La calidad de la democracia en España

En los 30 años desde la tentativa de golpe de estado del 23-F España ha establecido una democracia, pero a juzgar por los resultados de la última encuesta del CIS (un organismo que depende del Ministerio de la Presidencia) los españoles, en el peor momento económico y político en mucho tiempo, desconfían como nunca de sus líderes.

La valoración de José Luis Rodríguez Zapatero (3,30 sobre 10) es la más baja que ha obtenido y el peor nivel de un jefe del Ejecutivo desde que hay encuestas del CIS, mientras que Mariano Rajoy es aún peor valorado (3,25), a pesar de lo cual, según los sondeos, ganará las próximas elecciones por un amplio margen. Lo lógico, si es que tal término cabe en el vocabulario político, es que el jefe de la oposición y por ende un posible futuro Presidente del Gobierno tenga una valoración más alta que la del actual Presidente, dado que Zapatero lleva siete años en el poder (y el poder desgasta) y estamos a un año de elecciones. ¿España es diferente?

Y por si esto sólo no fuera preocupante, la clase política en su conjunto, y no solo los líderes de los dos partidos mayoritarios, está considerada como el tercer problema para los españoles (20,6%) después del paro (82,4%) y los problemas de índole económica (53,1%). En otras palabras, la clase política se ve como parte del problema y no de la solución como tiene que ser. Hace diez años las respectivas cifras eran 4,8% (clase política), 56% (paro) y 8.2% (índole económica).

Según el último índice de democracia (2010) del Economist Intelligence Unit (EIU), España es uno de 26 países que tienen “democracias plenas” (full democracies). Está en el lugar 18, justamente después de los Estados Unidos y antes que el Reino Unido. El número uno es Noruega.

En la siguiente categoría de “democracias defectuosas” (flawed democracies) están Italia, que con un payaso de presidente no sorprende (¿para cuánto tiempo más?), y Francia, que sí me sorprende. El ranking del EIU esta basado en cinco elementos: proceso electoral y pluralismo, funcionamiento del gobierno, participación política, cultura política y libertades civiles. España sale mejor parada que Italia y Francia por sus notas más altas en funcionamiento del gobierno y libertades civiles.

Coincidiendo con el 30 aniversario del 23-F, y los más de 30 años desde que los españoles aprobaron en referéndum la Constitución Española, Ariel ha publicado “Calidad de la Democracia en España: Una Auditoría Ciudadana” escrito por Braulio Gómez Fortes, Irene Palacios, Manuel Pérez Yruela y Ramón Vargas-Machuca. Es el primer estudio sobre el tema y a diferencia del índice del EIU sitúa a los ciudadanos como los principales evaluadores del sistema a través de una encuesta nacional con cinco dimensiones: democracia y legitimidad; estado de derecho; representación política; capacidad efectiva de gobierno y sociedad civil, cada una con varios indicadores.

Los ciudadanos dan a la democracia una puntuación intermedia (5,12 sobre 10), alejada, como dicen los autores, “tanto de la insatisfacción extrema como de la satisfacción total”. Es una puntuación más bien mediocre.

La dimensión mejor valorada es la legitimidad y es la única que alcanza una nota cercana al notable. Llama la atención, sin embargo, la brecha entre la alta evaluación positiva de la democracia como la forma de gobierno preferida por los ciudadanos (80%) y la poca satisfacción de su funcionamiento en la actualidad (sólo dos de cada cinco se muestran satisfechos).

La dimensión que mide la calidad del estado de derecho no alcanza el aprobado (4,73). Esto tiene que ver con la parcialidad en la aplicación de la ley y la accesibilidad de los procesos judiciales. La corrupción también cosecha valoraciones bastante negativas: en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparency International la nota de España ha bajado del 7,1 en 2004 al 6,1 en 2010 (más cercano al 10 menos corrupto).

La dimensión que engloba la representación y los partidos políticos solo logra una puntuación del 4,42. De los diez indicadores que componen esta dimensión, siete obtienen un suspenso y cinco de ellos se sitúan por debajo del cuatro. Mientras que la legitimidad de los partidos y la variedad de la oferta se valoran positivamente, otros indicadores demuestran poca confianza en los partidos y una amplia distancia entre éstos y la ciudadanía.

La dimensión peor valorada es la relativa a la sociedad civil, con un 4,32 de puntuación media. Las valoraciones son muy bajas en lo que respecta al nivel de tolerancia de los españoles, su grado de participación política y su capacidad para controlar el poder político. La baja tolerancia me sorprende enormemente y a mi modo de ver no cuadra con el flujo masivo de unos 5 millones de inmigrantes en unos diez años sin mayores incidentes y sin dar lugar a un partido de extrema derecha (¿o es que no hará falta con el giro del Partido Popular?).

En resumen, hay mucho para mejorar pero no hace falta autoflagelarse. Siempre hay que tener en cuenta algo que dice Javier Cercas al final de su libro “Anatomía de un Instante”, su analisis minuciso del 23-F. “La democracia española no lo es [perfecta], pero es una democracia de verdad, peor que algunas y mejor que muchas, y en cualquier caso, por cierto, más sólida y más profunda que la frágil democracia que derribó por la fuerza el General Franco.”

Las terribles secuelas del 11-S

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 cambiaron el curso de la historia, dando lugar, entre otras cosas, a la invasión sin sentido de Irak cuyo coste en términos de muertos, destrucción y caos ha sido y sigue siendo — siete años después — enorme. Algunos “neocons” en la administración de George W. Bush creyeron que la guerra en Irak iba a durar un par de días y una democracia iba a florecer por arte de magia de la nada.

El autor británico Dominic Streatfeild ha tenido la idea original de contar en su nuevo libro, A History of the World since 9/11 (“Una Historia del Mundo desde el 11-S”), publicado por Atlantic Books, las historias de varias personas cuyas vidas cambiaron drásticamente en los casi 10 años transcurridos desde el 11-S. Pocas de las ocho historias son conocidas o han sido publicadas con tanto detalle y en su conjunto ponen de relieve los monstruos creados por las administraciones de los Estados Unidos: la “rendición extraordinaria”, la cárcel en la Bahía de Guantánamo, las ejecuciones extrajudiciales y la transgresión del derecho internacional.

Las historias son verdaderamente trágicas y mencionaré solo dos, la matanza de 47 personas en la celebración de una boda en Afganistán y la detención ilegal de un ciudadano alemán.

En el primer caso, aviones americanos lanzaron bombas sobre un jardín de una casa en la pequeña ciudad de Deh Rawood donde se habían reunido unos invitados a celebrar el compromiso matrimonial de Abdul Malik y Tela Gul. El tío de Tela resultó ser Mullah Barader, el número dos de los Talibanes, y los militares americanos creyeron que habían localizado su escondite. Al oír unos disparos — es costumbre en Afganistán en eventos de esta naturaleza y desconocido por los americanos — los militares pensaron que era fuego hostil y lanzaron bombas. Muchos de los muertos eran niños y solo quedaron trocitos de sus cuerpos en los árboles del jardín. Streatfeild pregunta, ¿cómo es que la fuerza militar más sofisticada jamás conocida en el mundo fue incapaz de localizar un grupo de bandidos de tercera en un país del tercer mundo?

En la otra historia, Khaled el Masri, un inmigrante desempleado en Alemania con cuatro hijos, fue detenido cuando entró en Macedonia en un autobús en busca de trabajo, en la creencia de que era “el egipcio” que reclutó en Alemania varias de las personas involucradas en los atentados del 11-S incluyendo dos de los pilotos de los aviones, uno de los cuales chocó contra una de las torres del World Trade Center y el otro estalló en un campo de Pensilvania.

Khaled, identificado por una analista de la CIA, fue llevado por la agencia a Afganistán en uno de sus vuelos de “rendición extraordinaria” para ser interrogado durante cinco meses. Se declaró en huelga de hambre y perdió 27 kilos de peso. Cuando la CIA se dio cuenta de que no era “el egipcio” (Khaled el Masri significa Khaled el egipcio) fue puesto en libertad en Albania. Luego logró regresar a su casa en Alemania, pero su familia, convencida que él había abandonado a sus seres queridos, había venido su coche para pagar el pasaje al Líbano para vivir con los padres de la mujer de Khaled.

Esta historia tiene una conexión española. El avión secreto de la CIA, un Boeing Business Jet con matricula N313P , en el que viajaba Khaled aterrizó en el aeropuerto de Palma de Mallorca donde Josep Manchado, un spotter (aficionado a la aviación), tomo un foto. Cuando la foto fue exhibida en Internet un norteamericano con dirección oculta pretendió lograr las señas de Manchado, su teléfono, identificación laboral y bancaria. Él rehusó el contacto.

Hasta ahora, todos los esfuerzos de Khaled y sus abogados de llevar su caso a los tribunales no han prosperado por considerar que comprometería la vida de agentes o la seguridad nacional de los Estados Unidos.

En marzo de 2010, un deprimido Khaled fue sentenciado a dos años de cárcel por haber atacado a un alcalde en un rapto de ira.

Leí en el Washington Post este mes que la analista de la CIA que erróneamente identificó a Khaled nunca fue castigada. De hecho, siguió escalando puestos en la agencia.

http://www.elimparcial.es/mundo/las-terribles-secuelas-del-11-s–79170.html#

¿Un Tunisami para España?

¿Tendrá España algún día un “Tunisami”, el juego de palabras usado por los egipcios para llamar a su protesta popular en contra de los 30 años en el poder de Hosni Mubarak? Es cierto que la revolución en Egipto se inspira en Túnez y el derrocamiento de su Presidente, Ben Ali, esta teniendo un impacto en el mundo árabe equivalente a un tsunami, pero ¿qué tienen que ver estos dos países, y tal vez otros de la región, con España salvo compartir un pasado islámico (en España entre 711 y 1492)?

Por supuesto, España no es un país autoritario, sumamente corrupto ni con un Presidente que lleva varias décadas en el poder. Ni tiene una policía secreta que tortura y hace desaparecer a los disidentes o una masa hambrienta de la población. Pero España sí comparte un rasgo preocupante con Túnez y Egipto: tiene una altísima proporción de la población por debajo de los 30 años que no tiene empleo, un alto segmento de lo cual tiene un bajo nivel de estudios. Los jovenes tunecinos y egipcios, enganchados al Facebook y otras redes sociales por Internet, están jugando un importante papel en las revoluciones en sus países. ¿Podría pasar algo similar aquí?

Casi la tercera parte del total de parados de la zona euro viven en España (unos 4,7 millones de personas). La tasa del desempleo del 20.3% es el doble de la zona euro (y del conjunto de la Unión Europea). Lo mismo sucede con el paro juvenil: la tasa de desempleo de menores de 25 años en España es de casi el 43% (unos 900,00 personas).

Acertó Dominique Strauss-Kahn, el director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) cuando alertó del riesgo de estar ante una “generación perdida” destinada a sufrir durante toda su vida las peores condiciones laborales.

Basta comparar las cifras de desempleo de Alemania, otra vez el motor de la economía de la UE, con las de España (el enfermo de Europa). Con una población de casi 82 millones, Alemania tiene una tasa de desempleo del 7.4% (3,1 millones de personas), mientras que España, con una población de 46 millones, tiene una tasa de desempleo casi tres veces mayor. La tasa en Alemania es la más baja en 18 años y la tasa en España la más alta en 13 años.

No sorprende que los teléfonos de la oficina en Madrid de la empresa Eures no hayan dejado de sonar, desde que los servicios públicos de empleo de España y Alemania anunciaron a través de la red europea Eures, que fomenta la libre circulación de trabajadores en toda la Unión Europea, una acuerdo para facilitar más activamente la contratación de españoles para trabajar en Alemania.

La economía alemana, que creció el 3,6% en 2010 (la española quedo en recesión) necesita, en palabras de la página web de la Embajada alemana en Madrid, “personal cualificado español para trabajar en Alemania para los sectores de sanidad, ingeniería, docencia, hostelería y turismo.” Este programa evoca los duros años 50 y 60 cuando hubo una masiva emigración española a Alemania. ¿Se va a repetir?

Es dudoso porque para poder acogerse a este programa, es imprescindible poseer “como mínimo un nivel intermedio de alemán.” Esto reducirá drásticamente la bolsa de potenciales candidatos: muchas de estas personas ni siquiera tienen un nivel bajo de alemán.

Aunque España tiene un alto nivel de desempleo juvenil, la proporción de la población total entre 14 y 29 años es relativamente baja en comparación con la de los países de África de Norte. El porcentaje es 17,2% en España, 27.2% en Túnez (con una población de solo 10 millones) y 28,6% en Egipto (con una población de 80,5 millones).

El “problema” demográfico en España reside en el otro extremo de la pirámide poblacional — es una población que está envejeciendo. Los mayores de 65 años, que hoy representan el 16% de la población, serán el 32% en 2050, según los datos del INE. El número de pensionista en España aumentará de 8,6 millones a 15,3 millones en el año 2040, según las últimas previsiones. En España la edad media es de 40 años en comparación con 24 años en Egipto y 30 años en Túnez.

El aumento en el número de pensionistas explica, en parte, la necesidad del pacto sobre el sistema de pensiones para hacerlo más viable. El otro factor, y más preocupante, es la bajada en el número de cotizantes desde 2007, debido al enorme incremento en el paro. Y allí están los jovenes desempleados, entre otros segmentos sin trabajo. No tienen trabajo hoy y tendrán pensiones bajas en el futuro por haber cotizado muy por debajo del número de años necesarios para conseguir una pensión mínimamente decente.

La pasividad de los jovenes en España ante su panorama desolador siempre me ha sorprendido. Nadie en 2010 pronosticó la revuelta en Túnez, y menos que la chispa iba a ser el suicidio del universitario-frutero Mohamed Buazizi. Así que no voy a pronosticar lo que podría pasar aquí.
http://www.elimparcial.es/sociedad/un-tunisami-para-espana-78759.html

El oro llega a mi barrio

En los 25 años desde que regresé a Madrid, he sido testigo de muchos cambios en el barrio donde vivo (en la colonia privada de hotelitos por debajo del “Pirulí” al lado del Parque de la Fuente del Berro).

La calle Marqués de Zafra, la calle principal más cercana a mi casa, ha sido y sigue siendo un microcosmos de algunos de los cambios producidos en el país. Que esta calle (de unos 500 metros) tenga 12 bares/restaurantes, en un país con probablemente más bares por metro cuadrado que cualquier otra nación europea, no es noticia. Dos de los bares están en manos desde el año pasado de una familia china y otra rumana, y esto sí es novedoso. Encima, hay siete tiendas chinas, cuatro fruterías y dos locutorios gestionados por inmigrantes de América Latina. Ninguno de estos establecimientos, ni un restaurante japonés, existían cuando regrese a Madrid en 1986. Tampoco había en esta calle tres cajas de ahorro que hoy, por su debilidad financiera, son fuente de tanta preocupación en los mercados internacionales.

No sorprende que rumanos y chinos estén empezando a llevar negocios que tradicionalmente eran del dominio de los españoles. Según las últimas cifras oficiales, hay más de 800.000 rumanos empadronados en España (la comunidad más numerosa) y unos 170.000 chinos (la cifra real, incluyendo ilegales, se estima en 240.000). A diferencia de los rumanos, que por ser miembros de la Unión Europea tienen el derecho automático de vivir y trabajar en España, los chinos necesitan permiso de residencia.

Lo más llamativo, sin embargo, es la llegada de una tienda, debidamente llamada “El Marqués del Oro”, para comprar oro, plata, papeletas de empeño, relojes de primeras marcas y de bolsillo. Según reza el anuncio puesto en los coches estacionados en el barrio (en papel amarillo como el color del metal), “pagamos hasta 25 euros el gramo” de oro.

El oro ha sido la gran inversión en los últimos años para los más listos. Siempre ha sido un refugio en tiempos de crisis, guerras y alta inflación cuando otras inversiones — acciones en las Bolsas, renta fija y propiedades — por distintas razones rinden poco o generan perdidas. Un conocido mío vendió su piso en la Calle Velazquez e invirtió todo el dinero de la venta en oro. Duplicó su inversión en un par de años.

Después de la Segunda Guerra Mundial, el sistema de Bretton Woods fijó el dólar americano a 35 dólares por onza de oro. Esto duró hasta 1971 cuando la administración de Richard Nixon unilateralmente suspendió la convertibilidad del dólar al oro y estableció un sistema “fiat” (dinero que tiene valor solamente debido a las regulaciones o leyes del gobierno). La última moneda en disociarse del oro fue el franco suizo en 2000.

Entre 1979 y 2008, cuando el mundo desarrollado entró en crisis, el precio de una onza de oro subió de 37 dólares a 865 dólares, un incremento del 2.238 por cien en comparación con una subida de 946 por cien en el índice Dow Jones Industrial Average (DJIA). En marzo de 2008, el pecio de oro superó los mil dólares pero en términos reales (descontando inflación) estuvo aún por debajo de su nivel máximo en 1981 de 599 dólares (equivalente a 1.417 dólares de 2008). En noviembre pasado el oro alcanzó 1.421 dólares. Hoy está en unos 1.337 dólares.

Según algunos expertos, la formación de un burbuja en el precio de oro es posible si continúan los mismos factores que han empujado el precio hasta ahora. El precio de 2,000 dólares la onza esta considerado como la señal de una burbuja. Queda mucho para alcanzar este precio. Estaré al tanto del “Marques de Oro” y si algún día veo que se ha cerrado lo tomaré como una indicación de la llegada de una burbuja.

http://www.elimparcial.es/sociedad/el-oro-llega-a-mi-barrio-78347.html

Manuel Chaves Nogales y los exiliados rusos

En este mundo de Internet y de información inmediata y muchas veces frívola las veinticuatro horas del día que tanto está afectando a los medios escritos, en particular a los periódicos, se están publicando muchos menos reportajes largos y bien investigados, salvo notables ejemplos como los aparecidos en The New Yorker y, a veces, en El País.

Uno de los grandes exponentes españoles de este género fue Manuel Chaves Nogales, un gran periodista y escritor quien, como Arturo Barea, al que tanto admiro, murió en el exilio en Londres (en el caso de Chaves Nogales en 1944 con solo 46 años de edad).

Barea murió en 1957 con 62 años en un pueblo del condado de Oxford. Chaves está enterrado en el cementerio de East Sheen (en el número 19 en la sección CR) y, a diferencia de Barea, no hay nada que indique que allí reposan sus restos.

La editorial Renacimiento, con la colaboración de la Diputación de Sevilla, acaba de reeditar en una bella edición (con fotos de la edición original y letras más grandes de lo normal) el libro de Chaves Nogales, Lo que ha quedado del imperio de los zares que describe majestuosamente, en unas 300 páginas, los distintos destinos de personas que tuvieron que salir de Rusia tras la Revolución de 1917 y el asesinato de la familia imperial. Se estima que dos millones de personas salieron al exilio. París, ciudad que Chaves Nogales conoció bien como corresponsal de Heraldo de Madrid, era el gran centro de atracción de los exiliados.

Este reportaje fue publicado por vez primera en el periódico Ahora en 1931 en veinticuatro entregas seis semanas antes de la proclamación de la Segunda República española (¿qué periódico hoy está dispuesto hacer algo similar?)

El tema ruso, nos recuerda María Isabel Cintas, encargada de la edición y que tanto ha hecho para dar a conocer las obras de Chaves Nogales , en su penetrante introducción, es recurrente en la obra del periodista español. A él dedicó artículos y dos grandes libros de reportajes, La vuelta a Europa en avión. Un pequeño burgués en la Rusia roja (1929) y el libro ya mencionado. El tema está tratado también en dos novelizaciones de la realidad.

La revolución rusa fue mitificada en España durante los años 30 por algunas fuerzas políticas como opción ideológica. La “romerías a Rusia”, como las llamaba Giménez Caballero, fueron algo habitual en la España de los años veinte y treinta. Hasta Valle-Inclán vino a declarar: “Rusia es el porvenir del mundo.” Y la Asociación de Amigos de la Unión Soviética llegó a tener entre sus colaboradores a los hermanos Machado y Ortega y Gasset.

Autodefinido como un “pequeño burgués liberal” y simpatizante de la República, la postura de Chaves Nogales estaba lejos de exaltación del régimen soviético. Criticó a Lenin y a Stalin en el momento de su pleno apogeo mucho antes de que lo hicieran otros intelectuales europeos, como André Gide en 1936 con su Regreso de la URSS (que le hizo persona non grata entre la izquierda francesa). “Asesinos rojos y asesinos blancos, todos asesinos”, escribió en referencia a la barbarie de los dos bandos de la revolución.

Por el reportaje de Chaves Nogales pasan personas de todas las clases sociales.

Algunos aristócratas vivían en Paris como si nada hubiera cambiado, mientras la Costa Azul se llenaba de rusos indigentes — “los que más ricos fueron antes, los que más triunfaron, los que por temporadas venían a Europa a derrochar y disfrutar como auténticos magnates rusos que eran’, escribe Chaves Nogales. No estaban dispuestos a trabajar. “A la Riviera vienen los rusos que no tienen valor para doblar el espinazo ante el surco, con una azada en el puño, y prefieren tender la mano a los turistas en el paseo de los Ingleses, de Niza.”

La Balachova, primera bailarina del Gran Teatro Imperial de Moscú, contó a Chaves Nogales como a Isadora Duncan, la bailarina norteamericana famosa en el mundo entero invitada a Moscu por los autoridades bolcheviques durante el invierno, le gustaba andar completamente desnuda por su palacio (incautado por el gobierno soviético) y cómo al no ser suficiente la leña que el gobierno le suministraba, para conservar una buena temperatura, quemaba en la estufa los muebles de maderas preciosas y de un inapreciable valor histórico.

Los exiliados de todas las condiciones tenían un punto en común: creían que iban a volver a su patria de un momento a otro.

Entre los aristócratas que Chaves Nogales entrevistó estaba el gran duque Cirilo Vladimirovitch, quien asumió la jefatura de la familia imperial después del asesinato de su primo hermano, Nicolás II, el último zar de Rusia, por los bolcheviques. Su nieta, la gran duquesa María Vladimirovna, que hoy ostenta la jefatura, fue alumna de mi esposa en un colegio de secundaria inglés en Madrid en los años 70, y unos 20 años después su hijo, George, fue compañero de pupitre de mi hijo menor, Benjamín. Un día, jugando en el patio de recreo, mi hijo sujetó a George por las muñecas y éste le dijo que cuando fuera zar le encarcelaría. Mi hijo no pudo contener sus risas. Podría estar seguro de que eso nunca sucedería.
http://www.elimparcial.es/sociedad/manuel-chaves-nogales-y-los-exiliados-rusos-77960.html

Empleados sobreeducados

España no solo tiene una altísima tasa de abandono escolar (el 32% de las personas entre los 18 y 24 años en 2008 tenían como estudios máximos la educación obligatoria, hasta los 16 años), sino que, al otro extremo del ciclo educativo, el 25% de los universitarios ocupa empleos muy por debajo de su preparación. Esto es lo peor de dos mundos.

Según un reciente estudio publicado por la Fundación de las Cajas de Ahorro (FUNCAS), basado en la situación laboral de 20,009 españoles (una muestra bastante representativa), España se sitúa a la cabeza de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en “empleados sobreeducados”

Tanto la tasa de abandono como el fracaso escolar y el nivel de sobreeducados son más o menos el doble de Europa. Además, los resultados para España del informe PISA 2009 de la OCDE, que cuantifica lo que saben hacer los alumnos de 15 años en 65 países con sus conocimientos de lectura, matemáticas y ciencias son pobres (los respectivos rankings de España son 33,34 y 36).

España es el segundo país con mayor número de jóvenes inactivos, después de Turquía, dentro de la OCDE. Casi el 11% de los jóvenes entre 15 y 19 años ni trabajan ni siguen formándose en el sistema educativo, según datos comparativos (de 2007, último año disponible). Dado que 2007 fue el último buen año para la economía española y 2009 y 2010 fueron años de recesión con altas tasas de desempleo (el paro juvenil está en el 40%), la cifra de inactivos hoy es bastante más alta y preocupante.

Ni siquiera existe mucha posibilidad de empleo a tiempo parcial: España tiene uno de los niveles más bajos de este tipo de trabajo. Estos inactivos e inactivas forman parte de una generación frustrada que no puede realizarse salvo que haya un cambio realmente positivo y poco probable en el rumbo económico del país.

A diferencia de los inactivos, hay un segmento significativo de la población que sí han continuado su educación en universidades – España tiene un promedio de estudiantes universitarios superior a la media de la OCDE — pero que hoy están subempleados y mal pagados. Demasiados universitarios ocupan los puestos de trabajo que deberían ocupar los titulados en bachillerato o en formación profesional, pero los empresarios todavía prefieren fichar a un licenciado para ser auxiliar administrativo, y pagarle como tal.

España tiene demasiadas universidades, y ninguna está entre las 150 mejores del mundo (según los diferentes rankings). En 1984, España contaba con 34 universidades y 700.000 estudiantes; en 1995, casi un millón y medio de estudiantes asistían a un total de 51 universidades; cinco años después, el número de universidades ya ascendía a 61. Hoy, hay un total de 77 universidades entre públicas y privadas, algunos de dudosa calidad. Los modos de enseñanza en las universidades siguen siendo demasiado academicistas y dan poca importancia a la adquisición directa de experiencia laboral.

Todos estos estudios demuestran la demoledora situación de la educación en España. Por supuesto, hay excepciones, como las Escuelas de Negocios (España tiene tres de las mejores en Europa), pero éstas son para una pequeña elite. Y la clase política, hasta ahora, ha sido incapaz de ponerse de acuerdo para mejorar la situación en los diferentes frentes.

No es casualidad que la mayor parte del empleo perdido en los últimos tres años se encuentra entre los asalariados menos cualificados (1,6 millones, el 82% del total según el Informe Económico del Presidente del Gobierno 2010). Son aquéllos que no han estudiado más allá de la educación obligatoria. En el tercer trimestre de 2010 (último dato disponible), la tasa de paro de los trabajadores con educación superior (excluyendo doctorado) ha sido del 11,5%, frente al 29.5% de aquellos que únicamente cuentan con formación primaria. La proporción de parados con estudios primarios (59,5%) supera considerablemente la media de la UE (39,3%).

El problema número uno para España es la creación de empleo. La economía podría empezar a crecer, pero la tasa de desempleo no va a bajar significativamente en muchos años (volver a tasas por debajo del 10% es un sueño). ¿De donde van a venir los nuevos trabajos en un país con un sistema educativo con tantos problemas no resueltos y con la necesidad de sustituir una economía basada excesivamente en el ladrillo por una asentada más en el conocimiento?
http://www.elimparcial.es/sociedad/empleados-sobreeducados-77562.html

La recuperación de Turquía

Después de casi cinco décadas de esperar en la antesala de Europa, Turquía se está cansando. El estancamiento del proceso de integración del país va a ser un motivo más de tensión en las relaciones con la Unión Europea en 2011.*

Europa representa todavía casi la mitad del comercio turco, y Turquía necesita a la UE para modernizarse. En cuanto a los intereses comunitarios, Turquía es miembro fundador de la OTAN y un ejemplo poco frecuente de Estado predominantemente musulmán que es al mismo tiempo una democracia laica y pluralista, aunque aún no lo sea del todo. Además, Turquía es un eslabón fundamental en una de las rutas de transporte de energía de Asia Central a Europa. Con un ritmo de casi el 6 por ciento en 2010, es la economía del G-20 que más rápido está creciendo después de China y puede ser la segunda más grande de Europa en 2050.

Después de más de cinco años de negociaciones, Ankara no ha abierto más que 13 de los 35 “capítulos” o aspectos legales y estratégicos necesarios para completar su proceso de integración en la UE. Y no ha cerrado más que uno (ciencia e investigación). Todavía hay alrededor de 18 capítulos bloqueados por la UE en su conjunto, por Francia o por Chipre. Al ritmo actual, las negociaciones acabarán pronto por detenerse del todo.

En diciembre de 2006 la Unión Europea suspendió de forma unánime ocho capítulos porque Turquía se negaba a ampliar su unión aduanera (en vigor desde 1996) y a permitir a las naves grecochipriotas acceso a sus puertos y aeropuertos. Ankara no va a ceder hasta que el Consejo Europeo cumpla su promesa de relajar el aislamiento económico de la República Turca del Norte de Chipre (RTNC), que carece de reconocimiento internacional. La RTNC (el 36 por ciento de la superficie) está ocupada por Turquía desde su intervención militar en 1974 (en virtud del tratado de garantías de 1960, que le daba el derecho a actuar), después de unas luchas entre las comunidades greco y turcochipriota y un intento de incorporar la isla a Grecia mediante un golpe militar.

La tensión entre Chipre y Turquía se ha convertido en un obstáculo para poder estrechar los vínculos entre la UE y la OTAN. Turquía, el segundo ejército más grande de la Alianza, veta cualquier intento de permitir a las autoridades grecochipriotas el acceso a documentos secretos y Chipre se opone a la participación turca en los órganos de defensa de la UE. Turquía no tiene acceso a los documentos de la UE relacionados con misiones militares (ni siquiera de aquellas en las que participa) y tampoco se le permite ser observador en los procesos importantes de toma de decisiones. Es absurdo que Turquía sea el único miembro de la OTAN que no ha firmado un acuerdo de seguridad con la UE.

En 2011 la UE debe hacer caso omiso de las objeciones e incorporar a Turquía a su política exterior y de seguridad, es decir, no esperar a que sea miembro de pleno derecho para hacerlo. La contribución de Turquía a la Política Europea de Seguridad y Defensa ya es superior a la de algunos otros Estados miembros. Aporta el segundo mayor contingente de tropas a la Operación Altea en Bosnia-Herzegovina, a pesar de que el órgano que toma las decisiones —la Agencia Europea de Defensa— está fuera del alcance de Ankara. Turquía tiene también más tropas de paz en Afganistán que la mayoría de los países de la UE, como España, y es el único país musulmán que participa en la misión dirigida por la OTAN.

No es extraño que la política exterior de Turquía se haya vuelto más firme y esté mirando cada vez más hacia el Este. Desde el final de la guerra fría, cuando Turquía dejó de ser el centinela en la primera línea, era lógico que el país prefiriese construir una política exterior más independiente respecto a sus vecinos, que reflejase sus propios intereses y su incipiente fortaleza económica. Ahora, dado el ritmo de las negociaciones de incorporación, es comprensible que Ankara tenga todavía más deseos de mantener abiertas todas sus opciones. La clase dirigente turca, al menos, no ha olvidado las palabras del presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, cuando declaró en 2004, entonces como primer ministro belga, que Turquía “no es parte de Europa ni nunca lo será”.

La nueva atención de Ankara a Oriente Próximo cuenta cada vez con más respaldo de los turcos: se ha duplicado en el último año, hasta el 20 por ciento. Esta subida fue acompañada de una caída de nueve puntos de quienes dicen que Turquía debería cooperar con la UE.

La puerta a la plena pertenencia parece cerrada sin remedio. Eso hace que el Gobierno no tenga incentivos para impulsar las reformas necesarias para la incorporación. ¿Por qué va a abrir Turquía su mercado de contratación pública (uno de los pocos capítulos restantes que puede abrirse) a más competencia si no existen garantías de que vaya a entrar de pleno derecho en el club europeo?

Los Gobiernos de la UE deben dejarse de tonterías y empezar a “talk Turkey” (que en ingles quiere decir hablar con toda franqueza). Hasta ahora, casi todo han sido evasivas y palabras huecas, incluso entre sus partidarios. Por ejemplo, al día siguiente de defender la integración de Turquía en Ankara, el primer ministro británico David Cameron dijo que había que reducir enormemente el número de inmigrantes que llegan a Gran Bretaña procedentes de países de fuera de la Unión. Frases así envían mensajes confusos.

La enorme dimensión de Turquía, con una población de 75 millones, hace que sea difícil encontrarle hueco en la UE. Quizás ha llegado la hora de abordar el asunto de la libre circulación de personas y decir a Ankara que eso sería imposible hasta dentro de muchos años, en cualquier caso, incluso después de su entrada en la Unión.

En 2011 la UE debe dar a Turquía una fecha firme para la integración, que debería ser 2023, para conmemorar el Centenario de la fundación de la República. El desencanto turco y las evasivas de la UE están creando un círculo vicioso que es preciso romper.

(*) Esta columna es un resumen de un artículo publicado por FRIDE ( http://www.fride.org…)
http://www.elimparcial.es/sociedad/la-recuperacion-de-turquia-77178.html

El atraso en Medio Oriente

¿Por qué los países del Occidente están mucho más desarrollados que las naciones del Oriente Medio? Según el último Informe sobre Desarrollo Humano de las Naciones Unidas, la esperanza de vida en Oriente Medio (los países árabes, Irán, Turquía y los Balcanes) es de ocho años menos que en los llamados países de desarrollo muy alto (América del Norte, Europa Occidental y algunos países de Asia Oriental); el ingreso bruto per cápita es casi del 30% por debajo del promedio de estos países y solo tres cuartos de la población saben leer y escribir (alfabetización casi completa en estas naciones).

Entre las mayores razones que explican este atraso, según el primer Informe sobre Desarrollo Árabe del 2002 (también de las Naciones Unidas) están tres déficit críticos: la libertad; la libertad de la mujer; y la capacitación humana. Otro factor, mucho menos estudiado, es que las instituciones legales del mundo islámico, que habían beneficiado la economía del Oriente Medio en los primeros siglos del Islam, retrasaron o pararon la aparición de los rasgos centrales de la vida económica moderna, incluyendo la acumulación de capital privado, la formación de empresas y la producción a gran escala.

Este tema está bien explicado en el libro de Timur Kuran, The Long Divergence: How Islamic Law Held Back the Middle East (“La Larga Divergencia: Cómo la Ley Islámica frenó el Oriente Medio”), publicado por Princeton University Press. En el año mil, la economía de Oriente Medio era tan avanzada como la de Europa, pero al entrar en el siglo XIX la región se había retrasado enormemente en términos de niveles de vida, tecnología, instituciones económicas e intercambio impersonal.

Yo leí el libro durante un viaje en fin de año a Córdoba, cuya mezquita llegó a considerarse el santuario más importante de todo el Islam Occidental, en una época en la que Córdoba era capital de Al-Andalus; y a Cádiz, cuyas Cortes promulgaron en 1812 la primera constitución liberal española que fue de gran trascendencia europea, ya que en aquella época en Europa el liberalismo español era el que más influencia tenía. El magnifico recinto en Córdoba no solo poseía finalidad religiosa, sino social, cultural y política. En las afueras de Córdoba están las ruinas de un complejo aún más impresionante, Madinat al-Zahra, la capital política y administrativa de al-Andalus. Irse de Córdoba a Cádiz es darse cuenta de los logros brillantes del Islam y de su declive relativo (no hay nada comparable en su historia con las Cortes de Cádiz).

Mientras Occidente en los años de las Cortes de Cádiz tenía empresas duraderas con accionistas y acceso a crédito de bancos comerciales, las únicas sociedades colectivas en Oriente Medio eran entre unos pocos individuos que, con la muerte de un socio se terminaban, y cuyo financiamiento consistía en poco más que pequeños prestamos entre individuos.

Otros obstáculos al mayor desarrollo del Medio Oriente fueron la ausencia de organizaciones comerciales y la prohibición bajo pena de apostasía de que los musulmanes hicieran negocios bajo las leyes de otra religión. Las únicas personas que podían elegir el sistema legal para hacer negocios eran los no-musulmanes y pocos optaron para el sistema legal islámico: los cristianos y los judíos, comunidades minoritarias en los países de Oriente Medio, tenían un papel extraordinariamente desproporcionado en estas economías, en particular en el Imperio Otomano. Las mayores y más rentables empresas en Salónica, Estambul y Beirut, por ejemplo, estuvieron en manos de estas comunidades minoritarios. El profeta Mahoma, sin embargo, era un comerciante exitoso y el Corán respalda la propiedad privada y el enriquecimiento personal.

El Oriente Medio introdujo unas limitadas reformas económicas en los siglos XIX y XX y hoy sigue siendo una región atrasada. Sus sectores privados y sociedades civiles son aún muy débiles y estas deficiencias, en palabras de Kuran “generan la aceptación de gobiernos autocráticos”. Formas de organización moderna “han sido transplantadas a sociedades con normas sociales hostiles a sus usos eficaces: alta corrupción relativa y nepotismo y confianza baja en las organizaciones. Estas normas están entre los legados de la ley islámica tradicional.”

Llama la atención que la corrupción en Oriente Medio, según el ranking de Transparency International, es mucho más alta, año tras año, que en Occidente.

También es notable que el país musulmán más económicamente exitoso sea Turquía (en términos de sostenibilidad y diversificación y no sólo en términos de riqueza — no tiene petróleo), y no es casual que su código comercial, desde la fundación de la Republica en 1923, esté basado en el de Occidente.
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