Un año de la reforma laboral, sin sorpresas

No hay que sorprenderse por el impacto sobre el paro de la reforma laboral que fue aprobada por el Gobierno hace un año. Desde entonces el paro registrado se ha incrementado en más de 380.000 personas (+8,3%), hasta situar el total de parados en 4,98 millones, récord del registro, y en términos de la Encuesta de la Población Activa (EPA), aunque no coincide exactamente con el periodo de vigencia de la reforma, España cerró 2012 al borde de los seis millones de parados, tras sumar casi 700.000 desempleados en el año, con una tasa de desempleo del 26% (otro récord).

La mayoría de los votantes, incluyendo los del Partido Popular, cree que la norma es injusta, según una encuesta de Metroscopia. Los votantes populares que aprobaban mayoritariamente (59%) la reforma cuando se puso en marcha y la calificaban como justa (64%) han cambiado radicalmente de opinión: ahora un 49% la rechaza y un 52% la tilda de injusta.

La reforma no solo no ha logrado lo que se proponía — facilitar la contratación y evitar el despido como último recurso de las empresas, según consta en el real decreto ley (medida usada por el Gobierno al no alcanzar un acuerdo los sindicatos y empresarios) -, sino que ha producido los resultados contrarios. El Gobierno, como es lógico, exageró los beneficios potenciales de la reforma por sus propios intereses.

La masiva destrucción de empleo se debe más a un modelo productivo caduco (excesivamente basado en la construcción) que a la reforma en si misma.

Es cierto que algunas (¿muchas?) empresas han usado o abusado de la ley para reducir sus plantillas en condiciones más fáciles que antes, pero el grueso de la destrucción de puestos de trabajo vienen del sector de la construcción en la más amplia definición de este segmento de la economía (desde peones hasta fabricantes de puertas, ventanas y muebles y agencias inmobiliarias).

Este mismo sector, una rémora para todo el país y la raíz de gran parte de sus problemas (incluyendo la corrupción hasta cierto punto), ha contaminado todo el sector bancario que en 2012 sufrió un annus horribilis debido a la enorme cantidad de provisiones constituidas por sus riesgos inmobiliarias. Basta ver el impacto sobre el beneficio de Santander que, además, vendió el año pasado nada menos que 33.500 inmuebles (promotor y adjudicados). Bankia, la vergüenza nacional, va a reducir su sobredimensionada plantilla en 4.500 empleos.

Lo que no se sabe es que hubiera pasado al empleo SIN la reforma laboral. Dudo que la situación de hoy hubiera sido diferente. Uno de los puntos positivos de la reforma es que la nueva flexibilidad en la negociación colectiva probablemente ha salvado puesto de trabajo en vez de destruirlos.

Mientras tanto, España empieza a atraer inversiones significativas debido a la mejora en su competitividad. Nissan Barcelona anunció este mes una inversión de unos 130 millones de euros para fabricar un nuevo modelo, un turismo, a partir de julio de 2014. El lanzamiento del nuevo modelo supondrá la creación de 1.000 puestos de trabajo directos y 3.000 empleos indirectos.

Otra buena noticia es que el abandono escolar temprano bajó en 2012 por cuarto año hasta el 24,9% de jóvenes entre 18 y 24 años que no estudian más allá de la educación obligatoria, desde un máximo de 32,0% en 2004 durante el boom económico, según el cálculo adelantado por la Federación de Enseñanza de CC OO.

La tasa, sin embargo, sigue siendo casi el doble del promedio de la Unión Europea y muy lejos de la meta de 10% que estableció la Comisión Europea.

Muchos jóvenes abandonaron la educación a los 16 años para trabajar en el sector de la construcción y hoy, desempleados, están poco calificados, aunque tal vez encuentren trabajo en Alcorcón cuando arranque la edificación del nefasto Eurovegas, el mayor complejo de casinos y congresos de Europa.

Los más sensatos entre este colectivo están regresando al cole o incorporándose a cursos de formación profesional, y los jóvenes de 16 años hoy no tienen más remedio que seguir estudiando.
http://www.elimparcial.es//un-ano-de-la-reforma-laboral-sin-sorpresas-118716.html

El país donde nadie dimite

Mientras en este país asistimos a los escándalo de las supuestas entregas de dinero en sobres a dirigentes del Partido Popular, un asunto de profundo gravedad si quedara comprobado, en mi país, el Reino Unido, el ex ministro de Energía, Chris Huhne, ha anunciado que va a dimitir de su escaño en el Parlamento tras declararse “culpable” ante un tribunal de Londres de intentar ocultar una infracción de tráfico, algo que hasta ahora siempre había negado.

Huhne, del Partido Liberal Demócrata, ya había renunciado a su puesto en el Gobierno de coalición en febrero de 2012 cuando la Fiscalía decidió procesarle por esa infracción de tráfico cometida en 2003, que achacó a su entonces esposa.

“Habiendo asumido la responsabilidad por algo que ocurrió diez años atrás, la única medida apropiada que puedo adoptar ahora es dimitir de mi escaño por Eastleigh en el Parlamento, algo que haré en breve”, comunicó Huhne.

Es un asunto de poca importancia, en comparación con los papeles de ex tesorero Luis Bárcena, y, a diferencia de los políticos españoles, los políticos británicos aceptan sus responsabilidades.

Y no solo los políticos. El director general de la BBC, George Entwistle dejó el puesto en noviembre pasado por su manejo de la crisis originada por un reportaje del programa Newsnighten la televisión nacional, que acusó por error a un ex político británico de abuso sexual infantil. Él no hizo el programa, pero era el responsable final. En una declaración pronunciada Entwistle dijo: “He decidido que lo honorable es renunciar”.
¿Alguien podría imaginar estas palabras en boca de un político español o incluso un empresario (véase el caso de Gerardo Díaz Ferrán, el expresidente de la CEOE), aunque siempre hay alguna honorable excepción como Antonio de Guindos?

De Guindos dimitió esta semana como delegado de Medio Ambiente y Movilidad en el Ayuntamiento de Madrid, unas horas después de haber sido imputado por su presunta responsabilidad en la tragedia que costó la vida a cinco jóvenes en la fiesta de Halloween celebrada en el pabellón Madrid Arena. Todo un ejemplo.

Más de 300 políticos españoles están imputados en presuntos casos de corrupción (10 de los cuales son diputados del PP en el parlamento de Valencia), además de las investigaciones que están en marcha sobre la gestión de distintas entidades financieras como Bankia o la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM), de cuyos consejos de administración formaban parte. Que yo sepa, ninguno de los imputados ha dimitido.

Además uno de estos imputados, Rodrigo Rato, expresidente de Bankia, se ha incorporado a Telefónica como consejero asesor para Europa y América Latina en uno de los fichajes más vergonzantes que conozco, sin esperar el resultado del juicio, si es que hay uno. Rato, y la cúpula de Telefónica, tienen piel de rinoceronte.

Es cierto que todos los ciudadanos deben ser considerados inocentes hasta que se demuestre que son culpables. El problema en España es que los procesos judiciales marchan a paso de tortuga antes de llegar a un juicio, si es que llegan, y la judicatura está demasiado politizada (a gran diferencia del Reino Unido), todo lo cual beneficia a los políticos y aumenta la desconfianza de los ciudadanos.

Recuérdese el caso Filesa, un caso de corrupción consistente en la creación de una trama de empresas cuyo fin era la financiación ilegal del PSOE, para hacer frente a los gastos originados por las campañas electorales del año 1989, hechos todos ellos establecidos como probados por la Judicatura. ¡La sentencia se dictó en 1997, un año después de perder las elecciones frente al PP!
http://www.elimparcial.es//el-pais-donde-nadie-dimite-118377.html

El impacto de la crisis inmobiliaria sobre Grupo Santander

Hay varias maneras de entender el alcance de la crisis inmobiliaria que tanto desempleo ha creado en el maldito sector de la construcción (más de un millón de desempleados difícilmente reciclables) y que ha contaminado todo el sector bancario.

Una es enfocarse en el número de pisos que Grupo Santander vendió en 2012: nada menos de 31.000 propios y de promotores, y 2.500 otros inmuebles. ¿Qué hace un banco vendiendo pisos? Pues sacándose de encimaun gran número de inmuebles que tenía contabilizados en su balance como adjudicados, muchas veces con grandes descuentos. Estas ventas hacen del Santander no uno,sino probablementela mayor agencia inmobiliaria en España.

La buena noticia de los resultados del Santander, un banco bien gestionado, es que en el año 2012 alcanzó un beneficio antes de provisiones de 23.559 millones de euros, aumentando por décimo año consecutivo y superando en un 34% al obtenido en 2008. Este beneficio, entre los mejores de los grandes bancos internacionales, es un buen indicador de la salud financiera a largo plazo y de la capacidad de un banco de generar dinero.

La mala noticia es que el impacto en el beneficio atribuido contable (el resultado final, después de provisiones) de los saneamientos inmobiliarios realizados en España y otras provisiones es de tal magnitud que este beneficio es de solo 2.205 millones, en comparación con 5.351 millones en 2011 y lejos de los 8.943 millones en 2009. Cuando las provisiones se normalicen algún día Santander volverá a la senda de beneficios fuertes.

Como explicó muy bien Alfredo Sáenz, el consejero delegado de Santander, en su admirablemente transparente presentación de los resultados esta semana, en el año 2012 el Grupo Santander dedicó 19.000 millones de euros para provisiones, con un esfuerzo especial en España y más en concreto parael saneamiento excepcional de sus eventuales riesgos inmobiliarios (6.140 millones de euros brutos).

Esas dotaciones provocan que el banco tenga pérdidas en Españaque se compensan con los beneficios en otros países, demostrando la sabiduría de la política de diversificación geográfica. Si a ellas se les añade las dotaciones realizadas en ejercicios anteriores, la resultante es que el Grupo Santander ha destinado desde el inicio de la crisis más de 23.000 millones a dotaciones específicas para insolvencias ypara el sector inmobiliario en España.

Son sumas difíciles de asumir por el ciudadano de la calle pero muy importantes para fortalecer un sistema financiera herido seriamente por la crisis y las tonterías de los gestores de unas cajas de ahorro, empezando con Bankia (hoy un banco comercial) cuyo antiguo presidente, Rodrigo Rato, bajo investigación por fraude, se ha incorporado a Telefónica como consejero asesor para Europa y América Latina en uno de los fichajes más vergonzantes que conozco. Como me dijo un amigo profesor en una escuela de negocios “va a suponer un coste reputacional muy duro, la gente ya está hablando de una empresa bananera.”

Otro notable impacto para el Santander es el significativo aumento realizado en fondos para cobertura, que unido con su estrategia de acelerar la reducción de los saldos inmobiliarios, hace que en términos netos el total de su exposición en España haya pasado de 24.900 millones de euros en 2011 a 12.500 millones en 2012, es decir, bajó 12.400 millones en un año, y 28.500 millones y un 69% desde 2008.

Con esta evolución la cobertura del total de la exposición inmobiliaria, incluyendo el riesgo vivo, se eleva hasta el 47% (frente al 22% en 2011 y 3% en 2008). El ratio de morosidad con finalidad inmobiliario ha subido desde el 17,0% en 2010 hasta el 47,7% en 2012, un buen indicador de hasta que punto los “buenos y responsables” bancos como el Santander han sido afectado por la crisis.

El ratio de morosidad del Santander en España, sin embargo, solo aumentó en este mismo periodo hasta el 6,7%, muy por debajo de promedio del sector bancario en España (casi el 12%).

Mientras tanto, se estima que el número de viviendas iniciadas en 2012 fue de solo 50.000, la cifra más baja en los últimos 40 años. Y no sorprende, dado la enorme cantidad de viviendas nuevas que aún no se han vendido (estimada en 675.000).
http://www.elimparcial.es//el-impacto-de-la-crisis-inmobiliaria-sobre-gruposantander-118010.html

La crisis en España: ¿pasando página?

El Gobierno está contentísimo después de emitir deuda en los mercados por valor de 27.000 millones de euros hasta la fecha en enero, la segunda cifra mensual más alta desde el inicio de la crisis del euro hace ya más de tres años y casi el 10% de las enormes necesidades financieras para este año. Y logró colocar 7.000 millones de euros a 10 años en una subasta sindicada, la primera emisión de esta naturaleza desde febrero pasado. Lo que más llama la atención fue la alta demanda para esta emisión con 22.700 millones, lo que supone un récord para el Tesoro. Sin embargo, la rentabilidad del 5,4% fue bastante alta (la misma de hace casi un año) y en gran parte explica la demanda para los bonos.

Luis de Guindos no pudo contener su alegría. “Nunca en la historia del Estado español había habido ni una subasta, ni un sindicado, con tal volumen de demanda,” y añadió que “se han disipado las dudas” sobre el país ante los esfuerzos por reducir el déficit público.

Es cierto que el éxito del Tesoro demuestra más confianza internacional en la economía española. Sin embargo, el tipo de la colocación de 10 años equivale a una prima de riesgo de 383 puntos básicos con el bono alemán de 10 años, y Telefónica ha conseguido emitir a plazos similares con tipos inferiores a los del Reino de España.

Hay otras buenas noticias. El número de turistas en 2012 fue de 57,9 millones, el tercer mejor año registrado (59,2 millones en 2007 y 58,4 millones en 2006), el déficit por cuenta corriente en términos del PIB bajó el año pasado a alrededor del 2% (10% en 2007), gracias al empuje de las exportaciones y el bajón de las importaciones, y el Ibex-35, el índice de referencia de la Bolsa de Madrid, ha subido este año más que el Euro Stoxx 50, aunque partiendo a finales del 2012 del nivel más bajo desde 2003 y tras cerrar su tercer año consecutivo en rojo. El índice fue el único de los índices internacionales de referencia que bajó en 2012. ¿España ha pasado página en su largo camino hacia una recuperación? ¿Se aleja el fantasma del rescate?

Aunque estas noticias son positivas e importantes, no pintan mucho para la gran mayoría de la población, en particular para los 6 millones de oficialmente desempleados (casi 700.000 más que en 2011). El poder adquisitivo se hundirá en 2013, debido a la combinación del alza de precios (electricidad, combustible, transporte público y previsiblemente telefonía por la liberalización de la cuota mensual de Telefónica), impuestos y la contención de salarios y pensiones. Y la economía seguirá en recesión este año, después de contraerse el 1,3% en 2012. Ya llevamos 5 años de recesión (el crecimiento en 2011 era muy débil).

Así que estamos lejos de poder lanzar las campanas a vuelo. España necesita crecer a un ritmo de entre el 2% y el 2,5% para poder crear puestos de trabajo en términos netos. Este año se estima que la economía se contraerá el 1,3%, según la OCDE, y crecerá solo el 0,4% en 2014. La parte dinámica de la economía — la que exporta y ha invertido en negocios en el extranjero (gracias a Dios o a quien sea que este segmento existe, si no la situación sería mucho peor) — no es ahora, ni nunca será, capaz de crear los millones de puestos de trabajo que España necesita. ¿De dónde van a venir? ¿Del sector de la construcción como antes?

Lo más preocupante de la situación actual es la creciente percepción, debido a tanta corrupción y una impunidad aparente, que España tiene una casta, no una clase, política. Hace poco me encontré con un amigo diputado de Cuenca (da igual si es del Partido Popular o Socialista), la provincia donde tengo una casa en un pueblito desde el año 1976, y se me quejaba de que había salido de la Cortes después de muchas horas allí, y al poner pie en la calle un multitud de indignados gritaron insultos a él y a sus colegas. Me preguntó mi opinión y le dije que sentía simpatía hacia ellos. Me miró sorprendido. A mi lado, un distinguido sociólogo y columnista preguntó al diputado qué iba a hacer la clase política para mejorar la percepción. No sabía.
http://www.elimparcial.es/economia/la-crisis-en-espana-pasando-pagina-117664.html

Mi entrevista con el Rey

En noviembre de 1977, siendo corresponsal de The Times de Londres, me resultó sorprendentemente fácil obtener una entrevista off the record con el Rey, el mayor objeto de deseo de los periodistas. Esto pudo deberse a que había conocido a su padre, Don Juan, Conde de Barcelona (en Madrid y en su casa del exilio en Estoril, Portugal), al cual le había pedido ayuda para escribir un perfil sobre su hijo al cumplir dos años la restauración de la monarquía.

En contraste, me fue imposible hablar directamente con Blas Piñar, líder de Fuerza Nueva, partido de la derecha más extrema que mantenía vivas las ideas de Franco tras su muerte. Notario de profesión, Piñar me hizo presentarle mis preguntas por escrito, y firmó cada página de sus respuestas como si estuviera legalizando un documento.

El Rey, nombrado por Franco y conocido indistintamente como Juan Carlos el Tonto o Juan Carlos el Breve, especialmente por los comunistas, apreciaba en nuestra conversación, divertido, un chiste que se contaba a su costa: “¿Por qué le coronaron en un submarino?” “Porque en el fondo no era tan tonto”.

Esta anécdota me vino a la mente al escuchar la semana pasada la entrevista con él hecha por Jesús Hermida. Hasta su desafortunada cacería de elefantes en Botsuana siempre tuve una alta estima hacia el Rey, a quien consideré una persona sensata y con un gran olfato político, y lejos de ser un tonto. Mi fe en él se reestableció cuando luego pidió perdón nada más salir del hospital, cosa que los monarcas no suelen hacer.

El incidente en Botsuana fue un punto de inflexión en los 37 años de la monarquía y probablemente influyó mucho en la decisión de hacer la Casa Real más transparente, incluyendo la primera entrevista pública en 12 años con el Rey, aunque el motivo oficial era celebrar los 75 cumpleaños de don Juan Carlos.

La conversación entre el Rey y Hermida, quien se mostró demasiado complaciente con don Juan Carlos con sus preguntas algo obvias y banales en forma consecutiva, no tuvo espinas, como era de esperar. Nada sobre Botsuana o la imputación del yerno Iñaki Urdangarin, este último caso mucho más dañino para la institución de la monarquía que la cacería de elefantes. En mi opinión, lo que más perjudicó a don Juan Carlos no fue gastar dinero en matar elefantes, siendo ser presidente de honor del World Wildlife Fund, y dejarse fotografiar al lado de uno de estos magníficos animales muerto, sino hacerlo después de haber dicho que el paro juvenil le “quita el sueño”. Este mostró una total falta de sensibilidad, algo sorprendente en un hombre muy sensible a los deseos de la gran mayoría de españoles después de la dictadura.

Gran parte de la entrevista con Hermida estuvo dedicada a los logros alcanzados en los 37 años desde la muerte de General Franco, que son muchos y muy conocidos. El problema para el futuro de la aún joven monarquía española (en comparación con la mía, la británica, que lleva varios siglos) es que la popularidad de don Juan Carlos ha caído entre los jóvenes, que no vivieron la llegada de la democracia ni el golpe militar del 23-F o la entrada en la Unión Europea. La alusiones en la entrevista a los sacrificios y sufrimientos de la generación del Rey (y de Hermida) en traer la democracia y al papel del padre de don Juan Carlos, don Juan, en asesorar a su hijo en la importancia de ser el “rey de todos los españoles”, probablemente cayeron en saco roto a esta “generación perdida” por tanto desempleo y bajos niveles de educación. Todo esto es historia no vivida para ellos.

Según el barómetro del CIS (una institución financiado por el Estado) de octubre de 2011, en el que la Monarquía obtuvo su primer suspenso, el 35,6% de los jóvenes entre 18 y 24 años tienen ninguna o muy poca confianza en la institución. Las cifras se invierten en el sector de la población de 55 a 64 años: el 45,6% situó entre un 7 y un 10 su nivel de confianza en la Monarquía.

Incluso en mi propia casa, mis dos hijos de 31 y 30 años, educados en Madrid hasta los 18 años y bastante identificados con España, a pesar de trabajar en Londres y Berlín bastante años, respectivamente, no sienten el mismo respecto para el Rey que yo.

No faltan entre los “indignados” del Movimiento 15-M, sin hablar de partidos abiertamente republicanos como Esquerra Republicana de Catalunya, personas que creen que la Monarquía es una institución anacrónica. Sería un desastre para el país reabrir un debate que divide sobre la institución de la Monarquía. Igual que los nacionalistas en Cataluña, quienes piensan que un estado independiente es la solución para todos sus problemas, una tercera república para España tampoco es la solución para los males del país.

Dicho esto, veo con buenos ojos que el Rey, a quien se nota el paso de los años y el peso de sus responsabilidades, ceda ya el trono a su muy preparado hijo, don Felipe. No debería de seguir el ejemplo de Franco y morir con las botas puestas.
http://www.elimparcial.es//mi-entrevista-con-el-rey-116951.html

La sostenibilidad de las pensiones

Cuando España introdujo la edad obligatoria de jubilación en 1919 la esperanza de vida media al nacer era de 40 años y casi un siglo después es de 82 años, y los que alcanzan los 65 años suelen vivir hasta los 90 años — 25 años más. A pesar de estos profundos cambios, gracias a la mejora de hábitos de vida, medicamentos y sistema público sanitario, la edad de jubilación obligatoria sigue siendo los 65 años, pero a partir del año 2027 la edad será de 67 años cuando entre en pleno vigor la ley que aprobó José Luis Rodríguez Zapatero en 2011. Entre hoy y 2027, la edad de jubilación se amplía gradualmente de 65 a 67 años (a mes por año).

Además, debido a la crisis y al altísimo nivel de desempleo, que ha reducido significativamente el número de contribuyentes a la Seguridad Social, hoy hay menos de 17 millones de afiliados que están pagando las pensiones de unos nueve millones de personas. En otras palabras, España ya cuenta con menos de dos ocupados para pagar cada pensión, y no hay que descartar que el número de parados llegue a seis millones este año.

La cifra oficial que baraja el Ministerio de Empleo para la tasa de dependencia (afiliados a la Seguridad Social por cada pensionista) está en 2,4 activos por pasivo. Sin embargo, en esta ratio se contabilizan como cotizantes los 2,7 millones de desempleados por los que el Estado cotiza durante el tiempo que cobran prestación. Sin ellos, la tasa del sistema español caería por debajo de 2, rozando el límite de sostenibilidad bajo la hipótesis de que la productividad no tenga cambios espectaculares.

Un sistema de reparto es sostenible en el tiempo cuando la tasa de dependencia arroja una cifra en el entorno de 2,5 cotizantes por cada pensionista; y se habla de condiciones óptimas de viabilidad financiera a partir de una tasa de 3, en niveles normales de productividad. España llegó a tener 2,7 en 2007, el último año de su década de vacas gordas.

Dadas todas estas circunstancias, me parece lógico y de sentido común que el Gobierno quiera ampliar la edad mínima para las jubilaciones anticipadas de 61 años a los 63 años y para las voluntarias de 63 a 65 años.

Al finales del año pasado el Gobierno aprobó un decreto ley, su método favorito, que suspende la aplicación de la reforma de Zapatero — con el voto en contra del Partido Popular en 2011 vale recordar — en lo que se refiere a jubilación anticipada y parcial. De momento, sigue en vigor la ley anterior en este aspecto. Antes de abril próximo, el Gobierno quiere un pacto de consenso con el PSOE y los sindicatos sobre las jubilaciones anticipadas. Si no se concreta, es de suponer que el Gobierno legislará y planteará su propia reforma a través de otro decreto ley.

La sostenibilidad de las pensiones es un tema vital: más del 25% del gasto total del Estado va a pensiones. En 2009 y 2010, con España en recesión, solo el 50% de las personas que se jubilaron tenían 65 años.

El enorme flujo de inmigrantes — casi 5 millones de personas entre 1998 y 2007 — fue visto en su día como algo positivo para la sostenibilidad de las pensiones, porque la gran mayoría trabajaron (en el sector de la construcción) y contribuyeron a la Seguridad Social. De hecho la gran inmigración permitió crear un fondo de reserva (una especie de hucha de las pensiones) de casi 70.000 millones de euros. Pero hoy muchos inmigrantes están en el paro, han regresado a sus países de origen o están sumergidos y no cotizan. Y los que siguen cotizando van a jubilarse algún día.

El Gobierno recurrió en 2012 por primera vez al fondo ante la delicada situación financiera de la Seguridad Social.

Según expertos como Guillermo de la Dehesa, la reforma de Zapatero no es suficiente, ya que el gasto en pensiones va a aumentar del 9% del PIB actual al 18% en 2050. La reforma sólo reduciría dicho incremento entre un 33% y un 43% (de acuerdo con tres cálculos fiables).

Corresponde a Rajoy, que tantas veces ha dicho que las pensiones son una prioridad básica para él, mostrarse como un hombre de Estado en este asunto y ofrecer solidaridad intergeneracional.
http://www.elimparcial.es/nacional/la-sostenibilidad-de-las-pensiones–116594.html

España y Inglaterra, vidas paralelas, hasta cierto punto

En un aspecto clave, España y mi país, el Reino Unido, son muy parecidos. Los dos publicaron este mes sus censos de población de mayor envergadura realizados cada 10 años y en ambos casos la mayor parte del crecimiento de sus respectivas poblaciones se ha debido a inmigrantes.

La población total de Inglaterra y del País de Gales creció 3,7 millones (+7%) hasta los 56,1 millones de habitantes entre 2001 y 2011, de los que el 60% se ha debido a inmigrantes (+2,1 millones), mientras que la población española aumentó el 14.6% en este mismo periodo, desde 40,8 millones hasta 46,8 millones, lo que supone el mayor crecimiento en una década jamás registrado en España.

El 62% del incremento de la población española (+3,7 millones de habitantes) se ha debido a la inmigración. Esta última cifra es la misma que el aumento total en la población de Inglaterra y el País de Gales y subraya el profundo cambio demográfico en España.

El aumento de nacionales se ha debido fundamentalmente al aumento de la esperanza de vida, la subida de las tasa de natalidad (sobre todo en el periodo 2005-2009 durante la última parte del boom económico) y al hecho de que muchos extranjeros hayan adquirido la nacionalidad española. Si uno incluye este último grupo como inmigrantes (no hay cifras publicadas), el flujo de extranjeros ha sido aún más intensivo.

Las caras de los dos países están cambiando a un ritmo vertiginoso. Británicos étnicos blancos en Londres, por ejemplo, han dejado de representar por vez primera la mayoría de la población. Hoy están en una minoría (el 45% de la población de Londres en comparación con casi el 60% en 2001). Más de una de cada tres personas que viven en Londres (el 37%), incluyendo a mi hijo de 31 años (nacido en México), no nacieron en el Reino Unido.

En España, más del 20% de las poblaciones de las provincias de Alicante y Girona son hoy extranjeros.

La primera vez que llegué a España en 1974 para trabajar, yo era uno de los aproximadamente 165.000 extranjeros que había en el país. Hoy soy uno de los más de 5,6 millones.

Otro cambio en el Reino Unido, indicado por el censo, es una población menos religiosa, a juzgar por los resultados publicados aunque la pregunta sobre la afiliación religiosa es voluntaria. El porcentaje de personas que se han identificado con el cristianismo cayó desde el 72% en 2001 hasta el 59% en 2011, a pesar del incremento en la población total. Esta religión fue la única que registró una caída durante los 10 años. Además, la cuarta parte de la población dijo que no estaba adherida a ninguna religión (el 15% en 2001).

El primer país de origen de inmigrantes entre 2001 y 2011 en Inglaterra y País de Gales fue India, seguido por Polonia. En 2001, fue Irlanda. Es de suponer entonces que ha aumentado la proporción de hindús.

En España, Rumania ha sido la fuente principal de inmigrantes. Su número aumentó de 57.533 en 2001 hasta 798.104 en 2011, seguido por marroquíes (desde 247.941 a 773.966).

No hay datos sobre la afiliación religiosa en el censo español, y desconozco si habrá, pero, igual que en el censo británico, es de esperar que menos personas se hayan identificado con el cristianismo y que la secularización de la sociedad avance progresivamente. Mientras el hinduismo ha crecido en el Reino Unido, en España ha sido el Islam.

La demografía española está cambiando, pero no la mentalidad de la jerarquía de la Iglesia Católica. Parece cierto que la Iglesia va a colmar su reivindicación de que se suprima la polémica Educación para la Ciudadanía (cursos similares existen en otros países europeos), lanzada por José Luis Rodríguez Zapatero. Además los alumnos que elijan no cursar la asignatura de Religión en los centros públicos (incluido en el Acuerdo entre el Estado español y la Santa Sede de 1979, y voluntaria) tendrán que estudiar una materia alternativa fuerte sobre valores culturales y sociales en primaria y valores éticos en secundaria (una manera de que la asignatura confesional no pierda alumnos).

La Iglesia espera ganar clientela, con el apoyo activo del PP. El mismo ministro de Educación, José Ignacio Wert, admite que el impulso que se pretende dar a la religión en la escuela con la eliminación de la Educación para la Ciudadanía es una “opción política”. La reforma supone un paso atrás.

Ha llegado la hora para otra opción política: retirar la asignatura de Religión del horario lectivo. Un Estado supuestamente laico no tiene la obligación de proporcionar enseñanza religiosa en los centros públicos en condiciones equiparables a las demás asignaturas fundamentales.
http://www.elimparcial.es//espana-y-inglaterra-vidas-paralelas-hasta-cierto-punto-116344.html

¡Es la educación, estúpido!

Por enésima vez estamos asistiendo a un debate estéril sobre la educación que se centra en temas que no son primordiales, como el modelo lingüístico que tanto ha enfurecido a los nacionalistas catalanes, o el reparto de recursos a los colegios en función de resultados, o eliminar, aparentemente, la polémica asignatura de Educación para la Ciudadanía que tanto disgustó a la jerarquía de la Iglesia Católica para poner en su lugar una nueva más en acorde con sus deseos.

Nadie en su sano juicio pueda negar el deterioro del sistema educativo en España en los últimos 20 años. Basta ver algunas cifras como la tasa del abandono escolar prematuro (26,5%, casi el doble de la media europea, y esto en una recesión) y los mediocres resultados de los alumnos de 15 años españoles en exámenes internacionales como PISA.

Los resultados de los alumnos de nueve años en lengua, matemáticas y ciencias son también mediocres, según un informe de International Association for the Evaluation of Educational Achievement (IEA). Igual que los resultados de PISA, España se sitúa por debajo de la media de la OCDE en las tres asignaturas. Esto significa que las carencias del sistema educativo se fraguan en primaria y no se consigue corregirlas, pues siguen ahí hasta el final de la enseñanza obligatoria, cuando una proporción escandalosamente alta de alumnos dejan de estudiar.

Un reciente informe de Pearson, en cooperación con el Economist Intelligence Unit (EIU), sitúa España en el lugar 28 de un ranking de 40 países basado en habilidades cognitivas y el nivel de estudios, detrás de, por ejemplo, Polonia, Eslovaquia, Rusia y la República Checa. Lo más llamativo de este informe es otro ranking que demuestra que el problema español no se debe a salarios más bajos que en otros países.

Según datos del EIU y del OCDE, el ratio del salario promedio de un profesor de educación primaria y secundaria al salario bruto medio es el segundo más alto de los 17 países investigados (1,76) después de Chile (2,78), pero España figura en la cola del índice global citado arriba. Finlandia, en cambio, es el número uno en el índice global y en el lugar 14 del anterior ranking (con un ratio de 0,87).

Los autores del informe dicen que no hay relación clara alguna entre el nivel del salario de un profesor y sus resultados, pero sí lo hay a veces con el sistema de renumeración basado en el rendimiento. Su conclusión es que hace falta pagar a los profesores “razonablemente bien, pero éste desluce en comparación con otros factores.”

En otras palabras, España paga a sus profesores relativamente bien pero no obtiene buenos resultados. Los últimos tres países en la tabla sobre el ratio de sus sueldos al sueldo promedio — Noruega, Suecia y Australia — son países bastante más ricos que España y todos sobrepasan a España en resultados.

¿Cuál es la solución a este problema? ¿Por qué el sistema educativo español rinde tan poco? Yo no pretendo ser experto en el tema, pero cualquiera con un mínimo comprensión del problema sabe que las reformas hasta ahora no han servido para mejorar el sistema educativo. Al contrario.

Entre las deficiencias están la calidad de los profesores, la falta de disciplina en las aulas, el sistema de aprendizaje muy basado en la memoria, con poca atención al análisis y a la capacidad de aplicar la información aprendida (a diferencia, por ejemplo, del sistema inglés), al escaso énfasis en las evaluaciones, a la desmotivación por repetir todo un curso que muchas veces da lugar a abandonar la educación una vez alcanzado la edad legal (16 años) para hacerlo (sólo el 74% de alumnos terminan la educación secundaria en comparación con un promedio de 85% en la Unión Europea) y, a las deficiencias en el nivel universitario, con carreras que son demasiado largas, con altos niveles de repetir asignaturas y la masificación a costa de la calidad.

Estos defectos no se corrigen con las reformas del Gobierno, aunque creo positiva la idea de introducir un elemento de competición entre colegios basado en hacer públicas sus notas en las evaluaciones y especialización. Hace falta un pacto entre el Partido Popular y los socialistas, en el cual ambos acepten que mejorar el sistema educativo es un gran reto que necesita, como mínimo, una década para rendir frutos.

He dicho que el problema no es uno de falta de fondos, aunque éste no justifica de ninguna manera los recortes brutales al presupuesto para la educación. Las universidades, por ejemplo, han perdido más de 800 millones de euros en los últimos tres años mientras que la matrícula ha aumentado en 70.000 alumnos.

Como avisaron los 50 rectores de las universidades públicas en su reciente comunicado sobre los recortes, “nos quedaremos sin una de las armas necesarias para avanzar y salir de la crisis económica: el conocimiento.” O en palabras de un dicho inglés, “una inversión en conocimiento siempre paga un tipo de interés excelente.”

http://www.elimparcial.es/sociedad/es-la-educacion-estupido-116090.html

Turquía en el punto de mira

En los últimos 10 años, bajo el liderazgo de Recep Tayyip Erdogan y el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), con raíces islamistas, Turquía ha emergido como una potencia económica y política. España es uno de los países que se ha beneficiado de esta nueva situación, como fue demostrado durante la reciente cumbre entre Erdogan y Mariano Rajoy en Madrid.

Turquía, que empezó a negociar su entrada en la Unión Europea en 2007 con el apoyo activo de España (el proceso está casi paralizado), ya es el segundo mercado más importante para las exportaciones españolas fuera de la Unión Europea y después de los Estados Unidos. La exportaciones españolas a Turquía aumentaron desde los 2.900 millones de euros en 2007 hasta los 4.400 millones en 2011 y fueron 3.400 millones en los primeros nueve meses de este año. La inversión directa española en Turquía alcanzo 7.100 millones de euros al final del 2011.

La economía turca creció el 9,2% en 2010 y el 8,5% en 2011 y en el tercer trimestre de este año el crecimiento se ralentizó a sólo el 1,6%, aunque sigue siendo un buen dato comparado con sus vecinos europeos, algunos de los cuales, como España, aún no han salido de la recesión. El mes pasado la calificación crediticia de Turquía recibió un ascenso de Fitch Ratings, alcanzando el grado de inversión por primera vez desde 1994.

Esta calificación supone un sello de aprobación de la economía turca y se espera que se acelere la entrada de inversiones extranjeras en el país incluyendo las de España. El Instituto de Crédito Exterior (ICEX) va a organizar el año que viene un foro de inversión en Estambul con el que se pretende que las empresas españolas y turcas desarrollen conjuntamente proyectos de inversión en sectores prioritarios.

La economía turca marcha bien y parece que va a poder aterrizar suavemente después de un periodo de fuerte crecimiento, a diferencia de la española. Mucho más problemática es la situación política. Erdogan tiene demasiados tics autoritarios y los derechos humanos distan mucho de lo que tienen que ser para un país con aspiraciones a adherirse a la UE. Por ejemplo, Turquía está a la cabeza de los países con mayor número de periodistas entre rejas (unos 76). La mayoría de los periodistas encarcelados están acusados bajo leyes antiterroristas y algunos por insultar a la nación turca (infrigiendo el polémico articulo 301 del Código Penal que no ha sido reformado suficientemente). Dicho esto, uno de los logros más importantes de Erdogan es el de haber reducido el poder y la influencia de los militares.

La mejor manera de entender la complejidad turca y los profundos cambios en la última década (algo parecido ocurrió en España) es leer el libro de Jenny White, Muslim Nationalism and the New Turks (“El nacionalismo musulmán y los nuevos turcos”), publicado el mes pasado por Princeton University Press. White es catedrática asociada de la universidad de Boston y ha seguida los altibajos de Turquía desde los años 70.

Según White, los tres cambios más importantes en Turquía ocurridos en los últimos 30 años son: el golpe militar de 1980, que reconfiguró el panorama político y dio más libertad a la forma turca de Islam para hacer frente al socialismo y comunismo; la apertura de la economía insular dominada por el Estado para poder competir en el mercado global y el auge de partidos políticos islamistas.

Jenny White explica muy bien los cambios profundos en la identidad nacional turca y en el significado del Islam y se pregunta si el llamado modelo turco es una historia exitosa o un cuento aleccionador.

Las elites musulmanas han desafiado al tradicional status quo laico, establecido a partir de la fundación de la República Turca en 1923 por el audaz Mustafa Kemal Ataturk sobre las ruinas del Imperio Otomano, y han desarrollado una definición alternativa de la nación basada en una recuperación nostálgica del pasado otomano, que reemplaza a la de la República basada en la pureza de la sangre, el idioma turco y su cultura.

Esta élite de musulmanes piadosos no ve ninguna contradicción en gobernar un estado laico, mientras que para los jóvenes turcos las identidades religiosas y nacionales se han convertido, como un producto de consumo, en objetos de selección y formas de expresión personal.

Aunque parezca contradictorio, Turquía es hoy más socialmente conservadora y, a la vez, la sociedad turca es más liberal. Todo un enigma que hace el país fascinante.
http://www.elimparcial.es//turquia-en-el-punto-de-mira-115740.html

En torno a Javier Pradera

Cuando camino desde mi casa al metro en la cercana plaza de Manuel Becerra, a veces voy por una ruta que me lleva por la pequeña calle donde Federico Sánchez, heterónimo de Jorge Semprún, tenía una de sus casas seguras durante su época de clandestinidad en el Madrid de los años 50, y luego paso por la iglesia de la plaza, usada por Semprún como punto de encuentro. El reciente y fascinante libro de Santos Juliá, “Camarada Javier Pradera” (Galaxia Gutenberg), sobre el columnista y editor y gran amigo de Semprún me ha sumergido en los diez años (1955-65) de militancia de Pradera en el Partido Comunista de España (PCE).

“¿Por qué un tipo que tiene veinte o treinta años en 1956 se adhiere al PCE a pesar de toda la propaganda oficial?” preguntaron Régis Debray y Max Gallo a Santiago Carrillo en su entrevista con el secretario general del partido, publicado en un libro. Carrillo responde: “Para los jóvenes, en aquel momento el único medio de ser antifranquista era ser comunista” (el más denostado de todos los partidos).

Había algo más, según Juliá. “El PC no era sólo el partido de ser antifranquista; lo era, desde luego, pero era sobre todo el partido de la revolución, del socialismo, vividos como expectativa por un grupo de amigos.” El mismo Pradera, desde la distancia y después de una especie de “caída de Damasco” hacia la democracia tal como la entendemos ahora, escribió con una honestidad ejemplar: “Me resisto a aceptar la idea de que los estudiantes y los intelectuales de izquierda que militaron en la oposición al régimen desde 1956 hasta las postrimerías del franquismo tuvieran — tuviéramos — como objetivo la creación de un sistema político como la Constitución de 1978. “

En 2005, fue más allá: “No luchábamos por las libertades, nosotros luchábamos por la revolución social; luchábamos por un cambio en el modo de producción, luchábamos por las libertades reales, no por las libertades formales.”

La experiencia de Pradera, nacido en 1934, es particularmente interesante, aunque lejos de ser única, porque era hijo de los vencedores. Cuando se incorporó al Partido Comunista no se habían cumplido aún 20 años desde la rebelión de julio de 1936 que desencadenó la revolución de la que habrían de ser víctimas su padre y su abuelo. En esa época, hubo ocasiones en las que el hijo de un asesinado por un franquista compartía celda con el hijo de un asesinado por un rojo.

El caso de Pradera me recuerda el de mi amigo Manuel Azcárate (1916-1998), aunque en circunstancias bien diferentes. Azcárate, nacido en una familia liberal burguesa (su padre fue el embajador de la República en Londres durante la Guerra Civil), se incorporó al PCE en 1934 a la misma edad más o menos que Pradera, 20 años más tarde. Cuando Azcárate murió, Pradera escribió: “ Si la solidaridad de clase y la miseria dan cuenta de las razones de los trabajadores manuales, el testimonio autobiográfico de Manuel Azcárate enseña cómo la educación sentimental, moral e intelectual llevó a tantos estudiantes, profesores, artistas e intelectuales españoles a afiliarse en el PCE.” Son palabras aplicables hasta cierto punto a Pradera.

El libro de Juliá incluye documentos judiciales inéditos de archivos españoles, cartas entre el joven Pradera y el entonces estalinista Sánchez (diez años mayor), escritos políticos, incluyendo uno manifestando su desacuerdo con el libro de Semprún, la “Autobiografía de Federico Sánchez”, publicado en 1977, a pesar de estar dedicado a él, recuerdos de su familia y el arranque de unas memorias que nunca acabó.

Juliá indaga en la rebelión de los universitarios madrileños de 1956, el año de prisión militar de Pradera (durante el que fue visitado por un muy atrevido Sánchez), el enorme fracaso (éxito para el PCE, algo que Pradera se niega a aceptar) de la huelga nacional pacífica de 1959 (todo con mayúsculas para el PCE, indicando su singularidad), y los debates de 1963 y 1964 en el Comité Ejecutivo del PCE con la expulsión de Fernando Claudín y Semprún.

Lo que se rompe para Pradera, explica Juliá con excepcional habilidad para el análisis, es la fe ciega en el Partido sobre la confianza en la razón. “El axioma: mejor equivocarme dentro del Partido que tener razón fuera de él; deja de tener sentido; la convicción de que lo importante es el Partido se esfuma, desaparece, cuando una y otra vez se utiliza para tapar bocas.”

Pradera nunca renunció al uso de su propia razón y no perdió contacto con la realidad española, a diferencia de los dirigentes del Partido. Tal vez esto explica por qué el PCE (bajo otro nombre) pinta tan poco hoy en el panorama político.
http://www.elimparcial.es/cultura/en-torno-a-javier-pradera-115389.html