El Palacio de Cibeles, ¿una obra faraónica?

Tengo un especial cariño para el Palacio de Cibeles porque desde allí, cuando era la oficina principal de Correos en Madrid, tuve el costumbre entre el verano de 1975 y 1978, de mandar bastante de mis crónicas sobre España como joven corresponsal para The Times de Londres y otros periódicos. Entonces, no existía ni Internet ni el telefax y costaba un riñón dictar las crónicas por teléfono, medio usado solo cuando era necesario (normalmente crónicas para publicar el día siguiente). En esta época reinaba el telex o teletipo.

En los últimos meses de Franco ir a Cibeles con una crónica criticando el régimen tenia un aire conspirador, como, por ejemplo, cuando fui brevemente detenido por un grupo de policías de paisano por asistir a la rueda de prensa convocada por un grupo de franceses incluyendo Yves Montand y Regis Debray para protestar contra las condenas de pena de muerte contra once terroristas por matar a cuatro policías (cinco de ellos fueron fusilados y seis indultados).

El operador del teletipo entendía inglés; es probable que informara a sus superiores de las crónicas de los corresponsales extranjeros, pero no tuve el más mínimo problema en mandarlas y siempre llegaron a su destino. Sospeche que tenia poca simpatía para el régimen.

Hace poco aproveche la política de “puertas abiertas” del Ayuntamiento de Madrid para entrar en el Palacio de Cibeles, convertido en un gigantesco centro cultural después de seis años de obras y al coste de unos 100 millones de euros (y otros 24 millones en la primera fase de rehabilitación, destinada a fines administrativas incluyendo el nuevo despacho del Alcalde). Me pareció que había pasado un siglo desde mis frecuentes visitas a Correos.

Con el Museo del Prado, del Thyssen—Bornemisza y el Centro de Arte Reina Sofía casi a la esquina de Cibeles, ¿hacen falta otros 45.000 metros cuadrados repartidos en más de doce niveles sobre y bajo el nivel del suelo en el centro de Madrid para actos culturales, exposiciones y conferencias?

El Ayuntamiento, por supuesto, piensa que sí, porque el Palacio esta muy cerca al llamado Triangulo de Oro (formado por los tres museos), un lugar por el que pasan al año unos 10 millones de visitantes.

Lo primero que se ve al entrar en el recinto es el gran patio de operaciones — la única parte del Palacio que antes era abierto al público – con sus mostradores, escritorios, suelo y luces originales, y se ha recuperado el suelo de cristal que existió en el origen y que había quedado oculto por el mármol. Por ahí llega la luz hasta el sótano, donde se encuentra el nuevo auditorio con aforo para 280 personas. El patio es ahora un espacio donde los ciudadanos puedan leer periódicos, recibir información cultural a través de nuevas tecnologías o simplemente admirar la cuidadosa reforma que es un homenaje al original.

Cuando se empezaron las obras, la economía española estuve en plena marcha y muy pocas personas, y mucho menos los políticos, pensaron en el futuro. Hoy, las administraciones públicas españolas tienen serios problemas presupuestarias.

El Ayuntamiento de Madrid tenía una deuda de 6.453 millones de euros a 31 de diciembre de 2010, 309 millones menos que en 2009, según el Banco de España. Con una población de Madrid ciudad de 3,2 millones, por tanto, la deuda media de cada madrileño supera los 2.000 de euros. Si consideramos que los madrileños están agrupados en familias y que el tamaño medio de una familia es de 3 personas, la deuda media por familia superaría los 6.000 de euros, es decir, más de un millón de las antiguas pesetas.

Y la deuda de proveedores, facturas sin pagar, no está reconocida, y menos aún la deuda que se guarda en el cajón: facturas rechazadas por defecto de forma, servicios prestados no facturados, etc.

No por nada Alberto Ruíz-Gallardón, el Alcalde, es conocido como Ruíz-Socavón, por tantas obras que se ha hecho en su feudo, aunque esta vez no se trata de un túnel, un aparcamiento o las obras para las Juegos Olímpicos de 2016 que Madrid no ganaron. Y ganará, muy probablemente, las elecciones municipales el 22 de mayo.
http://www.elimparcial.es/sociedad/el-palacio-de-cibeles-una-obra-faraonica-82857.html

Un llamamiento a Europa para que despierte

La creación de la Unión Europea (UE) en varias fases durante los últimos 60 años ha sido un logro espectacular. Nació con la formación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (el sistema nervioso del poder nacional) entre seis países, que ayudó, entre otras cosas, a reconciliar Alemania y Francia después de las barbaridades de la Segunda Guerra Mundial (cuyo punto más extremo fue el Holocausto), y hoy cuenta con 27 países -incluyendo ocho naciones antiguamente comunistas-, 17 de los cuales comparten una moneda única, el euro.

La UE ha fomentado un largo periodo sin precedentes de prosperidad, paz y cooperación entre países con historias muy diferentes. Los 50 años previos al nacimiento de la UE fueron de los más trágicos y crueles. Basta recordar un solo dato de los muchos horrores — hubo más de 700.000 bajas en la batalla de Verdún en 1916 entre los ejércitos francés y alemán.

Hoy, la zona euro — los países centrales de la UE — está luchando por sobrevivir, a raíz de la crisis de la deuda soberana en Grecia, Irlanda y Portugal, de la cual, hasta ahora, España se ha escapado. Pero no es, ni mucho menos, la única crisis en la UE. El nacionalismo populista está en auge, la Islamofobia está ocupando el lugar que tenia el antisemitismo entre las dos guerras mundiales, la forma del gobierno de la UE es cada vez más difícil de manejar, el llamado “déficit democrático” está alejando a los ciudadanos europeos del proyecto europeo (la participación en las elecciones no ha dejado de bajar desde las primeras elecciones para el parlamento europeo en 1979) y la economía europea está perdiendo dinamismo frente a países gigantes y emergentes como China, India y Brasil.

The End of the West: The Once and Future Europe (“El Fin de Occidente: La Europa que nunca fue”) de David Marquand, publicado por Princeton University Press, es un libro brillante y oportuno sobre la Europa del pasado y la del futuro. Marquand es un experto en el tema: ha sido miembro del parlamento británico por el partido Laborista (1966-77) y asesor principal (1977-78) de Roy Jenkins cuando era presidente de la Comisión Europea. El libro es conciso y provocador, escrito con mucha elegancia y un rico sentido de la ironía.

Marquand pone el dedo en la llaga del problema financiero básico cuando dice que
“cualquier economista medianamente competente habría previsto que la combinación del control nacional de impuestos y gasto con la divisa europea y un banco central europeo acabaría en llanto”. Como dijo el irlandés Peter Sutherland, un antiguo comisario europeo, la forma del gobierno de la UE es “intelectual y políticamente esquizofrénica”. Hoy, estamos pagando el precio de esta falta de visión.

Los padres de la UE, como el gran francés Jean Monnet (1888-1979), sí tenían mucha visión e imaginación: creyeron que la lógica inevitable de la integración económica seria la unión política. Pero hoy la UE sufre de un proceso constante y debilitador de presión por parte de los federalistas y tirón por los confederalistas. Sería una locura, dice Marquand, aceptar más miembros a la UE sin que antes esté políticamente más unida.

Pero en lugar de integrarse políticamente más, los estados-naciones de Europa se están fragmentando. Casi todos los países grandes del continente, en particular España, han tenido que acomodar presiones autonomistas. La excepción más importante es Alemania, precisamente por ser ya un estado federal.

Con respecto al Islam, la religión que está creciendo más que cualquier otra en Europa, Marquand dice que la pregunta correcta no es cómo “convertir a los musulmanes en europeos morenos sino cómo los Musulmanes y los que no lo son pueden aprender a vivir juntos”.

La UE es como una enorme orquesta disonante donde cada instrumento (país) toca demasiado alto y la orquesta completa demasiado suave. Hace falta elegir directamente, y no por los gobiernos como ahora en su habitual chalaneo, un director (presidente).

Esto requiere partidos de ámbito europeo y no nacional. Es uno de los retos para el futuro, pero con 23 idiomas oficiales y 60 idiomas regionales o de minorías no es fácil. Mientras tanto, el libro de Marquand es un excelente anteproyecto.
http://www.elimparcial.es/mundo/un-llamamiento-a-europa-para-que-despierte-82526.html

El “holocausto” español

La palabra holocausto viene del griego holo (todo) cautos (quemar) y hoy se refiere exclusivamente a la persecución y el asesinato sistemático, burocráticamente organizado y auspiciado por el Estado de aproximadamente seis millones de judíos por parte del régimen nazi y sus colaboradores. Cada 27 de enero se conmemora el Día del Holocausto, designado por las Naciones Unidas. ¿Es justo aplicar el término holocausto solamente al exterminio de judíos por el régimen nazi y no recordar, cada 27 de enero, por ejemplo, los genocidios (¿holocaustos?) de armenios (1915), en Camboya (1975-79) y en Ruanda (1994)?

El nuevo libro del gran historiador británico, Paul Preston, lleva el provocativo título, “El Holocausto español: odio y exterminio en la guerra civil y después” (Debate). Escribe en su prólogo que “durante la Guerra Civil cerca de 200.000 hombres y mujeres fueron asesinados lejos del frente, ejecutados extrajudicialmente o tras precarios procesos legales.” Encima, “un número desconocido de hombres, mujeres y niños fueron victimas de los bombardeos y los éxodos que siguieron a la ocupación del territorio por parte de la fuerzas militares de Franco. En el conjunto de España, tras la victoria definitiva de los rebeldes de marzo de 1939, alrededor de 20.000 republicanos fueron ejecutados. Muchos más murieron de hambre y enfermedades en las prisiones y los campos de concentración … y más de medio millón de refugiados no les quedó otra salida que el exilio. Varios miles acabaron en los campos de exterminio nazis. Todo ello constituye lo que a mi juicio puede llamarse el ’holocausto español.’ “

Según Ángel Viñas, otro gran historiador, la Guerra Civil española fue, en términos relativos y dejando de lado la guerra civil rusa y las dos guerras mundiales, una sangría sin paralelo en Europa.

El libro (de casi 700 páginas) está bien estructurado en cinco partes: los orígenes del odio y de la violencia (1931-36); la violencia institucionalizada en la zona rebelde; la violencia espontánea en la zona republicana; Madrid sitiado: la amenaza dentro y fuera; dos conceptos de la guerra y la inversión en terror. El libro cubre la violencia tanto de los rojos que los azules fuera de los campos de batalle y, en mi opinión, de una forma ecuánime, y la del bando franquista fue mucho mayor.

Según Preston, la represión de los rebeldes, en términos generales, fue aproximadamente tres veces superior a la de la zona republicana. La cifra más fidedigna, aunque provisional, de muertes a manos de los militares rebeldes y sus partidarios es de 130.199, y el número más reciente y fiable de rebeldes asesinados o ejecutados por los republicanos asciende a 49.271.

Es imposible de precisar con exactitud porque entre 1965 y 1985 millones de documentos se perdieron, entre ellos los archivos del partido único, la Falange, los de las comisarías de Policía provinciales, los de las cárceles y los de la principal autoridad territorial del régimen franquistas, el Gobierno Civil. Hasta 1985, 10 años después de la muerte de General Franco, el gobierno español (Socialista de Felipe González) no emprendió actuaciones para proteger los recursos archivísticos del país.

Como todos los libros de Preston, su nueva obra, fruto de muchos años de preparación, tiene un gran fuerza narrativa y, a diferencia de otros, como él reconoce, no habría podido escribirlo sin el esfuerzo pionero emprendido por numerosos historiadores españoles, de cuyas publicaciones se da cuenta en sus 120 páginas de notas. El libro se nutre de esta industria en crecimiento.

Una de las revelaciones de este libro, incluso para el autor, es la magnitud de represión en zonas donde no hubo resistencia. Por ejemplo, en el capitulo, “El avance de la Columna de la Muerte”, relata la represión en Mérida bajo la supervisión de un siniestro guardia civil, Manuel Gómez Cantos. “A diario, durante un mes entero, Gómez Cantos recorrió el centro de la ciudad en compañía del doctor Temprano, un republicano liberal, para tomar nota de quienes lo saludaban. De esta manera identificó a sus amigos y pudo detenerlos, tras lo cual él mismo mató al doctor.”

Con respecto a uno de los peores crímenes del bando republicano — las matanzas de Paracuellos durante la batalla de Madrid a consecuencia un traslado de presos de— Preston cree que Santiago Carillo, entonces consejero de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid, estuvo implicado en la autorización de los asesinatos, algo que Carrillo siempre ha denegado.

Algunos de los incidentes descritos son realmente surrealista. En septiembre del 1939, después de la victoria de Franco, el Tribunal de Responsabilidades emprendió acciones legales contra Camil Companys i Jover, el menor de los tres hermanos del presidente catalán Lluís Companys (entregado por los nazis desde su exilio en Francia en 1940 y fusilado en Barcelona). El proceso continuó después de que Camil se suicidara, tras recibir la noticia del arresto de Lluís. La sentencia final, del febrero de 1941, condenó al ya fallecido Camil a 15 años de exclusión de actividades profesionales y a pagar una multa de mil pesetas, por la que tuvo que responder su viuda Josefa.

No me sorprende que Preston llorara tanto durante la preparación de su libro. Es para llorar.

http://www.elimparcial.es/sociedad/el-holocausto-espanol-82077.html

La presencia global de España

España ha aumentando significativamente su proyección exterior en las dos últimas décadas, pero ¿cómo es posible calcularla? El Real Instituto Elcano acaba de publicar un índice para medir la presencia global de 54 países y algunos de los resultados son sorprendentes para España; otros confirman que el país adolece de serias debilidades.

Hasta la fecha los estudios sobre la globalización tendían a medir cuestiones como el grado de apertura de las economías (exportaciones+importaciones como porcentaje del PIB) y apenas han indagado en analizar la posición que ocupan los distintos países en el nuevo mapa global en un sentido mucho más amplio.

El Índice Elcano de Presencia Global, elaborado para ser calculado cada año, cuantifica y agrega 14 variables expresamente referidas a resultados tangibles de proyección internacional en los terrenos económico, militar, científico, social y cultural (ver http://www.realinsti…).

Como dicen los autores de este excelente y útil informe, Ignacio Molina e Iliana Olivié, esta nueva herramienta no solo permite analizar grandes tendencias globales, sino también conocer mejor la eficacia de la promoción internacional y el esfuerzo diplomático de los países que se incluyen.

Estados Unidos se confirma, como era de esperar, como la única superpotencia global desde el fin de la guerra fría, con un cómoda ventaja en el ranking que más o menos triplica a sus cuatro inmediatos concurrentes — Alemania, Francia, Reino Unido y China (cuyo ascenso esta plenamente afirmado).

España ocupa la novena posición en el índice, a poca distancia de Italia y aproximadamente en el mismo puesto que ocupa en el ranking de PIB. En la categoría de migraciones y turismo España esta en el tercer lugar mundial y en exportación de servicios y ayuda al desarrollo sexto, pero ocupa el 17º lugar en número de patentes orientadas a la exportación y, pese a ser uno de los países más atractivos para visitar, trabajar o residir, su sistema universitario es sólo el 14º del mundo en flujo de estudiantes extranjeros. Es bien conocido que los estudiantes extranjeros no eligen España para mejorar en sus estudios, sino por otros atractivos.

Estos dos resultados en lo referente a internacionalización tecnológica y al sistema educativo demuestran el talón de Aquiles de España, algo también confirmado en el último Global Competitiveness Report 2010-2011 del World Economic Forum (WEF) En el ranking del WEF de calidad del sistema educativo (definido como adaptación a las necesidades de una economía competitiva), España ocupa el puesto 107 de un total de 139 países. En la Unión Europea sólo quedan por detrás Eslovaquia y Grecia.

El informe de Elcano (apropiadamente el Instituto lleva el nombre del navegante español Juan Sebastian Elcano, que completó la primera vuelta al mundo) lo completa otro algo anterior, publicado al finales del 2010 por el Reputation Institute Spain y el Instituto de Analisis de Intangibles sobre la reputación de España en el mundo. Aunque este informe es muy distinto al elaborado sobre presencia global, sus resultados (España ocupa el lugar 12 de 40 países) están, en términos generales, en línea con los del estudio de Elcano.

España se ve como un país agradable, con una gran variedad de experiencias atractivas como cultura, gastronomía, deporte y entretenimiento, pero recibe valoraciones inferiores a la media del G-8 en la mayoría de los aspectos relacionados con la economía: entorno económico, calidad de productos y servicios, y especialmente marcas y empresas reconocidas y tecnología.

El resultado para marcas y empresas reconocidas sorprende. España está en la posición 18, a pesar de tener, como manifiesta el dato de Elcano, el noveno stock más alto en el exterior de inversión directa (más que Italia). Pero una cosa es el volumen de inversión directa fuera de España y otra el reconocimiento de sus marcas y empresas. La percepción no corresponde con la realidad, pero es la percepción lo que cuenta y influye.

España sí tiene empresas y marcas innovadoras a nivel global. ¿Qué está sucediendo pues? Como dice el informe del Reputation Institute, “la mayor parte de los consumidores del mundo no las identifican como españolas porque algunas de estas mismas empresas exitosas suelen evitar, cuando no ocultar su origen español.” Por ejemplo, Zara (una de las únicas dos marcas españolas en el ranking de Interbrand de las 100 mejores marcas globales) suena, a propósito, como italiana. ¿Ser identificado como español da vergüenza y es mal negocio?

Otro factor es la falta de promoción coherente a nivel nacional y las misiones comerciales de las autonomías al extranjero que muchas veces solo sirven para crear confusión entre consumidores y alimentar los egos de la clase política regional, y no fraguan una imagen sólida y consistente con la posición global de España.
http://www.elimparcial.es/mundo/la-presencia-global-de-espana-81662.html

La voz aguda de Arturo Barea

El escritor Arturo Barea (1897-1957) es conocido sobre todo por su trilogía de novelas autobiográficas que narra su infancia y primera juventud en Madrid de principios del siglo XX (La forja), sus primeros pinitos literarios y experiencias en la guerra de Marruecos (La ruta), y la Guerra Civil española (La llama), pero mucho menos por sus más de 800 charlas semanales para la sección de América Latina del Servicio Mundial de la BBC bajo el seudónimo “Juan de Castilla” que realizó durante la última etapa de su vida en exilio en Inglaterra.

Después de organizar con un grupo de amigos la restauración de la deteriorada lápida de Barea el año pasado en el anexo del cementerio principal de la iglesia de Todos los Santos (All Saints) en Faringdon, un pueblo del condado de Oxford, quería constatar si quedaban en los archivos de la BBC algunas de sus charlas. Un amigo, Martin Murphy, investigó el asunto. pero no sobrevivió ninguna grabación, solo los manuscritos, sesenta de las cuales están incluidos en el libro Palabras Recobradas: Textos Inéditos, publicado por Debate en el año 2000 en una edición de Nigel Townson, quien las encontró en el archivo personal de Barea en Londres, en la casa de Uli Rushby-Smith, la sobrina de Ilsa Barea, la mujer austriaca de Arturo.

Hace poco Murphy me mandó por correo electrónico una entrevista muy corta que le hicieron a Barea en Córdoba, Argentina , en mayo de 1956, que a todas luces parece ser la única grabación que queda de Barea. Él la consiguió a través de una amiga en Francia.

El éxito de las charlas fue tal que la BBC envió a Barea en 1956 de gira durante cincuenta y seis días por Argentina, Chile y Uruguay, donde dio múltiples conferencias y entrevistas, y asistió a numerosos banquetes y firmas de libros. La exultante acogida se debió no sólo a su trabajo como locutor sino al éxito de La forja de un rebelde en América Latina. La edición de Buenos Aires de 1951, por ejemplo, había vendido 10.000 ejemplares en pocos meses. La trilogía se publicó primero en los años 40 en Inglaterra, y no vio la luz en España hasta 1978.

Como escribe Townson en su introducción, “a pesar de los esfuerzos malévolos de las autoridades franquistas por calumniarle como ’el inglés Arturo Beria’ — una referencia al jefe de seguridad de Stalin que apuntaba al supuesto pasado de Barea como comunista -, la gira fue un éxito tremendo.”

El principal problema de Barea, relataba un informe de la embajada británica, “era evitar ser festejado, agasajado y agotado por hordas de admiradores y entusiastas … La visita de Barea fue un éxito sin precedentes desde el principio. No dudaría en afirmar que ha sido el visitante con más éxito que hemos tenido en muchos años.”

La mayor parte de la entrevista mencionada está recopilada en la biografía de Barea escrita por Michael Eaude y publicada en inglés en 2009 por Sussex Academic Press. Eaude consiguió una copia muy deteriorada de esta entrevista en cinta magnética que le facilitó Leonor, la sobrina de Barea, y tuvo que dedicar mucho tiempo para descifrarla.

A diferencia de la cinta, el muy corto fragmento de la entrevista reproducida por el archivo sonoro de la cadena Radio 5 de RTVE que los lectores pueden escuchar es de una calidad sorprendentemente alta (http://www.rtve.es/mediateca/audios/20110228/archivo-sonoro—arturo-barea—26-02-11/1031913.shtml).

En el comienzo del fragmento el entrevistador pregunta a Barea cómo siente la patria estando tantos años fuera (desde febrero de 1939). Barea contesta diciendo que la siente como un “dolor agudo al que aún no llego a acostumbrarse”.

Esta cuestión, ya relativamente tópica y que por la brevedad y contundencia de la respuesta deja algo descolocado al periodista, va seguida por dos preguntas tontas e impertinentes sobre sus hábitos de alcohol y tabaco que Barea maneja con cierto malestar y dureza negando las afirmaciones del conductor del programa y dejándole en evidencia por no haberse preparado la conversación.

Su sobrina Uli, que vivió unos años con Arturo y Ilsa, me comentó que el escritor fumaba tres paquetes al día y ella aún recuerda el color negro que tenían las paredes de la cocina por el humo de tantos cigarrillos.

Como bien dice el locutor actual que presenta la entrevista, el testimonio nos regala dos lecciones de oro para los periodistas: hay que documentarse y contrastar la información y bajo ningún concepto hay que revelar las fuentes, por mucho que sus datos sean erróneos.

Barea murió menos de dos años después de la entrevista. Qué lástima que no queden más grabaciones, pero tenemos sus magníficos libros y a partir de ahora, al releerlos, yo tendré además en mi mente su voz aguda.

http://www.elimparcial.es/cultura/la-voz-aguda-de-arturo-barea-80808.html

¿Sirve el modelo turco para el Magreb y el Oriente Próximo?

Tanto el primer ministro de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, como el presidente, Abdulá Gül, no han perdido tiempo, a raíz de la plena ola de cambio en la ribera sur del Mediterráneo, en airear el éxito del modelo político de su país, establecido por Mustafá Kemal Atatürk a partir de 1923. Con la caída de los regímenes en Túnez y Egipto y probablemente en Libia, muchos miran hacia Turquía como modelo de referencia.

Atatürk forjó la creación de la República de Turquía de las ruinas del Imperio Otomano después de la Primera Guerra Mundial. Tras sus reformas (laicismo, alfabeto latino, voto femenino), otros líderes turcos introdujeron cambios en el sistema kemalista. El sistema turco inspiró a Gamal Abdel Nasser y a otros líderes nacionalistas.

La llegada en Turquía al poder en 2002 del Partido de la Justicia y el Desarrollo (islamista moderado y conocido por sus siglas como el AKP), que podría ganar su tercera victoria consecutiva en las elecciones generales el próximo 12 de junio, ha coincido con la etapa de mayor desarrollo económico e integración con Occidente.

Turquía es miembro fundador de la OTAN y comenzó las negociaciones para la adhesión plena a la Unión Europea en 2005 (avanzan muy lentamente), después de haber sido miembro asociado desde 1963, y habiendo llegado a un acuerdo de unión aduanera en 1995. Desde 2005 las inversiones extranjeras suman 70.000 millones de euros y la renta per cápita se ha duplicado hasta situarse en unos 8.650 euros anuales.

En comparación con el Magreb y el Oriente Próximo, Turquía, con sus 75 millones de habitantes, 99% de los cuales son musulmanes, es un país sumamente desarrollado: tiene elecciones libres, una economía diversificada y se traducen al turco más libros al año que en todo el mundo árabe (no hay mayor insulto que llamar árabes a los turcos).

Este progreso, sin embargo, no ha sido un camino de rosas. Adnan Menderes, el primer ministro entre 1950 y 1969, amplió el pluralismo político, pero acabó en la horca tras un pronunciamiento militar. Desde entonces Turquía ha tenido dos golpes más (en 1970 y 1980), un llamado “memorándum militar” en 1997 que forzó Necmettin Erbakan (el “padre” político de Erdogan y de Gül), el primer ministro, a dimitir y un llamado “golpe electrónico” en 2007 (los militares publicaron una nota de protesta en su página web) que fracasó en su intento de prohibir la llegada de Gül a la presidencia. Los militares son los guardianes del secularismo desde 1923 — gran parte de la constitución que redactaron en 1982 sigue hoy vigente. Las relaciones entre el AKP y los militares, recelosos del islamismo del AKP, siguen tensas.

Turquía es un ejemplo poco frecuente de Estado predominantemente musulmán que es al mismo tiempo una democracia laica y pluralista, aunque no lo sea del todo. Aparte de la continuada tutela militar sobre el poder civil que aún no ha terminado por completo, algunas de las acciones del Gobierno de Erdogan, en particular el hostigamiento de la prensa hostil al AKP y la falta de una verdadera prensa libre y la actitud de algunos jueces en el caso conocido como “Sledgehammer” (una supuesta trama golpista en 2003), son preocupantes. Como ejemplo, entre 2005 y 2010Turquía bajó del lugar 98 hasta la posición 138 de 175 países en el ranking de libertad de prensa que elabora anualmente Reporteros sin Fronteras.

En total casi 200 personas incluyendo periodistas están siendo juzgadas, incluyendo el general Cetin Dogan, ex comandante del Primer Ejército.

Su yerno, Dani Rodrik, catedrático en la Universidad de Harvard, escribió en el Financial Times este mes que “en el fondo de este tribunal se esconde el intento del gobierno de consolidarse y de demonizar la oposición. Muchos de estos casos requerieren la anulación total del sentido común”. Según Rodrik Turquía camina hacia una versión islamista de la autoritaria Rusia.

El “sí” que venció por un margen considerable en el referéndum constitucional en 2010, frente a las afirmaciones de los laicistas recalcitrantes de que el AKP está intentando implantar una teocracia, demuestra que existe un gran respaldo a la posibilidad de hacer nuevas reformas. Erdogan o quien gane las elecciones en junio tiene que tomar la iniciativa y redactar una constitución nueva y liberal, algo que sí sería un faro para los nuevos regimenes en vías de creación en Túnez y Egipto. Para tener validez el modelo turco tiene que evolucionar más.

Mientras que es cierto que cada nación tiene su propio modelo y no se puede imponer nada, Turquía, como hizo España con respecto a América Latina después del General Franco, puede aportar su experiencia y ayudar por sus lazos históricos y culturales.

http://www.elimparcial.es/mundo/sirve-el-modelo-turco-para-el-magreb-y-el-oriente-proximo-80389.html

La calidad de la democracia en España

En los 30 años desde la tentativa de golpe de estado del 23-F España ha establecido una democracia, pero a juzgar por los resultados de la última encuesta del CIS (un organismo que depende del Ministerio de la Presidencia) los españoles, en el peor momento económico y político en mucho tiempo, desconfían como nunca de sus líderes.

La valoración de José Luis Rodríguez Zapatero (3,30 sobre 10) es la más baja que ha obtenido y el peor nivel de un jefe del Ejecutivo desde que hay encuestas del CIS, mientras que Mariano Rajoy es aún peor valorado (3,25), a pesar de lo cual, según los sondeos, ganará las próximas elecciones por un amplio margen. Lo lógico, si es que tal término cabe en el vocabulario político, es que el jefe de la oposición y por ende un posible futuro Presidente del Gobierno tenga una valoración más alta que la del actual Presidente, dado que Zapatero lleva siete años en el poder (y el poder desgasta) y estamos a un año de elecciones. ¿España es diferente?

Y por si esto sólo no fuera preocupante, la clase política en su conjunto, y no solo los líderes de los dos partidos mayoritarios, está considerada como el tercer problema para los españoles (20,6%) después del paro (82,4%) y los problemas de índole económica (53,1%). En otras palabras, la clase política se ve como parte del problema y no de la solución como tiene que ser. Hace diez años las respectivas cifras eran 4,8% (clase política), 56% (paro) y 8.2% (índole económica).

Según el último índice de democracia (2010) del Economist Intelligence Unit (EIU), España es uno de 26 países que tienen “democracias plenas” (full democracies). Está en el lugar 18, justamente después de los Estados Unidos y antes que el Reino Unido. El número uno es Noruega.

En la siguiente categoría de “democracias defectuosas” (flawed democracies) están Italia, que con un payaso de presidente no sorprende (¿para cuánto tiempo más?), y Francia, que sí me sorprende. El ranking del EIU esta basado en cinco elementos: proceso electoral y pluralismo, funcionamiento del gobierno, participación política, cultura política y libertades civiles. España sale mejor parada que Italia y Francia por sus notas más altas en funcionamiento del gobierno y libertades civiles.

Coincidiendo con el 30 aniversario del 23-F, y los más de 30 años desde que los españoles aprobaron en referéndum la Constitución Española, Ariel ha publicado “Calidad de la Democracia en España: Una Auditoría Ciudadana” escrito por Braulio Gómez Fortes, Irene Palacios, Manuel Pérez Yruela y Ramón Vargas-Machuca. Es el primer estudio sobre el tema y a diferencia del índice del EIU sitúa a los ciudadanos como los principales evaluadores del sistema a través de una encuesta nacional con cinco dimensiones: democracia y legitimidad; estado de derecho; representación política; capacidad efectiva de gobierno y sociedad civil, cada una con varios indicadores.

Los ciudadanos dan a la democracia una puntuación intermedia (5,12 sobre 10), alejada, como dicen los autores, “tanto de la insatisfacción extrema como de la satisfacción total”. Es una puntuación más bien mediocre.

La dimensión mejor valorada es la legitimidad y es la única que alcanza una nota cercana al notable. Llama la atención, sin embargo, la brecha entre la alta evaluación positiva de la democracia como la forma de gobierno preferida por los ciudadanos (80%) y la poca satisfacción de su funcionamiento en la actualidad (sólo dos de cada cinco se muestran satisfechos).

La dimensión que mide la calidad del estado de derecho no alcanza el aprobado (4,73). Esto tiene que ver con la parcialidad en la aplicación de la ley y la accesibilidad de los procesos judiciales. La corrupción también cosecha valoraciones bastante negativas: en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparency International la nota de España ha bajado del 7,1 en 2004 al 6,1 en 2010 (más cercano al 10 menos corrupto).

La dimensión que engloba la representación y los partidos políticos solo logra una puntuación del 4,42. De los diez indicadores que componen esta dimensión, siete obtienen un suspenso y cinco de ellos se sitúan por debajo del cuatro. Mientras que la legitimidad de los partidos y la variedad de la oferta se valoran positivamente, otros indicadores demuestran poca confianza en los partidos y una amplia distancia entre éstos y la ciudadanía.

La dimensión peor valorada es la relativa a la sociedad civil, con un 4,32 de puntuación media. Las valoraciones son muy bajas en lo que respecta al nivel de tolerancia de los españoles, su grado de participación política y su capacidad para controlar el poder político. La baja tolerancia me sorprende enormemente y a mi modo de ver no cuadra con el flujo masivo de unos 5 millones de inmigrantes en unos diez años sin mayores incidentes y sin dar lugar a un partido de extrema derecha (¿o es que no hará falta con el giro del Partido Popular?).

En resumen, hay mucho para mejorar pero no hace falta autoflagelarse. Siempre hay que tener en cuenta algo que dice Javier Cercas al final de su libro “Anatomía de un Instante”, su analisis minuciso del 23-F. “La democracia española no lo es [perfecta], pero es una democracia de verdad, peor que algunas y mejor que muchas, y en cualquier caso, por cierto, más sólida y más profunda que la frágil democracia que derribó por la fuerza el General Franco.”

Las terribles secuelas del 11-S

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 cambiaron el curso de la historia, dando lugar, entre otras cosas, a la invasión sin sentido de Irak cuyo coste en términos de muertos, destrucción y caos ha sido y sigue siendo — siete años después — enorme. Algunos “neocons” en la administración de George W. Bush creyeron que la guerra en Irak iba a durar un par de días y una democracia iba a florecer por arte de magia de la nada.

El autor británico Dominic Streatfeild ha tenido la idea original de contar en su nuevo libro, A History of the World since 9/11 (“Una Historia del Mundo desde el 11-S”), publicado por Atlantic Books, las historias de varias personas cuyas vidas cambiaron drásticamente en los casi 10 años transcurridos desde el 11-S. Pocas de las ocho historias son conocidas o han sido publicadas con tanto detalle y en su conjunto ponen de relieve los monstruos creados por las administraciones de los Estados Unidos: la “rendición extraordinaria”, la cárcel en la Bahía de Guantánamo, las ejecuciones extrajudiciales y la transgresión del derecho internacional.

Las historias son verdaderamente trágicas y mencionaré solo dos, la matanza de 47 personas en la celebración de una boda en Afganistán y la detención ilegal de un ciudadano alemán.

En el primer caso, aviones americanos lanzaron bombas sobre un jardín de una casa en la pequeña ciudad de Deh Rawood donde se habían reunido unos invitados a celebrar el compromiso matrimonial de Abdul Malik y Tela Gul. El tío de Tela resultó ser Mullah Barader, el número dos de los Talibanes, y los militares americanos creyeron que habían localizado su escondite. Al oír unos disparos — es costumbre en Afganistán en eventos de esta naturaleza y desconocido por los americanos — los militares pensaron que era fuego hostil y lanzaron bombas. Muchos de los muertos eran niños y solo quedaron trocitos de sus cuerpos en los árboles del jardín. Streatfeild pregunta, ¿cómo es que la fuerza militar más sofisticada jamás conocida en el mundo fue incapaz de localizar un grupo de bandidos de tercera en un país del tercer mundo?

En la otra historia, Khaled el Masri, un inmigrante desempleado en Alemania con cuatro hijos, fue detenido cuando entró en Macedonia en un autobús en busca de trabajo, en la creencia de que era “el egipcio” que reclutó en Alemania varias de las personas involucradas en los atentados del 11-S incluyendo dos de los pilotos de los aviones, uno de los cuales chocó contra una de las torres del World Trade Center y el otro estalló en un campo de Pensilvania.

Khaled, identificado por una analista de la CIA, fue llevado por la agencia a Afganistán en uno de sus vuelos de “rendición extraordinaria” para ser interrogado durante cinco meses. Se declaró en huelga de hambre y perdió 27 kilos de peso. Cuando la CIA se dio cuenta de que no era “el egipcio” (Khaled el Masri significa Khaled el egipcio) fue puesto en libertad en Albania. Luego logró regresar a su casa en Alemania, pero su familia, convencida que él había abandonado a sus seres queridos, había venido su coche para pagar el pasaje al Líbano para vivir con los padres de la mujer de Khaled.

Esta historia tiene una conexión española. El avión secreto de la CIA, un Boeing Business Jet con matricula N313P , en el que viajaba Khaled aterrizó en el aeropuerto de Palma de Mallorca donde Josep Manchado, un spotter (aficionado a la aviación), tomo un foto. Cuando la foto fue exhibida en Internet un norteamericano con dirección oculta pretendió lograr las señas de Manchado, su teléfono, identificación laboral y bancaria. Él rehusó el contacto.

Hasta ahora, todos los esfuerzos de Khaled y sus abogados de llevar su caso a los tribunales no han prosperado por considerar que comprometería la vida de agentes o la seguridad nacional de los Estados Unidos.

En marzo de 2010, un deprimido Khaled fue sentenciado a dos años de cárcel por haber atacado a un alcalde en un rapto de ira.

Leí en el Washington Post este mes que la analista de la CIA que erróneamente identificó a Khaled nunca fue castigada. De hecho, siguió escalando puestos en la agencia.

http://www.elimparcial.es/mundo/las-terribles-secuelas-del-11-s–79170.html#

¿Un Tunisami para España?

¿Tendrá España algún día un “Tunisami”, el juego de palabras usado por los egipcios para llamar a su protesta popular en contra de los 30 años en el poder de Hosni Mubarak? Es cierto que la revolución en Egipto se inspira en Túnez y el derrocamiento de su Presidente, Ben Ali, esta teniendo un impacto en el mundo árabe equivalente a un tsunami, pero ¿qué tienen que ver estos dos países, y tal vez otros de la región, con España salvo compartir un pasado islámico (en España entre 711 y 1492)?

Por supuesto, España no es un país autoritario, sumamente corrupto ni con un Presidente que lleva varias décadas en el poder. Ni tiene una policía secreta que tortura y hace desaparecer a los disidentes o una masa hambrienta de la población. Pero España sí comparte un rasgo preocupante con Túnez y Egipto: tiene una altísima proporción de la población por debajo de los 30 años que no tiene empleo, un alto segmento de lo cual tiene un bajo nivel de estudios. Los jovenes tunecinos y egipcios, enganchados al Facebook y otras redes sociales por Internet, están jugando un importante papel en las revoluciones en sus países. ¿Podría pasar algo similar aquí?

Casi la tercera parte del total de parados de la zona euro viven en España (unos 4,7 millones de personas). La tasa del desempleo del 20.3% es el doble de la zona euro (y del conjunto de la Unión Europea). Lo mismo sucede con el paro juvenil: la tasa de desempleo de menores de 25 años en España es de casi el 43% (unos 900,00 personas).

Acertó Dominique Strauss-Kahn, el director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) cuando alertó del riesgo de estar ante una “generación perdida” destinada a sufrir durante toda su vida las peores condiciones laborales.

Basta comparar las cifras de desempleo de Alemania, otra vez el motor de la economía de la UE, con las de España (el enfermo de Europa). Con una población de casi 82 millones, Alemania tiene una tasa de desempleo del 7.4% (3,1 millones de personas), mientras que España, con una población de 46 millones, tiene una tasa de desempleo casi tres veces mayor. La tasa en Alemania es la más baja en 18 años y la tasa en España la más alta en 13 años.

No sorprende que los teléfonos de la oficina en Madrid de la empresa Eures no hayan dejado de sonar, desde que los servicios públicos de empleo de España y Alemania anunciaron a través de la red europea Eures, que fomenta la libre circulación de trabajadores en toda la Unión Europea, una acuerdo para facilitar más activamente la contratación de españoles para trabajar en Alemania.

La economía alemana, que creció el 3,6% en 2010 (la española quedo en recesión) necesita, en palabras de la página web de la Embajada alemana en Madrid, “personal cualificado español para trabajar en Alemania para los sectores de sanidad, ingeniería, docencia, hostelería y turismo.” Este programa evoca los duros años 50 y 60 cuando hubo una masiva emigración española a Alemania. ¿Se va a repetir?

Es dudoso porque para poder acogerse a este programa, es imprescindible poseer “como mínimo un nivel intermedio de alemán.” Esto reducirá drásticamente la bolsa de potenciales candidatos: muchas de estas personas ni siquiera tienen un nivel bajo de alemán.

Aunque España tiene un alto nivel de desempleo juvenil, la proporción de la población total entre 14 y 29 años es relativamente baja en comparación con la de los países de África de Norte. El porcentaje es 17,2% en España, 27.2% en Túnez (con una población de solo 10 millones) y 28,6% en Egipto (con una población de 80,5 millones).

El “problema” demográfico en España reside en el otro extremo de la pirámide poblacional — es una población que está envejeciendo. Los mayores de 65 años, que hoy representan el 16% de la población, serán el 32% en 2050, según los datos del INE. El número de pensionista en España aumentará de 8,6 millones a 15,3 millones en el año 2040, según las últimas previsiones. En España la edad media es de 40 años en comparación con 24 años en Egipto y 30 años en Túnez.

El aumento en el número de pensionistas explica, en parte, la necesidad del pacto sobre el sistema de pensiones para hacerlo más viable. El otro factor, y más preocupante, es la bajada en el número de cotizantes desde 2007, debido al enorme incremento en el paro. Y allí están los jovenes desempleados, entre otros segmentos sin trabajo. No tienen trabajo hoy y tendrán pensiones bajas en el futuro por haber cotizado muy por debajo del número de años necesarios para conseguir una pensión mínimamente decente.

La pasividad de los jovenes en España ante su panorama desolador siempre me ha sorprendido. Nadie en 2010 pronosticó la revuelta en Túnez, y menos que la chispa iba a ser el suicidio del universitario-frutero Mohamed Buazizi. Así que no voy a pronosticar lo que podría pasar aquí.
http://www.elimparcial.es/sociedad/un-tunisami-para-espana-78759.html

El oro llega a mi barrio

En los 25 años desde que regresé a Madrid, he sido testigo de muchos cambios en el barrio donde vivo (en la colonia privada de hotelitos por debajo del “Pirulí” al lado del Parque de la Fuente del Berro).

La calle Marqués de Zafra, la calle principal más cercana a mi casa, ha sido y sigue siendo un microcosmos de algunos de los cambios producidos en el país. Que esta calle (de unos 500 metros) tenga 12 bares/restaurantes, en un país con probablemente más bares por metro cuadrado que cualquier otra nación europea, no es noticia. Dos de los bares están en manos desde el año pasado de una familia china y otra rumana, y esto sí es novedoso. Encima, hay siete tiendas chinas, cuatro fruterías y dos locutorios gestionados por inmigrantes de América Latina. Ninguno de estos establecimientos, ni un restaurante japonés, existían cuando regrese a Madrid en 1986. Tampoco había en esta calle tres cajas de ahorro que hoy, por su debilidad financiera, son fuente de tanta preocupación en los mercados internacionales.

No sorprende que rumanos y chinos estén empezando a llevar negocios que tradicionalmente eran del dominio de los españoles. Según las últimas cifras oficiales, hay más de 800.000 rumanos empadronados en España (la comunidad más numerosa) y unos 170.000 chinos (la cifra real, incluyendo ilegales, se estima en 240.000). A diferencia de los rumanos, que por ser miembros de la Unión Europea tienen el derecho automático de vivir y trabajar en España, los chinos necesitan permiso de residencia.

Lo más llamativo, sin embargo, es la llegada de una tienda, debidamente llamada “El Marqués del Oro”, para comprar oro, plata, papeletas de empeño, relojes de primeras marcas y de bolsillo. Según reza el anuncio puesto en los coches estacionados en el barrio (en papel amarillo como el color del metal), “pagamos hasta 25 euros el gramo” de oro.

El oro ha sido la gran inversión en los últimos años para los más listos. Siempre ha sido un refugio en tiempos de crisis, guerras y alta inflación cuando otras inversiones — acciones en las Bolsas, renta fija y propiedades — por distintas razones rinden poco o generan perdidas. Un conocido mío vendió su piso en la Calle Velazquez e invirtió todo el dinero de la venta en oro. Duplicó su inversión en un par de años.

Después de la Segunda Guerra Mundial, el sistema de Bretton Woods fijó el dólar americano a 35 dólares por onza de oro. Esto duró hasta 1971 cuando la administración de Richard Nixon unilateralmente suspendió la convertibilidad del dólar al oro y estableció un sistema “fiat” (dinero que tiene valor solamente debido a las regulaciones o leyes del gobierno). La última moneda en disociarse del oro fue el franco suizo en 2000.

Entre 1979 y 2008, cuando el mundo desarrollado entró en crisis, el precio de una onza de oro subió de 37 dólares a 865 dólares, un incremento del 2.238 por cien en comparación con una subida de 946 por cien en el índice Dow Jones Industrial Average (DJIA). En marzo de 2008, el pecio de oro superó los mil dólares pero en términos reales (descontando inflación) estuvo aún por debajo de su nivel máximo en 1981 de 599 dólares (equivalente a 1.417 dólares de 2008). En noviembre pasado el oro alcanzó 1.421 dólares. Hoy está en unos 1.337 dólares.

Según algunos expertos, la formación de un burbuja en el precio de oro es posible si continúan los mismos factores que han empujado el precio hasta ahora. El precio de 2,000 dólares la onza esta considerado como la señal de una burbuja. Queda mucho para alcanzar este precio. Estaré al tanto del “Marques de Oro” y si algún día veo que se ha cerrado lo tomaré como una indicación de la llegada de una burbuja.

http://www.elimparcial.es/sociedad/el-oro-llega-a-mi-barrio-78347.html