Armenia y Turquía: vecinos lejanos

Muchos armenios se levantaron por la mañana y la primera cosa que hacen es ver con melancolía el monte Ararat, localizado en territorio histórico de Armenia en Turquía, a unos 30 Km. al sur de su país. En un día claro y desde Yerevan, el capital del hoy pequeño Armenia (población de 3,3 millones), Ararat, identificado en el Libro de Génesis como el lugar en el que se posó el Arca de Noé, emerge magníficamente con su pico cubierto de nieve. Los armenios están acostumbrados a ver el monte desde lejos porque la frontera con Turquía esta cerrada desde 1993.

Turquía y Armenia, con el apoyo de los Estados Unidos y Rusia, firmaron hace un año en Zurich protocolos para normalizar sus relaciones y poner fin a uno de los más espinosos disputas no resueltas desde el colapso de la Unión Soviética. Turquía, un gigante país musulmán con una población de más de 75 millones y candidato a ser miembro de la Unión Europea, cerro su frontera con Armenia, un país cristiano, en apoyo a su aliado Azerbaijan que estaba enfrentado con Armenia sobre el enclave de Nagorno-Karabaj (unos 30.000 murieron en la guerra). Desde entonces, los parlamentos de dos países no han logrado ningún avance en ratificar los protocolos, paso esencial para establecer relaciones diplomáticos. Serzh Sarkisian, el Presidente de Armenia, congelo en abril el proceso de ratificación de los protocolos.

Por un lado, Ankara insiste en la retirada de tropas armenios de áreas de Azerbaijan cercanas a Nagorno-Karabaj y una resolución del conflicto, mientras la diáspora armenio (armenios que viven fuera de Armenia y Nagorno-Karabaj y influyentes en países como Estados Unidos y Francia) estimado en unos 8 millones de personas (más del doble de la población de Armenia) exige una disculpa por Ankara de la masacre entre 1915 y 1917 de 1,5 millón de armenios, cometido durante la Primera Guerra Mundial y en plena desintegración del Imperio Otomano. La diáspora es más exigente sobre el tema de la matanza que la población en Armenia.

Turquía niega tajantemente que aquello haya sido un genocidio, a diferencia del Parlamento Europeo, los parlamentos de 14 países y el Vaticano, que han condenado la masacre, y Barack Obama cuando era un senador. En abril Obama evitó mencionar la palabra “genocidio” en el aniversario del masacre para no herir sensibilidades en Turquía. Ankara mantiene que entre 300.000 y 500.000 armenios, y al menos otros tantos turcos, murieron en un conflicto civil cuando los armenios tomaron las armas en el este de Anatolia para apoyar a las tropas invasoras rusas, durante la Primera Guerra Mundial.

Armenia es un tema vivo en mi casa porque mi mujer es un cuarta parte armenia (por el lado de su abuela cuya familia emigro desde Tokat, en Turquía, a Egipto al finales del siglo X1X cuando empezo la matanza de armenios). Hace poco realizamos un sueño de irnos a Armenia, siendo Sonia la primera miembro de su familia de visitar el país en muchas generaciones.

Armenia fue el primer país del ex Unión Soviética de independizarse (en 1991) y, menos conocido, se destacó como la primera nación en adoptar el cristianismo como religión oficial en los primeros años del siglo IV. Nunca hemos visto tantas iglesias y monasterios, muchos de los cuales han sido o esta siendo restauradas como Tatev, encima del valle profundo del río Vorotan. Llama la atención que el cristianismo en Armenia sobrevivió 70 años de comunismo y hoy es muy fuerte. Yerevan tiene una nueva y enorme catedral desde 2001.

Una visita al monumento al genocidio y al museo al lado es obligatoria para los armenios, sean armenios puros o no. Dado que no me considero en lo más mínimo un experto sobre el tema del genocidio, aunque escribo de vez en cuando sobre Turquía (y apoyo activamente su ingreso en la Unión Europea si cumple con todas las condiciones, cosa aún muy lejos hoy), siempre he sido muy cuidadoso en este asunto. Pero después de ver la documentación en el museo y los fotos de muertos y de niños y mujeres hambrientos, me inclino más en usar la palabra genocidio en vez de masacre o matanza.

La provincia de Sivas, colindante con Tokat, fue uno de los más castigados. Según las cifras en el museo, el número de armenios viviendo en Sivas bajo de 225.000 en 1914 a 16.800 en 1922 — 208.200 personas murieron o fueron deportados. Otro panel cuenta que en 1914 había 2.549 iglesias en Armenia Oriente (en el Imperio Otomano, hoy en Turquía) y en 1974, según cifras del UNESCO, de los 913 aún intactas después de 1923 (cuando la República de Turquía fue fundado) 464 habían sido destruidos por completo, 252 quedaron en ruinas y 197 necesitaban reparación.

Turquía permitió el mes pasado la celebración en su territorio de la primera misa armenia en 95 años en la iglesia de la Santa Cruz, santuario que durante siete siglos fue una de las cuatro sedes de la Iglesia Apostólica Armenia. Pero la prohibición del Gobierno turco de colocar para la ocasión una cruz en el techo de la iglesia, alegando razones técnicas aunque la iglesia lleva tres años de restauración, causó indignación entre fieles, muchos de los cuales boicotearon el acto. Solo asistieron al acto alrededor de un millar de fieles. Encima Ankara negó abrir la frontera para dejar pasar más personas.

La misa fue presentada por el Gobierno como un signo de la creciente apertura religiosa, pero la apertura a la oración en la iglesia solo podrá realizarse una vez al año, algo que sueña más de un truco publicitario que la sostenida tolerancia de otros fes pedido por la Unión Europea.

A diferencia del Holocausto, el “genocidio” de armenios no ha tenido su juicio de Nuremberg. Han pasado ya casi un siglo y no parece que Turquía esta dispuesto disculparse o reconocer culpabilidad, a diferencia de Alemania por el Holocausto. Un factor importante es el temor de Ankara que una disculpa abrió la puerta a masivas reparaciones para armenios que perdieron sus propiedades y bienes.

Para los armenios el “genocidio” no es historia. Es algo aún muy presente. ¡Que una comisión de historiadores de los dos países estudian el tema del “genocidio” y se ponen en acuerdo!

http://www.elimparcial.es/mundo/armenia-y-turquia-vecinos-lejanos-72787.html

¿Es España diferente?

El eslogan turístico de los años 60 Spain is different tuvo mucho éxito en atraer extranjeros a España pero al coste de imprimir en la mente de muchas personas, dentro y fuera del país, la idea extendida de la excepcionalidad española basada en una inestabilidad política crónica, un retraso económico y tecnológico y la pérdida del Imperio (el Desastre de 1898), en otras palabras, de un sentimiento de inferioridad.

La larga dictadura de Franco (1939-75) confirmó el estigma de la excepcionalidad. Como bien escribe Nigel Townson en la entradilla al muy reciente libro que ha dirigido “¿Es España diferente? Una mirada comparativa (siglos XIX y XX)”, publicado por Taurus, “el contraste entre la Europa occidental de posguerra, con su libertad política y prosperidad económica sin precedentes, y la sombría y miserable España de Franco no podía ser mayor.”

El libro de Townson y otros cuatro distinguidos historiadores — José Álvarez Junco, María Cruz Romeo Mateo, Edward Malefakis y Pamela Radcliff — tiene la gran virtud en destacar rigurosamente, con un enfoque comparado, las diferencias y similitudes entre España y los países de su entorno en varios campos — la construcción nacional, las guerras civiles del siglo XIX (¿una ruta excepcional hacia la modernización?), anticlericalismo y secularización, la II República española (¿un régimen diferente?), la dictadura de Franco y termina con la transición española. Un largo informe de la revista The Economist sobre el país en 1999 afirmaba que España podía considerarse finalmente un país europeo bastante normal (a fairly normal European country) y por ende aburrido.

En otras palabras, España había dejado de ser “diferente” si es que realmente lo era (algo particularmente fomentado por los llamados “curiosos impertinentes” como George Borrow y Ernest Hemingway). Como dijo Alfonso Guerra, “a España no la va a conocer ni la madre que la parió”, algo que yo puedo comprobar (llegué a España por primera vez en 1974).

No hay una única ruta para modernizar un país, como tampoco hay un acuerdo común sobre en qué consiste el tipo ideal de la modernización. El desarrollo de las sociedades es un proceso enormemente complejo, producto de muchos factores, y el camino de España hacia la modernización no ha sido tan excepcional como muchos piensan, particularmente en el campo económico. Uno de los factores detrás de la llamada excepcionalidad española es que las comparaciones con otros países están muchas veces basadas en una idea errónea o en la ignorancia de estos países.

Para Álvarez Junco el país en el que parecen encontrase rasgos comparables a los españoles en el proceso de formar una nación es el Reino Unido donde también hubo una unidad política que fue producto de una previa unión de reinos y que se mantuvo, en buena medida, alrededor de un imperio, mientras la actual España de las autonomías no se distancia mucho de la Alemania de los Länder, aunque el término “federalismo” siga siendo tabú en España, y también se podrían hallar similitudes con la organización regional italiana.

El anticlericalismo, en cambio, ha sido mucho más radical en la España en el siglo XX que en otros países europeos, en parte debido a lo limitado de la secularización lograda durante el siglo anterior. Se tiende a olvidar que más que promover la tolerancia religiosa y la igualdad entre confesiones, la Constitución “liberal” de 1812 no reconocía la libertad de culto. Las Cortes de Cádiz establecieron que la única religión en España “es y será perpetuamente la católica, apostólica, romana, única verdadera.” En mi país, Inglaterra, por ejemplo, los disidentes protestantes habían obtenido la libertad de culto en la Gloriosa Revolución de 1688-1689.

Esto explica, en parte, porqué se pusieron en marcha reformas anticlericales en la II República (1931-39) de forma mucho más urgente que en la III República de Francia (1870-1940). Otra razón fue la identificación tradicional entre catolicismo y Antiguo Régimen. La “justicia revolucionaria”, cuenta Townson, perpetró la más dura violencia anticlerical registrada en la Europa contemporánea: 6.832 miembros del clero murieron a manos de los revolucionarios (un número que significaba el 13 por ciento de los sacerdotes diocesanos y el 23 por ciento de los varones religiosos).

Para Malefakis la República, al abordar de forma simultánea casi todos los problemas importantes, “suscitó expectativas que luego no pudo satisfacer, aumentado así, de forma innecesaria, las filas de sus desafectos”. La República española fracasó, pero no fue la única —también lo hicieron trece de las catorce repúblicas establecidas en Europa entre 1910 y 1931.

Hace bien Malefakis en llamar “profundamente equivocados” quienes hoy abogan por el establecimiento de una III República porque creen ingenuamente que la II República “rozó la perfección en casi todos los aspectos, y que su caída se debió exclusivamente al levantamiento de la fuerzas militares.” Tuvo, sin embargo, muchos aspectos diferenciales positivos. Por ejemplo, de entre todas las nuevas repúblicas de Europa — a excepción de la de Weimar —, solo la española incluyó el sufragio femenino dentro de su concepción democrática.

Por último, el régimen de Franco estaba lejos de ser excepcional en el contexto de la Europa meridional, y mientras su convergencia política con Europa occidental fue considerablemente menor que la económica, social o cultural, en determinados aspectos la distancia disminuyó de forma perceptible.

Queda comprobado que España no ha sido tan diferente como se piensa, y me alegro que Sussex Academic Press va a publicar una edición ampliada en ingles del libro en 2011, y, así, contribuir, a desinflar el mito de la España “diferente.”

Hoy, sin embargo, el país tiene algunos aspectos que sí lo hace distinto al resto. No hay lugar para mencionar todos. Me quedo con dos. ¿Hay algún otro país europeo que haya generado tanta riqueza en 30 años y cuyo sistema de educación se haya deteriorado tanto, con casi uno de cada tres individuos de entre 18 y 24 años que tienen como máximo la educación obligatoria y no siguen en formación? Y España es el único país europeo que conozco donde, según las encuestas, tanto el Presidente del Gobierno y el líder del principal partido de la oposición inspiran tan poca confianza.
http://www.elimparcial.es/sociedad/es-espana-diferente-72393.html

¿Qué es la felicidad?

La felicidad de uno podría ser la miseria del otro. Un caso sumamente extremo es el de los pilotos de al-Qaeda que estrellaron los aviones contra las torres del World Trade Centre de Nueva York. Es posible, según la filósofa Sissela Bok, que estos terroristas, convencidos de que iban a lograr la felicidad eterna en el paraíso, sintieron poco antes del impacto “una mezcla de dicha, exultación, gloria y poder cegador”. Nunca vamos a saberlo. Lo que sí sabemos es que mataron a unas 3.000 personas y destruyeron las vidas de muchas familias.

En su nuevo libro, The Scope of Happiness (“El Ambito de la Felicidad”), publicado por Yale University Press, Bok explora la naturaleza y el papel de la felicidad, citando a una amplia gama de personas, desde Aristóteles y Séneca hasta Bertrand Russel, Sigmund Freud y Desmond Tutu y las últimas teorías desarrolladas por psicólogos, economistas, genetistas y neurocientíficos. No pretende ser ni mucho menos uno de estos libros simplistas de autoayuda (Self-Help books). De hecho, Bok reconoce que en el terreno muy complejo de la felicidad hay muchas y muy diferentes rutas.

No hay una receta única para alcanzar la felicidad y este estado suele durar poco tiempo y no toda una vida. Gente muy religiosa, y no me refiero aquí a los fanáticos fundamentalistas de todo tipo, creen que la felicidad sólo se alcanza en la vida de ultratumba y no durante la vida terrenal. Y declaro aquí mi propia posición, haciendo mías las palabras de Isaiah Berlin: “En lo que respecta al significado de la vida, no creo que ésta tenga ninguno. No pregunto en absoluto cuál es, pero sospecho que no existe y eso es precisamente una gran fuente de alivio para mi. Hacemos de la vida lo que podemos y eso es todo lo que hay. Aquellos que buscan una respuesta que lo abarque todo o a Dios, están, creedme, patéticamente equivocados”. No hace falta ser religioso para ser feliz.

En el preámbulo de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de 1776, se reconocen el derecho a “la Vida, la Libertad y a la Felicidad” (los elementos centrales del sueño americano que hoy se parece más a una pesadilla), mientras que la Revolución Francesa proclamó “la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad.”

Pero, ¿en qué consiste la felicidad? La única certeza es que el dinero no la compra. Un pobre en una sociedad terrible podría ser tan feliz como un rico en una democracia. Dicho esto, no hay duda de que los que vivimos en una democracia con ingresos y estándares de bienestar más altos tenemos más posibilidades de alcanzar la felicidad que el resto.

Aristóteles sostenía que sólo se puede evaluar la felicidad de una persona cuando su vida ha terminado, dado que muchas personas aparentemente felices pueden sufrir desgracias en la última parte de su vida. Tomamos el caso de Bernard Madoff de 72 años, sentenciado en 2009 a 150 años en prisión por un fraude que alcanzó los 50.000 millones de dólares. Como escribe Bok, Madoff “más anciano que Príamo, más rico que Craso, ampliamente admirado por su sagacidad y filantropía, había dado siempre la impresión, hasta entonces, de llevar la más feliz de las vidas”

Los ateos Freud y Russell tenían ideas diametralmente opuestas sobre la felicidad. Mientras para el primero “ser feliz no estaba incluido en los planes de la “Creación”, Russell creía que “mucha gente infeliz podría llegar a ser feliz por el esfuerzo bien dirigido.” El pesimista Freud escribió esta línea en su celebre libro “La civilización y sus descontentos” (1930) durante el auge del Nazismo. Russell, autor de “La conquista de la felicidad” (también publicada en 1930) creía en el amor libre y el matrimonio abierto, pero las relaciones extramaritales tanto de él como de su esposa terminaron en un divorcio, cosa no muy feliz.

Para el médico y filósofo francés Julien Offray de La Mettrie (1709-1751) la felicidad venía del placer: “la obscenidad y la infamia están ahí como una gloriosa asignación —cayendo en ella, como hacen los cerdos y uno será feliz por sus maneras”. Un embajador estaba tan agradecido a La Mettrie por haberle curado de una enfermedad que dio un banquete para celebrar su recuperación. Aparentemente La Mettrie quiso hacer gala de su resistente salud devorando una gran cantidad de paté de trufas. Como resultado, desarrolló una fiebre que intentó curar con una sangría prescrita por el mismo, que terminó con su vida.

Hay una tendencia creciente entre científicos sociales de medir la felicidad, incorporando elementos no monetarios. América Latina es uno de las zonas más pobres del mundo, pero ocho de sus países figuran entre los primeros diez en el Happy Planet Index (Indice del Planeta Feliz), desarrollado por la organización británica New Economics Foundation. Mi país, el Reino Unido, está en el puesto 74, España en el 76 y en el último renglón Zimbabwe. El primer país desarrollado en el Índice es Holanda en el puesto 43. En suma, la felicidad esta llena de sorpresas.
http://www.elimparcial.es/sociedad/que-es-la-felicidad-72050.html

Simon Wiesenthal: cazador de Nazis

Hay personas que dedicaron toda su vida a una causa, pero pocos con tanta determinación como que Simon Wiesenthal quien, con 37 años y poco después de ser liberado de Mauthausen, el campo de concentración en Austria, en mayo de 1945 y pesando menos de 45kg, abrió su primer archivo en contra de criminales de guerra Nazis. Cuando murió en 2005 sus investigaciones habían conducido a la detención de centenares de personas, el más conocido de los cuales, Adolf Eichmann, fue responsable directo de la solución final, principalmente en Polonia, y de los transportes de deportados a los campos de concentración.

Wiesenthal participo en un intento sin éxito de detener a Eichmann en Austria en 1949. Luego descubrió en 1953 que Eichmann estaba viviendo en Buenos Aires, pero no fue detenido hasta 1960 cuando agentes del Mossad, el servicio secreto de Israel, lo llevaron secretamente a Jerusalén donde fue enjuiciado y ahorcado.

Entre los 85.000 prisioneros de Mauthausen había unos 7.000 españoles, perdedores derrotados en la Guerra Civil que luego lucharon contra el régimen de Hitler, de los que dos tercios de los cuales murieron en el campo. Una de los fotos en el meticulosamente investigado libro de Tom Segev, Simon Wiesenthal: The Life and Legends (Simón Wiesenthal: La Vida y Leyendas), publicado por Jonathan Cape, muestra a los prisioneros de Mauthausen saludando a la 11ª División Acorazada de los EE UU por en su liberación bajo una enorme pancarta escrita en español (“Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas liberadoras”)

El libro de Segev, un historiador y periodista israelí, está basado en el archivo privado de Wiesenthal y los archivos desclasificados de los servicios secretos de Israel, Polonia y Alemania. Revela, por ejemplo, que Wiesenthal trabajaba para el Mossad y que, aparte de localizar a criminales Nazis, suministró información sobre las actividades de antiguos Nazis en países árabes, en particular Egipto donde algunos científicos ayudaron a fabricar misiles y armas químicas. El coronel austríaco Otto Skorzeny de la Waffen-SS, famoso por haber rescatado al dictador italiano Benito Mussolini y que escapó de un campo de desnazificación a España en julio de 1948 (murió en Madrid en 1975), también trabajaba para el Mossad en lo relevante a Egipto. Skorzeny puso una condición para colaborar con el Mossad — que Wiesenthal quitase su nombre de su lista de criminales nazis, pero éste se negó hacerlo. Fue una de las decisiones más difíciles de su vida — o cooperar con las necesidades de seguridad de Israel, con las que se identificó profundamente, o seguir su compromiso con la justicia. A pesar de la decisión de Wiesenthal, Skorzeny decidió trabajar para el Mossad.

Durante la Guerra Fría el servicio secreto polaco intento sin éxito captar a Wiesenthal como agente comunista, pero él odiaba todo tipo de ideología totalitaria.

Tal vez por su experiencia en Mauthausen y el sentido de culpabilidad que tenia por haber sobrevivido (algo que le pasó a muchos supervivientes del Holocausto), Wiesenthal fue una persona muy compleja y egocéntrica. Le gustaba acaparar la atención de todo el mundo. Era tan conocido, y odiado por algunos, que un día una carta del extranjero fue entregada a su casa en Viena dirigida sin más a “The Jew Pig, Austria” (El Cerdo Judío, Austria). Su defensa de Kurt Waldheim, antiguo Secretario General de las Naciones Unidas y presidente de Austria, acusado de complicidad en crímenes de guerra, le costó (costó aquí significa que lo perdió por culpa de ayudar a Waldheim. Si, en cambio, lo obtuvo por ello, entonces sería valió) el premio Nobel de la Paz. Un comité internacional de historiadores examinó la vida de Waldheim entre 1938 y 1945, cuando sirvió como oficial del ejército alemán, y no encontró evidencia que permitiese involucrarlo con crímenes de guerra, pero su informe final advertía que Waldheim debía conocer más de lo que estaba dispuesto a admitir.

Wiesenthal pudo haber vivido en Estados Unidos o en Israel, pero preferió pasar su vida en Austria sumido en recuerdos que la mayoría de los supervivientes del Holocausto intentaron olvidar. Entre los 300.000 papeles que Segev examinó hay una de un superviviente explicando por qué había dejado de creer en Dios. Según lo describe Segev: “Dios permitió a las tropas de las SS arrancarle un bebé a su madre y usarlo como balón de fútbol. Cuando se convirtió en un girón de carne, se lo echaron a los perros. La madre fue obligada a verlo. Entonces le arrancaron la blusa y le obligaron a que la usara para limpiarles la sangre de sus botas.”
http://www.elimparcial.es/mundo/simon-wiesenthal-cazador-de-nazis-71653.html

Las Nuevas Multinacionales españolas

Tal vez sorprende pero España, junto con Corea del Sur y Taiwán, ha creado el más alto número de multinacionales globales entre los países que en los años 60 no habían desarrollado una base industrial sólida. Hoy las más conocidas de estas empresas, como Santander, Telefónica, Iberdrola,Inditex y Freixenet, son la cara más dinámica de una economía enferma. Pero hay muchas otras — más de 1.800 empresas españolas de todo tipo y tamaño podrían ser consideradas como multinacionales, según el nuevo libro de Mauro Guillén y Esteban García-Canal. Estas empresas han emprendido más de una adquisición en el extranjero, una nueva inversión (greenfield investment) o han establecido una empresa conjunta (joint venture).

The New Multinationals: Spanish Firms in a Global Context (“Las Nuevas Multinacionales: Empresas Españolas en un Contexto Global”), publicado este mes por Cambridge University Press, es una continuación de otro libro pionero y fascinante de Guillén (The Rise of Spanish Multinationals, “El auge de las multinacionales españolas” también publicado por CUP en 2005 y en español en 2006 por la Fundación Rafael del Pino). Mientras que el primer libro relata la creación de las multinacionales más conocidas y sus primeros pasos, su nuevo libro tiene un foco más sectorial (industrias tradicionales, bienes de consumo duraderos, servicios financieros, telecomunicaciones y infraestructura) y más teórico.

Guillén, Catedrático de la Escuela de Negocios de Wharton, Estado Unidos, y García-Canal, Catedrático de Organización de Empresas en la Universidad de Oviedo, hábilmente mezclan teoría y el relato de cómo estas empresas han logrado forjar una presencia internacional.

El stock de la inversión directa española (IDE) al final del 2009 fue de 645,918 millones de dólares, más alto que el de Italia en términos absolutos (578,123 millones) y como porcentaje del PIB (44,2% para España y 27.4% para Italia). En 1990 el stock de la IDE representó solo el 3% del PIB (15.700 millones de dólares). En términos de PIB, solo la pequeña Hong Kong ha logrado tanto avance (del 3% hasta 396%).

Las 35 empresas que forman el índice Ibex, el principal índice de referencia de la Bolsa de Madrid, generaron el 53% de sus ingresos totales fuera de España en la primera mitad de este año (el 24% en 1997). Sin estas inversiones en el exterior, algunas de estas empresas hubieran pasado bastante mal la recensión en España.

Mientras que las multinacionales tradicionales se crearon en las economías más tecnológicamente avanzadas y desarrolladas como los Estados Unidos y el Reino Unido y lograron su máxima expansión global en los años 60 y principios de los 70, gracias también a otras fortalezas como marketing y gestión, las nuevas multinacionales (NMs) han seguido caminos de expansión internacional bien distintos.

Mientras que el ritmo de expansión de las tradicionales fue progresivo, lo de las NMs (o multinacionales emergentes como las llaman algunos) ha sido acelerado (basta ver el caso de España). Las tradicionales se acostumbraron a trabajar en países con sistemas políticos estables y las NMs en entornos inestables (por ejemplo, América Latina y otra vez la experiencia de varias empresas importantes españolas). Sin su positiva experiencia en América Latina, Santander y BBVA, por ejemplo, no hubieran diseñado sus respectivas estrategias de presencia en el Reino Unido y Estados Unidos.

Las nuevas multinacionales han emergido de varias industrias en particular: las NMs coreanas en automóviles y electrónica, las de Taiwán en la manufacturera de componentes, las de Brasil en minería y aviones y las españolas en industrias reguladas y de infraestructura.

“Hace 20 años, nunca hubiera soñado que íbamos a ser el noveno banco más grande del mundo,” dijo Emilio Botín, Presidente del Grupo Santander. Esto lo dijo en 2005, y desde entonces ha crecido aún más. En la primera mitad de este año, el Reino Unido (país en el que Santander entró con fuerza en 2004 con la compra de Abbey) generó más beneficio que la Red Santander en España.
http://www.elimparcial.es/nacional/las-nuevas-multinacionales-espanolas-71270.html

Injusticia electoral

¿Cuál es el sistema electoral más justo y eficaz en una democracia para elegir los parlamentarios y, por ende, un gobierno?. La repuesta es ninguno porque, como explica detalladamente George Szpiro en su nuevo y ameno libro, Numbers Rule: the Vexing Mathematics of Democracy, from Plato to the Present (“Mandan los números: las molestas matemáticas de la Democracia, de platón a la actualidad”, publicado por Princeton University Press) todos los sistemas tienen sus paradojas, faltas de coherencia y manipulaciones. El único sistema que no los tiene es una dictadura. Como dijo Winston Churchill, “la democracia es el menos malo de los sistemas políticos.”

El sistema electoral británico -con circunscripciones de un escaño que se otorgan al candidato más votado aunque no logre la mayoría de los votos- no es ni mucho menos de los más justos, aunque ha cumplido con su misión de producir gobiernos fuertes de un solo partido con mandatos claros. Pero en mayo de este año se ha dado un vuelco a la situación produciéndose la primera coalición (conservadores y liberales-demócratas) desde los años de la Segunda Guerra Mundial (cuando se constituyó un gobierno de concentración nacional).

En 1997, cuando Tony Blair puso fin a 18 años de poder de los conservadores, los laboristas ganaron 418 de los 650 escaños con el 43,2% del voto popular. Este mayo David Cameron puso fin a 13 años de gobierno laboristas con 306 escaños (el 36,1% del voto), quedándose a 20 escaños de la mayoría absoluta. Los liberales necesitaron una media de casi 120.000 votos por escaño en comparación con los 35.000 votos de los conservadores y los 33.350 de los laboristas. El sistema conocido en ingles como first-past-the-post beneficia a los dos grandes partidos (la mayoría de los candidatos en las circunscripciones son elegidos con menos del 50% de los votos). No sorprende que el “precio” de los liberales para formar gobierno con Cameron sea un referéndum en 2011 sobre un nuevo sistema electoral basado más en los resultados de todos los partidos y menos en la mayoría simple de un partido. No es del todo seguro, sin embargo, que mis compatriotas voten a favor de un nuevo sistema.

Hay argumentos en contra del sistema electoral español, aunque es un sistema proporcional (el D’Hondt ). Este método consiste básicamente en ordenar de mayor a menor los votos obtenidos. Luego se van haciendo sucesivas divisiones entre 1 y el número de escaños de cada circunscripción territorial, para ir asignando los escaños de forma proporcional a los votos.

Este sistema cumplió con las necesidades de la transición a la democracia —promover un bipartidismo fuerte y evitar la excesiva atomización de fuerzas políticas en el Parlamento- y ha dado a España gobiernos estables, no sólo los mayoritarios, sino también los minoritarios. Pero, al pasar los años, ha consolidado algunas injusticias.
Por ejemplo, un escaño en las Cortes en las últimas elecciones generales costó a los Socialistas 66.801 votos; al Partido Popular 66.740 votos; a Izquierda Unida 484.973 y a Unión Progreso y Democracia 306.079. Las provincias pequeñas están sobre representadas: en 2008, Soria con un electorado de 78.531 votantes eligió dos miembros del Congreso (uno por cada 39.265 votantes) mientras Madrid con 4,458,540 votantes eligió 35 diputados (uno por cada 127.387 votantes).

Los 306.128 votantes del Partido Nacional Vasco (seis diputados) van a ser más decisivos en la elaboración de los próximos Presupuestos Generales que los 969.946 de Izquierda Unida (dos diputados). Como bien escribió Víctor Morales en una carta publicada en El País , “¿por qué un votante del PNV tiene ahora capacidad de influir en los Presupuestos y yo no?

Szpiro, un matemático y periodista, sigue la historia fascinante de los personajes que inventaron diferentes sistemas electorales distintos. Uno de ellos fue el monje medieval Ramón Llull (c. 1232-1315), más conocido por ser uno de los creadores del catalán literario que por su pensamiento sobre elecciones. Su novel Libre d’Evast e d’Aloma e de Blanquerna tiene un capitulo — En qual manera Natana fu eleta a abadessa — que desarrolla una interesante método electoral.

No hay espacio aquí para explicarlo en detalle. El ejemplo es la elección de abadesas en los conventos. Consiste básicamente en que cada una de las nueve monjas de una lista electoral para ser abadesa compite con cada una de ellas en series de dos y cada victoria acumula puntos. Cada candidata de las nueve tiene que presentarse ocho veces. La ganadora es la monja que consigue más puntos. En este caso el máximo número de puntos es ocho. Llull creía que su sistema representaba la voluntad de Dios, pero es poco práctico para elecciones generales con centenares de candidatos y millones de votantes.

Otras personas estudiadas en el libro de Szpiro son Platón, Plinio el joven, el Marques de Condorcet (quien demostró que la mayoría en el voto en una elección podría tener un resultado que no diera un claro ganador), Thomas Jefferson, Alexander Hamilton y Kenneth Arrow (Premio Nobel de Economía en 1972).

En suma, el sistema electoral perfecto está aún por inventarse. ¡Que los políticos tomen nota!
http://www.elimparcial.es/sociedad/injusticia-electoral-70885.html

Llamando a las cosas por su nombre

Mientras la prensa española llama al grupo “banda terrorista” en sus noticias sobre lo que ETA describe como sus “acciones armadas ofensivas”, los periódicos británicos y americanos huyen de la palabra “terrorista.” El Financial Times llamo a ETA “grupo separatista vasco violento”, The Guardian “grupo separatista vasco armado” y el New York Times “el grupo separatista vasco”. En sus crónicas sobre el alto de fuego, los corresponsales de estos medios serios no usaron la palabra “terrorista” ni una sola vez, aunque sí hablaron de la violencia de ETA en los últimos 42 años y sus asesinatos a más de 800 personas.

Antonio Muñoz Molina, en su siempre interesante diario que publica desde el 2 de julio en su página web, escrito en su prosa transparente y elegante, cargó contra “la noble BBC” por llamar a ETA “organización armada separatista”. “Alguna vez he preguntado a periodistas británicos o americanos qué pensarían ellos si nosotros calificáramos a los terroristas de las Torres Gemelas como miembros de una organización religiosa aerotransportada. La BBC, en los asuntos de terrorismo vasco, siempre ha dado más crédito a los asesinos que a las víctimas, con esa asepsia anglosajona según la cual los españoles somos unos bárbaros de democracia dudosa, y los pistoleros luchadores idealistas en defensa de la patria oprimida.”

Yo no tengo ninguna reticencia en llamar a los miembros de ETA terroristas. España es una democracia y el País Vasco ya tiene un alto grado de auto gobierno. La causa de ETA no tiene la más mínima justificación. Pregunté a los corresponsales en Madrid del Financial Times y de The Guardian, ambos amigos, porqué no usaron la palabra “terrorista”. Victor Mallet del FT me dijo que “terrorista” es una palabra cargada de implicaciones (loaded word). “Algunos gobiernos son terroristas. El problema es que los periodistas en muchos países, incluyendo el Reino Unido (con el Ejército Republicano Irlandés, la IRA) y España (con ETA) suelen llamar a sus separatistas terroristas, pero no hacen lo mismo con los de otros países. Sigo mi formación de periodista en la agencia Reuters. El terrorista para unos es el combatiente por la libertad de otros. Además, hay esperanzas y temores. El título en un periódico — British fear interest rates will rise (Los británicos temen una subida en los tipos de interes) — no es así para los ahorradores quienes esperan que los tipos suban.”

Pero, quien pone una bomba en Hipercor y mata a 27 personas inocentes, ¿puede ser llamado tanto terrorista como combatiente por la libertad?

Giles Tremlett de The Guardian me dice que su periódico no tiene una política en contra de usar la palabra, a diferencia de otros medios. “A veces se llama a ETA terrorista. Pero no creemos que haga falta recitar la palabra terrorista religiosamente cada vez que se menciona a ETA. Nuestros lectores no son estúpidos. Si escribimos que ETA es un grupo separatista vasco armado poniendo bombas y matando gente, no creemos que sea absolutamente necesario usar la palabra terrorista ni asesina, aunque son. Es obvio. Lo mismo para al-Queda.”

Tanto el gobierno de los Estados Unidos y la Unión Europea llaman a ETA un grupo terrorista. ETA, además, está considerado un “grupo terrorista extranjero designado” (designated foreign terrorist organisation) en la lista del Departamento de Estado de Washington pero solo desde 1997 (hubo muchas reticencias), y no está en la categoría menor de “otros grupos terroristas” (other terrorist groups). Esto es importante y no un tema de semántica porque estar en el primer grupo conlleva consecuencias legales para la organización. Por ejemplo, es ilegal dar dinero a ETA. Increíblemente, la Real IRA solo lleva nueve años en este grupo. Después del 11-S, una orden ejecutiva de George W. Bush estableció un nuevo listado, en el cual se incluyó a ETA, con muchas más implicaciones que las aparecidas en la de 1997.

La comunidad internacional no ha logrado formular un acuerdo con fuerza legal sobre el concepto y la definición ajustada de terrorismo porque el término está cargado políticamente y emocionalmente.

José María Aznar se mostró particularmente irritado por la ausencia de la palabra “terrorista” en el muy influyente seminario The Economist. Un día, durante su gobierno, invito a un periodista afincado en Londres a almorzar en La Moncloa. El periodista se presentó y Aznar intentó convencerle de llamar a ETA terrorista. Regresó el mismo día a Londres pero la revista no ha cambiado su línea (lo sigue llamando “grupo vasco separatista violento.”). ¡A ver si José Luis Rodríguez Zapatero sigue el ejemplo de Aznar y tiene más poder de convicción!

¿Hace falta subir los impuestos?

La presión fiscal en España bajó cuatro puntos entre 2007 y 2008 (el último año con datos internacionales disponibles) a 33,1% del PIB (probablemente continuó bajando en 2009), el segundo descenso más grande entre los 30 países del OCDE, pero esto no quiere decir que los impuestos en España sean “muy bajos”, como dice José Blanco, ministro de Fomento.

La presión fiscal — la proporción de la riqueza generada que va a parar a las arcas públicas (en el caso de España de cada 100 euros de riqueza que genera, una tercera parte va a las arcas públicas) — depende de varios factores y no solo de los tipos de gravamen en el impuesto sobre sociedades y sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF). El factor más importante que ha afectado la presión fiscal en España es la fuerte recesión y el altísimo nivel de desempleo — menos personas trabajando y menos actividad económica significa menos impuestos recaudados, y, a la vez, la economía sumergida crece. Como era de esperar, la presión fiscal registró un importante aumento entre el 2003 y el 2007, años de boom económico, y no debido a incrementos en los tipos impositivos.

El Gobierno subió el IVA en julio, ha retirado la deducción de 400 euros y ha elevado la tributación sobre el ahorro, tabaco y alcohol y la desgravación por la compra de vivienda se acaba este año. El impuesto sobre sociedades y el IRPF, los dos impuestos más importantes, no son muy bajos. De hecho, España es el quinto país con el mayor gravamen en el impuesto sobre sociedades (el tipo máximo es de 30%, lejos del promedio de la UE-27 de 23,2%, según Eurostat) después de Malta, Francia, Bélgica y Italia, y España figura entre los cinco países de la UE con mayor carga empresarial. Esta carga comprende el impuesto sobre sociedades, las cotizaciones sociales y los impuestos sobre el trabajo a cargo del empleador, los impuestos sobre el patrimonio y transmisiones patrimoniales, los impuestos sobre dividendos y ganancias de capital, así como las tasas por recogida de basuras, impuestos de circulación de vehículos y otros tributos análogos.

Y España tiene un tipo máximo de gravamen en IRPF por encima de la media europea (43% en 2008, por encima de la media de 37,8%).

Por supuesto, si queremos aún mejores servicios públicos e infraestructuras habrá que subir los impuestos, particularmente en los próximos años de bajo crecimiento económico continuado y altos niveles de desempleo y la lucha para reducir el déficit presupuestario. Personalmente, creo que no hace falta invertir más en infraestructuras (las de España son mucho mejores que las de mi país, el Reino Unido). Donde hace falta más inversión es en capital humano.

Donde si hay un margen para subir los tipos es en el último tramo del IRPF, el de los ingresos más elevados (mayor de 150.000 euros). En 2008, 95.397 personas (el 0.49% de los 19.388.981 contribuyentes) declararon más de 150.000 euros. Sus liquidaciones sumaron 9.450 millones de euros (el 14,8% del importe total recaudado).

También hay margen para subir la contribución urbana en España. Cuando yo regresé a Madrid de forma permanente en 1986, la contribución urbanade la casa que compré ese año era lo que había pagado por un mes en Londres. Se ha subido bastante desde entonces, pero sigue siendo relativamente bajo.

Lo más grave es que ningún gobierno de la España democrática ha atacado con la suficiente agresión el fraude fiscal y la economía negra. Según un reciente informe de Friedrich Schneider de la Universidad de Linz en Austria, la economía sumergida en España representa el 20% del PIB, algo menos que Italia y Grecia, los lideres en este campo.

Un creciente número de españoles, según encuestas, creen que en las actuales circunstancias duras evadir impuestos es justificable. Esto es muy preocupante. Corresponde al gobierno ser mucho más duro y eficaz en combatir el fraude fiscal, y así no solo aumentar los ingresos fiscales pero, a la vez, persuadir a los contribuyentes de seguir pagando.

http://www.elimparcial.es/economia/hace-falta-subir-los-impuestos-70183.html

En busca de la tumba de Arturo Barea

En un cementerio ingles en el condado de Oxford, Inglaterra, bajo un árbol, está la lápida deteriorada de unos de los escritores españoles más fascinantes y abandonados del siglo XX, Arturo Barea (1897-1957), autor de La forja de un rebelde, una magnifica trilogía que narra la infancia y primera juventud del autor en Madrid de principios del siglo XX (La forja), sus primeros pinitos literarios y experiencias en la guerra de Marruecos (La ruta), y la Guerra Civil española (La llama). Hijo de una lavandera, que se quedó viuda poco después de que él naciera, Barea apoyó al bando republicano como censor de los corresponsales extranjeros en Madrid. Estos libros fueron publicados primero en los años 40 en Inglaterra, donde Barea vivió 18 años exiliado, por Faber & Faber (traducidos brillantemente por su mujer Ilse), luego se editaron en su original español en una edición argentina de 1951 y no vieron la luz en España hasta 1978, después de la muerte de Franco. Los padres austriacos de Ilse, refugiados judíos que escaparon de la persecución nazi, están enterrados al lado del pequeño monumento a Barea. Gran parte de la tragedia europea del siglo XX yace bajo las ramas de este árbol.

Encontrar su lápida ha sido mi obsesión durante un par de años, y este mes, durante mi cuarta visita a Faringdon, lo encontré, gracias a las indicaciones de Martin Murphy, autor de una biografía de otro intelectual español arrojado al olvido durante años, Blanco White (1775-1841), editado en inglés en 1989 y que se publicará este año en la editorial Renacimiento, y de Natalia Benjamín, una de los fundadoras de la Asociación de los Niños Vascos del ’37 en el Reino Unido.

Fue una verdadera emoción tocar la tumba, que encontré, por fin, en mi última visita a Faringdon, un histórico pueblo de la bella campiña inglesa, al descubrir a 400 metros del cementerio principal de la iglesia de Todos los Santos (All Saints) un anexo que me había pasado desapercibido hasta entonces. Contiene un error; Barea nació en Badajoz, no en Madrid.

Barea no fue el único exiliado que encontró refugio en una de las casas (Middle Lodge) de la finca del aristócrata Lord Faringdon en Eaton Hastings, una aldea a las afueras de Faringdon (después de morir, las cenizas de Barea fueron esparcidas en el jardín de su casa). Este aristócrata era miembro del grupo conocido como Bright Young Things (jóvenes brillantes) descritos en la novela Brideshead Revisited de Evelyn Waugh y se transformó en socialista y pacifista. Apoyó activamente la causa de la República española y en 1936 trabajó en un hospital de campaña en el frente de Aragón durante la Guerra Civil.

En 1937, antes de la llegada de Barea a Eaton Hastings, unos 4.000 niños vascos fueron evacuados de Bilbao a Inglaterra en el barco ’Habana’ y un grupo de ellos vivió durante nueve meses en otra de las casas de la finca de Lord Faringdon (a pesar de sus principios socialistas no quiso compartir su mansión con los niños). Esta casa aún lleva el nombre de Basque House (Casa de los Vascos). La madre española de Natalia Benjamín escapó de Madrid en 1937 con su padre y hermano y fue una de las maestras en otra colonia de niños vascos en Inglaterra. Después de los niños, esta casa fue habitada por cinco refugiados españoles adultos que escaparon de un campo de internamiento cercano a Perpignan, Francia, y vivieron un tiempo de camino al exilio en México.

Barea se convirtió en ciudadano británico en 1948, un año después de llegar a Eaton Hastings de otro pueblo ingles. Vivió allí hasta su muerte en 1957. Aparte de sus libros, fue una importante figura para los latinoamericanos, gracias a sus charlas semanales en el Servicio de América Latina de la BBC bajo el seudónimo “Juan de Castilla”. Nunca alcanzó la fama que mereció aunque sí se convirtió en un escritor bastante conocido en los últimos años de su vida (George Orwell elogió sus libros), tanto que las autoridades franquistas intentaron calumniarle durante una gira de 56 días por Argentina, Chile y Uruguay, organizada por la BBC en 1956. Se le describía como “el inglés Arturo Beria” — deformación deliberada de su apellido como una referencia al jefe de seguridad de Stalin que apuntaba al supuesto pasado de Barea como comunista-.

La embajada de España en Londres no ha mostrado ningún interés en restaurar su lápida. ¡Vaya memoria histórica!
http://www.elimparcial.es/sociedad/en-busca-de-la-tumba-de-arturo-barea-69796.html

Stalin, ¿responsable de un genocidio o un mero asesino?

¿En que consiste el genocidio? La palabra, definida por la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio y adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1948, y recogida en el Estatuto de la Corte Penal Internacional de 1998, está asociada casi exclusivamente con el Holocausto de Hitler con casi seis millones de víctimas judías. Entre los años 30 y su muerte en 1953, más de un millón de personas fueron ejecutadas durante la dictadura de Joseph Stalin y millones más murieron a consecuencia de los campos de trabajo, deportaciones, hambruna, masacres y detenciones e interrogatorios de los secuaces del dictador. ¿Constituyeron genocidio?

El historiador estadounidense Norman Naimark, en su nuevo libro Stalin’s Genocides (Los Genocidios de Stalin), publicado por Princeton University Press, cree que sí. El tema no es solo de interés histórico. El mes pasado, José Luis Rodríguez Zapatero, decidió no recibir en La Moncloa a Paul Kagame, el presidente de Ruanda, imputado en delitos de genocidio en el conflicto entre tutsis y hutus (los dos, increíblemente, son copresidentes del Grupo de Impulsores de los Objetivos del Milenio, creado por la ONU); 20 países (y el parlamento de Cataluña este año) han reconocido la masacre de más de un millón de armenios en 1915 por turcos como genocidio (aún denegado por el gobierno de Turquía) y el juez Baltasar Garzón usa la palabra genocidio nueve veces en su controvertido y disparatado auto de 2008 sobre los crímenes de la dictadura franquista.

Ni siquiera la matanza de 1.700.000 personas por el régimen de los Jemeres Rojos de Camboya entre 1975 y 1979 se llama genocidio, al menos oficialmente. Uno de los responsables, Kaing Guek Eav, fue declarado culpable el mes pasado de crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra, pero no de genocidio.

Naimark dedica una atención especial al asesinato en Ucrania en 1932-33 mediante el hambre a través de la confiscación de las reservas de trigo y el aislamiento de regiones para impedir la huida en busca de alimento. Los kulaks (campesinos ricos y considerados contra revolucionarios) se oponían a la política de colectivización de Stalin en una región conocida como el granero de Europa (por su enorme cantidad de productos agrícolas). Nadie sabe con certeza cuántas personas murieron: el gobierno de Ucrania habla de 10 millones. Los ucranianos llaman a esta tragedia holodomor que significa “matar de hambre.”

La resolución de la ONU está enfocada sobre el asesinato de grupos, etnias, nacionales, raciales y religiosos y excluye, aunque no explícitamente, grupos sociales y políticos, que fueron la mayoría de las víctimas de las campañas de exterminación de Stalin. No sorprende que la Unión Soviética se negara en su día aceptar la inclusión de estos grupos en la Convención sobre el Genocidio, aunque a las familias de las víctimas les cuesta comprender las diferencias morales, éticas y legales entre una forma de asesinato masivo y otro.

Naimark cree que la definición de 1948 de genocidio no puede ser aplicada al caso de la hambruna ucraniana porque esta gente murió precisamente por ser ucraniana. Stalin quiso “destruirles como nación enemiga, que era lo que pensaba de ellos, y convertirles en una nación soviética que sería plenamente fiable y totalmente desnacionalizada salvo en sus aspectos más superficiales”. Él estaba “convencido de que los campesinos de Ucrania como grupo, y que se autoidentificaban como ucranianos, eran enemigos del pueblo, que merecían la muerte. Esto era suficiente para el líder soviético; y esto a su vez sería suficiente para concluir que la hambruna en Ucrania se considere genocidio”.

Muchos historiadores han comprobado que había suficientes cereales en la Unión Soviética durante estos años para alimentar a los ucranianos. De hecho, la Unión Soviética continúo exportando una gran cantidad de cereales durante la hambruna para conseguir los fondos para la industrialización a cualquier precio. Stalin no hizo nada para aliviar la conocida situación en Ucrania.

Naikmark hace una comparación entre Hitler y Stalin. El Holocausto fue la forma más extrema de genocidio, pero hay otras. Los dos dictadores mataron en el nombre de sus visiones sanguinarias de utopía.
http://www.elimparcial.es/sociedad/stalin-responsable-de-un-genocidio-o-un-mero-asesino-69481.html