan, el entonces secretario general de la Naciones Unidas, en el Museo del Prado, Zapatero dijo en junio de 2008: “Resulta sorprendente que un país con una lengua tan extendida y una cultura tan atractiva no haya contado hasta el presente con una estrategia e instrumentos de lo que se viene en denominar diplomacia pública.” Sigue siendo una sorpresa.

La imagen y la reputación de España (son cosas diferentes) han sufrido mucho durante los últimos años, pero aún así la percepción que desde fuera se tiene del país no corresponde con el progreso económico, político y social experimentado por España durante los últimos 36 años. Pero la realidad, muchas veces, es la percepción que se tiene de algo. ¿Cuántas personas saben, por ejemplo, que España tiene un stock de inversión directa en el extranjero bastante más grande en términos relativos y en porcentaje del PIB que Italia y que unas 20 empresas españolas ocupan posiciones muy destacadas en la economía global?

La marca país es un activo intangible pero no por esto de menos importancia; valga de ejemplo la imagen de Alemania como país serio y puntero y cómo esto beneficia, entre otras cosas, a sus exportaciones. Consiste en unos elementos y protagonistas. En el caso de España estos incluyen la respetada figura del Rey, aunque ha sido dañada por el caso de su yerno; las Fuerzas Armadas a través de su presencia en territorios de conflicto (Bosnia, Líbano, Afganistán, etc); deportistas (Rafa Nadal); el turismo (casi 60 millones turistas cada año); la lengua (más de 400 millones de personas); las multinacionales; los creadores y el voluntariado.

España sigue operando a través de un conjunto de instituciones independientes entre sí, como el Instituto Cervantes, la Fundación Carolina, el Instituto de Comercio Exterior, (ICEX), la Sociedad Estatal para Exposiciones Internacionales, el Real Instituto Elcano y el Foro de Marcas Renombradas Españolas. Hace falta más cooperación entre estas instituciones, algo que la crisis y la necesaria reducción en los presupuestos de todas ellas podrá hacer forzosa.

“Cuando se trata de marcas, quien tiene una, le vale una; quien tiene dos, le vale la mitad, y quien tiene tres es como si no tuviera ninguna,” dijo García-Margallo ante una treintena de empresarios. Su mensaje es claro: si hay que vender la imagen del país en el exterior no se pueden duplicar o triplicar esfuerzos desde otras Administraciones. Pero no solo las más conocidas autonomías prefieren ir a su aire (en el caso de Cataluña hacia la independencia) y no unirse a proyectos nacionales, creando cacofonías en la imagen y derroche en los costes. Por ejemplo, hace unos años un gobierno autonómico del Partido Popular envió una misión comercial a Nueva York, y al no poner España en su documentación promocional, mucha gente pensó que se trataba de algo que tenía que ver con un gobierno militar de América Latina, debido a la palabra Junta.

El ministro también esta impulsando una diplomacia económica. No es casualidad que los países más exitosos en exportar sus productos, como, por ejemplo, Alemania, Francia y más recientemente China han puesto la diplomacia económica como eje en su estrategia de relaciones internacionales. España se ha salvado de una recensión aún más profunda gracias a un aumento en sus exportaciones (+ 15,4% en 2011), pero sigue estando lejos de ser un país exportador significativo. Es más que probable que cuando la economía interior se recupere, las exportaciones bajarán a sus niveles tradicionales. Cuando escuché al ministro decir hace poco que 47 de las 118 embajadas españolas y 80 consulados en el mundo no tienen oficina comercial, me quedé con la boca abierta.
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