Turquía: un paso adelante, dos atrás

Más de tres años después de abrir el último capítulo de su interminable proceso de adhesión a la UE, Turquía ha abierto finalmente otro, pero hay cuatro medidas del Gobierno de raíces islamistas de Recep Tayyip Erdogan que chocan claramente con la vocación europea.

Primero, como miembro de la OTAN desde 1952, la decisión de comprarle un sistema de defensa de largo alcance a una empresa china sancionada por infringir la ley de no proliferación que se aplica a Irán, Corea del Norte y Siria ha escandalizado a Washington y a Bruselas. Segundo, Erdogan ha pedido al presidente ruso, Vladimir Putin, que Turquía (miembro de la Unión Aduanera de la UE desde 1996) pueda formar parte de la Organización de Cooperación de Shanghái. Tercero, el partido gobernante, Justicia y Desarrollo (en el poder desde 2002), ha dejado de ser un observador en el Partido Popular Europeo, organización de centro-derecha que constituye el grupo más numeroso del Parlamento Europeo (el Partido Popular forma parte de él, al igual que 18 de los 27 jefes de Estado y de Gobierno de la UE), y se ha unido a la euroescéptica Grupo de Conservadores y Reformistas Europeos. Carl Bildt, el ministro de Asuntos Exteriores sueco, que está a favor de que Turquía se convierta en miembro de pleno derecho, ha tachado la acción de “profundamente estúpida”. Y cuarto, Erdogan sigue adelante con su programa político socialmente conservador; con su última intrusión en la vida privada de los ciudadanos, pretende acabar con los pisos mixtos de estudiantes universitarios que hay fuera de los campus.

Además, el “problema de Chipre” sigue sin resolverse. El presidente Nicos Anastasiades y el dirigente turcochipriota Dervis Erioglu se reunieron a finales del noviembre en Línea Verde de separación creada en 1974 tras la invasión turca de la isla, pero no lograron ponerse de acuerdo ni siquiera para emitir una declaración conjunta que reactivase las negociaciones sobre la reunificación de Chipre, que llevan 18 meses en un punto muerto.

Resolver este conflicto no es un requisito para que Turquía se una a la UE, aunque sí que Ankara abra sus puertos y aeropuertos al tráfico griegochipriota, pero no cabe duda de la buena voluntad que generaría un acuerdo de reunificación fructífero. Como consecuencia de la negativa por parte de Erdogan a aplicar el Protocolo de Ankara de 2005 y ampliar la unión aduanera hasta Chipre, miembro de la UE desde 2004 (y por tanto reconocer la República de Chipre), ocho de los 35 capítulos siguen bloqueados por la Comisión Europea. Otros capítulos están bloqueados por Chipre y Francia. Solo se han abierto 14 capítulos en ocho años para negociar el acceso y uno se ha cerrado temporalmente.

Turquía se está revelando como un eje energético importante para la UE. Si Ankara y Nicosia pudieran resolver todas sus diferencias, no solo se aceleraría la entrada de Turquía en la UE, sino que ello significaría que las importantes reservas de gas descubiertas en 2011 en el Mediterráneo Oriental, en el Campo de Afrodita (cerca del igualmente importante Campo de Leviatán de Israel), podrían exportarse a Turquía y luego a una Europa igualmente muy necesitada de energía. Un gasoducto hasta Turquía sería la solución más barata y fácil, pero mientras las tropas turcas sigan ocupando un tercio de la isla, eso no sucederá. Un gasoducto entre Israel y Turquía también es una quimera. La retórica de Erdogan, en ocasiones de tintes antisemitas, sigue enfureciendo al Gobierno de Israel.

Y por si esto fuera poco, la política exterior turca de “cero problemas con sus vecinos” está hecha pedazos. En el último ejemplo de esto, el embajador de Turquía en Egipto fue expulsado en noviembre como consecuencia del continuo apoyo por parte de Ergogan hacia el depuesto expresidente Mohamed Morsi, líder de la Hermandad Musulmana. Para hacerse una idea de lo excepcional que es este suceso, piensen en el hecho de que El Cairo nunca ha expulsado al embajador de Israel, ni siquiera durante épocas de gran tensión como la segunda intifada.

Mientras tanto, la libertad de prensa en Turquía sigue tremendamente coartada, con más de 60 personas encarceladas, muchas en virtud de una ley antiterrorista muy restrictiva pensada principalmente para los kurdos. Cuando hace poco asistí a una conferencia en Estambul, un periodista turca me buscó para contarme en voz baja que no podía ejercer libremente su profesión, y no era un activista kurdo.

El tortuoso proceso de adhesión de Turquía a la UE vuelve a estar encarrilado, pero el Gobierno insiste en tomar caminos que constituyen un obstáculo para la vocación europea del país y Erdogan sigue siendo una figura que genera distanciamiento y polarización.

http://kioskoymas.abc.es/noticias/opinion/20131228/abcp-turquia-paso-adelante-atras-20131228.html

Enfocando conflictos al revés

Vivimos en un mundo loco donde lo que se gasta para evitar y resolver conflictos representa un porcentaje ínfimo del dinero gastado en paliar los efectos terribles de las guerras. Basta comparar el presupuesto del Grupo Internacional de Crisis (ICG por sus siglas en inglés),de 19 millones de dólares, con el reciente llamamiento de la ONU para recaudar 6.500 millones de dólares para los refugiados de Siria, la mayor cantidad jamás solicitada para una sola situación de emergencia humanitaria.

El ICG fue fundado en 1995. Sus analistas cubren unos 50 conflictos vigentes y potenciales en el mundo, desde la división de Chipre en dos partes a raíz de la invasión turca de la isla en 1974 hasta el igualmente interminable problema de la creación de un estado palestino, pasando por Afganistán y no sé cuantos otros países.

El consejo del ICG está presidido por el diplomático americano Thomas R Pickering, un antiguo vicesecretario de Estado para Asuntos Políticos y embajador en varios países, incluyendo Rusia y Israel, y Mark Malloch-Brown, antiguo vicesecretario general de la ONU. En palabras de Kofi Annan, exsecretario general de la ONU, el ICG es “una voz global de la conciencia y una fuerza genuina para la paz.”

Más de 2,3 millones de refugiados han huido de Siria hacia países vecinos desde que estalló la violencia en marzo de 2011, y se estima que otros 6,3 millones de sirios están desplazados dentro del país, aunque el número de los afectados por la guerra es aún mayor. Más de 125.000 personas han perdido la vida en el conflicto.

En los últimos meses, la ONU, la Media Luna Roja Siria y otras organizaciones humanitarias internacionales y nacionales en Siria han alimentado a 2,4 millones de personas al mes, han vacunado a más de 1 millón de niños contra el sarampión y la polio, han llevado agua potable a más de 9 millones de personas y han ofrecido materiales básicos de ayuda a casi 920.000 personas. Pero esto no es suficiente y la situación se agrava.

Con el llamamiento de la ONU, las organizaciones humanitarias pretenden aumentar sus operaciones y alimentar a 4 millones de refugiados sirios y 420.000 palestinos, inmunizar a 1,7 millones de niños, ofrecer atención sanitaria a unos 7 millones de personas y agua potable a unos 10 millones.

El llamamiento llega después de que la Unión Europea anunciara una contribución de 400 millones de dólares para la emergencia siria hasta finales de año. Esta donación es también la mayor que se ha recibido para esta emergencia.

Uno de los aspectos más tristes del conflicto en Siria -y es solo uno de muchos— es la situación de decenas de miles de niños refugiados que han abandonado su educación. El otro día vi en un programa de la BBC a un chico de 12 años que llevaba más de un año sin ir a la escuela y que aún no sabe escribir y leer. Se está creando una generación desesperada con consecuencias imprevisibles.

Gastar tan poco en intentar resolver conflictos y tanto en mitigar sus efectos, es colocar el carro delante de los bueyes. Uno se pregunta que ocurriría si el ICG recibiese 6.500 millones de dólares y la ONU 19 millones de dólares.
http://www.elimparcial.es//enfocando-conflictos-al-reves-132114.html

La política de la memoria histórica

Casi 40 años después de la muerte del General Franco, la delicada cuestión de las víctimas del franquismo sigue viva. El mes pasado España se examinó por primera vez ante el Comité de las Naciones Unidas contra la Desaparición Forzada. Tras evaluar el informe del Gobierno, el Comité lo insta a “cumplir su obligación” de buscar a los desaparecidos durante la Guerra Civil y la dictadura, y recomienda al Ejecutivo de Mariano Rajoy que asigne “los recursos de personal, técnicos y financieros suficientes”. Actualmente, en estos tiempos de austeridad, no existe ninguna partida presupuestaria para esta tarea.

Los argumentos esgrimidos por los abogados del Estado españoles sobre la imposibilidad de investigar esas desapariciones, como la muerte de los responsables, la prescripción del delito y la ley de amnistía, no han convencido al comité.

Naciones Unidas manifestó también su inquietud por el escaso alcance de la ley de memoria histórica que hace recaer en los familiares de las víctimas las tareas de localización e identificación de sus desaparecidos cuando “la búsqueda de las personas que han sido sometidas a desaparición forzada y el esclarecimiento de su suerte son obligaciones del Estado”.

Hay argumentos de todo tipo en favor y en contra de abrir esta caja de Pandora sobre el pasado. Como extranjero que cubrí la Transición española entre 1975 y 1978, y que regresó a Madrid de forma permanente en 1986 (ésta vez no como corresponsal de prensa), yo creo que la clase política hizo un trabajo necesario en el contexto del momento histórico. Sin el llamado “pacto de silencio” (la renuncia a utilizar el pasado políticamente)y la amnistía de 1977 hubiera sido muy difícil, sino imposible, conseguir el consenso requerido para la constitución de 1978.

El general Manuel Gutiérrez Mellado, vicepresidente primero del Gobierno para Asuntos de Defensa bajo Adolfo Suárez, acertó al avisar a Felipe González, antes de ganar las elecciones en 1982, que “no sería muy sabio desenterrar la guerra civil porque junto a las cenizas quedan brasas aún vivas”.

Visto desde la perspectiva de hoy, es fácil criticar algunos aspectos de la Transición y de la política del PSOE entre 1983 y 1996, pero esto no quita méritos a lo logrado (el más largo periodo de democracia, con todos sus defectos que no son pocos).

Estos pensamientos me vienen a la mente al leer el nuevo libro de Michael Richards, After the Civil War: Making Memory and Re-making Spain since 1936 (“Después de la Guerra Civil: haciendo memoria y rehaciendo España desde 1936”) publicado hace unos meses por Cambridge University Press. Es un estudio incisivo y erudito de la interacción entre memoria e historia, que suele ser escrita por los vencedores, y muy en particular en el caso de la España de la dictadura franquista.

El propósito de Richards, profesor asociado de Historia Europea en la Universidad del Oeste de Inglaterra y autor del igualmente penetrante A Time of Silence: Civil War and the Culture of Repression in Franco’s Spain, 1936-1945 (“El tiempo de silencio: la Guerra Civil y la cultura de represión en la España de Franco”, 1936-1945), no es pedir o contribuir al cerrojazo de este episodio trágico. En cambio, según el autor, el libro “reconstruye los motivos detrás de las acciones colectivas que articulan, transmiten y sostienen los reclamos sobre la memoria en su evolución desde la Guerra Civil.”

Es un tema fascinante porque, entre otras cosas, la memoria es un componente importante de la construcción identitaria. José Luis Rodríguez Zapatero sesgó en clave partidaria, a mi modo de ver de forma irresponsable, su reevaluación de la Guerra Civil y el régimen de Franco vía la controvertida Ley de Memoria Histórica.

A la vez, el libro es una vibrante historia social, con capítulos sobre la represión feroz después de la Guerra Civil, la migración masiva dentro de España durante los años 50 y el papel de la Iglesia en reconciliar los dos bandos.

Hace unos 16 años Antonio Muñoz Molina escribió un artículo con el llamativo título “La historia y el olvido” en donde dice “la cuestión es si elegimos la molestia de indagar las cosas que sucedieron o preferimos las comodidades del mito”. El libro de Richards es un rigorosa desmitificación de una época.

Mientras tanto, propongo que en el 40 aniversario de la muerte de Franco se transforme, por fin, el Valle de los Caídos en un espacio dedicado a la memoria de todas las víctimas de la dictadura, o se cierre.
http://www.elimparcial.es/nacional/la-politica-de-la-memoria-historica-131569.html

Spain’s exports: the economy’s salvation

Spain’s striking export success has enabled the economy to emerge from recession and helped to turn around the current account balance. Structural adjustment is shifting the engine of the economy from domestic sources of growth into an export-led model.

http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_eng/Content?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/Elcano_in/Zonas_in/ARI47-2013-Chislett-Spain-exports-economy-salvation

La valentía de Albert Camus

Este mes hace cien años que nació el escritor francés Albert Camus. Como George Orwell, murió con solo 46 años. Esta coincidencia en la edad de sus muertes está lejos de ser la única similitud con el gran escritor inglés. Ambos eran antifascistas y antitotalitarios, ambos arriesgaron sus vidas en la lucha contra del fascismo (Orwell en España y Camus en la Francia ocupada por los nazis), los dos eran periodistas y ensayistas y no solo novelistas, uno y otro fueron despreciados por muchas personas de la izquierda europea y ambos denunciaron las políticas imperiales de sus países (en Argelia por Camus).

Camus, en comparación con Orwell, es mucho menos conocido hoy, en particular su postura política, aunque su novela L’Étranger sigue siendo un éxito de ventas en muchos idiomas 71 años después de su publicación. Ganó el Premio Nobel de Literatura en 1957.

El breve y ejemplar libro de Robert Zaretsky sobre Camus, A Life Worth Living (“Una vida que merece vivirse”), publicado hace poco por Harvard University Press, demuestra la valentía de este pied-noir (ciudadanos de origen europeo que residían en Argelia). Su madre, de origen español, era analfabeta y casi totalmente sorda. Su padre trabajaba en una finca vitivinícola, y era de origen alsaciano, como otros muchos pieds-noirs que habían huido tras la anexión de Alsacia por Alemania tras la Guerra Franco-Prusiana.

Camus se definía como alguien de “valores medios”. Tony Judt, el historiador británico cuya voz sensata se apagó en 2010 cuando murió en terribles circunstancias, llamó a Camus “el portavoz para lo obvio”. Pero lo que dijo y escribió Camus en sus artículos de periódico, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial, no era obvio para muchas personas.

Camus denunció vigorosamente tanto la tortura y asesinato de prisioneros argelinos por soldados franceses durante la guerra de independencia en Argelia (1954-62), como la violencia de los militantes del Frente de Liberación Nacional que mataban y mutilaban a cualquiera. Aceptó que la violencia en el mundo que vivimos era inevitable pero no podía ser en ningún caso legitimada, y menos veinte años después de que centenares de franceses de la Resistencia fueran torturados y asesinados por los nazis y colaboradores franceses por defender su país.

Exhortó a sus colegas pieds-noirs“a reconocer lo que era justo en la causa del adversario y a reconocer lo que no era justo en sus propios métodos represivos.”

Igualmente perspicaz fue su temprana denuncia del comunismo que lo enfrentó con Jean Paul Sartre. Mucho antes que(casi) todos los intelectuales franceses de la izquierda (André Gide era una excepción notable), y en un país donde el comunismo era muy fuerte después de la Segunda Guerra Mundial, Camus comprendió “la idea del mesianismo en la base de todo fanatismo.”

Da escalofrío la postura de Maurice Merleau-Ponty quien negó la realidad brutal de la Unión Soviética. Aunque admitió que la Unión Soviética distaba mucho de ser “la luz proletaria de la Historia que Marx describió”, creía que la existencia de los campos de trabajo soviéticos no solo no desacreditaba el marxismo,sino que tampoco servía para condenar el experimento soviético. Para este filósofo fenomenológico solo la Historia “nos dará la última palabra sobre la legitimidad de una instancia particular de violencia.” Justificó la violencia del comunismo, a diferencia de la del capitalismo, porque contenía “la promesa de la negación de violencia en el futuro.”

Para Camus, igual que Orwell, el fin nunca justifica los medios. Y Camus habría estado de acuerdo con la célebre frase de Orwell, “Mirar lo que se tiene delante de los ojos requiere un constante esfuerzo”.
http://www.elimparcial.es/cultura/la-valentia-de-albert-camus-131308.html

J.S. Bach en todo su esplendor

Poco sabía John Eliot Gardiner, uno de los grandes directores de la música de Johann Sebastián Bach (1685-1750), que el genio alemán, cuyo retrato en la casa de sus padres en la Inglaterra de los años 30 del siglo pasado tanto le fascinó cuando era un niño, fuera a influir en su vida. Cada noche Eliot Gardiner subía la escalera y pasaba por debajo de la mirada de Bach antes de dormir.

El retrato realizado por Elias Gottlob Haussman en el año 1748, ahora en Princeton, Estados Unidos, es uno de los dos únicos retratos autentificados (ambos de Haussman) del compositor. Fue traído a un pueblo en el sur de Inglaterra en 1936 por Walter Jenke, un profesor de música judío, huyendo de los nazis. Veit Bach (1550-1619), el fundador del clan de los Bach, fue otro refugiado por razones de religión – en su caso desde el oeste de Europa. Jenke llegó a Inglaterra con dos cosas en su mochila, una guitarra y el retrato. Su bisabuelo lo había comprado en la década de los 30 del siglo XIX a precio de saldo. Los padres de Eliot Gardiner se comprometieron a cuidar el retrato durante la Segunda Guerra Mundial.

Eliot Gardiner es ampliamente conocido en España. Yo asistí a su interpretación de la Misa en si menor de Bach en la Semana de Música Religiosa de Cuenca en el año 2004 (donde tengo una cita anual). Ha dedicado su vida profesional a Bach y a la recuperación de obras renacentistas y barrocas interpretadas con instrumentos originales, y también a compositores como Héctor Berlioz y Robert Schumann. Fundó los English Baroque Soloists y el Monteverdi Choir, ambos, como él, referencias mundiales.

No solo ha llevado la música de Bach por el mundo. La editorial Allen Lane acaba de publicar su magistral biografía de Bach, Music in the Castle of Heaven (“Música en el castillo del cielo”), una muy original obra porque está escrita con un enfoque subjetivo y personal, y desde la perspectiva de alguien que lleva años interpretando la vasta obra: el Clave Bien Temperado Libros I y II; las Variaciones Goldberg; Suites para solo de violonchelo; Suites francesas e inglesas; la Pasión según San Mateo; la Pasión según San Juan; los Conciertos de Brandemburgo; el Oratorio de Navidad, etc. Si a alguien le interesa escuchar toda la obra rescatada de Bach, le haría falta comprar más de 170 CD.

Bach era también prolífico como padre: siete hijos con su primera mujer y trece con la segunda, Ana Magdalena, entre los cuales descollaron como compositores Wilhelm Friedemann, Carl Philipp Emanuel, Johann Christoph Friedrich y Johann Christian. Un total de sesenta y cuatro miembros de la familia Bach fueron músicos profesionales entre 1600 y 1800.

Eliot Gardiner admite en el prefacio del libro que camina sobre arenas movedizas, pero, como dice, “a fin de cuentas todas las verdades en cierto grado son subjetivas, salvo tal vez las de las matemáticas.”

Sin embargo, el libro, bello en sí mismo con unas veinte ilustraciones, la mayoría en color, e ilustraciones dentro del texto, es muchísimo más que un manual técnico. Ayuda a saber algo sobre los fundamentos de la música y a acompañar la lectura del libro escuchando la relevante música de Bach cuando Eliot Gardiner habla de ella. El libro tiene un glosario con los términos que Bach usaba.

Eliot Gardiner estudió historia, y no música, en la Universidad de Cambridge. Cuenta hábilmente el contexto histórico, cultural y hasta científico de la época de Bach, en particular la importancia de la Iglesia Luterana. Según Martín Lutero (1483-1546), “la música gobierna al mundo, endulza las costumbres, consuela al hombre en la aflicción. Es hija del cielo. Es el más bello y glorioso don de Dios”. Muchas de las cantatas de Bach empiezan con un coro introductorio, la mayoría de las veces sobre una de esas corales luteranas.

En un capitulo fascinante, Eliot Gardiner entra en la mente de Bach para describir como compuso su música. Como Dimitri Shostakovich, parece que Bach plasmó sus notas directamente en la partitura general sin pasar por borradores porque no tenía tiempo para cometer errores. En su época el papel era muy caro, no existía papel secante y cuando llegaba al final de una página plegada, en la luz candente de la inspiración, no podía continuar hasta que se secara la tinta, algo que duraba hasta cinco minutos. Su solución para no perder el hilo de su pensamiento era escribir rápidamente en la parte baja de la página una especie de aide-memoire (mostrado en una foto en el libro de un trozo de un manuscrito).

Me gustaría pensar que Bach, dondequiera que esté, forma parte de un coro angelical.

http://www.elimparcial.es/cultura/js-bach-en-todo-su-esplendor-130472.html

El conflicto con Gibraltar: ¿quién parpadea primero?

Como un grifo que se abre o se cierre caprichosamente, las colas de coches y de personas siguen formándose de vez en cuando para cruzar la frontera entre España y Gibraltar. La longitud de las colas depende de la hora y, parece, del clima de las autoridades españolas.

Los controles, supuestamente para combatir más enérgicamente el contrabando de tabaco (mucho más barato en Gibraltar), fueron impuestos en julio por el Gobierno español después del lanzamiento por Gibraltar de bloques de hormigón a sus disputadas aguas territoriales para construir un arrecife artificial y regenerar la pesca. La gran mayoría de los contrabandistas son españoles.

Cuando yo crucé la frontera en coche la semana pasada al mediodía para participar en el primer festival literario internacional en el Peñón, el clima era tan relajado en ambos lados que nadie ni siquiera me pidió mostrar mi pasaporte. Sin embargo, en la tarde de ese mismo día había una cola de personas de varias horas para cruzar la frontera. Un ciudadano irlandés estaba tan enojado que llamó a su embajador en Madrid para quejarse.

Algunos, incluyendo los más adinerados “llanitos” que viven en Sotogrande, estacionan sus coches cerca a la frontera y cruzan a pie, aunque es algo arriesgado. Dos coches con matrícula de Gibraltar han sido incendiados y otro rayado con la palabra “llanito”.

Las tiendas en Main Street (la principal calle) en Gibraltar están sufriendo un bajón en sus ventas, en particular las joyerías y tiendas de relojes caros; los restaurantes, en cambio, especialmente durante los fines de semana, están a tope debido a la caída de visitas a lugares en España para no quedarse atrapado en una cola; y ha bajado el comercio en La Línea de la Concepción, una área deprimida con un altísimo nivel de desempleo.

Los gibraltareños están muy irritados con el Gobierno español (no con los españoles), pero mantienen su sentido del humor. Un nuevo personaje ha aparecido en la vida de este extraño territorio, en manos de Gran Bretaña desde el Tratado de Utrecht en 1713 cuando fue cedido para poner fin a la Guerra de Sucesión española. Se llama “Reefy” (reef en inglés significa arrecife) y consiste en poner brazos, piernas, etc. a uno de los arrecifes de hormigón cuadrados. Figura también en camisetas y en caricaturas en la prensa local.

Los controles no solo afectan al movimiento de personas, incluyendo los varios miles de españoles que viven en La Línea y trabajan en Gibraltar. Debido a la prohibición desde agosto de la exportación de piedras y áridos a Gibraltar desde España, la semana pasada llegó el primer barco cargado con estos materiales desde Portugal. Gibraltar está construyendo dos espigones en la zona de Sandy Bay, en la cara este del peñón, como parte de un complejo residencial y para proteger esta zona de las embestidas del oleaje.

El arrecife cubre un minúsculo 0,2% de las aguas territoriales de Gibraltar que España no reconoce porque no están mencionadas en el Tratado de Utrecht. Aparentemente el arrecife afecta solamente a un barco de pesca español, llamado Divina Providencia. Se dice que el dueño de este barco ha tenido bastante éxito reclamando las compensaciones prometidas por el Gobierno español para las embarcaciones de Algeciras y La Línea que, faenando en las aguas que rodean Gibraltar, se vean implicadas en incidentes con el Gobierno del Peñón y queden impedidas para practicar correctamente la pesca.

Aunque el Tratado de Utrecht cedió únicamente las aguas del puerto, y la soberanía del Peñón (sin ceder su espacio aéreo), el Gobierno británico hace uso de las aguas colindantes como si fuesen parte de su espacio marítimo. En la primera mitad del siglo XVIII surgió el concepto de las 3 millas náuticas (5,6 km) para todo el mar territorial soberano y fue adoptado por la mayoría de los países en 1982 como base de la jurisdicción marítima, hasta que la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982, que entró en vigor en 1995, estableció un nuevo límite de 12 millas náuticas (22 km). Las aguas territoriales británicas de Gibraltar actualmente se extienden hasta las 3 millas náuticas.

Nunca han sido tan tensas las relaciones entre Gibraltar y el Gobierno español desde el cierre de la frontera en 1969 por el General Franco, que duró hasta 1985 cuando fue reabierta completamente.

El medio ambiente, incluyendo la política marítima, son competencias del Gobierno de Gibraltar de acuerdo a su constitución de 2006. Si el Partido Popular, nada más ganar las elecciones, no hubiera puesto fin al Foro Tripartito de Dialogo establecido en 2005 por el Gobierno socialista – quiere un foro de cuatro bandas incluyendo los intereses locales españoles, rechazado por Londres y Gibraltar – es más que probable que Fabián Picardo, el ministro principal del Peñón, habría planteado la cuestión del arrecife en esta instancia y esta absurda crisis no se habría agravado tanto.

En abril de 2012, durante el funeral de Margaret Thatcher en Londres, Picardo se acercó al titular de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, con el propósito de buscar una fórmula para poder hablar, pero García-Margallo le dio la espalda. Más tarde, Picardo no se sintió en la obligación de avisar Madrid o Londres del arrecife.

En el fondo, lo que el PP quiere es restablecer un mecanismo como el llamado Proceso de Bruselas (1984) para negociar directamente con Londres la soberanía compartida del Peñón, sin la participación de Gibraltar. La mera idea de una soberanía compartida fue rechazada por 98,9% de los gibraltareños en un referéndum en 2002.

Los llanitos tienen la última palabra en este asunto, y en el clima actual de las relaciones una soberanía compartida sería rechazada en un 100%.

Tanto Madrid como Gibraltar han establecido líneas rojas. Picardo asegura que “el infierno se congelará antes de que el Gobierno gibraltareño retire alguno de esos bloques”, y el PP quiere la retirada de los bloques antes de sentarse a hablar.

Madrid y Londres están negociando en secreto cómo desbloquear esta situación (¿a espaldas de Gibraltar?), mientras el Comité Especial de Descolonización de las Naciones Unidas urge más cooperación entre todos los partidos afectados sobre una base ad hoc.

Mientras, rechazados tanto el foro tripartito como el de a cuatro bandas, otro de cinco bandas (incluyendo la Comisión Europea por la primera vez) está cobrando forma para reunirse en Bruselas, territorio neutral. Picardo lo ha aceptado y solo espera la luz verde de Madrid. ¿Quién parpadea primero?

http://www.elimparcial.es/nacional/el-conflicto-con-gibraltar-quien-parpadea-primero-130178.html

Spanish writer remembered at his ‘local’ in Oxford

Christopher Gray, Oxford Times

It was a curious circumstance that I needed to travel to Gibraltar and its first literary festival last weekend to hear a story local to Oxfordshire, and specifically to Faringdon. Its teller was William Chislett, a Madrid-based journalist well-known for his work in Spain and Mexico. If his name sounds familiar to my readers in Oxfordshire, this is possibly because his father, also William Chislett, was an authoritative writer on Oxford’s cultural scene over many years as the Oxford Mail’s chief music critic.

The story concerned Arturo Barea, best known as author of the autobiographical trilogy translated as The Forging of a Rebel. Obliged to leave Spain after difficulties with the Communist party, he later settled in England as a BBC broadcaster and writer.

Chislett told his audience: “He lived for ten years in Middle Lodge, a house he rented from the second Lord Faringdon on the edge of Buscot Park, near Oxford. The lord was a socialist who converted his Rolls-Royce into an ambulance and joined a British field hospital in Aragon in the Civil War. He was one of the gilded youths depicted by Evelyn Waugh in Brideshead Revisited. Basque refugee children, who were shipped out of Spain in 1937 after the German bombing of Guernica, also lived on Faringdon’s estate.”

Barea died in 1957, aged 61, and has a commemorative stone in Faringdon cemetery. Next to it are the graves of the parents of his Austrian wife, Ilsa.

In August of this year, a plaque in Barea’s memory was put up outside The Volunteer pub in Faringdon, where he spent many convivial hours. This was the brainchild of Chislett and a group of admirers that included the Spanish novelists Javier Marías and Antonio Muñoz Molina.
http://www.oxfordtimes.co.uk/news/opinions/graymatter/10775573.Spanish_writer_remembered_at_his__local__in_Oxford/

George Orwell: un conservador radical

“Mirar lo que se tiene delante de los ojos requiere un constante esfuerzo”

Sesenta y tres años después de su muerte, George Orwell (pseudónimo de Eric Arthur Blair) sigue siendo una persona clave para entender el mundo, y no sólo por citas tan relevantes como la que encabeza esta columna. Si toda la clase política española hubiera hecho “un constante esfuerzo”, es más que probable que España no habría entrado en una crisis tan profunda.

La participación de Orwell en la Guerra Civil como miliciano al lado del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), entre diciembre de 1936 y junio de 1937, marcó su vida y está contada en su libro “Homenaje a Cataluña” publicado en 1938. Orwell fue testigo del control estalinista del Partido Comunista de España y las mentiras que se usaban como propaganda para la manipulación informativa. Estuvo a punto de ser asesinado en Barcelona durante la represión contra el POUM.

La lucha por el poder en la retaguardia del frente en Barcelona fue como una guerra civil dentro de la Guerra Civil. Los comunistas del PSUC, los nacionalistas de ERC y los sindicalistas de UGT, por un lado, y los anarquistas de la CNT-FAI y el POUM, por otro.

Los dos libros más célebres de Orwell, “Rebelión en la granja” (publicado en 1945) y “1984” (1949), tienen sus orígenes en las experiencias del autor en España. “La guerra de España y otros acontecimientos ocurridos en 1936-1937 cambiaron las cosas, y desde entonces supe dónde me encontraba. Cada línea en serio que he escrito desde 1936 ha sido escrita, directa o indirectamente, contra el totalitarismo y a favor del socialismo democrático como yo lo entiendo”, escribió en 1946.

Menos conocida, particularmente en España, es la influencia sobre Orwell de su propio país, Inglaterra, en particular sus tradiciones y la lucha durante los siglos para ganar más libertad, algo que está admirablemente contado en George Orwell: English Rebel (“George Orwell: un rebelde inglés”) de Robert Collis publicado esta semana por Oxford University Press.

Hijo de un oficial del departamento del opio de la administración pública de la India (parte del Imperio Británico) y educado en colegios privados selectos, incluyendo el muy elitista Eton (ganó una de los becas King’s sin la cual su padre no habría podido pagar la matricula), Orwell estaba destinado, previsiblemente, a formar parte por sus propios méritos de la clase dominante. Pero se rebeló y se adhirió a la causa del socialismo democrático.

La verdad es que Orwell, como bien describe Collis, está lleno de contradicciones. Era un intelectual que odiaba los intelectuales, especialmente los de izquierda; un socialista que tuvo poca fe en el estado; un escritor de izquierdas más propenso a perdonar a los escritores de derechas; un liberal en contra de los mercados libres; un protestante que no creyó en Dios aunque profesó la religión, y un disidente que ejerció la disidencia aunque sólo fuera para disfrutar del derecho a estar en desacuerdo.

Inglaterra tiene una larga tradición de disidentes, empezando con los cristianos que en el siglo XVI se separaron de la Iglesia de Inglaterra. Orwell no tuvo una voz política consistente salvo la creencia con algunas reservas en la libertad. Para Collis Orwell era más bien un conservador radical (radical Tory) que un socialista de pura cepa.

El libro termina con un fascinante capítulo sobre lo que le habría pasado a Orwell si no hubiera muerto con tan sólo 46 años y bastante desconocido. El mundo, desde su muerte, ha cambiado mucho y con ello el renombre de Orwell: el Imperio Británico, el primer y profundo odio de Orwell, ha desaparecido; se propagó el estado de bienestar por la mayoría de los países europeos; los derechos civiles han mejorado; el acceso a la educación obligatoria y gratuita se ha extendido en gran parte del mundo; el comunismo se derrumbó y ha surgido una nueva amenaza, el fundamentalismo islámico.

¿Cómo habría reaccionado Orwell a los grandes acontecimientos de los últimos 60 años, como la guerra en Corea, la invasión de Hungría o la crisis de los misiles en Cuba? La escritora americana izquierdista Mary McCarthy dijo en el apogeo de la guerra en Vietnam que casi podía “oírle argumentando airadamente que oponerse a los americanos […] es ser objetivamente totalitario”.

No se sabe. Lo que sí se sabe es que se echa de menos su voz crítica que tanto molestó a la derecha y a la izquierda.