0.863, una cifra reveladora

El mundo ha progresado mucho en las últimas décadas , y en particular España, (Franco murió hace exactamente 35 años hoy), aunque pueda parecer extraño decirlo en otro annus horribilis. Hace poco salio el informe anual sobre el Desarrollo Humano de las Naciones Unidas en donde España figura en el puesto 20 de 169 países en el ranking que mide el progreso .

Este ranking está basado en el Índice de Desarrollo Humano (IDH) inventado entre otros por Mahbub ul Haq y Amartya Sen (Premio Nobel de Economía en 1998), como una vía mas amplia de medir el progreso humano que otras medidas económicas estándares, como el ingreso per capita. El IDH de España es 0.863. Noruega es el mejor con 0.938 y Zimbabwe el peor con 0.140, gracias a tantos años de despilfarro, corrupción y las malas políticas del dictador Robert Mugabe, quien ha dominado la vida política del país desde su independencia del Reino Unido ganando hasta ahora siempre las elecciones

El IDH tiene en cuenta la longevidad, la educación y el ingreso per capita. En el infome de este año se han incorporado tres nuevos indicadores: el índice de Desarrollo Humano ajustado por la Desigualdad, el índice de Desigualdad de Género y el índice de Pobreza Multidimensional.

Más significativo, creo, que el puesto de España en el ranking es una cifra que han pasado por alto los medios de comunicación: entre 1990 y 2010 el crecimiento anual promedio en el IDH para España fue 0.84%, el más rápido de los llamados países de Desarrollo Humano muy alto después de Corea del Sur (0.95%), y los Emiratos Árabes Unidos (0.81%). Estas cifras en frío pueden parecer de poca importancia, pero no es así. Demuestran que España ha gozado de un progreso sostenido. Casi todos los países lo han hecho, pero pocos tanto como España. De los 135 países medidos entre 1970 y 2010 (92% de la población mundial), solo tres — la República Democrática del Congo, Zambia y Zimbabwe — tienen hoy un IDH más bajo que en 1979.

Vemos las cifras para España. La esperanza de vida al nacer es 81,3 años (más alto que en Estados Unidos y el Reino Unido), los años promedios de instrucción son 10,4 (más que Italia y el Reino Unido), los años esperados de instrucción son 16,4 y el ingreso nacional bruto per cápita es $29.661 (cifra del 2008, la última disponible) y más bajo ahora debido a la recesión.

El informe es una verdadera Biblia. Hay muchas otras cifras aparte de las del IDH. Por ejemplo, las mujeres españolas tienen el 33.6% de los escaños en el parlamento (casi al nivel de los países nórdicos), la tasa de homicidios es relativamente baja al 0,9 por cada 100.000 personas (5.2 en los Estados Unidos!) pero la tasa de robos es alta al 1,067 por cada 100.000 personas (142 en Estados Unidos) y la tasa total de fecundidad es 1,3 nacimientos por cada mujer (entre los países de Desarrollo Humano muy alto varia entre 4,1 en Qatar y 1,0 en Hong Kong, China).

Este informe salio poco después de otro anual sobre la corrupción en el mundo, publicado por Transparency International. Mientras España continua avanzando en el desarrollo humano, en el campo de la corrupción el país se ha estancado en un nivel más bajo que hace seis años. España está en el lugar 30 de 178 países en el Índice de Percepción de la Corrupción (basado en 13 encuestas distintas a expertos y empresas) con una puntuación de 6,1 en una escala de 0 (percepción de altos niveles de corrupción) a 10 (percepción de bajos niveles de corrupción), el mismo valor que en 2009 y bastante por debajo de su mejor resultado de 7,1 en 2004. Dinamarca, Nueva Zelanda y Singapur comparten el primer lugar, con una puntuación de 9,3.

Igual que en el IDH, España está mejor que la Italia del payaso Berlusconi (puesto 67 en el ranking de corrupción), pero eso no me consuela nada.
http://www.elimparcial.es/sociedad/0863-una-cifra-reveladora-74314.html

La vida cultural en París bajo los Nazis

¿Cómo deben comportarse los artistas e intelectuales cuando su país o el país donde viven está invadido y ocupado durante varios años por tropas de un estado totalitario? ¿Hay que combatirlo con armas, plumas o pinceles, en el caso de escritores y pintores demasiado mayores para luchar, o colaborar para poder seguir produciendo “arte”? ¿Basta ser un simple espectador?

A Alan Riding siempre le ha fascinado, desde su época de corresponsal del New York Times en América Latina durante los años 70 y 80 cubriendo dictaduras militares, cómo reaccionan artistas y escritores a la política. Su experiencia en esta región le ha servido bien para examinar la vida cultural durante la ocupación nazi de París (donde fue corresponsal de cultura europeo del NYT entre 1995 y 2007) en su revelador y ecuánime libro And The Show Went On (“Y la función continuaba”), publicado por Knopf.

Cinco meses después del 14 de junio de 1940, cuando los tanques alemanes llegaron a Paris, Jorge Semprún, entonces un escolar con casi 17 años en la capital francesa, participó en una marcha que intentó llegar a la tumba al Soldado Desconocido en el Arco de Triunfo que conmemora el aniversario de la victoria de Francia en la Primera Guerra Mundial, pero los soldados alemanes dispersaron a los manifestantes. Semprún escapo por el metro y más tarde combatió entre los partisanos de la Resistencia, como muchos otros españoles refugiados en Francia después de la Guerra Civil, hasta su detención en 1943 y posterior deportación al campo de concentración de Buchenwald.

Semprún es uno de los diferentes españoles que aparecen en el libro de Riding. Otros, mucho más conocidos entonces, son Pablo Picasso y Pau Casals quienes se quedaron en Francia en vez de buscar refugio en otro país. Picasso intentó mantener un bajo perfil en París (daba refugio a algunas personas) y Casals daba conciertos hasta 1942 en la parte no ocupada por los alemanes en el sur de Francia. Cuando un alemán mostró a Picasso una postal de su obra Guernica y le preguntó “¿Hiciste tu esto?”, Picasso contestó, “No, lo hiciste tú.

Para Jean Paul Sartre, quien veía el mundo en términos de blanco y negro, había solo dos opciones — colaborar con los Nazis en la Francia ocupada o con el régimen de Vichy en la parte no ocupada o resistir. A diferencia del septuagenario André Gide, Sartre era suficientemente joven para coger un fúsil y unirse a la Resistencia, pero en su lugar fundó un grupo llamado Socialisme et Liberté que no hizo gran cosa. (Después de la guerra Sartre apoyo causas vergonzosas como la Revolución Cultural en China, en su etapa de acercamiento a los maoístas.)

Más activo e intelectualmente honesto a lo largo de su carera fue Albert Camus quien durante la ocupación nazi desempeñó varios papeles: fue miembro del Comité de Lectura de la editorial Gallimard (que siguió publicando), un résistant conocido en la clandestinidad como Albert Mathé y editor de Combat, el periódico de la Resistencia publicado cada dos semanas que alcanzó una tirada de 250.000 ejemplares.

Gide, brevemente comunista que tuve el coraje de denunciar a la Unión Soviética en un libro (“Regreso de la URSS”) después de ser invitado allí en 1936, por lo que perdió a varios de sus amigos, vaciló algo y pasó la mayor parte del tiempo en el Norte de África.

Mientras los escritores sufrieron los efectos de la ocupación más que cualquiera de las otras artes, por su propia naturaleza, la industria cinematográfica vivió una época dorada, con 220 películas rodeadas entre junio del 1940 y agosto del 1944, incluyendo Les Enfants du Paradis de Marcel Carne que no fue estrenada hasta después de la liberación de Francia.

La resistencia tomó muchas formas. Un librero en Paris, por ejemplo, tenía en su escaparate un ejemplar de la novela “Les Miserables” de Víctor Hugo y una foto a un lado del Mariscal Philippe Pétain, Jefe del Estado de la Francia de Vichy, quien colaboró activamente con los Nazis, y al otro del Almirante François Darlan , de facto jefe del gobierno de Vichy.

A Jean Cocteau, en cambio, le gustaba la vida social con los alemanes, y Louis-Ferdinand Céline fue antisemita y pro-nazi. Cocteau escribió en su diario que “a ningún precio debe uno dejarse distraer de los asuntos serios por la dramática frivolidad de la guerra.” Si Céline no hubiera salido de Francia después de su liberación es muy probable que hubiera sido ejecutado durante la épuration sauvage (depuración salvaje) como así les ocurrió a 767 personas de todas las profesiones por su colaboración con el régimen nazi.

El estadounidense Varian Fry fue un verdadero héroe. Enviado a Marsella por el Emergency Rescue Committee (Comité de Emergencia de Rescate) de Nueva York, logró ayudar a unas 2.000 personas, en su mayoría intelectuales, que escaparon de Francia; pero, trágicamente, no a Walter Benjamin, quien logro llegar a Portbou en la frontera y al serle rechazada su entrada en España por la policía de Franco se suicidó en su hotel.
http://www.elimparcial.es/sociedad/la-vida-cultural-en-paris-bajo-los-nazis-73932.html

Un mundo en donde no todos van a ganar

La crisis económica global que empezó en 2008, después de un largo periodo de optimismo creado por una creciente prosperidad y la llegada de más democracias, rompió drásticamente la muy extendida y, en mi opinión, ingenua creencia de que estábamos viviendo en un mundo donde todos íbamos a ser ganadores (un win-win world) y dio lugar a un mundo de suma cero (zero- sum world) con ganadores y perdedores. Este “nuevo” mundo es mucho más inestable e inseguro.

Muchas fueron las estupideces cometidas durante lo que Gideon Rachman llama la Edad del Optimismo (1991-2008) en su perspicaz libro, Zero-Sum World: Politics, Power and Prosperity After the Crash (“El Mundo de Suma Cero: Política, Poder y Prosperidad después de la Crisis”), publicado por Atlantic Books. Menciono solo dos, la invasión de Irak y con ella la convicción de poder establecer una democracia en un muy corto periodo (Rachman cita anónimamente a un importante “neocon” quien creyó que la guerra en Irak iba a durar solo tres días) — llevamos ya siete años – y la creencia de Gordon Brown, el antiguo Primer Ministro de Gran Bretaña, que su política económica iba a terminar con los ciclos de expansión y fracaso a gran escala (boom and bust). La economía británica está tan hecha polvo como la española pero con una tasa de desempleo mucho más baja (algo que distingue a España del resto del mundo desarrollado).

Rachman, quien desde 2006 escribe una columna semanal sobre política internacional para el Financial Times, después de trabajar durante 15 años para The Economist en Bangkok, Washington y Bruselas, tiene una envidiable capacidad de escribir de manera amena, con sentido del humor e ironía sobre temas complejos y sin caer en simplificaciones.

Su libro está dividido en tres partes: la Edad de la Transformación (1978-91), la Edad del Optimismo y la Edad de la Ansiedad (igual que el título de un famoso poema de WH Auden, publicado en 1947). Las tres secciones cubren mucho terreno de forma muy sucinta. Rachman inicia la Edad de la Transformación en 1978, con la apertura económica de China al capitalismo, algo que pasaron por alto muchos países, entonces más interesados en lo que estaba pasando en la Unión Soviética, pero que hoy está teniendo un enorme impacto global y creando tensiones con Estados Unidos y, por ende, afecta al resto del mundo.

De ahí la célebre frase de Deng Xiaoping, el pragmático líder chino, “No importa si el gato es blanco o negro, con tal que cace ratones” que tanto le gusta a Felipe González. China es una potencia económica, pero su sistema político es intrínsecamente inestable.

Durante esta época hubo considerables avances en establecer democracias (por ejemplo, en 16 países de América Latina) y en crear economías de mercado libre. La teoría era que más democracias y más mercados libres iban a crear un círculo virtuoso para todos.

Con el colapso de la Unión Soviética en 1991, llegó para los Estados Unidos su momento más dulce, su “momento unipolar” y la publicación del libro de Francis Fukuyama, el politólogo estadounidense, “El Fin de la Historia y el último hombre” en el que defiende que la Historia humana como lucha entre ideologías ha concluido. Los mantras de los países mas desarrollados en este época de “fundamentalismo del mercado” en palabras del premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, fueron la desregulación, el libre comercio, la eliminación de controles de cambio y la inversión directa transfronteriza y, bajo la presidencia de George W. Bush, la exportación de la democracia por la fuerza.

Con Alan Greenspan al timón de la Reserva Federal, el volumen de derivados OTC (fuera del ámbito de los mercados organizados) aumentó entre 1987 y 2007 de 866 millones de dólares a 454 billones de dólares. El sagaz George Soros los llamó “armas financieras de destrucción masiva.”

Este mundo irracional y exuberante terminó con la más profunda crisis económica desde la Gran Depresión, de la que aún no hemos salido.

Como los protagonistas en el poema de Auden, hoy todos los países, salvo los estados fracasados, están buscando su sitio en un mundo globalizado donde no todos van a ganar, o esto es lo que parece.

A pesar de ser un libro aparentemente pesimista, Rachman es optimista. Más que nada es un escritor sensato. Esta no es la primera vez en la historia del mundo, nos recuerda, en la que hay tantas nubes negras en el horizonte y tanta inseguridad (también en los campos energéticos y alimenticios).

Ve las semillas de una posible forma del gobierno mundial, o al menos más cooperación internacional, en el Grupo de los 20 países industrializados y emergentes, en el cual España ha logrado colarse, aunque no como miembro. Las Naciones Unidas hoy no es una organización efectiva: Muammar Gaddafi, el dictador de Libia, la compara con Speakers’ Corner (el “Rincón del Orador”) en Hyde Park, Londres, porque todo el mundo puede hablar pero nadie escucha. Él lo sabe bien: le gusta despotricar.

Espero que los líderes mundiales hagan caso del consejo de Rachman de “mantenerse tranquilos.”
http://www.elimparcial.es/economia/un-mundo-en-donde-no-todos-van-a-ganar-73557.html

Restaurando a Arturo Barea

En la víspera del día de Todos los Santos, cuando es costumbre realizar una visita a donde yacen los seres queridos, estoy pensando en Arturo Barea (1897-1957), el gran y olvidado autor de La forja de un rebelde, una magnifica trilogía que narra la infancia del autor en el Madrid de principios del siglo XX, sus primeros pinitos literarios y experiencias en la Guerra de Marruecos, y la Guerra Civil española. No es que Barea sea pariente mío, pero se acaba de limpiar y restaurar su muy deteriorada lápida en Faringdon, un pueblo del condado de Oxford, donde murió después de vivir 18 años exiliado en Inglaterra. Nadie, sin embargo, la visitará este lunes.

En mi columna del 28 del agosto escribí que había encontrado su lápida en mi cuarto intento, y terminé diciendo que “la embajada de España en Londres no ha mostrado ningún interés en restaurar la lápida.” Estas palabras molestaron a Carles Casajuana, el embajador, que se puso en contacto conmigo. La palabra “desinteresado” fue interpretada como si la embajada hubiera rechazado una petición para restaurar la lápida, cosa que no ocurrió y que no era mi intención decir. Yo suponía que la embajada conocía la existencia de la lápida, pero tampoco esto era cierto. Así que es el momento de pedir disculpas públicamente.

Al comentar el lamentable estado de la lápida con Antonio Muñoz Molina, amigo y también admirador de Barea (Ignacio Abel, el protagonista, de su última novela La noche de los tiempos es un prototipo de aquella generación de ilustrados y reformistas con un toque de Arturo Barea y de otras), nos pusimos de acuerdo para escribir sobre Barea el mismo día (él en su artículo de cada sábado en El País) y sufragar el coste de la restauración. Luego, decidimos que seria bonito involucrar a más gente en una modesta iniciativa cívica, algo que Antonio, en particular, ha aprendido a admirar en Estados Unidos. Yo me puse en contacto con alguien en Oxford parta pedir un presupuesto y el coste de 352 libras esterlinas (397 euros) de la restauración fue dividido entre varias personas británicas, americanas y españolas, incluyendo, y no sigo un orden en particular, Paul Preston; Gabriel Jackson; Javier Marías; Elvira Lindo; Santos Juliá; Michael Eaude (biógrafo de Barea); Nigel Townson (editor de la edición en tres volúmenes de las obras de Barea, publicadas por Debate); Edwin Williamson (titular de la Cátedra Alfonso XIII de Estudios Hispánicos en la Universidad de Oxford, cuyo primer titular fue Salvador de Madariaga, otro exiliado) y Jeremy Treglown (ex editor del Times Literary Supplement).

Los padres austriacos de Ilse, la mujer de Barea, refugiados judíos que escaparon de la persecución nazi, están enterrados al lado de la lápida. La cenizas de Barea fueron esparcidas en el jardín de su casa en una aldea a las afueras de Faringdon en la finca del aristócrata Lord Faringdon quien apoyo activamente la causa de la República española y en 1936 trabajó en un hospital de campaña en el frente de Aragón durante la Guerra Civil.

La lápida fue puesta por Olive Renier tras la muerte de Ilse en Viena en 1972. Renier conoció a Barea e Ilse cuando trabajaron los tres para la BBC en 1940. “Yo erigí la lápida, pero fui incapaz de encontrar palabras que expresaran mis sentimientos por aquellas cuatro personas, cuya causa (aunque ellos decían encontrarse entre los afortunados), era el símbolo de las enormes causas perdidas de nuestra generación —la causa de España, la de los judíos, la de la social democracia en Alemania, en Italia, en fin, en toda Europa”, escribió Renier.

Nuestro proyecto ha tenido cierto eco, y no solo en la embajada. Una inglesa, Alison Lever, profesora en el pueblo de Lagartera, se puso en contacto con Antonio para ofrecerle la máquina de escribir de Barea que ella recibió de una de las hijas de un amigo ingles de Barea, junto con una necrología sobre Barea que fue publicado en The Times. Alison trajo la maquina a España en los años 90 y ahora la magnífica Underwood está en un sitio de honor en la casa de Antonio. Las maquinas inglesas no tienen acentos, así que Barea tenía que ponerlos a mano.

Otro resultado de esta empresa ha sido el ciclo de conferencias que se celebrará el próximo enero en el Instituto Cervantes de Londres sobre el exilio español en Inglaterra y que yo voy a inaugurar con una conferencia sobre Barea, aunque me considero más un entusiasta que un experto sobre sus obras.

Otro gran escritor español y exiliado en Inglaterra fue Manuel Chaves Nogales, quien murió en Londres en 1944, con solo 46 años de edad. Elena Soto, cuyo abuelo Antonio Soto Angulo era un amigo íntimo de Chaves y que estuvo con él cuando murió, me informo de las circunstancias de su entierro, citando una emotiva carta de su abuelo al hermano de Chaves. “Luego se nos presentó la duda de lo que debíamos hacer respecto al entierro. Como usted sabe, él no era nada religioso, pero nosotros sabíamos que tanto usted como su madre son católicos y como estas cosas se hacen mas por los familiares, Miss Kaye, la secretaria de Manuel, y yo decidimos hacer el funeral en la Spanish Church de Londres y fue enterrado en el cementerio de Fulham, sección católica. Asistieron al funeral todos los republicanos, sin ninguna distinción de ideas. También estuvieron los Embajadores de todas las repúblicas iberoamericanas. La misa la dijo el Canónigo de la catedral de Valladolid D. Alberto de Onaindia exiliado también como nosotros.” Chaves está enterrado en el cementerio de East Sheen (en el número 19 en la sección CR) y, a diferencia de Barea, no hay nada que indique que allí reposan sus restos.

El 4 de diciembre un pequeño grupo de admiradores de Barea visitaremos la lápida en Faringdon donde tendremos la oportunidad de honrar su memoria como si fuera el día de Todos los Santos.
http://www.elimparcial.es/sociedad/restaurando-a-arturo-barea-73191.html

Armenia y Turquía: vecinos lejanos

Muchos armenios se levantaron por la mañana y la primera cosa que hacen es ver con melancolía el monte Ararat, localizado en territorio histórico de Armenia en Turquía, a unos 30 Km. al sur de su país. En un día claro y desde Yerevan, el capital del hoy pequeño Armenia (población de 3,3 millones), Ararat, identificado en el Libro de Génesis como el lugar en el que se posó el Arca de Noé, emerge magníficamente con su pico cubierto de nieve. Los armenios están acostumbrados a ver el monte desde lejos porque la frontera con Turquía esta cerrada desde 1993.

Turquía y Armenia, con el apoyo de los Estados Unidos y Rusia, firmaron hace un año en Zurich protocolos para normalizar sus relaciones y poner fin a uno de los más espinosos disputas no resueltas desde el colapso de la Unión Soviética. Turquía, un gigante país musulmán con una población de más de 75 millones y candidato a ser miembro de la Unión Europea, cerro su frontera con Armenia, un país cristiano, en apoyo a su aliado Azerbaijan que estaba enfrentado con Armenia sobre el enclave de Nagorno-Karabaj (unos 30.000 murieron en la guerra). Desde entonces, los parlamentos de dos países no han logrado ningún avance en ratificar los protocolos, paso esencial para establecer relaciones diplomáticos. Serzh Sarkisian, el Presidente de Armenia, congelo en abril el proceso de ratificación de los protocolos.

Por un lado, Ankara insiste en la retirada de tropas armenios de áreas de Azerbaijan cercanas a Nagorno-Karabaj y una resolución del conflicto, mientras la diáspora armenio (armenios que viven fuera de Armenia y Nagorno-Karabaj y influyentes en países como Estados Unidos y Francia) estimado en unos 8 millones de personas (más del doble de la población de Armenia) exige una disculpa por Ankara de la masacre entre 1915 y 1917 de 1,5 millón de armenios, cometido durante la Primera Guerra Mundial y en plena desintegración del Imperio Otomano. La diáspora es más exigente sobre el tema de la matanza que la población en Armenia.

Turquía niega tajantemente que aquello haya sido un genocidio, a diferencia del Parlamento Europeo, los parlamentos de 14 países y el Vaticano, que han condenado la masacre, y Barack Obama cuando era un senador. En abril Obama evitó mencionar la palabra “genocidio” en el aniversario del masacre para no herir sensibilidades en Turquía. Ankara mantiene que entre 300.000 y 500.000 armenios, y al menos otros tantos turcos, murieron en un conflicto civil cuando los armenios tomaron las armas en el este de Anatolia para apoyar a las tropas invasoras rusas, durante la Primera Guerra Mundial.

Armenia es un tema vivo en mi casa porque mi mujer es un cuarta parte armenia (por el lado de su abuela cuya familia emigro desde Tokat, en Turquía, a Egipto al finales del siglo X1X cuando empezo la matanza de armenios). Hace poco realizamos un sueño de irnos a Armenia, siendo Sonia la primera miembro de su familia de visitar el país en muchas generaciones.

Armenia fue el primer país del ex Unión Soviética de independizarse (en 1991) y, menos conocido, se destacó como la primera nación en adoptar el cristianismo como religión oficial en los primeros años del siglo IV. Nunca hemos visto tantas iglesias y monasterios, muchos de los cuales han sido o esta siendo restauradas como Tatev, encima del valle profundo del río Vorotan. Llama la atención que el cristianismo en Armenia sobrevivió 70 años de comunismo y hoy es muy fuerte. Yerevan tiene una nueva y enorme catedral desde 2001.

Una visita al monumento al genocidio y al museo al lado es obligatoria para los armenios, sean armenios puros o no. Dado que no me considero en lo más mínimo un experto sobre el tema del genocidio, aunque escribo de vez en cuando sobre Turquía (y apoyo activamente su ingreso en la Unión Europea si cumple con todas las condiciones, cosa aún muy lejos hoy), siempre he sido muy cuidadoso en este asunto. Pero después de ver la documentación en el museo y los fotos de muertos y de niños y mujeres hambrientos, me inclino más en usar la palabra genocidio en vez de masacre o matanza.

La provincia de Sivas, colindante con Tokat, fue uno de los más castigados. Según las cifras en el museo, el número de armenios viviendo en Sivas bajo de 225.000 en 1914 a 16.800 en 1922 — 208.200 personas murieron o fueron deportados. Otro panel cuenta que en 1914 había 2.549 iglesias en Armenia Oriente (en el Imperio Otomano, hoy en Turquía) y en 1974, según cifras del UNESCO, de los 913 aún intactas después de 1923 (cuando la República de Turquía fue fundado) 464 habían sido destruidos por completo, 252 quedaron en ruinas y 197 necesitaban reparación.

Turquía permitió el mes pasado la celebración en su territorio de la primera misa armenia en 95 años en la iglesia de la Santa Cruz, santuario que durante siete siglos fue una de las cuatro sedes de la Iglesia Apostólica Armenia. Pero la prohibición del Gobierno turco de colocar para la ocasión una cruz en el techo de la iglesia, alegando razones técnicas aunque la iglesia lleva tres años de restauración, causó indignación entre fieles, muchos de los cuales boicotearon el acto. Solo asistieron al acto alrededor de un millar de fieles. Encima Ankara negó abrir la frontera para dejar pasar más personas.

La misa fue presentada por el Gobierno como un signo de la creciente apertura religiosa, pero la apertura a la oración en la iglesia solo podrá realizarse una vez al año, algo que sueña más de un truco publicitario que la sostenida tolerancia de otros fes pedido por la Unión Europea.

A diferencia del Holocausto, el “genocidio” de armenios no ha tenido su juicio de Nuremberg. Han pasado ya casi un siglo y no parece que Turquía esta dispuesto disculparse o reconocer culpabilidad, a diferencia de Alemania por el Holocausto. Un factor importante es el temor de Ankara que una disculpa abrió la puerta a masivas reparaciones para armenios que perdieron sus propiedades y bienes.

Para los armenios el “genocidio” no es historia. Es algo aún muy presente. ¡Que una comisión de historiadores de los dos países estudian el tema del “genocidio” y se ponen en acuerdo!

http://www.elimparcial.es/mundo/armenia-y-turquia-vecinos-lejanos-72787.html

¿Es España diferente?

El eslogan turístico de los años 60 Spain is different tuvo mucho éxito en atraer extranjeros a España pero al coste de imprimir en la mente de muchas personas, dentro y fuera del país, la idea extendida de la excepcionalidad española basada en una inestabilidad política crónica, un retraso económico y tecnológico y la pérdida del Imperio (el Desastre de 1898), en otras palabras, de un sentimiento de inferioridad.

La larga dictadura de Franco (1939-75) confirmó el estigma de la excepcionalidad. Como bien escribe Nigel Townson en la entradilla al muy reciente libro que ha dirigido “¿Es España diferente? Una mirada comparativa (siglos XIX y XX)”, publicado por Taurus, “el contraste entre la Europa occidental de posguerra, con su libertad política y prosperidad económica sin precedentes, y la sombría y miserable España de Franco no podía ser mayor.”

El libro de Townson y otros cuatro distinguidos historiadores — José Álvarez Junco, María Cruz Romeo Mateo, Edward Malefakis y Pamela Radcliff — tiene la gran virtud en destacar rigurosamente, con un enfoque comparado, las diferencias y similitudes entre España y los países de su entorno en varios campos — la construcción nacional, las guerras civiles del siglo XIX (¿una ruta excepcional hacia la modernización?), anticlericalismo y secularización, la II República española (¿un régimen diferente?), la dictadura de Franco y termina con la transición española. Un largo informe de la revista The Economist sobre el país en 1999 afirmaba que España podía considerarse finalmente un país europeo bastante normal (a fairly normal European country) y por ende aburrido.

En otras palabras, España había dejado de ser “diferente” si es que realmente lo era (algo particularmente fomentado por los llamados “curiosos impertinentes” como George Borrow y Ernest Hemingway). Como dijo Alfonso Guerra, “a España no la va a conocer ni la madre que la parió”, algo que yo puedo comprobar (llegué a España por primera vez en 1974).

No hay una única ruta para modernizar un país, como tampoco hay un acuerdo común sobre en qué consiste el tipo ideal de la modernización. El desarrollo de las sociedades es un proceso enormemente complejo, producto de muchos factores, y el camino de España hacia la modernización no ha sido tan excepcional como muchos piensan, particularmente en el campo económico. Uno de los factores detrás de la llamada excepcionalidad española es que las comparaciones con otros países están muchas veces basadas en una idea errónea o en la ignorancia de estos países.

Para Álvarez Junco el país en el que parecen encontrase rasgos comparables a los españoles en el proceso de formar una nación es el Reino Unido donde también hubo una unidad política que fue producto de una previa unión de reinos y que se mantuvo, en buena medida, alrededor de un imperio, mientras la actual España de las autonomías no se distancia mucho de la Alemania de los Länder, aunque el término “federalismo” siga siendo tabú en España, y también se podrían hallar similitudes con la organización regional italiana.

El anticlericalismo, en cambio, ha sido mucho más radical en la España en el siglo XX que en otros países europeos, en parte debido a lo limitado de la secularización lograda durante el siglo anterior. Se tiende a olvidar que más que promover la tolerancia religiosa y la igualdad entre confesiones, la Constitución “liberal” de 1812 no reconocía la libertad de culto. Las Cortes de Cádiz establecieron que la única religión en España “es y será perpetuamente la católica, apostólica, romana, única verdadera.” En mi país, Inglaterra, por ejemplo, los disidentes protestantes habían obtenido la libertad de culto en la Gloriosa Revolución de 1688-1689.

Esto explica, en parte, porqué se pusieron en marcha reformas anticlericales en la II República (1931-39) de forma mucho más urgente que en la III República de Francia (1870-1940). Otra razón fue la identificación tradicional entre catolicismo y Antiguo Régimen. La “justicia revolucionaria”, cuenta Townson, perpetró la más dura violencia anticlerical registrada en la Europa contemporánea: 6.832 miembros del clero murieron a manos de los revolucionarios (un número que significaba el 13 por ciento de los sacerdotes diocesanos y el 23 por ciento de los varones religiosos).

Para Malefakis la República, al abordar de forma simultánea casi todos los problemas importantes, “suscitó expectativas que luego no pudo satisfacer, aumentado así, de forma innecesaria, las filas de sus desafectos”. La República española fracasó, pero no fue la única —también lo hicieron trece de las catorce repúblicas establecidas en Europa entre 1910 y 1931.

Hace bien Malefakis en llamar “profundamente equivocados” quienes hoy abogan por el establecimiento de una III República porque creen ingenuamente que la II República “rozó la perfección en casi todos los aspectos, y que su caída se debió exclusivamente al levantamiento de la fuerzas militares.” Tuvo, sin embargo, muchos aspectos diferenciales positivos. Por ejemplo, de entre todas las nuevas repúblicas de Europa — a excepción de la de Weimar —, solo la española incluyó el sufragio femenino dentro de su concepción democrática.

Por último, el régimen de Franco estaba lejos de ser excepcional en el contexto de la Europa meridional, y mientras su convergencia política con Europa occidental fue considerablemente menor que la económica, social o cultural, en determinados aspectos la distancia disminuyó de forma perceptible.

Queda comprobado que España no ha sido tan diferente como se piensa, y me alegro que Sussex Academic Press va a publicar una edición ampliada en ingles del libro en 2011, y, así, contribuir, a desinflar el mito de la España “diferente.”

Hoy, sin embargo, el país tiene algunos aspectos que sí lo hace distinto al resto. No hay lugar para mencionar todos. Me quedo con dos. ¿Hay algún otro país europeo que haya generado tanta riqueza en 30 años y cuyo sistema de educación se haya deteriorado tanto, con casi uno de cada tres individuos de entre 18 y 24 años que tienen como máximo la educación obligatoria y no siguen en formación? Y España es el único país europeo que conozco donde, según las encuestas, tanto el Presidente del Gobierno y el líder del principal partido de la oposición inspiran tan poca confianza.
http://www.elimparcial.es/sociedad/es-espana-diferente-72393.html

¿Qué es la felicidad?

La felicidad de uno podría ser la miseria del otro. Un caso sumamente extremo es el de los pilotos de al-Qaeda que estrellaron los aviones contra las torres del World Trade Centre de Nueva York. Es posible, según la filósofa Sissela Bok, que estos terroristas, convencidos de que iban a lograr la felicidad eterna en el paraíso, sintieron poco antes del impacto “una mezcla de dicha, exultación, gloria y poder cegador”. Nunca vamos a saberlo. Lo que sí sabemos es que mataron a unas 3.000 personas y destruyeron las vidas de muchas familias.

En su nuevo libro, The Scope of Happiness (“El Ambito de la Felicidad”), publicado por Yale University Press, Bok explora la naturaleza y el papel de la felicidad, citando a una amplia gama de personas, desde Aristóteles y Séneca hasta Bertrand Russel, Sigmund Freud y Desmond Tutu y las últimas teorías desarrolladas por psicólogos, economistas, genetistas y neurocientíficos. No pretende ser ni mucho menos uno de estos libros simplistas de autoayuda (Self-Help books). De hecho, Bok reconoce que en el terreno muy complejo de la felicidad hay muchas y muy diferentes rutas.

No hay una receta única para alcanzar la felicidad y este estado suele durar poco tiempo y no toda una vida. Gente muy religiosa, y no me refiero aquí a los fanáticos fundamentalistas de todo tipo, creen que la felicidad sólo se alcanza en la vida de ultratumba y no durante la vida terrenal. Y declaro aquí mi propia posición, haciendo mías las palabras de Isaiah Berlin: “En lo que respecta al significado de la vida, no creo que ésta tenga ninguno. No pregunto en absoluto cuál es, pero sospecho que no existe y eso es precisamente una gran fuente de alivio para mi. Hacemos de la vida lo que podemos y eso es todo lo que hay. Aquellos que buscan una respuesta que lo abarque todo o a Dios, están, creedme, patéticamente equivocados”. No hace falta ser religioso para ser feliz.

En el preámbulo de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de 1776, se reconocen el derecho a “la Vida, la Libertad y a la Felicidad” (los elementos centrales del sueño americano que hoy se parece más a una pesadilla), mientras que la Revolución Francesa proclamó “la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad.”

Pero, ¿en qué consiste la felicidad? La única certeza es que el dinero no la compra. Un pobre en una sociedad terrible podría ser tan feliz como un rico en una democracia. Dicho esto, no hay duda de que los que vivimos en una democracia con ingresos y estándares de bienestar más altos tenemos más posibilidades de alcanzar la felicidad que el resto.

Aristóteles sostenía que sólo se puede evaluar la felicidad de una persona cuando su vida ha terminado, dado que muchas personas aparentemente felices pueden sufrir desgracias en la última parte de su vida. Tomamos el caso de Bernard Madoff de 72 años, sentenciado en 2009 a 150 años en prisión por un fraude que alcanzó los 50.000 millones de dólares. Como escribe Bok, Madoff “más anciano que Príamo, más rico que Craso, ampliamente admirado por su sagacidad y filantropía, había dado siempre la impresión, hasta entonces, de llevar la más feliz de las vidas”

Los ateos Freud y Russell tenían ideas diametralmente opuestas sobre la felicidad. Mientras para el primero “ser feliz no estaba incluido en los planes de la “Creación”, Russell creía que “mucha gente infeliz podría llegar a ser feliz por el esfuerzo bien dirigido.” El pesimista Freud escribió esta línea en su celebre libro “La civilización y sus descontentos” (1930) durante el auge del Nazismo. Russell, autor de “La conquista de la felicidad” (también publicada en 1930) creía en el amor libre y el matrimonio abierto, pero las relaciones extramaritales tanto de él como de su esposa terminaron en un divorcio, cosa no muy feliz.

Para el médico y filósofo francés Julien Offray de La Mettrie (1709-1751) la felicidad venía del placer: “la obscenidad y la infamia están ahí como una gloriosa asignación —cayendo en ella, como hacen los cerdos y uno será feliz por sus maneras”. Un embajador estaba tan agradecido a La Mettrie por haberle curado de una enfermedad que dio un banquete para celebrar su recuperación. Aparentemente La Mettrie quiso hacer gala de su resistente salud devorando una gran cantidad de paté de trufas. Como resultado, desarrolló una fiebre que intentó curar con una sangría prescrita por el mismo, que terminó con su vida.

Hay una tendencia creciente entre científicos sociales de medir la felicidad, incorporando elementos no monetarios. América Latina es uno de las zonas más pobres del mundo, pero ocho de sus países figuran entre los primeros diez en el Happy Planet Index (Indice del Planeta Feliz), desarrollado por la organización británica New Economics Foundation. Mi país, el Reino Unido, está en el puesto 74, España en el 76 y en el último renglón Zimbabwe. El primer país desarrollado en el Índice es Holanda en el puesto 43. En suma, la felicidad esta llena de sorpresas.
http://www.elimparcial.es/sociedad/que-es-la-felicidad-72050.html

Simon Wiesenthal: cazador de Nazis

Hay personas que dedicaron toda su vida a una causa, pero pocos con tanta determinación como que Simon Wiesenthal quien, con 37 años y poco después de ser liberado de Mauthausen, el campo de concentración en Austria, en mayo de 1945 y pesando menos de 45kg, abrió su primer archivo en contra de criminales de guerra Nazis. Cuando murió en 2005 sus investigaciones habían conducido a la detención de centenares de personas, el más conocido de los cuales, Adolf Eichmann, fue responsable directo de la solución final, principalmente en Polonia, y de los transportes de deportados a los campos de concentración.

Wiesenthal participo en un intento sin éxito de detener a Eichmann en Austria en 1949. Luego descubrió en 1953 que Eichmann estaba viviendo en Buenos Aires, pero no fue detenido hasta 1960 cuando agentes del Mossad, el servicio secreto de Israel, lo llevaron secretamente a Jerusalén donde fue enjuiciado y ahorcado.

Entre los 85.000 prisioneros de Mauthausen había unos 7.000 españoles, perdedores derrotados en la Guerra Civil que luego lucharon contra el régimen de Hitler, de los que dos tercios de los cuales murieron en el campo. Una de los fotos en el meticulosamente investigado libro de Tom Segev, Simon Wiesenthal: The Life and Legends (Simón Wiesenthal: La Vida y Leyendas), publicado por Jonathan Cape, muestra a los prisioneros de Mauthausen saludando a la 11ª División Acorazada de los EE UU por en su liberación bajo una enorme pancarta escrita en español (“Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas liberadoras”)

El libro de Segev, un historiador y periodista israelí, está basado en el archivo privado de Wiesenthal y los archivos desclasificados de los servicios secretos de Israel, Polonia y Alemania. Revela, por ejemplo, que Wiesenthal trabajaba para el Mossad y que, aparte de localizar a criminales Nazis, suministró información sobre las actividades de antiguos Nazis en países árabes, en particular Egipto donde algunos científicos ayudaron a fabricar misiles y armas químicas. El coronel austríaco Otto Skorzeny de la Waffen-SS, famoso por haber rescatado al dictador italiano Benito Mussolini y que escapó de un campo de desnazificación a España en julio de 1948 (murió en Madrid en 1975), también trabajaba para el Mossad en lo relevante a Egipto. Skorzeny puso una condición para colaborar con el Mossad — que Wiesenthal quitase su nombre de su lista de criminales nazis, pero éste se negó hacerlo. Fue una de las decisiones más difíciles de su vida — o cooperar con las necesidades de seguridad de Israel, con las que se identificó profundamente, o seguir su compromiso con la justicia. A pesar de la decisión de Wiesenthal, Skorzeny decidió trabajar para el Mossad.

Durante la Guerra Fría el servicio secreto polaco intento sin éxito captar a Wiesenthal como agente comunista, pero él odiaba todo tipo de ideología totalitaria.

Tal vez por su experiencia en Mauthausen y el sentido de culpabilidad que tenia por haber sobrevivido (algo que le pasó a muchos supervivientes del Holocausto), Wiesenthal fue una persona muy compleja y egocéntrica. Le gustaba acaparar la atención de todo el mundo. Era tan conocido, y odiado por algunos, que un día una carta del extranjero fue entregada a su casa en Viena dirigida sin más a “The Jew Pig, Austria” (El Cerdo Judío, Austria). Su defensa de Kurt Waldheim, antiguo Secretario General de las Naciones Unidas y presidente de Austria, acusado de complicidad en crímenes de guerra, le costó (costó aquí significa que lo perdió por culpa de ayudar a Waldheim. Si, en cambio, lo obtuvo por ello, entonces sería valió) el premio Nobel de la Paz. Un comité internacional de historiadores examinó la vida de Waldheim entre 1938 y 1945, cuando sirvió como oficial del ejército alemán, y no encontró evidencia que permitiese involucrarlo con crímenes de guerra, pero su informe final advertía que Waldheim debía conocer más de lo que estaba dispuesto a admitir.

Wiesenthal pudo haber vivido en Estados Unidos o en Israel, pero preferió pasar su vida en Austria sumido en recuerdos que la mayoría de los supervivientes del Holocausto intentaron olvidar. Entre los 300.000 papeles que Segev examinó hay una de un superviviente explicando por qué había dejado de creer en Dios. Según lo describe Segev: “Dios permitió a las tropas de las SS arrancarle un bebé a su madre y usarlo como balón de fútbol. Cuando se convirtió en un girón de carne, se lo echaron a los perros. La madre fue obligada a verlo. Entonces le arrancaron la blusa y le obligaron a que la usara para limpiarles la sangre de sus botas.”
http://www.elimparcial.es/mundo/simon-wiesenthal-cazador-de-nazis-71653.html

Las Nuevas Multinacionales españolas

Tal vez sorprende pero España, junto con Corea del Sur y Taiwán, ha creado el más alto número de multinacionales globales entre los países que en los años 60 no habían desarrollado una base industrial sólida. Hoy las más conocidas de estas empresas, como Santander, Telefónica, Iberdrola,Inditex y Freixenet, son la cara más dinámica de una economía enferma. Pero hay muchas otras — más de 1.800 empresas españolas de todo tipo y tamaño podrían ser consideradas como multinacionales, según el nuevo libro de Mauro Guillén y Esteban García-Canal. Estas empresas han emprendido más de una adquisición en el extranjero, una nueva inversión (greenfield investment) o han establecido una empresa conjunta (joint venture).

The New Multinationals: Spanish Firms in a Global Context (“Las Nuevas Multinacionales: Empresas Españolas en un Contexto Global”), publicado este mes por Cambridge University Press, es una continuación de otro libro pionero y fascinante de Guillén (The Rise of Spanish Multinationals, “El auge de las multinacionales españolas” también publicado por CUP en 2005 y en español en 2006 por la Fundación Rafael del Pino). Mientras que el primer libro relata la creación de las multinacionales más conocidas y sus primeros pasos, su nuevo libro tiene un foco más sectorial (industrias tradicionales, bienes de consumo duraderos, servicios financieros, telecomunicaciones y infraestructura) y más teórico.

Guillén, Catedrático de la Escuela de Negocios de Wharton, Estado Unidos, y García-Canal, Catedrático de Organización de Empresas en la Universidad de Oviedo, hábilmente mezclan teoría y el relato de cómo estas empresas han logrado forjar una presencia internacional.

El stock de la inversión directa española (IDE) al final del 2009 fue de 645,918 millones de dólares, más alto que el de Italia en términos absolutos (578,123 millones) y como porcentaje del PIB (44,2% para España y 27.4% para Italia). En 1990 el stock de la IDE representó solo el 3% del PIB (15.700 millones de dólares). En términos de PIB, solo la pequeña Hong Kong ha logrado tanto avance (del 3% hasta 396%).

Las 35 empresas que forman el índice Ibex, el principal índice de referencia de la Bolsa de Madrid, generaron el 53% de sus ingresos totales fuera de España en la primera mitad de este año (el 24% en 1997). Sin estas inversiones en el exterior, algunas de estas empresas hubieran pasado bastante mal la recensión en España.

Mientras que las multinacionales tradicionales se crearon en las economías más tecnológicamente avanzadas y desarrolladas como los Estados Unidos y el Reino Unido y lograron su máxima expansión global en los años 60 y principios de los 70, gracias también a otras fortalezas como marketing y gestión, las nuevas multinacionales (NMs) han seguido caminos de expansión internacional bien distintos.

Mientras que el ritmo de expansión de las tradicionales fue progresivo, lo de las NMs (o multinacionales emergentes como las llaman algunos) ha sido acelerado (basta ver el caso de España). Las tradicionales se acostumbraron a trabajar en países con sistemas políticos estables y las NMs en entornos inestables (por ejemplo, América Latina y otra vez la experiencia de varias empresas importantes españolas). Sin su positiva experiencia en América Latina, Santander y BBVA, por ejemplo, no hubieran diseñado sus respectivas estrategias de presencia en el Reino Unido y Estados Unidos.

Las nuevas multinacionales han emergido de varias industrias en particular: las NMs coreanas en automóviles y electrónica, las de Taiwán en la manufacturera de componentes, las de Brasil en minería y aviones y las españolas en industrias reguladas y de infraestructura.

“Hace 20 años, nunca hubiera soñado que íbamos a ser el noveno banco más grande del mundo,” dijo Emilio Botín, Presidente del Grupo Santander. Esto lo dijo en 2005, y desde entonces ha crecido aún más. En la primera mitad de este año, el Reino Unido (país en el que Santander entró con fuerza en 2004 con la compra de Abbey) generó más beneficio que la Red Santander en España.
http://www.elimparcial.es/nacional/las-nuevas-multinacionales-espanolas-71270.html

Injusticia electoral

¿Cuál es el sistema electoral más justo y eficaz en una democracia para elegir los parlamentarios y, por ende, un gobierno?. La repuesta es ninguno porque, como explica detalladamente George Szpiro en su nuevo y ameno libro, Numbers Rule: the Vexing Mathematics of Democracy, from Plato to the Present (“Mandan los números: las molestas matemáticas de la Democracia, de platón a la actualidad”, publicado por Princeton University Press) todos los sistemas tienen sus paradojas, faltas de coherencia y manipulaciones. El único sistema que no los tiene es una dictadura. Como dijo Winston Churchill, “la democracia es el menos malo de los sistemas políticos.”

El sistema electoral británico -con circunscripciones de un escaño que se otorgan al candidato más votado aunque no logre la mayoría de los votos- no es ni mucho menos de los más justos, aunque ha cumplido con su misión de producir gobiernos fuertes de un solo partido con mandatos claros. Pero en mayo de este año se ha dado un vuelco a la situación produciéndose la primera coalición (conservadores y liberales-demócratas) desde los años de la Segunda Guerra Mundial (cuando se constituyó un gobierno de concentración nacional).

En 1997, cuando Tony Blair puso fin a 18 años de poder de los conservadores, los laboristas ganaron 418 de los 650 escaños con el 43,2% del voto popular. Este mayo David Cameron puso fin a 13 años de gobierno laboristas con 306 escaños (el 36,1% del voto), quedándose a 20 escaños de la mayoría absoluta. Los liberales necesitaron una media de casi 120.000 votos por escaño en comparación con los 35.000 votos de los conservadores y los 33.350 de los laboristas. El sistema conocido en ingles como first-past-the-post beneficia a los dos grandes partidos (la mayoría de los candidatos en las circunscripciones son elegidos con menos del 50% de los votos). No sorprende que el “precio” de los liberales para formar gobierno con Cameron sea un referéndum en 2011 sobre un nuevo sistema electoral basado más en los resultados de todos los partidos y menos en la mayoría simple de un partido. No es del todo seguro, sin embargo, que mis compatriotas voten a favor de un nuevo sistema.

Hay argumentos en contra del sistema electoral español, aunque es un sistema proporcional (el D’Hondt ). Este método consiste básicamente en ordenar de mayor a menor los votos obtenidos. Luego se van haciendo sucesivas divisiones entre 1 y el número de escaños de cada circunscripción territorial, para ir asignando los escaños de forma proporcional a los votos.

Este sistema cumplió con las necesidades de la transición a la democracia —promover un bipartidismo fuerte y evitar la excesiva atomización de fuerzas políticas en el Parlamento- y ha dado a España gobiernos estables, no sólo los mayoritarios, sino también los minoritarios. Pero, al pasar los años, ha consolidado algunas injusticias.
Por ejemplo, un escaño en las Cortes en las últimas elecciones generales costó a los Socialistas 66.801 votos; al Partido Popular 66.740 votos; a Izquierda Unida 484.973 y a Unión Progreso y Democracia 306.079. Las provincias pequeñas están sobre representadas: en 2008, Soria con un electorado de 78.531 votantes eligió dos miembros del Congreso (uno por cada 39.265 votantes) mientras Madrid con 4,458,540 votantes eligió 35 diputados (uno por cada 127.387 votantes).

Los 306.128 votantes del Partido Nacional Vasco (seis diputados) van a ser más decisivos en la elaboración de los próximos Presupuestos Generales que los 969.946 de Izquierda Unida (dos diputados). Como bien escribió Víctor Morales en una carta publicada en El País , “¿por qué un votante del PNV tiene ahora capacidad de influir en los Presupuestos y yo no?

Szpiro, un matemático y periodista, sigue la historia fascinante de los personajes que inventaron diferentes sistemas electorales distintos. Uno de ellos fue el monje medieval Ramón Llull (c. 1232-1315), más conocido por ser uno de los creadores del catalán literario que por su pensamiento sobre elecciones. Su novel Libre d’Evast e d’Aloma e de Blanquerna tiene un capitulo — En qual manera Natana fu eleta a abadessa — que desarrolla una interesante método electoral.

No hay espacio aquí para explicarlo en detalle. El ejemplo es la elección de abadesas en los conventos. Consiste básicamente en que cada una de las nueve monjas de una lista electoral para ser abadesa compite con cada una de ellas en series de dos y cada victoria acumula puntos. Cada candidata de las nueve tiene que presentarse ocho veces. La ganadora es la monja que consigue más puntos. En este caso el máximo número de puntos es ocho. Llull creía que su sistema representaba la voluntad de Dios, pero es poco práctico para elecciones generales con centenares de candidatos y millones de votantes.

Otras personas estudiadas en el libro de Szpiro son Platón, Plinio el joven, el Marques de Condorcet (quien demostró que la mayoría en el voto en una elección podría tener un resultado que no diera un claro ganador), Thomas Jefferson, Alexander Hamilton y Kenneth Arrow (Premio Nobel de Economía en 1972).

En suma, el sistema electoral perfecto está aún por inventarse. ¡Que los políticos tomen nota!
http://www.elimparcial.es/sociedad/injusticia-electoral-70885.html