Marca país

Finlandia acaba de presentar su informe sobre la marca país, un trabajo encargado por Alexander Stubb, el Ministro de Asuntos Exteriores, a un grupo de personas presidido por Jorma Ollia, presidente y antiguo consejero delegado de Nokia, un gigante en el mundo del teléfono móvil. El informe podría servir como modelo para España que, mucho más que Finlandia, necesita mejorar su imagen en el mundo y formular una estrategia para el futuro.

Las marcas, tanto para una empresa como para un país, son un activo clave para la competitividad, aportando diferenciación y valor a sus productos y servicios incluyendo el turismo. En el último ranking de Interbrand de las 100 marcas de empresas de más valor en el mundo, la pequeña Finlandia tiene una, Nokia, y España (cuya economía genera casi el 12% del PIB de la zona euro) dos (Zara y, por vez primera este año, Santander).

Cuando uno piensa en Finlandia, la imagen más inmediata que surge es de un país serio con mucho frío y obscuridad y de alta tecnología, y el equivalente para España es de un país alegre, con mucha luz y amante de los toros y fiestas. Otra cosa es si esta imagen corresponde a la realidad. La percepción, sin embargo, es la realidad.

Mientras Finlandia ya ha fraguado una marca país sólida y exitosa, y con su informe propone medidas para fortalecerla, España ni siquiera ha empezado a hacer algo en el terreno de la diplomacia pública que es la esfera apropiada para este tema. En junio de 2008, José Luis Rodríguez Zapatero, flanqueado por Kofi Annan en el museo del Prado, anunció la creación de una comisión de diplomacia pública para arrancar en 2009. Ya estamos casi en 2011 y no se ha logrado nada. El asunto está en manos de Bernardino León, Secretario General de la Presidencia del Gobierno. Es un todo terreno, un tipo inteligente y amable y el hombre más admirado en la embajada de EE UU en Madrid (según uno de los cables secretos proporcionados por WikiLeaks donde se le llama “el chico de oro del Gobierno”). Es de suponer que si la comisión no ha fructificado bajo sus esfuerzos, no saldrá y menos en la critica situación actual en que se encuentra España. Algunas de las funciones de la diplomacia pública son ejercidas por la Dirección General de Comunicación Exterior del Ministerio de Asuntos Exteriores, pero esto dista mucho de ser una comisión capaz de fraguar un consenso sobre a dónde quiere ir España. La palabra consenso no existe en el vocabulario político español.

La única organización que trabaja en el campo de la marca, y notablemente, es el Foro de Marcas Renombradas (FMRE) que con las administraciones públicas está promoviendo las marcas españolas como referente de prestigio a nivel internacional y aportando valor a la marca país. Y aquí declaro un interés personal porque soy miembro de su Comité de Marcas Embajadoras & Imagen de España.

El Real Instituto Elcano, en donde trabajo como colaborador habitual, también ha hecho un buen trabajo bajo uno de sus analistas, Javier Noya, al preparar un exhaustivo informe estratégico sobre la diplomacia pública para España que será presentado en enero o febrero.

Finlandia (ver http://www.tehtavasu…) propone tres áreas en donde avanzar en su marca país: la funcionalidad de la sociedad finesa, su estrecha relación con la naturaleza y un sistema de educación básica que está entre las mejores del mundo. Dice que estos logros no son solo motivo de orgullo para un país, sino que “usados apropiadamente, pueden ser también herramientas eficaces”.

Finlandia sale con un notable en los recientes resultados del informe PISA 2009 de la OCDE, que cuantifica lo que saben hacer los alumnos de 15 años de 65 países con sus conocimientos de lectura, matemática y ciencias (tercero en comprensión lectora, sexto en competencia matemática y segundo en competencia científica). Los respectivos rankings de España son 33, 34 y 36. La posición de Finlandia es el fruto de muchos años de dedicación por parte de los gobiernos a la educación (Finlandia casi no tiene escuelas secundarias privadas). Verifiqué esto en 1996 cuando escribí un libro sobre Finlandia, después de su fuerte recesión entre 1991 y 1993 cuando la economía se contrajo más del 10%, la más fuerte contracción de un país del OCDE desde la Segunda Guerra Mundial. Lo que me impresionó fue el consenso político que había en la inversión en la educación.

Con respecto a la funcionalidad, Finlandia propone desarrollar un “Silicon Valley de innovaciones sociales” en los campos de cambio climático, envejecimiento de la población y migración. En la naturaleza, quiere mejorar la calidad de sus amplios recursos de agua y producir más comida orgánica, y en la educación crear una organización internacional para suministrar educación básica en zonas en crisis, algo similar a Médicos sin Fronteras.

Por supuesto, es más fácil para un pequeño y bastante homogéneo país como Finlandia ponerse de acuerdo sobre la dirección que quiere tomar que España con sus 17 comunidades autónomas, cada una con sus propios intereses y tribus políticas y reacias a enterrar sus diferencias para el beneficio de todo el país. Pero algo hay que hacer.
http://www.elimparcial.es/economia/marca-pais-75815.html

Nostalgia de una edad dorada

En tiempos de crisis siempre surge nostalgia del pasado glorioso de un país, y pocas naciones han tenido una edad dorada tan brillante como la ocurrida bajo el reinado de Carlos I de España (1516-1556) y desde 1520 a 1558 coronado emperador del Sacro Imperio Romano Germánico como Carlos V cuando España era una potencia mundial.

En el segundo tomo de su trilogía sobre el imperio español — The Golden Age: The Spanish Empire of Charles V (“La Edad de Oro: el Imperio Español de Carlos V”), publicado por Allen Lane — el gran historiador británico Hugh Thomas nos ofrece un relato magistral y vivo de cómo unos aventureros lograron conquistar la parte de América del Sur que hoy es Guatemala, Yucatán, Colombia, Venezuela, Perú y Chile. El descubrimiento de las Américas fue el elemento clave de la dominación del mundo por el Occidente porque creó un sistema de comercio que propició la industrialización de la producción.

El nuevo libro con unas 500 páginas y un magnífico apéndice de mapas, estadísticas y los nombres de los principales conquistadores, cubre el periodo que comienza en 1522, con el retorno de los restos de la expedición de Fernando de Magallanes, y concluye con la muerte de Carlos V en Yuste en 1558. Un promedio anual de 60 barcos de menos de 100 toneladas cada uno (bastante pequeños) salieron del puerto de Sevilla por el poco profundo río Guadalquivir entre 1516 y 1555, y un número significativo no lograron siquiera llegar al océano Atlántico. La comida diaria de su tripulación eran galletas, agua y vino.

El primer volumen, Rivers of Gold (“Ríos de Oro”), publicado en 2003, cuenta las primeras conquistas de España en las Américas. El tercer y último libro, que Thomas ya está escribiendo, terminará en 1580 cuando Felipe II decide no intentar conquistar China, el país que hoy esta en auge.

Ningún otro gobernante de su época viajó de un sitio a otro tanto como Carlos V (Toledo, Valladolid, Roma, Innsbruck, Flandes, por mencionar solo algunos lugares) y esto siglos antes de la invención de los aviones. Estuvo en 40 lugares diferentes entre agosto y diciembre de 1546. Y tuvo que enfrentarse con amenazas de Francia, de los turcos y el movimiento reformista de los luteranos en Alemania. Retó al rey Francisco de Francia a un combate “en camisa o armadura, con espada o con los puños, en mar o en tierra, en un puente o en una isla, en un lugar cerrado o delante de sus ejércitos o dondequiera que hubiera querido.” Si ganaba Carlos, el premio era Borgoña, y si lo hacía Francisco, Milán. Carlos cambió de idea y mandó tropas españolas a Francia para intentar capturar al rey en Aix-en-Provence, sin éxito. ¿Qué hubiera pasado si Carlos hubiera lanzado el mismo desafío a los líderes de las Américas y hubiera perdido? El curso de la historia puede depender de acontecimientos aparentemente nimios.

Una extraordinaria gama de personalidades figuran en el libro. Una de lo más curiosos, y no solo por su nombre, fue Álvar Núñez Cabeza de Vaca quien exploró el Golfo de México y los territorios del noroeste de México, siendo el primer europeo que describió las cataratas de Iguazú y que exploró el curso del río Paraguay. Fue capturado y mantenido como esclavo hasta que escapó y se hizo famoso entre los indígenas después de extraer con éxito la punta de una flecha que un nativo tenía clavada cerca del corazón. Caminó por Tejas desnudo salvo por la noche cuando se cubría con la piel de un ciervo. Otro personaje interesante fue Gaspar de Espinosa quien propuso en 1533 la construcción de un canal en Panamá entre el mar Caribe y el océano Pacifico, algo que no se hizo realidad hasta 1914.

Según Thomas, las actividades macabras y crueles de los indígenas (por ejemplo, los sacrificios de humanos y de animales en México) convencieron a los españoles que tenían razón en traer el cristianismo al Nuevo Mundo, pero no justificó las barbaridades de los conquistadores (una de los peores fue cometida en la plaza de Cajamarca en Perú cuando menos de 200 europeos mataron a varios miles de indígenas).

La opinión cristiana sobre cómo tratar a los indígenas estaba dividida. Unos, en palabras de un sacerdote, creyeron que “Dios no había creado jamás una raza más llena de vicios … los indios son más estúpidos que los burros”, mientras el fraile dominico Bartolomé de las Casas se opuso a la opresión y a la esclavitud de los indígenas. Su labor de defensa de los indios hasta su muerte le valió ser conocido como el Apóstol de los Indios.

Otro defensor fue Vasco de Quiroga quien, influenciado por el libro Utopia de Thomas Moro, quería establecer una especie de comuna para hombres “que fueran descalzos, descubiertos pero con el pelo largo como los apóstoles.”

La última época dorada de España sucedió entre 1994 y 2007 y aún estamos pagando un alto precio para los excesos y la falta de visión, como ocurrió finalmente después de la muerte de Carlos V. Parece que es una ley universal que las épocas de demasiada brillantez siempre terminan mal.
http://www.elimparcial.es/sociedad/nostalgia-de-una-edad-dorada-75421.html

La vida de las O(s)tras

La vida privada es sacrosanta en las democracias, pero en los sistemas comunistas, como dijo Lenin, “nada es privado”. Al final de la República Democrática de Alemania (RDA), después de la caída del muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989, la Stasi, la policía secreta y el “escudo y la espada” del SED, el partido oficial, habían acumulado 180 kilómetros de archivos sobre la vida de los ciudadanos, un millón de fotos y 200.000 cintas con conversaciones grabadas. Tenían seis millones de informes para un país de 17 millones de habitantes, el equivalente de todos los archivos producidos en Alemania desde la Edad Media.

Aún más espectacular es que la Stasi empleara más personas que cualquier sector de la economía y 1,5 veces más que el ejercito permanente. Fue la única industria que creció — el número de sus empleados aumentó de unos 70.000 en 1977 hasta 91.000 en 1989 (uno por cada 180 ciudadanos en comparación con un policía secreta por cada 500 habitantes del URSS en 1939, 7.000 empleados del Gestapo del Tercer Reich para una población de 66 millones en 1939 y un medico en el RDA por cada 400 habitantes). Y esta cifra para la Stasi excluye sus colaboradores e informantes. Se estima que unas 800.000 personas trabajaron para la Stasi durante los 41años de la RDA.

La Stasi era como un pulpo; sus tentáculos llegaban a todos los rincones. Ningún otro servicio secreto ha sido tan penetrante: hasta el olor corporal de la gente bajo sospecha fue captado y guardado en un envase de vidrio y usado por perros para poder detectar su presencia en actos “ilegales”. Un escena impactante de la película “La Vida de los Otros” de Florián von Donnersmarck, que ganó el Oscar en 2006 a la mejor película de habla no inglesa, muestra el interrogatorio de alguien que tiene que sentarse sobre sus manos. Cuando termina la sesión, el agente de la Stasi quita el trozo de tela de la silla y la mete en un envase.

En este entorno agobiante, como explica Paul Betts en su instructivo e original libro, Within Walls: Private Life in the German Democratic Republic (“Intramuro: La Vida Privada en la República Democrática de Alemania”), publicado por Oxford University Press, cualquier cosa que no tuviera nada que ver con el estado —la esfera privada — ganaba importancia y una creciente firmeza política. Adoptando un dicho inglés, para los habitantes del RDA su casa era su castillo y su vida privada, en múltiples formas y hasta donde pudieron, su refugio. Nadie podía confiar en nadie que no fuera de su absoluta confianza (ni los maridos en sus esposas o viceversa, como se reveló después de la caída de la RDA cuando el gobierno alemán abrió los archivos de la Stasi al público). La gente vivía como ostras, encerrada en su propio mundo.

Es muy llamativo que la palabra en alemán para la intimidad no aparece en el diccionario político oficial del SED. La única palabra relacionada con ella que si se contempla es propiedad privada, rasgo que definió y justifico la propia existencia de la RDA. Muy pocas personas mantuvieron diarios privados donde contaban su vida cotidiana. Una notable excepción fue Victor Klemperer y su tercer y conmovedor volumen de diarios, The Lesser Evil: 1945-59 (El Mal Menor).

El libro de Betts cubre un espectro de la vida privada muy amplio: la subcultura cristiana; el matrimonio y el divorcio; los interiores de las casas; la propiedad y el ruido; los derechos de los ciudadanos de quejarse y la fotografía. En las relaciones personales, el sexo era un “espacio libre crucial”.

Particularmente interesante es el capítulo sobre la religión. La gran mayoría, al menos nominalmente, eran luteranos y, en menor grado, católicos, y formaron “una sociedad aparte” (niche society). Los interiores de las casas de gente religiosa no eran reconocidos por crucifijos u otros símbolos, sino por un estilo particular de muebles (muchas veces hechos por ellos) y una decoración más individualista que los objetos estandarizados y la decoración uniforme. Muchas de estas personas llevaban una doble vida, defendiendo el estado de boquilla a la vez que mantenían una oposición privada, el llamado Ketman en las sociedades islámicas, un concepto aplicado también a los regimenes comunistas y estudiado en The Captive Mind (El Pensamiento Cautivo), el libro clásico de escritor polaco Czes?aw Mi?osz publicado en 1951.

La proliferación de esferas privadas y la importancia de las redes personales ayudaron a muchas personas en la RDA capear la difícil transición del comunismo al capitalismo después de 1989. Es probable que también jugaran un papel en la transición española, pero ésta es otra historia.
http://www.elimparcial.es/sociedad/la-vida-de-las-ostras-75109.html

La reina española de Inglaterra

Algún día el Reino Unido tendrá su quinta reina Catherine (Catalina) y es de suponer que el reinado de Kate (diminutivo de Catherine) Middleton, recientemente comprometida con el príncipe Guillermo, segundo en la línea de sucesión, no sea tan trágico como fue el de Catalina de Aragón (1485-1536) y con tantas consecuencias dramáticas y violentas, empezando con la separación de la Iglesia de Inglaterra de la Iglesia Romana Católica.

El ameno libro de Giles Tremlett, Catherine of Aragon: Henry’s Spanish Queen (“Catalina de Aragón: La Reina Española de Enrique”), publicado por Faber and Faber, es una apasionante historia de sexo, poder y política europea que, como dice Tremlett, autor de un excelente libro sobre la España contemporánea, “España Ante Sus Fantasmas” y corresponsal en Madrid de The Guardian y de The Economist, “se encontraron en el lecho nupcial.”

Esta es la primera biografía en inglés sobre Catalina desde el libro de Garrett Mattingly publicado en 1942. Incorpora casi 70 años de estudios sobre los Tudor, hoy una parte de la historia del Reino Unido muy popular y contempla este fascinante periodo desde una perspectiva española y no solo inglesa.

Catalina, la menor de las cuatro hijas del rey Fernando II de Aragón el Católico y de la reina Isabel I de Castilla la Católica, y tía de Carlos V, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, es una figura clave en la historia de mi país y protagonista importante de la Reforma. Si no se hubiera casado primero con el enfermizo príncipe Arturo, hijo de Enrique VII, y luego con su hermano menor Enrique VIII la historia del Reino Unido, y la de Europa, hubieran sido bien distintas. Tal vez la llamada Reforma Anglicana no hubiera ocurrido.

Catalina fue prometida en matrimonio con Arturo cuando el tenia dos años y ella tres, como parte de una estrategia de fraguar una alianza entre España e Inglaterra. Llegó a la isla con 16 años, después de un viaje por mar de tres meses, hablando en latín y se quedó viuda antes de cumplir 17 años, sin dejar constancia si era aún virgen o no, un asunto que años más tarde se convirtió en una gran polémica cuando Enrique VIII empezó el proceso con el Vaticano, que duró seis años, de anular su matrimonio para poder casarse con Anne Boleyn, la segunda de sus seis esposas y bastante más joven que Catalina, con la esperanza de tener un heredero varón.

Enrique, buscando un pobre pretexto para anular su matrimonio, puso en duda la dispensa que el papa le había dado para casarse con la viuda de su hermano, aduciendo que contradecía la Biblia. Según el Levítico es una “impureza” casarse con la mujer de un hermano, mientras que para el Deuteronomio es el deber de un hombre casarse son la viuda de su hermano. Enrique ignoró esto último.

Catalina, cuyo matrimonio con Enrique duró más años que todos los demás matrimonios del Rey, y que fue muy popular entre el pueblo, se quedó embarazada varias veces pero solo sobrevivió una hija, Mary (María I Tudor, quien más tarde se casaría siendo reina de Inglaterra con el príncipe Felipe de Austria, coronado rey de España como Felipe II a los dos años de su matrimonio). Parece que Catalina sufrió anorexia y esto afectó a su ciclo menstrual. La ironía es que dos de las hijas de Enrique, Mary y Elizabeth, tan obsesionado en tener un hijo, fueron reinas consecutivas durante unos 50 años.

Uno de los descubrimientos significativos del libro del Tremlett, meticulosamente investigado, es el testimonio (en un documento de unas 70 páginas hoy en el monasterio de Veruela, Aragón) de las compañeras de viaje de Catalina, dado en Zaragoza, quienes dijeron que su matrimonio con Arturo no fue consumado, desmintiendo el testimonio de testigos ingleses dado en Londres que afirmaban que Catalina sí perdió su virginidad. Jamás se había examinado tanto en público la vida sexual de unos monarcas. Parece que el pene de Arturo era fino en la base y bulboso en la cabeza y que no podía mantenerse erecto.

El autor demuestra que Catalina, una de las mujeres mejor educadas de Europa, tenía una enérgica personalidad y estuvo lejos de ser una víctima de las circunstancias. Era muy inteligente. Sabia lo que estaba haciendo, hasta convertirse en una mártir si era lo que Enrique quería. Con este libro, Catalina ha dejado de ser una nota al pie de página en la historia.

El mismo día que Catalina ganó su causa en el Vaticano, la Cámara de los Lores en Londres anulaba su matrimonio, consolidando la ruptura con Roma. Catalina pasó el resto de su vida en condiciones casi carcelarias y la gente que la apoyó activamente, como cinco frailes cartujos, fueron ejecutados de la manera más cruel (colgados hasta casi morir, con sus intestinos y corazones arrancados y luego decapitados).

La próxima reina Catalina entrará en la historia por otras razones (su familia no pertenece a la aristocracia), pero a juzgar por su largo noviazgo con el príncipe Guillermo, es, como Catalina, una mujer muy decidida.
http://www.elimparcial.es/sociedad/la-reina-espanola-de-inglaterra-74671.html

0.863, una cifra reveladora

El mundo ha progresado mucho en las últimas décadas , y en particular España, (Franco murió hace exactamente 35 años hoy), aunque pueda parecer extraño decirlo en otro annus horribilis. Hace poco salio el informe anual sobre el Desarrollo Humano de las Naciones Unidas en donde España figura en el puesto 20 de 169 países en el ranking que mide el progreso .

Este ranking está basado en el Índice de Desarrollo Humano (IDH) inventado entre otros por Mahbub ul Haq y Amartya Sen (Premio Nobel de Economía en 1998), como una vía mas amplia de medir el progreso humano que otras medidas económicas estándares, como el ingreso per capita. El IDH de España es 0.863. Noruega es el mejor con 0.938 y Zimbabwe el peor con 0.140, gracias a tantos años de despilfarro, corrupción y las malas políticas del dictador Robert Mugabe, quien ha dominado la vida política del país desde su independencia del Reino Unido ganando hasta ahora siempre las elecciones

El IDH tiene en cuenta la longevidad, la educación y el ingreso per capita. En el infome de este año se han incorporado tres nuevos indicadores: el índice de Desarrollo Humano ajustado por la Desigualdad, el índice de Desigualdad de Género y el índice de Pobreza Multidimensional.

Más significativo, creo, que el puesto de España en el ranking es una cifra que han pasado por alto los medios de comunicación: entre 1990 y 2010 el crecimiento anual promedio en el IDH para España fue 0.84%, el más rápido de los llamados países de Desarrollo Humano muy alto después de Corea del Sur (0.95%), y los Emiratos Árabes Unidos (0.81%). Estas cifras en frío pueden parecer de poca importancia, pero no es así. Demuestran que España ha gozado de un progreso sostenido. Casi todos los países lo han hecho, pero pocos tanto como España. De los 135 países medidos entre 1970 y 2010 (92% de la población mundial), solo tres — la República Democrática del Congo, Zambia y Zimbabwe — tienen hoy un IDH más bajo que en 1979.

Vemos las cifras para España. La esperanza de vida al nacer es 81,3 años (más alto que en Estados Unidos y el Reino Unido), los años promedios de instrucción son 10,4 (más que Italia y el Reino Unido), los años esperados de instrucción son 16,4 y el ingreso nacional bruto per cápita es $29.661 (cifra del 2008, la última disponible) y más bajo ahora debido a la recesión.

El informe es una verdadera Biblia. Hay muchas otras cifras aparte de las del IDH. Por ejemplo, las mujeres españolas tienen el 33.6% de los escaños en el parlamento (casi al nivel de los países nórdicos), la tasa de homicidios es relativamente baja al 0,9 por cada 100.000 personas (5.2 en los Estados Unidos!) pero la tasa de robos es alta al 1,067 por cada 100.000 personas (142 en Estados Unidos) y la tasa total de fecundidad es 1,3 nacimientos por cada mujer (entre los países de Desarrollo Humano muy alto varia entre 4,1 en Qatar y 1,0 en Hong Kong, China).

Este informe salio poco después de otro anual sobre la corrupción en el mundo, publicado por Transparency International. Mientras España continua avanzando en el desarrollo humano, en el campo de la corrupción el país se ha estancado en un nivel más bajo que hace seis años. España está en el lugar 30 de 178 países en el Índice de Percepción de la Corrupción (basado en 13 encuestas distintas a expertos y empresas) con una puntuación de 6,1 en una escala de 0 (percepción de altos niveles de corrupción) a 10 (percepción de bajos niveles de corrupción), el mismo valor que en 2009 y bastante por debajo de su mejor resultado de 7,1 en 2004. Dinamarca, Nueva Zelanda y Singapur comparten el primer lugar, con una puntuación de 9,3.

Igual que en el IDH, España está mejor que la Italia del payaso Berlusconi (puesto 67 en el ranking de corrupción), pero eso no me consuela nada.
http://www.elimparcial.es/sociedad/0863-una-cifra-reveladora-74314.html

La vida cultural en París bajo los Nazis

¿Cómo deben comportarse los artistas e intelectuales cuando su país o el país donde viven está invadido y ocupado durante varios años por tropas de un estado totalitario? ¿Hay que combatirlo con armas, plumas o pinceles, en el caso de escritores y pintores demasiado mayores para luchar, o colaborar para poder seguir produciendo “arte”? ¿Basta ser un simple espectador?

A Alan Riding siempre le ha fascinado, desde su época de corresponsal del New York Times en América Latina durante los años 70 y 80 cubriendo dictaduras militares, cómo reaccionan artistas y escritores a la política. Su experiencia en esta región le ha servido bien para examinar la vida cultural durante la ocupación nazi de París (donde fue corresponsal de cultura europeo del NYT entre 1995 y 2007) en su revelador y ecuánime libro And The Show Went On (“Y la función continuaba”), publicado por Knopf.

Cinco meses después del 14 de junio de 1940, cuando los tanques alemanes llegaron a Paris, Jorge Semprún, entonces un escolar con casi 17 años en la capital francesa, participó en una marcha que intentó llegar a la tumba al Soldado Desconocido en el Arco de Triunfo que conmemora el aniversario de la victoria de Francia en la Primera Guerra Mundial, pero los soldados alemanes dispersaron a los manifestantes. Semprún escapo por el metro y más tarde combatió entre los partisanos de la Resistencia, como muchos otros españoles refugiados en Francia después de la Guerra Civil, hasta su detención en 1943 y posterior deportación al campo de concentración de Buchenwald.

Semprún es uno de los diferentes españoles que aparecen en el libro de Riding. Otros, mucho más conocidos entonces, son Pablo Picasso y Pau Casals quienes se quedaron en Francia en vez de buscar refugio en otro país. Picasso intentó mantener un bajo perfil en París (daba refugio a algunas personas) y Casals daba conciertos hasta 1942 en la parte no ocupada por los alemanes en el sur de Francia. Cuando un alemán mostró a Picasso una postal de su obra Guernica y le preguntó “¿Hiciste tu esto?”, Picasso contestó, “No, lo hiciste tú.

Para Jean Paul Sartre, quien veía el mundo en términos de blanco y negro, había solo dos opciones — colaborar con los Nazis en la Francia ocupada o con el régimen de Vichy en la parte no ocupada o resistir. A diferencia del septuagenario André Gide, Sartre era suficientemente joven para coger un fúsil y unirse a la Resistencia, pero en su lugar fundó un grupo llamado Socialisme et Liberté que no hizo gran cosa. (Después de la guerra Sartre apoyo causas vergonzosas como la Revolución Cultural en China, en su etapa de acercamiento a los maoístas.)

Más activo e intelectualmente honesto a lo largo de su carera fue Albert Camus quien durante la ocupación nazi desempeñó varios papeles: fue miembro del Comité de Lectura de la editorial Gallimard (que siguió publicando), un résistant conocido en la clandestinidad como Albert Mathé y editor de Combat, el periódico de la Resistencia publicado cada dos semanas que alcanzó una tirada de 250.000 ejemplares.

Gide, brevemente comunista que tuve el coraje de denunciar a la Unión Soviética en un libro (“Regreso de la URSS”) después de ser invitado allí en 1936, por lo que perdió a varios de sus amigos, vaciló algo y pasó la mayor parte del tiempo en el Norte de África.

Mientras los escritores sufrieron los efectos de la ocupación más que cualquiera de las otras artes, por su propia naturaleza, la industria cinematográfica vivió una época dorada, con 220 películas rodeadas entre junio del 1940 y agosto del 1944, incluyendo Les Enfants du Paradis de Marcel Carne que no fue estrenada hasta después de la liberación de Francia.

La resistencia tomó muchas formas. Un librero en Paris, por ejemplo, tenía en su escaparate un ejemplar de la novela “Les Miserables” de Víctor Hugo y una foto a un lado del Mariscal Philippe Pétain, Jefe del Estado de la Francia de Vichy, quien colaboró activamente con los Nazis, y al otro del Almirante François Darlan , de facto jefe del gobierno de Vichy.

A Jean Cocteau, en cambio, le gustaba la vida social con los alemanes, y Louis-Ferdinand Céline fue antisemita y pro-nazi. Cocteau escribió en su diario que “a ningún precio debe uno dejarse distraer de los asuntos serios por la dramática frivolidad de la guerra.” Si Céline no hubiera salido de Francia después de su liberación es muy probable que hubiera sido ejecutado durante la épuration sauvage (depuración salvaje) como así les ocurrió a 767 personas de todas las profesiones por su colaboración con el régimen nazi.

El estadounidense Varian Fry fue un verdadero héroe. Enviado a Marsella por el Emergency Rescue Committee (Comité de Emergencia de Rescate) de Nueva York, logró ayudar a unas 2.000 personas, en su mayoría intelectuales, que escaparon de Francia; pero, trágicamente, no a Walter Benjamin, quien logro llegar a Portbou en la frontera y al serle rechazada su entrada en España por la policía de Franco se suicidó en su hotel.
http://www.elimparcial.es/sociedad/la-vida-cultural-en-paris-bajo-los-nazis-73932.html

Un mundo en donde no todos van a ganar

La crisis económica global que empezó en 2008, después de un largo periodo de optimismo creado por una creciente prosperidad y la llegada de más democracias, rompió drásticamente la muy extendida y, en mi opinión, ingenua creencia de que estábamos viviendo en un mundo donde todos íbamos a ser ganadores (un win-win world) y dio lugar a un mundo de suma cero (zero- sum world) con ganadores y perdedores. Este “nuevo” mundo es mucho más inestable e inseguro.

Muchas fueron las estupideces cometidas durante lo que Gideon Rachman llama la Edad del Optimismo (1991-2008) en su perspicaz libro, Zero-Sum World: Politics, Power and Prosperity After the Crash (“El Mundo de Suma Cero: Política, Poder y Prosperidad después de la Crisis”), publicado por Atlantic Books. Menciono solo dos, la invasión de Irak y con ella la convicción de poder establecer una democracia en un muy corto periodo (Rachman cita anónimamente a un importante “neocon” quien creyó que la guerra en Irak iba a durar solo tres días) — llevamos ya siete años – y la creencia de Gordon Brown, el antiguo Primer Ministro de Gran Bretaña, que su política económica iba a terminar con los ciclos de expansión y fracaso a gran escala (boom and bust). La economía británica está tan hecha polvo como la española pero con una tasa de desempleo mucho más baja (algo que distingue a España del resto del mundo desarrollado).

Rachman, quien desde 2006 escribe una columna semanal sobre política internacional para el Financial Times, después de trabajar durante 15 años para The Economist en Bangkok, Washington y Bruselas, tiene una envidiable capacidad de escribir de manera amena, con sentido del humor e ironía sobre temas complejos y sin caer en simplificaciones.

Su libro está dividido en tres partes: la Edad de la Transformación (1978-91), la Edad del Optimismo y la Edad de la Ansiedad (igual que el título de un famoso poema de WH Auden, publicado en 1947). Las tres secciones cubren mucho terreno de forma muy sucinta. Rachman inicia la Edad de la Transformación en 1978, con la apertura económica de China al capitalismo, algo que pasaron por alto muchos países, entonces más interesados en lo que estaba pasando en la Unión Soviética, pero que hoy está teniendo un enorme impacto global y creando tensiones con Estados Unidos y, por ende, afecta al resto del mundo.

De ahí la célebre frase de Deng Xiaoping, el pragmático líder chino, “No importa si el gato es blanco o negro, con tal que cace ratones” que tanto le gusta a Felipe González. China es una potencia económica, pero su sistema político es intrínsecamente inestable.

Durante esta época hubo considerables avances en establecer democracias (por ejemplo, en 16 países de América Latina) y en crear economías de mercado libre. La teoría era que más democracias y más mercados libres iban a crear un círculo virtuoso para todos.

Con el colapso de la Unión Soviética en 1991, llegó para los Estados Unidos su momento más dulce, su “momento unipolar” y la publicación del libro de Francis Fukuyama, el politólogo estadounidense, “El Fin de la Historia y el último hombre” en el que defiende que la Historia humana como lucha entre ideologías ha concluido. Los mantras de los países mas desarrollados en este época de “fundamentalismo del mercado” en palabras del premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, fueron la desregulación, el libre comercio, la eliminación de controles de cambio y la inversión directa transfronteriza y, bajo la presidencia de George W. Bush, la exportación de la democracia por la fuerza.

Con Alan Greenspan al timón de la Reserva Federal, el volumen de derivados OTC (fuera del ámbito de los mercados organizados) aumentó entre 1987 y 2007 de 866 millones de dólares a 454 billones de dólares. El sagaz George Soros los llamó “armas financieras de destrucción masiva.”

Este mundo irracional y exuberante terminó con la más profunda crisis económica desde la Gran Depresión, de la que aún no hemos salido.

Como los protagonistas en el poema de Auden, hoy todos los países, salvo los estados fracasados, están buscando su sitio en un mundo globalizado donde no todos van a ganar, o esto es lo que parece.

A pesar de ser un libro aparentemente pesimista, Rachman es optimista. Más que nada es un escritor sensato. Esta no es la primera vez en la historia del mundo, nos recuerda, en la que hay tantas nubes negras en el horizonte y tanta inseguridad (también en los campos energéticos y alimenticios).

Ve las semillas de una posible forma del gobierno mundial, o al menos más cooperación internacional, en el Grupo de los 20 países industrializados y emergentes, en el cual España ha logrado colarse, aunque no como miembro. Las Naciones Unidas hoy no es una organización efectiva: Muammar Gaddafi, el dictador de Libia, la compara con Speakers’ Corner (el “Rincón del Orador”) en Hyde Park, Londres, porque todo el mundo puede hablar pero nadie escucha. Él lo sabe bien: le gusta despotricar.

Espero que los líderes mundiales hagan caso del consejo de Rachman de “mantenerse tranquilos.”
http://www.elimparcial.es/economia/un-mundo-en-donde-no-todos-van-a-ganar-73557.html

Restaurando a Arturo Barea

En la víspera del día de Todos los Santos, cuando es costumbre realizar una visita a donde yacen los seres queridos, estoy pensando en Arturo Barea (1897-1957), el gran y olvidado autor de La forja de un rebelde, una magnifica trilogía que narra la infancia del autor en el Madrid de principios del siglo XX, sus primeros pinitos literarios y experiencias en la Guerra de Marruecos, y la Guerra Civil española. No es que Barea sea pariente mío, pero se acaba de limpiar y restaurar su muy deteriorada lápida en Faringdon, un pueblo del condado de Oxford, donde murió después de vivir 18 años exiliado en Inglaterra. Nadie, sin embargo, la visitará este lunes.

En mi columna del 28 del agosto escribí que había encontrado su lápida en mi cuarto intento, y terminé diciendo que “la embajada de España en Londres no ha mostrado ningún interés en restaurar la lápida.” Estas palabras molestaron a Carles Casajuana, el embajador, que se puso en contacto conmigo. La palabra “desinteresado” fue interpretada como si la embajada hubiera rechazado una petición para restaurar la lápida, cosa que no ocurrió y que no era mi intención decir. Yo suponía que la embajada conocía la existencia de la lápida, pero tampoco esto era cierto. Así que es el momento de pedir disculpas públicamente.

Al comentar el lamentable estado de la lápida con Antonio Muñoz Molina, amigo y también admirador de Barea (Ignacio Abel, el protagonista, de su última novela La noche de los tiempos es un prototipo de aquella generación de ilustrados y reformistas con un toque de Arturo Barea y de otras), nos pusimos de acuerdo para escribir sobre Barea el mismo día (él en su artículo de cada sábado en El País) y sufragar el coste de la restauración. Luego, decidimos que seria bonito involucrar a más gente en una modesta iniciativa cívica, algo que Antonio, en particular, ha aprendido a admirar en Estados Unidos. Yo me puse en contacto con alguien en Oxford parta pedir un presupuesto y el coste de 352 libras esterlinas (397 euros) de la restauración fue dividido entre varias personas británicas, americanas y españolas, incluyendo, y no sigo un orden en particular, Paul Preston; Gabriel Jackson; Javier Marías; Elvira Lindo; Santos Juliá; Michael Eaude (biógrafo de Barea); Nigel Townson (editor de la edición en tres volúmenes de las obras de Barea, publicadas por Debate); Edwin Williamson (titular de la Cátedra Alfonso XIII de Estudios Hispánicos en la Universidad de Oxford, cuyo primer titular fue Salvador de Madariaga, otro exiliado) y Jeremy Treglown (ex editor del Times Literary Supplement).

Los padres austriacos de Ilse, la mujer de Barea, refugiados judíos que escaparon de la persecución nazi, están enterrados al lado de la lápida. La cenizas de Barea fueron esparcidas en el jardín de su casa en una aldea a las afueras de Faringdon en la finca del aristócrata Lord Faringdon quien apoyo activamente la causa de la República española y en 1936 trabajó en un hospital de campaña en el frente de Aragón durante la Guerra Civil.

La lápida fue puesta por Olive Renier tras la muerte de Ilse en Viena en 1972. Renier conoció a Barea e Ilse cuando trabajaron los tres para la BBC en 1940. “Yo erigí la lápida, pero fui incapaz de encontrar palabras que expresaran mis sentimientos por aquellas cuatro personas, cuya causa (aunque ellos decían encontrarse entre los afortunados), era el símbolo de las enormes causas perdidas de nuestra generación —la causa de España, la de los judíos, la de la social democracia en Alemania, en Italia, en fin, en toda Europa”, escribió Renier.

Nuestro proyecto ha tenido cierto eco, y no solo en la embajada. Una inglesa, Alison Lever, profesora en el pueblo de Lagartera, se puso en contacto con Antonio para ofrecerle la máquina de escribir de Barea que ella recibió de una de las hijas de un amigo ingles de Barea, junto con una necrología sobre Barea que fue publicado en The Times. Alison trajo la maquina a España en los años 90 y ahora la magnífica Underwood está en un sitio de honor en la casa de Antonio. Las maquinas inglesas no tienen acentos, así que Barea tenía que ponerlos a mano.

Otro resultado de esta empresa ha sido el ciclo de conferencias que se celebrará el próximo enero en el Instituto Cervantes de Londres sobre el exilio español en Inglaterra y que yo voy a inaugurar con una conferencia sobre Barea, aunque me considero más un entusiasta que un experto sobre sus obras.

Otro gran escritor español y exiliado en Inglaterra fue Manuel Chaves Nogales, quien murió en Londres en 1944, con solo 46 años de edad. Elena Soto, cuyo abuelo Antonio Soto Angulo era un amigo íntimo de Chaves y que estuvo con él cuando murió, me informo de las circunstancias de su entierro, citando una emotiva carta de su abuelo al hermano de Chaves. “Luego se nos presentó la duda de lo que debíamos hacer respecto al entierro. Como usted sabe, él no era nada religioso, pero nosotros sabíamos que tanto usted como su madre son católicos y como estas cosas se hacen mas por los familiares, Miss Kaye, la secretaria de Manuel, y yo decidimos hacer el funeral en la Spanish Church de Londres y fue enterrado en el cementerio de Fulham, sección católica. Asistieron al funeral todos los republicanos, sin ninguna distinción de ideas. También estuvieron los Embajadores de todas las repúblicas iberoamericanas. La misa la dijo el Canónigo de la catedral de Valladolid D. Alberto de Onaindia exiliado también como nosotros.” Chaves está enterrado en el cementerio de East Sheen (en el número 19 en la sección CR) y, a diferencia de Barea, no hay nada que indique que allí reposan sus restos.

El 4 de diciembre un pequeño grupo de admiradores de Barea visitaremos la lápida en Faringdon donde tendremos la oportunidad de honrar su memoria como si fuera el día de Todos los Santos.
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Armenia y Turquía: vecinos lejanos

Muchos armenios se levantaron por la mañana y la primera cosa que hacen es ver con melancolía el monte Ararat, localizado en territorio histórico de Armenia en Turquía, a unos 30 Km. al sur de su país. En un día claro y desde Yerevan, el capital del hoy pequeño Armenia (población de 3,3 millones), Ararat, identificado en el Libro de Génesis como el lugar en el que se posó el Arca de Noé, emerge magníficamente con su pico cubierto de nieve. Los armenios están acostumbrados a ver el monte desde lejos porque la frontera con Turquía esta cerrada desde 1993.

Turquía y Armenia, con el apoyo de los Estados Unidos y Rusia, firmaron hace un año en Zurich protocolos para normalizar sus relaciones y poner fin a uno de los más espinosos disputas no resueltas desde el colapso de la Unión Soviética. Turquía, un gigante país musulmán con una población de más de 75 millones y candidato a ser miembro de la Unión Europea, cerro su frontera con Armenia, un país cristiano, en apoyo a su aliado Azerbaijan que estaba enfrentado con Armenia sobre el enclave de Nagorno-Karabaj (unos 30.000 murieron en la guerra). Desde entonces, los parlamentos de dos países no han logrado ningún avance en ratificar los protocolos, paso esencial para establecer relaciones diplomáticos. Serzh Sarkisian, el Presidente de Armenia, congelo en abril el proceso de ratificación de los protocolos.

Por un lado, Ankara insiste en la retirada de tropas armenios de áreas de Azerbaijan cercanas a Nagorno-Karabaj y una resolución del conflicto, mientras la diáspora armenio (armenios que viven fuera de Armenia y Nagorno-Karabaj y influyentes en países como Estados Unidos y Francia) estimado en unos 8 millones de personas (más del doble de la población de Armenia) exige una disculpa por Ankara de la masacre entre 1915 y 1917 de 1,5 millón de armenios, cometido durante la Primera Guerra Mundial y en plena desintegración del Imperio Otomano. La diáspora es más exigente sobre el tema de la matanza que la población en Armenia.

Turquía niega tajantemente que aquello haya sido un genocidio, a diferencia del Parlamento Europeo, los parlamentos de 14 países y el Vaticano, que han condenado la masacre, y Barack Obama cuando era un senador. En abril Obama evitó mencionar la palabra “genocidio” en el aniversario del masacre para no herir sensibilidades en Turquía. Ankara mantiene que entre 300.000 y 500.000 armenios, y al menos otros tantos turcos, murieron en un conflicto civil cuando los armenios tomaron las armas en el este de Anatolia para apoyar a las tropas invasoras rusas, durante la Primera Guerra Mundial.

Armenia es un tema vivo en mi casa porque mi mujer es un cuarta parte armenia (por el lado de su abuela cuya familia emigro desde Tokat, en Turquía, a Egipto al finales del siglo X1X cuando empezo la matanza de armenios). Hace poco realizamos un sueño de irnos a Armenia, siendo Sonia la primera miembro de su familia de visitar el país en muchas generaciones.

Armenia fue el primer país del ex Unión Soviética de independizarse (en 1991) y, menos conocido, se destacó como la primera nación en adoptar el cristianismo como religión oficial en los primeros años del siglo IV. Nunca hemos visto tantas iglesias y monasterios, muchos de los cuales han sido o esta siendo restauradas como Tatev, encima del valle profundo del río Vorotan. Llama la atención que el cristianismo en Armenia sobrevivió 70 años de comunismo y hoy es muy fuerte. Yerevan tiene una nueva y enorme catedral desde 2001.

Una visita al monumento al genocidio y al museo al lado es obligatoria para los armenios, sean armenios puros o no. Dado que no me considero en lo más mínimo un experto sobre el tema del genocidio, aunque escribo de vez en cuando sobre Turquía (y apoyo activamente su ingreso en la Unión Europea si cumple con todas las condiciones, cosa aún muy lejos hoy), siempre he sido muy cuidadoso en este asunto. Pero después de ver la documentación en el museo y los fotos de muertos y de niños y mujeres hambrientos, me inclino más en usar la palabra genocidio en vez de masacre o matanza.

La provincia de Sivas, colindante con Tokat, fue uno de los más castigados. Según las cifras en el museo, el número de armenios viviendo en Sivas bajo de 225.000 en 1914 a 16.800 en 1922 — 208.200 personas murieron o fueron deportados. Otro panel cuenta que en 1914 había 2.549 iglesias en Armenia Oriente (en el Imperio Otomano, hoy en Turquía) y en 1974, según cifras del UNESCO, de los 913 aún intactas después de 1923 (cuando la República de Turquía fue fundado) 464 habían sido destruidos por completo, 252 quedaron en ruinas y 197 necesitaban reparación.

Turquía permitió el mes pasado la celebración en su territorio de la primera misa armenia en 95 años en la iglesia de la Santa Cruz, santuario que durante siete siglos fue una de las cuatro sedes de la Iglesia Apostólica Armenia. Pero la prohibición del Gobierno turco de colocar para la ocasión una cruz en el techo de la iglesia, alegando razones técnicas aunque la iglesia lleva tres años de restauración, causó indignación entre fieles, muchos de los cuales boicotearon el acto. Solo asistieron al acto alrededor de un millar de fieles. Encima Ankara negó abrir la frontera para dejar pasar más personas.

La misa fue presentada por el Gobierno como un signo de la creciente apertura religiosa, pero la apertura a la oración en la iglesia solo podrá realizarse una vez al año, algo que sueña más de un truco publicitario que la sostenida tolerancia de otros fes pedido por la Unión Europea.

A diferencia del Holocausto, el “genocidio” de armenios no ha tenido su juicio de Nuremberg. Han pasado ya casi un siglo y no parece que Turquía esta dispuesto disculparse o reconocer culpabilidad, a diferencia de Alemania por el Holocausto. Un factor importante es el temor de Ankara que una disculpa abrió la puerta a masivas reparaciones para armenios que perdieron sus propiedades y bienes.

Para los armenios el “genocidio” no es historia. Es algo aún muy presente. ¡Que una comisión de historiadores de los dos países estudian el tema del “genocidio” y se ponen en acuerdo!

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¿Es España diferente?

El eslogan turístico de los años 60 Spain is different tuvo mucho éxito en atraer extranjeros a España pero al coste de imprimir en la mente de muchas personas, dentro y fuera del país, la idea extendida de la excepcionalidad española basada en una inestabilidad política crónica, un retraso económico y tecnológico y la pérdida del Imperio (el Desastre de 1898), en otras palabras, de un sentimiento de inferioridad.

La larga dictadura de Franco (1939-75) confirmó el estigma de la excepcionalidad. Como bien escribe Nigel Townson en la entradilla al muy reciente libro que ha dirigido “¿Es España diferente? Una mirada comparativa (siglos XIX y XX)”, publicado por Taurus, “el contraste entre la Europa occidental de posguerra, con su libertad política y prosperidad económica sin precedentes, y la sombría y miserable España de Franco no podía ser mayor.”

El libro de Townson y otros cuatro distinguidos historiadores — José Álvarez Junco, María Cruz Romeo Mateo, Edward Malefakis y Pamela Radcliff — tiene la gran virtud en destacar rigurosamente, con un enfoque comparado, las diferencias y similitudes entre España y los países de su entorno en varios campos — la construcción nacional, las guerras civiles del siglo XIX (¿una ruta excepcional hacia la modernización?), anticlericalismo y secularización, la II República española (¿un régimen diferente?), la dictadura de Franco y termina con la transición española. Un largo informe de la revista The Economist sobre el país en 1999 afirmaba que España podía considerarse finalmente un país europeo bastante normal (a fairly normal European country) y por ende aburrido.

En otras palabras, España había dejado de ser “diferente” si es que realmente lo era (algo particularmente fomentado por los llamados “curiosos impertinentes” como George Borrow y Ernest Hemingway). Como dijo Alfonso Guerra, “a España no la va a conocer ni la madre que la parió”, algo que yo puedo comprobar (llegué a España por primera vez en 1974).

No hay una única ruta para modernizar un país, como tampoco hay un acuerdo común sobre en qué consiste el tipo ideal de la modernización. El desarrollo de las sociedades es un proceso enormemente complejo, producto de muchos factores, y el camino de España hacia la modernización no ha sido tan excepcional como muchos piensan, particularmente en el campo económico. Uno de los factores detrás de la llamada excepcionalidad española es que las comparaciones con otros países están muchas veces basadas en una idea errónea o en la ignorancia de estos países.

Para Álvarez Junco el país en el que parecen encontrase rasgos comparables a los españoles en el proceso de formar una nación es el Reino Unido donde también hubo una unidad política que fue producto de una previa unión de reinos y que se mantuvo, en buena medida, alrededor de un imperio, mientras la actual España de las autonomías no se distancia mucho de la Alemania de los Länder, aunque el término “federalismo” siga siendo tabú en España, y también se podrían hallar similitudes con la organización regional italiana.

El anticlericalismo, en cambio, ha sido mucho más radical en la España en el siglo XX que en otros países europeos, en parte debido a lo limitado de la secularización lograda durante el siglo anterior. Se tiende a olvidar que más que promover la tolerancia religiosa y la igualdad entre confesiones, la Constitución “liberal” de 1812 no reconocía la libertad de culto. Las Cortes de Cádiz establecieron que la única religión en España “es y será perpetuamente la católica, apostólica, romana, única verdadera.” En mi país, Inglaterra, por ejemplo, los disidentes protestantes habían obtenido la libertad de culto en la Gloriosa Revolución de 1688-1689.

Esto explica, en parte, porqué se pusieron en marcha reformas anticlericales en la II República (1931-39) de forma mucho más urgente que en la III República de Francia (1870-1940). Otra razón fue la identificación tradicional entre catolicismo y Antiguo Régimen. La “justicia revolucionaria”, cuenta Townson, perpetró la más dura violencia anticlerical registrada en la Europa contemporánea: 6.832 miembros del clero murieron a manos de los revolucionarios (un número que significaba el 13 por ciento de los sacerdotes diocesanos y el 23 por ciento de los varones religiosos).

Para Malefakis la República, al abordar de forma simultánea casi todos los problemas importantes, “suscitó expectativas que luego no pudo satisfacer, aumentado así, de forma innecesaria, las filas de sus desafectos”. La República española fracasó, pero no fue la única —también lo hicieron trece de las catorce repúblicas establecidas en Europa entre 1910 y 1931.

Hace bien Malefakis en llamar “profundamente equivocados” quienes hoy abogan por el establecimiento de una III República porque creen ingenuamente que la II República “rozó la perfección en casi todos los aspectos, y que su caída se debió exclusivamente al levantamiento de la fuerzas militares.” Tuvo, sin embargo, muchos aspectos diferenciales positivos. Por ejemplo, de entre todas las nuevas repúblicas de Europa — a excepción de la de Weimar —, solo la española incluyó el sufragio femenino dentro de su concepción democrática.

Por último, el régimen de Franco estaba lejos de ser excepcional en el contexto de la Europa meridional, y mientras su convergencia política con Europa occidental fue considerablemente menor que la económica, social o cultural, en determinados aspectos la distancia disminuyó de forma perceptible.

Queda comprobado que España no ha sido tan diferente como se piensa, y me alegro que Sussex Academic Press va a publicar una edición ampliada en ingles del libro en 2011, y, así, contribuir, a desinflar el mito de la España “diferente.”

Hoy, sin embargo, el país tiene algunos aspectos que sí lo hace distinto al resto. No hay lugar para mencionar todos. Me quedo con dos. ¿Hay algún otro país europeo que haya generado tanta riqueza en 30 años y cuyo sistema de educación se haya deteriorado tanto, con casi uno de cada tres individuos de entre 18 y 24 años que tienen como máximo la educación obligatoria y no siguen en formación? Y España es el único país europeo que conozco donde, según las encuestas, tanto el Presidente del Gobierno y el líder del principal partido de la oposición inspiran tan poca confianza.
http://www.elimparcial.es/sociedad/es-espana-diferente-72393.html