El Islam en democracia

¿Es Islam compatible con las democracias liberales? Esta es una de las preguntas que más preocupan a los estados democráticos, especialmente a los europeos, debido al número significativo de inmigrantes musulmanes (más de un millón en España, por ejemplo) en el continente. Parece que la futura Ley de Libertad Religiosa en España incluirá limitaciones al uso de prendas islámicas que cubren el rostro en espacios públicos; en tres de las capitales catalanas y en varios ayuntamientos ya ha prosperado el veto sobre el uso de los velos integrales (burka, niqab).

El nuevo libro de Bernard Lewis, Faith and Power (“Fé y Poder”), publicado por Oxford University Press, arroja una luz penetrante sobre éste y otros temas. Lewis es Catedrático emérito de Estudios del Próximo Oriente de la Universidad de Princeton y es considerado como uno de los principales expertos occidentales sobre Oriente Medio. El libro es una colección de ensayos, algunos publicados por primera vez, sobre democracia y religión; paz y libertad; Islam en Europa; género y choque de civilizaciones y otros temas.

A diferencia del cristianismo y del judaísmo, nunca ha habido separación entre Iglesia y Estado en los países islámicos en el Medio Oriente. Son la misma cosa. Turquía (que no es un país árabe) es una excepción, gracias a las reformas de Kemal Ataturk a partir de 1928; pero tiene un forma de secularismo muy sui generis: el Ministerio de Asuntos Religiosos gestiona y controla todos los detalles de la fe musulmana. En los demás países islámicos, hay una conexión intima entre fe y poder (por esto Lewis titula su libro así).

Turquía, que aspira a ser miembro de la Unión Europea, es el único país con una democracia próxima a los países del Oeste. Para Lewis, las tres características esenciales de una democracia son una limitación sobre el periodo de gobierno, responsabilidad (accountability) y representación (partidos políticos y parlamento). La definición del politólogo Samuel Huntington (autor del controvertido libro “El choque de civilizaciones”) de una democracia es un país cuyo gobierno ha sido cambiado dos veces por elecciones.

Hay dos otros elementos diferenciadores: la religión musulmana es la única que tiene una entidad que aglutina a los países de esta fe (la Organización de la Conferencia Islámica con 57 estados miembros y una amplia gama de doctrinas). Ninguna otra religión tiene una organización similar. Por último, los musulmanes suelen identificarse por su religión y no por su país de origen.

Los estados islámicos en el pasado fueron más libres de lo que generalmente se piensa. Es en el siglo XX con la modernización (que destruyo las fuerzas que limitaron en el pasado la autocracia de los gobernantes), la llegada del Nazismo (Siria, Líbano y parte de Irak estuvieron bajo su control a raíz de la caída de Francia) y luego del comunismo (los soviéticos tenían una presencia potente en Egipto, Siria y Irak) cuando la mayoría de estos países se transformaron en dictaduras brutales.

El descubrimiento del petróleo, particularmente en Arabia Saudita, las ha reforzado. Con riqueza petrolera, muchos gobiernos no tienen que imponer impuestos, o los tipos impositivos son muy bajos, y no tienen que responder a sus ciudadanos. Como dice Lewis sarcásticamente, en el Medio Oriente hay que invertir el eslogan, “Ningún impuesto sin representación” que resume las quejas de los colonos británicos y que fue una de las principales causas de la Revolución Americana.

La riqueza petrolera, con algunas excepciones, también ha creado economías que dependen totalmente del oro negro, que algún día desaparecerá. Lewis presenta dos cifras para ilustrar la falta de desarrollo económico: en 1999 el PIB de todos los países árabes era de 531.000 millones de dólares, por debajo del PIB de España. Y las exportaciones no petroleras del mundo árabe (300 millones de dólares) fueron menos que las de Finlandia (con una población de 5 millones). Poco ha cambiado en la última década.

A pesar de la historia islámica de autocracias, algunas veces ilustradas y benevolentes pero con ninguna tradición de representación de decisiones hechas por la mayoría, de la situación de hoy en muchos países y de la violencia de los islamistas fundamentalistas, Lewis no es totalmente pesimista. Esta ilusionado por el progreso, aunque muy lento, en la emancipación de mujeres. Como bien dice, “una sociedad no puede ser libre si la mitad de sus miembros se mantienen en subordinación permanente.” Las mujeres tienen más que perder si no llega la democracia y, por esto, van a jugar un papel clave en los movimientos democráticos. ¡Que venzan!
http://www.elimparcial.es/mundo/el-islam-en-democracia-66880.html

De la A hasta la Z del comunismo

Hace solo 22 años los estados comunistas gobernaban en un tercio de la superficie del mundo. Parece que ha pasado un siglo. Hoy el único país realmente comunista es Corea del Norte del loco Kim Jong-il (China, Vietnam y hasta cierto punto Cuba están siguiendo caminos capitalistas en su desarrollo económico pero con poca apertura política).

En noviembre de 1989 el Muro de Berlín cayó y abrió la puerta al cambio en Europa de Este y Central y en 1991 Mijaíl Gorbachov tumbó el comunismo en la Unión Soviética. Esta terrible ideología alcanzó su cenit con Stalin, brillantemente expuesto en una nueva traducción al inglés de la novela, Everything Flows, de Vasily Grossman, que cuenta la vida de un hombre que, después de la muerte del dictador sanguinario en 1953, intenta buscar su lugar en un mundo moralmente en bancarrota tras pasar 30 años en un Gulag.

El colapso del comunismo ha dado lugar a la acumulación de una enorme cantidad de información, mucha de lo cual son documentos secretos guardados en archivos que se han abierto ahora. Esta mina de información ha sido explotada por los historiadores británicos Robert Service, Archie Brown y David Priestland en sus respectivos libros. Service y el italiano Silvio Pons son los editores del estupendo Dictionary of 20th Century Communism (“Diccionario del Comunismo del Siglo XX”), publicado por Princeton University Press, que, con más de 400 entradas en 900 páginas y referencias cruzadas, presenta el comunismo como un fenómeno histórico global. Es un libro indispensable para entender el alcance de esta nefasta doctrina y de gran utilidad para cualquier persona interesada en una de los plagas del siglo XX, junto con el fascismo.

La primera entrada es la guerra de Afganistán y la última (en la Z) el Sionismo. Con respecto a España hay dos excelentes y concisas entradas de cuatro páginas cada una y ambas escritas por Antonio Elorza, una sobre el Partido Comunista Español (PCE) y la otra sobre la Guerra Civil. La entrada sobre el eurocomunismo incluye a Santiago Carrillo en ella y la que habla sobre Trotsky, al español Ramón Mercader, su asesino.

El PCE pensó que iba a ser premiado por su valiente lucha contra el régimen franquista — mucho mayor que la de los socialistas — con un número significativo de escaños en las Cortes en las elecciones del junio del 1977, pero solo ganó 20, gracias a la sensatez de los votantes, y hoy pinta muy poco (vía Izquierda Unida).

El artículo sobre la Guerra Civil es admirablemente imparcial, como tiene que ser en una obra de esta naturaleza. Mientras “la exterminación del enemigo fue uno de los factores detrás del golpe militar y los abusos de las fuerzas de Franco se mantendrían firmes a estas metas iniciales, en el bando republicano la represión fue en gran parte producto de la ira popular, a la que el gobierno republicano intentó darle una forma judicial (tribunales populares). Además, grupos radicales sembraron su propio tipo de terror, muchas veces de naturaleza anticlerical.” Elorza estima el número de ejecuciones después de la guerra en los años 40 en 50.000 en comparación con las 35.000 ocurridas durante el conflicto.

Hay interesantes entradas sobre deporte — usado por Lenin desde el principio de la revolución rusa para propagar los ideales socialistas y como un medio de controlar las masas y reglamentarlas — espías y hasta el heroico compositor Dimitri Shostakovitch, una figura central en la música rusa quien, a diferencia de Igor Stravinsky, no emigró y sufrió las consecuencias. Entre su música está “Salud España”, compuesta en 1936, después de que su opera, “Lady Macbeth of Mtsensk”, fuera severamente criticada por Stalin en un editorial en Pravda y, temiendo por su vida, buscó su recuperación con algo más al gusto del dictador. “Salud España” fue compuesta para una obra que recrea la figura de Dolores Ibarruri en el personaje de una madre que entrega sus tres hijos a la causa republicana.

Los editores del diccionario nos recuerdan que aunque el mundo de hoy es muy distinto al que dio lugar a la Revolución rusa de 1917, las circunstancias que movieron a los comunistas a incrementar su influencia — pobreza, desigualdades, desempleo, falta de movilidad social, conflictos nacionales y mala educación — no han desaparecido.

Zapatero y su estrella del norte

No es muy común que el presidente de un gobierno adopte las ideas de un filósofo coetáneo. Pero éste es el caso de José Luis Rodríguez Zapatero que ha puesto en práctica la ideología del republicanismo civicista, desarrollado por Philip Pettit en su libro “Republicanismo, Una teoría sobre la libertad y el gobierno”, publicado en ingles en 1997 y en español en 1999. Zapatero, en busca de un sustento para su llamada “Nueva Vía” (con evidentes ecos de la “Tercera Vía” de Tony Blair), leyó el libro de Pettit, después de ser elegido secretario general del PSOE en 2000, por recomendación de José Andrés Torres Mora, uno de sus asesores más cercanos. En palabras de Torres Mora, “el republicanismo de Pettit has sido nuestra estrella del norte”.

El republicanismo nació en la Roma clásica. Es una de las tradiciones políticas europeas más antiguas. Representa el estado básicamente como una cuestión pública, una res publica en la expresión latina, un asunto que debe conducirse en atención a las opiniones de la mayoría, y no como si fuera un asunto de unos pocos. Ha moldeado algunos de los regímenes políticos más destacados de la historia europea, entre los que podemos citar la revolución en Francia.

Zapatero tomó como punto de partida la descripción que hace Pettit de los principios republicanos que asumen como ideal fundamental la libertad, entendida como ausencia de dominación o ausencia de dependencia, y entiende por dominación o dependencia la condición del individuo sujeto a la voluntad arbitraria de otros individuos.

Ejemplos representativos de dominación o de dependencia son una mujer que puede ser maltratada por el marido sin poder resistir ni obtener desagravio; una persona que quiere trabajar pero tiene que quedarse en casa para cuidar a un miembro de su familia y una religión (en este caso la Iglesia Católica en España) que ejerce demasiada influencia en la sociedad o disfruta de privilegios que no tienen otras creencias. En ninguno de estos casos puede hablarse de violación o de reducción de la libertad en sentido clásico.

La libertad como no dominación se puede ver en varias de las reformas de Zapatero: la Ley de Dependencia; la ley que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo y el intento de convertir RTVE en un ente más independiente y autónomo (para proteger a los ciudadanos de la dominación por parte del Estado). El arreglo financiero con la Iglesia a través de los impuestos directos, sin embargo, es demasiado generoso; hace falta extenderlo a otras creencias (ya hay un millón de musulmanes en España). Varios de estos elementos han servido a Zapatero en su política de la identidad, aunque en el caso de la innecesaria Ley de la Memoria Histórica se ha convertido en un juego peligroso en la actual España crispada. Al cuestionar la transición amenaza con abrir la caja de Pandora.

Todo esta historia esta bien explicada en un nuevo libro de Pettit y de José Luis Martí, A Political Philosphy in Public Life. Civic Republicanism in Zapatero’s Spain (“Una Filosofía Politica en la Vida Pública. Republicanismo Civicista en la España de Zapatero”), publicado por Princeton University Press. Parte de este libro fue publicada en el libro de Pettit “Examen a Zapatero”, publicado en español en 2008. El libro trata del período de marzo 2004 hasta junio de 2007 y se centra casi exclusivamente en ver en que medida el programa de gobierno se ha mantenido fiel a los principios republicanos. Así que no entra en el campo económico propiamente dicho, por ejemplo, ni en política exterior.

Por haber proporcionado un base filosófica a Zapatero, no sorprende, en un país tan políticamente polarizado, que Pettit se haya convertido en objetivo de ataques por la derecha, y por algunos intelectuales de la izquierda no zapaterista. Luis María Ansón ha mencionado a Pettit en más de 25 articulos en este periodico y en El Mundo, dando por entender que Pettit está en permanente y directo contacto con Zapatero, lo que no es verdad y fue motivo una carta de Pettit de protesta publicada en este periódico en febrero de 2009.

Pettit se ha reunido con Zapatero sólo en dos ocasiones, una cuando dio una conferencia sobre el balance del primer gobierno socialista y la otra cuando le entrevistó tras su segundo año de gobierno. Y para evitar otra mala interpretación tengo que decir que no soy asesor del mentor de Zapatero, a pesar de las 23 referencias en el libro de Pettit al articulo mensual (Inside Spain) que llevo escribiendo para el Real Instituto Elcano desde marzo 2004. Nos hemos conocido en una sola ocasión (en Princeton).

Según Pettit, la infraestructura necesaria para un amplio disfrute de la libertad como no dominación se compone de cinco elementos claves: una economía floreciente; un Estado de derecho confiable; un sistema influyente de conocimiento; un buen sistema de sanidad y un medio ambiente sostenible. En casi todas estas áreas, España es muy deficiente.

Si Zapatero es recordado en los futuros libros de historia será precisamente por unas valientes reformas en el campo de la no dominación. La gran tragedia es que Zapatero no ha dedicado la suficiente atención a la economía por decirlo de manera suave y que hoy está hundido y pone en riesgo el pleno desarrollo de algunas de sus reformas (por ejemplo la Ley de Dependencia). Hace falta ser audaz también en lo económico; como dijo Bill Clinton en su celebre frase, ¡”Es la economía, estúpido!”
http://www.elimparcial.es/nacional/zapatero-y-su-estrella-del-norte-65895.html

España debe cambiar ladrillo por educación

Una proporción demasiado alta de la economía española en los últimos 30 años tiene que ver, literalmente, con la arena. En su punto máximo en 2006 los sectores de vivienda y de turismo generaron cerca del 25% del PIB.

España necesita una economía basada mucho más en exportaciones e inversión directa en el extranjero. Esto haría la economía más competitiva y productiva y crearía empleo estable en un país cuya tasa de desempleo es del 20%.

El colapso espectacular del sector de la construcción (hoy este sector emplea un millón de personas menos que en 2008 y hay un millón de casas sin vender) evidenció de manera brutal la vulnerabilidad de una economía desequilibrada basada excesivamente en el ladrillo y el mortero.

La construcción y sus actividades anexas en la industria y los servicios generaron miles de puestos de trabajos (muchos cayeron en manos de inmigrantes), pero contribuyeron poco al valor añadido del país debido a su baja productividad.

La crisis económica en España es casi exclusivamente casera.

Durante más de una década la clase política fomentó alegremente el crecimiento extraordinario del sector inmobiliario sin pensar en la burbuja que estaba creando ni en lo que pasaría una vez la burbuja estallara.

El boom inmobiliario empezó con el Gobierno del Partido Popular (1996-2004) y se intensifico bajo el mandato de los socialistas, quienes no cumplieron su promesa de eliminar deducciones de impuestos para la compra de casas, aunque hayan cambiado —con retraso — recientemente de idea otra vez.

El número de viviendas iniciadas en 2006 (865.561) era más que el conjunto de las comenzadas en Francia, Alemania, el Reino Unido y Italia a la vez.

El crecimiento explosivo el sector inmobiliario tuvo un enorme impacto sobre el resto de la economía y produjo un florecimiento de la corrupción, particularmente a raíz de la recalificación de terrenos por los ayuntamientos. Más de la mitad del incremento de los ingresos fiscales entre 1995 y 2007 se debió a este sector.

Para muchos analistas, el boom inmobiliario era, siguiendo el titulo de una novela de Gabriel García Márquez, la crónica de una muerte anunciada. La única incógnita era descubrir cuándo iba a estallar; las restricciones crediticias internacionales provocaron su derrumbe.

Hay otro camino a la prosperidad vía la expansión internacional de empresas.

España tiene un núcleo duro de multinacionales, tales como el Grupo Santander, Telefónica e Iberdrola, y también hay unas cuantas empresas medianas de éxito que han invertido en el extranjero. Gracias a su diversificación, estas empresas han podido resistir la brusca caída de actividad en su mercado domestico.

El stock de inversión directa española en el extranjero fue de 602.000 millones de dólares a finales de 2008 (último año disponible), que representaba el 37,5% del PIB, en comparación con los 517.000 millones de Italia (22,2% del PIB).

En términos del PIB, el stock de España se había multiplicado por 12 desde 1990. El grueso de esta inversión está en la Unión Europea y América Latina, más y más en Estados Unidos y muy poca en Asia, a pesar de su importancia creciente en la economía global. En consecuencia, hay amplio margen para más inversión.

El sector exportador, sin embargo, es deslucido. Entre 1988 y 2009, la contribución de la demanda externa al crecimiento económico de España fue positiva en solo seis años, dos de los cuales fueron años de recesión (1993 y 2009) cuando las empresas no tuvieron más remedio que vender sus productos en el extranjero para mitigar la contracción de su mercado domestico.

En años “normales”, la demanda interna boyante atrae importaciones y junto con el nivel tradicionalmente bajo de exportaciones de bienes y servicios (alrededor del 25% del PIB) genera un significativo déficit comercial (7,9% del PIB en 2008) e intensifica el déficit en la cuenta corriente (9,5% en 2008).

Otro indicador de la baja capacidad exportadora son las exportaciones en términos per cápita: 5,355 dólares por persona en 2007, frente a los 16,175 dólares de Alemania y los 8.330 de Italia, según los últimos datos comparados del Banco Mundial.

La piedra angular de una economía más basada en el conocimiento que en el ladrillo y el mortero es la educación.

Cuando casi uno de cada tres individuos de entre 18 y 24 años tienen como máximo la educación obligatoria y no siguen en formación (el doble del promedio de la UE); con malos resultados de lectura, matemáticas y conocimiento científico en los informes PISA; con ninguna universidad situada entre las 150 mejores del mundo (hasta el 35% de universitarios abandonan sus estudios y solo un tercio lo terminan en el tiempo debido) y un gasto en I+D de 1,35% del PIB, muy por debajo de la media de las economías más avanzadas, es preciso realizar un esfuerzo hercúleo en la educación. No resulta, pues, sorprendente, que los productos españoles de alta tecnología solo representen el 5% de las exportaciones manufactureras.

Hace falta una década antes de notar los efectos positivos de una mejora de la educación, y ni siquiera se ha iniciado gracias a la crispación política.

Otro obstáculo para el sector exportador es la imagen internacional de España que no corresponde con la realidad del país. La visión de España aún esta predominantemente fraguada por los estereotipos (fiestas y corridas de toros). Esto afecta a la percepción de los consumidores sobre la calidad de los productos españoles. Solo una empresa española, Zara, está entre las 100 mejores marcas en el ranking de Interbrand.

Los ajustes fiscales son necesarios para reducir la excesiva dependencia de la economía española en el sector de la construcción, pero no son suficientes. Hacen falta reformas estructurales profundas para crear una fuerte economía basada más en exportaciones.
http://www.elimparcial.es/nacional/espana-debe-cambiar-ladrillo-por-educacion-65350.html

España, SÍ es diferente

Para Antonio Muñoz Molina y Elvira Lindo, de vuelta a Madrid desde EE UU

La revista The Economist afirmaba en 1999 que a finales del siglo XX España podía considerarse finalmente un país europeo bastante normal (a fairly normal European country) y por ende aburrido. En otras palabras, España había dejado de ser “diferente” — el eslogan turístico de los años 60 que, por cierto, tuvo mucho éxito en atraer turistas y generar ingresos que fueron dedicados al desarrollo económico aunque perpetuó el mito de la España tópica y al ser diferente justificó la dictadura franquista. En la última década, sin embargo, España ha dado pasos atrás que hacen el país bastante sui generis.

Veámoslo por temas. Primero, la justicia. No conozco ningún otro país europeo donde los jueces en casos de alto perfil, como por ejemplo los que están en contra de Baltasar Garzón o del Gürtel, estén identificados en la prensa como “conservadores”/Opus Dei o “progresistas”, con la implicación de que esto vaya a influenciar en sus decisiones. Los primeros suelen ser miembros de la Asociación Profesional de la Magistratura y los demás de Jueces para la Democracia. Ya es hora de tener una sola asociación profesional de jueces.

El Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) es un órgano de carácter político-administrativo que ha sido lastrado por la política durante sus 30 años de existencia. Tiene un presidente y 20 vocales, 12 de ellos elegidos entre jueces y magistrados de todas las categorías y ocho entre juristas de reconocido prestigio, designados por el Congreso y el Senado por una mayoría de tres quintos de sus miembros (el perverso sistema de cuotas: tantos vocales para mí, tantos para ti). Su funcionamiento interno responde a la regla de la mayoría. Para los asuntos de mayor importancia, como los nombramientos de los magistrados del Tribunal Supremo y de los presidentes de los Tribunales Superiores de Justicia, esa mayoría debe alcanzar los tres quintos de los vocales, y los ocho vocales son fieles a los intereses del partido que los han nombrado.

Ya se ve el impacto de esta politización: el Tribunal Constitucional lleva cuatro años sin resolver el tema espinoso de la constitucionalidad del Estatuto catalán y más de dos años sin renovarse (cuatro jueces tienen su mandato caducado desde diciembre de 2007 siguen en el tribunal) porque el PSOE y el PP no se ponen de acuerdo.

Segundo, la educación. ¿Hay algún otro país europeo que haya generado tanta riqueza en 30 años y cuyo sistema de educación se haya deteriorado tanto, con casi uno de cada tres individuos de entre 18 y 24 años que tienen como máximo la educación obligatoria y no siguen en formación; con malos resultados de lectura, matemáticas y conocimiento científico en los informes PISA; con ninguna universidad situada entre las 150 mejores del mundo y un gasto en I+D muy por debajo de la media de los 27 miembros de la UE? ¿Cómo se va a pasar de una economía excesivamente basada en el ladrillo a una basada más en el conocimiento (un mantra que el Gobierno no cesa en repetir)? Hace falta más inversión en capital humano y menos en infraestructura. Llama la atención la cantidad de carreteras nuevas y vacías: según José Blanco, Ministro de Fomento, casi ningún político pide más becas para su territorio, sino más autovías. Esto me recuerda la semi broma, “Si cree que la educación es cara, mire el coste de la ignorancia.”

Tercero, en este breve recorrido, la clase política. España es el único país europeo donde tanto el Presidente del Gobierno y el líder del principal partido de la oposición inspiran tan poca confianza. Según una encuesta de Metroscopia publicada este mes, nada menos que el 77% de los encuestados tienen poca o ninguna confianza en José Luis Rodríguez Zapatero y el 82% en Mariano Rajoy. Los políticos son parte del problema, no de la solución; hay una profunda desconexión con la ciudadanía.

Cuarto, una estúpida ley antitabaco. Los turcos (desde julio de 2008), los italianos (desde enero de 2005) y los irlandeses (desde marzo de 2004) no pueden fumar en cafés, bares y restaurantes, pero los españoles sí porque la ley que entró en vigor en 2006 permite a los dueños de estos establecimientos con menos de 100 metros cuadrados elegir entre permitir fumar o prohibirlo. Y casi todos optaron permitir fumar. El resultado es que el año pasado el porcentaje de españoles que fumaban (35%) era más alto que hace tres años (34%), según datos del último Eurobarómetro, mientras que en la Unión Europea la tasa ha bajado del 32% al 29%. Ojala que la nueva ley corrige esta absurda situación.

Por último, no sorprende que los clichés sobre España aún persistan cuando la prensa pone en sus portadas fotos como las del torero Julio Aparicio a quien un toro le asestó en Las Ventas (Madrid) una cornada en la barbilla que le atravesó la boca.

Por si algún lector piensa que no me gusta España, después de vivir aquí desde 1986 y entre 1974 y 1978, nada podría estar más lejos de la verdad. El país sigue fascinándome y no me aburre en absoluto.

http://www.elimparcial.es/nacional/espana-si-es-diferente-64828.html

¡Vivan los traductores!

Si no fuera por los traductores, es probable que Gabriel García Márquez no hubiera escrito algunas de sus novelas o las hubiera escrito de otra manera y tal vez de forma menos enriquecedora. Él, igual que otros novelistas latinoamericanos, fue influenciado por el gran novelista americano William Faulkner, y gracias a traducciones pudo leer sus novelas. Igualmente, Salman Rushdie pudo leer a García Márquez en inglés. Si no fuera por los traductores, Fiodor Dostoyevsky y Miguel de Cervantes serian casi desconocidos fuera de sus propios países. Sin embargo, la profesión del traductor es de las menos apreciadas y comprendidas. Por algo publicó José Ortega y Gasset en 1937 un ensayo titulado Miseria y esplendor de la traducción.

Edith Grossman, gracias a quien el mundo anglosajón puede leer novelas de García Márquez, Mario Vargas Llosa, Alvaro Mutis, Carlos Fuentes y Antonio Muñoz Molina (su traducción de Beatus Ille fue publicada en 2008 y está traduciendo ahora La Noche de los Tiempos) hace una apasionada defensa de su profesión en un breve y elegante libro, Why Translation Matters (“Porque Importa la Traducción”), publicado por Yale University Press.

Yo dedico varios meses del año a traducir textos de alto perfil para el Grupo Santander, como su Memoria, y aunque no hago la más mínima comparación entre traducir textos literarios y textos financieros, si puedo compartir el sufrimiento de Grossman y, a veces, el esplendor (este último ocurre cuando uno logra entrar en la cabeza del escritor y “encuentra la forma de contar el trabajo en inglés”).

Grossman, cuya traducción del español del siglo XVII de Don Quijote al inglés del siglo XXI es una maravilla, critica fuertemente a las editoriales anglosajonas por publicar muy pocas novelas en versiones traducidas (entre el 2 y el 3% de todos los libros publicados cada año en los Estados Unidos y el Reino Unido en comparación con el 25-40% en América Latina y algunos países de Europa Continental) y a los críticos de libros por despreciar el papel del traductor. “Están orgullosos de alabar el estilo del autor sin mencionar una sola vez el hecho de están refiriéndose a la escritura del traductor — a no ser que no les guste el libro o el estilo del autor y entonces la culpa se traslada a los hombros del traductor.” En poner su nombre en la portada de las novelas que ella traduce (estipulado en sus contratos), Grossman ha ayudado a mejorar la estima de la profesión del traductor.

Grossman cita a Ralph Manheim, otro gran traductor (entre otras obras, de algunas novelas de Günter Grass), quien dijo que “los traductores son como actores que interpretan al autor como si éste supiera hablar inglés” (este ha sido mi objetivo). Ella describe con brillantez la compleja tarea de transformar una novela en español a otra en ingles. “La innegable realidad es que el trabajo se convierte en el del traductor (a la vez que se mantiene misteriosamente el trabajo original del autor) cuando nos cambiamos a un segundo lenguaje.”

Los ganadores del Premio Nobel de Literatura que no escriben en ingles tienen una gran deuda con sus traductores porque el inglés es el único idioma en común de los jueces del premio.

Ojalá que un “Edith Grossman” viviera en España para traducir los menús de los restaurantes al inglés. Desde hace años mi mujer y yo coleccionamos menús mal traducidos. Una vez en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, la versión inglesa de pinchos variados aparecía en el menú como various pricks (¡literalmente pollas variadas!); en otro restaurante vimos rape a la marinera traducido como rape the sailor’s way (¡violación al estilo de los marineros!) y hace poco en Barcelona entre los postres vi mouse of hazelnuts with galletas maria and mounted scum, como traducción de mousse de avellana con galletas maría y espuma montada. Opte para probar el ratón de avellana con galletas maria y escoria montada.
http://www.elimparcial.es/sociedad/vivan-los-traductores-64386.html

Desconfianza

España esta entrando en aguas turbulentas e inexploradas. Tiene que afrontar un duro plan de ajuste a la vez de una clase política crecientemente polarizada e incapaz de ponerse de acuerdo sobre ninguno de los grandes problemas estructurales (el sistema educativo, judicial y de autonomías y el mercado laboral, entre otras). España tiene que ser el único país europeo donde tanto el Presidente del Gobierno y el líder del principal partido de la oposición (y por ende un posible presidente) inspiran tan poca confianza. Según una encuesta de Metroscopia publicado este mes, nada menos que el 77% de los encuestados tienen poca o ninguna confianza en José Luis Rodríguez Zapatero y el 82% en Mariano Rajoy.

Estos resultados no sorprenden. Un presidente que hasta una semana antes de tomar las medidas anticrisis pensó que no fueron necesarias y un potencial líder de un gobierno alternativo quien durante meses estuvo pidiendo recortes drásticos y al anunciarlos Zapatero optó por un discurso de oposición total, y sin presentar sus propias medidas, no inspiran confianza. Un país es como una familia. Cuando tiene un déficit presupuestario demasiado alto o se cortan los gastos o se suben los ingresos (en el caso de una nación aumentando los impuestos, combatiendo el fraude fiscal, que sigue siendo alto en España, o privatizando empresas estatales). Esta última opción se puede descartar porque queda poco significativo para privatizar salvo empresas como RENFE. Y privatizarlo sería un desastre: basta ver el caótico y deteriorado sistema de ferrocarriles en el Reino Unido, privatizado por el partido conservador de John Major durante los años 90.

Mientras Esperanza Aguirre recoge firmas contra la subida del IVA al 18% en julio, en Portugal (también con un Gobierno socialista) se va a subir este impuesto hasta el 21% con apoyo de la oposición conservadora. El país vecino que muchos españoles desprecian está dando una lección. Encima, Dolores de Cospedal ha puesto en marcha una ofensiva con mociones del Partido Popular en todos los Ayuntamientos y comunidades para oponerse a la congelación de pensiones, y en las Cortes el PP pidió la dimisión de Celestino Corbacho, el ministro de Trabajo. ¡Vaya irresponsabilidad y demagogia! Más irresponsable es el Gobierno por haber reaccionado tan tarde, como si España pudiera seguir viviendo como si nada hubiera pasado. Los especuladores no han creado el déficit. Otros problemas sí.

El PP es el partido que pretende sacar España de sus problemas. Para ganar un mínimo nivel de credibilidad, tiene que presentar su propio plan y detallado para reducir el déficit del 11,2% en 2009 al 3% en 2013, la fecha tope acordada por los Socialistas con la Comisión Europea. No estaría mal reducir ministerios y cortar financiación a sindicatos y partidos, como propone el PP, pero tal es la magnitud del déficit que el impacto de estas medidas seria mínima. Que adopten las reformas propuestas por José María Aznar el 17 de mayo en un artículo en el Financial Times (mercado laboral, reducir el tamaño de las administraciones autonómicos, hacer más viable el sistema de pensiones, etc) — pocas implementadas durante su mandato.

Mientras tanto, el problema más urgente en España, es cómo se va a crear empleo para los 4,6 millones de desempleados con un modelo económico desgastado (excesivamente basado en ladrillo) y los cimientos de un nuevo sin hacer. Ya hay un millón de personas menos trabajando en el sector de la construcción que hace dos años y un millón de casas que no se han vendido. ¿Alguien cree que este sector volverá a ser un motor de la economía (en términos de empleo, no en su aportación al valor añadido por su baja productividad)? Aunque crezca la economía, la tasa de desempleo del 20% no va a bajar hasta por debajo del 10% para años. Este significa bajos ingresos fiscales para el Gobierno y alto gasto social, y un déficit cuya reducción que va poner a prueba la cohesión social y la clase política.
http://www.elimparcial.es/nacional/desconfianza-63898.html

Una visión personal de la Guerra Fría

Ningún libro de historia es absolutamente objetivo, entre otras cosas porque el autor tiene sus propias opiniones, obsesiones y prejuicios que influyen en su interpretación del pasado. La palabra clave en el título del nuevo libro del controvertido historiador británico Norman Stone — The Atlantic and its Enemies: a Personal Account of the Cold War (“El Atlántico y sus Enemigos: un Relato Personal de la Guerra Fría), publicado por Allen Lane, es “personal”. Esto le permite hacer muchas observaciones y opiniones que hacen su libro muy ameno y a veces divertido pero no muy estudioso (a diferencia de la gran mayoría de libros de historia no tiene notas al pie para reforzar sus afirmaciones) aunque sí erudito.

Stone dejo la cátedra de Historia Moderna en la Universidad de Oxford en 1997 para trabajar en la Universidad de Bilkent en Ankara, Turquía, para gran sorpresa de sus colegas. Se desencantó de su país y de su Universidad. Aquí declaro un interés personal porque Stone me ha invitado dos veces a Bilkent y gracias a él he aprendido mucho sobre Turquía (dedica más espacio de lo normal a este país fascinante y clave en la Guerra Fría) y he podido constatar que es un fantástico profesor. Entre sus alumnos estelares británicos están los historiadores Niall Ferguson y Andrew Roberts.

El libro trata de los años 1945-1990. Los héroes de Stone son Charles de Gaulle, Helmut Schmidt, Ronald Regan y Margaret Thatcher (de ella fue su asesor sobre Europa – jugó un papel importante para convencerla de que aceptara la reunificación de Alemania – y redactó sus discursos durante una temporada). Jimmy Carter, en cambio, no es ni mucho menos un héroe. “El régimen de Carter fue el símbolo de la época. Su administración era angustiosamente bienintencionada. Hizo footing; iba de la mano a todos lados con su flaca mujer; rezaba al modo baptista; prohibía fumar donde se podía; enviaba a mujeres mandonas a disertar sobre derechos humanos a lugares donde éstas significaban una afrenta”. A Stone no le importa ser políticamente correcto; todo lo contrario: por decir que no esta probado que la masacre de armenios en 1915 sea genocidio, se ha ganado la ira de la diáspora Armenia.

A veces Stone simplifica demasiado procesos complejos como la retirada del Reino Unido de sus colonias, aunque el resultado es muy entretenido. “La identificación del poder menos desagradable, un miembro secundario de la familia real declara que el nuevo país está en marcha; la bandera británica se arría de lo alto del mástil, el saludo del gobernador llevando un sombrero con plumas de gallo; unas pocas lágrimas aquí y allí, la vieja savia se queda en las escuelas; llega savia nueva; empiezan las danzas nativas; una nueva bandera se iza; se canta un nuevo himno; la maza parlamentaria ceremonial se pasa; comienza el caos.” La descolonización produjo mucho caos en África, pero no, por ejemplo, en Singapur.

Escribiendo sobre Rusia se pregunta cómo es que un país en el que “vivían como perros” fue capaz de poner “un perro en la órbita de la tierra.” Es muy penetrante sobre el modus operandi de los regímenes comunistas en Europa del Oeste y central. Stone, después de graduarse en Cambridge, pasó un mes en una cárcel en Checoslovaquia en 1963 por haber ayudado a alguien intentar a escapar a Austria en un coche.

Se nombra muy poco a España en el libro. Stone menciona correctamente las similitudes entre España y Turquía pero es una lástima que no entre en más detalles. Una de las pocas referencias sobre España trata de la detención de Augusto Pinochet en Londres a petición del juez Baltasar Garzón quien, según Stone, “había servido con bastante fidelidad a un dictador como fiscal jefe” Garzón tenia 20 años cuando murió Franco y aprobó las oposiciones para juez en 1981. Errores aparte, este es un libro original y estimulante.

http://www.elimparcial.es/mundo/una-vision-personal-de-la-guerra-fria-63405.html

Cruzando los Andes

Durante la última semana he viajado por la cordillera de los Andes que atraviesa Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador, Colombia, Perú y parte de Venezuela. He seguido los pasos de Francisco Pizarro y otros conquistadores españoles, Simón Bolívar, una de las figuras más destacadas de la emancipación americana frente al Imperio español, el naturalista Alexander von Humboldt, Charles Darwin y el abuelo de Michael Jacobs, un ingeniero que salió de Inglaterra en 1910 para trabajar en la construcción del ferrocarril entre Oruro y Cochabamba en Bolivia. He subido volcanes y viajado en autobuses, uno de los cuales casi cayó de la Gran Ruta del Inca al abismo cuando se pinchó la rueda más cercana al precipicio. En este viaje lo he pasado pipa, aunque no me he movido de mi sillón.

El nuevo y muy largo libro, Andes (publicado por Granta) de Jacobs, un viajero incansable, es una continuación de su anterior volumen Ghost Train Through the Andes (“Tren Fantasma por los Andes”) sobre su abuelo y, en mucho menor grado, de otro de sus libros, The Factory of Light: Life in an Andalusian Village (“La Fábrica de La Luz: Vida en un Pueblo de Andalucía”, publicado recientemente en español por Ediciones B).

El británico Jacobs, de formación historiador del arte y gran conocedor de gastronomía, llegó a Frailes, un pueblecito muy peculiar de la Sierra Sur de Jaén, en 1999 y desde entonces divide el año entre este lugar y su casa en Londres. Durante su largo viaje por todos los Andes su vida en Frailes le ayudó entender las comunidades rurales tradicionales de América del Sur. Y en momentos de peligro o pánico (en los autobuses o de pasajero en un coche que se metió en una vía férrea porque la lluvia era tan intensa que el conductor no podía ver casi nada y no sabia cuando iba a pasar el próximo tren) la foto de Santo Custodio, el ángel de la guarda del pueblo que lleva en su cartera, le ofreció protección. No es sin motivo que el libro esté dedicado a los conductores de autobuses en los Andes, los “verdaderos héroes de este libro.”

Jacobs tiene una envidiable capacidad de conectarse con la gente en cualquier sitio, sean campesinos o miembros de familias aristócratas en decadencia, y un enorme aguante para trabajar y divertirse de sol a sol. Durante su viaje, entabló amistad con una pareja y aceptó ser el padrino de su hijo. En Quito, siempre siguiendo el camino de Bolívar (el libro cuenta mucha Historia), encontró la Sociedad Bolivariana, cuyo presidente, un general, le invitó a dirigirse a los miembros, una experiencia con la que Jacobs se sintió como si estuviese en “uno de esos sueños en los que te descubres de compras desnudo”. En Lima probó la comida de Gastón Acurio, el más famoso chef de Perú (tiene un restaurante en Madrid) y un importante impulsor de la difusión de la culinaria peruana. Después de probarlo, concluye que la cocina novoandina tiene más futuro que la visión de Bolívar de una unión de los países andinos.

A diferencia de muchos escritores que escriben sobre viajes, como, por ejemplo Bruce Chatwin, que se hizo famoso en 1977 con su libro In Patagonia (“En Patagonia”), el lector no siente que Jacobs distorsione la realidad ni adorne sus experiencias con efectos literarios, aunque no le faltan historias reales, como, por ejemplo, la de un perúano que le contó cómo paso todas sus noches entre los cuatro y los siete años escondido debajo de las tablas del suelo de su casa para evitar ser secuestrado por los terroristas de Sendero Luminoso. Este grupo de tendencia maoísta, fundado por Abimael Guzman en Ayacucho (yo estuve alli en 1983) anunció su existencia durante las elecciones de 1980 colgando perros muertos en varios postes de luz con cartelones que mostraban consignas asiáticas: “Teng Siao Ping, Hijo de Perra”. Sendero Luminoso captó niños para lavar sus cerebros y convertirlos a su causa.

Su viaje termina en Puerto Williams, la ciudad más austral del mundo a orillas de la boca atlántica del canal Beagle. Antes de coger el barco al Puerto Williams, visita Puerto del Hambre, donde el capitán Pedro Sarmiento de Gamboa fundó la Ciudad del Rey Felipe en 1584 con unos 300 colonos. Este intento de colonización tuvo un trágico fin: sus habitantes perecieron por inanición. Todo lo que queda es un monumento levantado en 1984 y una placa recordando a los valientes hombres y mujeres que habían intentado traer “la presencia civilizadora de España.”
http://www.elimparcial.es/sociedad/cruzando-los-andes-62929.html

Elecciones en Gran Bretaña: el factor Clegg

Mis compatriotas van a las urnas el 6 de mayo y cualquier opción está abierta. El partido laborista de Gordon Brown lleva 13 años en el poder y está gastado; hay poco entusiasmo para los conservadores de David Cameron quienes no han podido capitalizar el descontento sobre los laboristas y ofrecer medidas convincentes para levantar una economía muy enferma, y los liberales-demócratas de Nick Clegg están en ascenso pero el peculiar sistema electoral británico, con circunscripciones de un escaño que se atribuye el candidato más votado aunque no logre la mayoría de los votos (conocido como first past the post), no los favorece. Consecuentemente, según las encuestas, ningún partido logrará una mayoría absoluta y se refuerza la posibilidad de un Gobierno de coalición en un país donde no hay tradición de gobiernos de este tipo entre laboristas y liberales o un ejecutivo conservador minoritario.

El nerviosismo de los conservadores, ansiosos por regresar al poder (gobernaron el país entre 1979, con la victoria de Margaret Thatcher, y 1997 con la derrota de John Major) se refleja en una sucia campaña mediática en contra de Clegg en la prensa de derecha, después de brillar en el primer debate televisado en la historia de las elecciones británicas. Lo ganó, sin discusión y esto provocó un inmediato aumento de sus expectativas de voto en los sondeos. Clegg, muy hábilmente, ha aprovechado del descontento de los votantes con los laboristas y los conservadores (ambos mucho más tocados por el escándalo de los gastos parlamentarios que los liberales) y del desprestigio de la clase política, en general, y se ha hecho líder del partido antipolítico y del cambio en el estatus quo. Ha logrado que los laboristas y los conservadores (aún bajo la sombra de Thatcher) parezcan como los partidos de ayer y su partido el del mañana. Pero Clegg (casado con una española) tiene muy difícil conseguir la mayoría absoluta porque el sistema electoral beneficia a los dos partidos grandes.

Los Tories han intentado asustar a los votantes con argumentos del tipo que la falta de una mayoría absoluta — para ellos, naturalmente — y un gobierno de coalición sería un desastre para el país. Cameron dijo que esto generaría “incertidumbre, tipos de interés potencialmente más altos y la perspectiva de una bajada en la clasificación del crédito del Reino Unido.” Como bien dijo Chris Huhne, un destacado miembro de los liberales-demócratas, esta afirmación es una tontería porque de los 14 países que disfrutan de la clasificación máxima (AAA) por los tres agencias de rating
más conocidos (Fitch, Moody’s y Standard & Poor’s) nada menos que 10 tienen gobiernos de coalición o gobiernos minoritarios incluyendo Alemania, Canadá, Suecia, Dinamarca, Finlandia y Holanda, y ninguno de ellos ha necesitado la ayuda del Fondo Monetario Internacional.

Lo que esta pasando en el Reino Unido tiene resonancia en España. Rosa Díez, diputada nacional y portavoz de UPyD, es lo más parecido a Clegg. Representa una tercera vía entre el Partido Popular y los Socialistas, y también está luchando para cambiar el sistema electoral. Según su criterio, el sistema electoral es de una profunda inequidad en beneficio de los dos grandes partidos y en perjuicio de las minorías nacionales. El tamaño de los distritos y la asignación de un mínimo de representación (dos escaños) a todas las provincias, dan lugar a llamativas diferencias de coste entre escaños muy “baratos” (por ejemplo, el PSOE obtiene el segundo escaño de Teruel con un cociente electoral de 19.308 votos) y otros “caros” (el único escaño de Izquierda Unida por Madrid le “cuesta” 164.565 votos). En cambio, este sistema ha permitido la formación de gobiernos estables desde 1977 (10 elecciones generales) y todos han podido acabar sus mandatos salvo en 1982 (implosión de UCD) y en 1996 (crisis económica y corrupción en el PSOE).

Ningún sistema electoral es perfecto y completamente justo. El español es mucho más justo que el británico. El Partido Laborista tuvo en el último Parlamento el 55% de los escaños con el 35% de los votos.

El problema en España es que la provincia sea el distrito electoral (sus poblaciones varían mucho). ¿Vale la pena cambiarlo? Como bien dice José Ignacio Wert, experto en temas electorales, “bastantes querellas interterritoriales tenemos ya como para inventarnos una nueva.” Y, encima, dificultaría la formación de gobiernos estables.

El sistema electoral en España, o algún otro sistema proporcional, sería sano para el Reino Unido y mejoraría mucho las posibilidades de victoria para los liberales- demócratas. Menos seguro sería el impacto positivo del sistema electoral británico en un país tan polarizado como España.
http://www.elimparcial.es/opiniones_autor/3515.html